Adaptados a la realidad
Actualmente, los resultados de los modelos de cambio climático para nuestro país han coincidido en varios aspectos que van a alterar la forma en que se cultivan las especies frutales en todo Chile. Entre ellos se menciona con mayor frecuencia la persistencia en la disminución progresiva de las precipitaciones, el aumento de la temperatura del aire y una caída importante de la acumulación de nieve en la cordillera de Los Andes. La modificación de estos factores climáticos va a generar que muchos huertos frutales no cuentan con el agua necesaria para satisfacer sus requerimientos hídricos al menos en algún momento durante la temporada.
Llama la atención que, a pesar de la alta aceptación que tienen entre productores y profesionales del rubro frutícola las proyecciones climáticas adversas para los próximos años, aún persistan prácticas de riego de muy baja eficiencia en huertos frutales. Una encuesta realizada por una empresa dedicada a la gestión eficiente del recurso hídrico en la región de Valparaíso, encontró que a pesar de la aguda crisis hídrica que sufre la agricultura en varias localidades de esa región, casi un 90% de los encuestados no empleaba métodos objetivos de determinación de la demanda hídrica o de la frecuencia de riego. Esta situación no es exclusiva de Valparaíso, pues es fácil constatar que la herramienta mayormente empleada para definir los criterios de riego en huertos frutícolas nacionales continúa siendo la calicata y la subjetiva estimación de la humedad del suelo con las manos.
El cultivo del cerezo en Chile se extiende por más de 2.400 km desde la región de Coquimbo hasta la Región de Aysén. Con una superficie plantada superior a las 67.000 ha, los huertos de cerezos han sido establecidos en áreas geográficas en donde la disponibilidad de agua para riego es tan contrastante respecto de la magnitud de la demanda evaporativa atmosférica. La falta de control objetivo del riego puede generar situaciones muy riesgosas para la productividad de las plantas, en especial bajo un clima tan cambiante como el actual. Por ejemplo, en la zona central de Chile es común que el manejo del riego en cerezos considere la aplicación de altas cantidades de agua entre floración y cosecha, pero una disminución arbitraria de la cantidad o de la frecuencia de riego después de colectada la fruta. La falta de datos sobre el estado hídrico de la planta o del suelo puede acabar con una gran proporción de las plantas severamente estresadas.

Hace un par de temporadas, nuestro equipo del Laboratorio de Relaciones Hídricas Frutales de Agronomía U de C evaluó la severidad del estrés hídrico después de cosecha en un cuartel al azar dentro de un huerto comercial de cerezos cv. Santina en la región del Ñuble. El administrador del huerto nos había comentado que solían reducir la frecuencia de riego después de cosechada la fruta, desde regar día por medio a espaciar los eventos de riego a cada tres días. Los resultados de nuestra evaluación mostraron que, del total de plantas medidas fisiológicamente (potencial hídrico del tallo) en el cuartel, el 75% se encontraba con una severidad de estrés hídrico entre severa y muy severa (Figura 1).
Consecuencias del estrés hídrico
Después de cosechada la fruta, los principales sumideros de carbohidratos son los órganos de reserva: en primer lugar, el sistema de raíces, seguido por el tronco y luego los brotes de los árboles. Debido a que el cerezo es uno de los primeros frutales en ser cosechados en Chile, el período de tiempo con plantas sin fruta suele superar por varias semanas al tiempo con frutas en crecimiento y desarrollo. Por lo tanto, la acumulación de carbohidratos de reserva durante la post-cosecha es un proceso que, en términos de duración e importancia fisiológica, requiere de un óptimo funcionamiento, pues se necesitan abundantes carbohidratos para obtener una adecuada floración y brotación.
Estudios realizados por el Dr. Víctor Blanco han encontrado que plantas de cerezo bajo un estrés hídrico muy severo y prolongado después de cosecha al cabo de dos temporadas pueden experimentar caídas cercanas al 35% en el peso de la poda invernal, lo cual da cuenta del impacto de una condición hídrica inadecuada sobre la acumulación de reservas de la planta.
Lamentablemente, el impacto del desconocimiento del estado hídrico de las plantas o del suelo sobre las prácticas de riego puede empeorar bajo un clima caracterizado por una alta variabilidad. Durante la temporada pasada, un huerto comercial de cerezos en la comuna de Pinto mostró una gran caída de fruta y altos porcentajes de deshidratación y colapso de las drupas algunos días después de la cuaja (“pasma” del cerezo). Al consultar a los propietarios, nos comentaron que la temporada anterior tuvieron muy baja disponibilidad de agua, lo cual ocurrió en semanas marcadas por altas temperaturas del aire (>30°C). Esta situación no les permitió completar sus programas de riego después de cosechada la fruta, por lo que se deduce que sus plantas tuvieron un severo estrés. Esto sumado a una irregular acumulación de horas frío habría contribuido a tener una brotación desuniforme y débil, en donde mucha fruta no contaba con hojas suficientes para proveer de carbohidratos para el proceso de crecimiento y desarrollo durante el período en que su potencial de crecimiento da cada fruto es máximo (máximas tasas de crecimiento relativo en cuaja) (Foto 1).
Escenarios hídricos
En este contexto, un breve análisis del cultivo del cerezo en las diversas áreas geográficas en donde se ha establecido este frutal (zonas centro-norte, centro-sur y sur) puede resultar en un interesante ejercicio para describir los escenarios hídricos actuales de la fruticultura en Chile y potenciales estrategias de manejo.
Escenario 1: No se tiene suficiente agua para regar.

En la zona centro-norte de Chile, con cerca de 120 ha plantadas con cerezos, el cultivo de este frutal ha comenzado desde hace algunos años a llamar fuertemente la atención por la producción de cerezas primores, las cuales alcanzan muy altos precios durante octubre. El cultivo del cerezo en esta zona de Chile está fuertemente marcado por una muy baja disponibilidad de agua de riego y una alta demanda evaporativa, lo cual podría inducir una excesiva severidad de estrés hídrico en las plantas durante el largo período de postcosecha (cerca de 250 días con hojas transpirando activamente).
Escenario 2: La disponibilidad de agua es variable, pero suele ser suficiente para regar gran parte de la temporada.
En las zonas centro y centro-sur de Chile se suelen presentar condiciones de cultivo con una mayor disponibilidad de agua de riego, marcadas por un creciente uso de aguas subterráneas, pero con una demanda evaporativa atmosférica cada vez más alta. Esta zona del país es donde se concentra cerca del 85% de los huertos de cerezo, por lo cual, desde una perspectiva comercial, esta es la zona productiva más importante de Chile.
Escenario 3: Hay agua en abundancia para regar durante la temporada completa.
La zona sur del país se caracteriza por una alta disponibilidad de agua de riego junto con una moderada demanda evaporativa atmosférica, especialmente en aquellas zonas de cultivo cercanas a grandes cuerpos de agua (lagos o ríos).
Estrategias
Evidentemente, las marcadas diferencias tanto en disponibilidad de agua, como en demanda evaporativa atmosférica imposibilitan que la estrategia de riego del cerezo sea universal. Por consiguiente, la primera consideración para diseñar una estrategia de riego en cerezos probablemente deba estar relacionada con cuánta agua hay disponible para regar durante la temporada.
Escenarios 1 y 2: Para el caso de la zona centro-norte de Chile y algunas localidades de la zona central, la baja disponibilidad de agua de riego condiciona una estrategia de aplicación de agua de altísima precisión en la determinación tanto de la demanda hídrica, como de la frecuencia de riego, pues se produce fruta de muy alto valor, con un recurso cada día más escaso. Una de las técnicas de riego que puede ser empleada en esta zona geográfica es la del riego deficitario controlado (RDC).
Esta técnica se define como la aplicación de una cantidad de agua de riego inferior a la máxima cantidad de agua demandada por el cultivo (ETc), en donde se controlan aspectos tales como el momento, la duración y la severidad de la aplicación del déficit hídrico. Desde una perspectiva fisiológica, una de las grandes ventajas del RDC es el aumento de la productividad del agua, pues se logran producir altos volúmenes de fruta, pero con un menor gasto de agua que bajo una estrategia de riego convencional. Para que el RDC sea exitoso es imprescindible una correcta tecnificación de los huertos y una adecuada capacitación de los recursos humanos involucrados en el riego de los frutales (proceso de extensión agrícola). Un aspecto muy interesante del RDC es que, debido a que las plantas son sometidas voluntariamente a un déficit hídrico, los árboles muestran niveles variables de estrés hídrico durante la temporada. Por ende, bajo esta estrategia de riego no se evita el estrés hídrico, pues la máxima rentabilidad del agua de riego aplicada se alcanza cuando las plantas se estresan hídricamente (Figura 2).
Esta estrategia de riego requiere de la integración de un conocimiento acabado de los hábitos de fructificación y de las respuestas fisiológicas de la combinación cultivar/portainjerto al estrés hídrico. Esto se debe a que el RDC se aplica en un momento en donde el rendimiento y la calidad de la fruta son insensibles a la severidad y a la duración del estrés hídrico empleado. Por ejemplo, en uvas para mesa el momento de mayor sensibilidad reproductiva a la falta de agua ocurre cercano a floración, lo cual en la zona central de Chile tiene a ocurrir en noviembre. En cerezo, este momento de mayor sensibilidad del rendimiento ocurre cercano a “fruto pajizo”, cuando se produce la inducción de yemas florales.
Otros dos momentos críticos en que el RDC no puede ser aplicado en cerezo son durante cuaja y cercanos al envero del fruto (inicio de la etapa III de crecimiento y desarrollo). En cuaja es cuando las drupas exhiben las máximas tasas de crecimiento relativo que determinan el potencial de crecimiento de cada fruto en la planta. Cualquier alteración de los procesos de división o elongación celular en este período se verá reflejada en un menor calibre de la fruta.
Para el caso del envero, que marca el abrupto aumento de la concentración de sólidos solubles en las frutas, la ocurrencia de un severo estrés hídrico seguida de una rehidratación abundante de la planta puede traer consigo altas tasas de partidura lateral. Si la rehidratación abundante ocurre cuando la cereza aún tiene continuidad vascular con el resto de la planta, el cambio drástico en el estado hídrico de la planta y de la fruta puede terminar con altos porcentajes de partidura. En cerezas primores del centro-norte de Chile, un productor nos contactó hace algunas temporadas para contarnos que, a pesar de la evidente falta de agua y lluvias durante la primavera en su zona de cultivo, sus porcentajes de partidura lateral eran superiores al 30%.

Por estas razones, el RDC en cerezo debe ser tardío, pues es más factible de ser aplicado después de cosecha, debido a que al no haber fruta, no se puede afectar el calibre de esta y ya han transcurrido varias semanas desde la inducción floral. Es importante recalcar en el RDC tardío no es lo mismo que la práctica de dejar de regar sin control alguno después de cosecha, pues en el RDC se tiene un control preciso de la severidad del estrés hídrico, el momento de aplicación y la duración de la práctica.
Claramente, la aplicación del RDC requiere de un manejo muy fino del estado hídrico de la planta, por lo cual el éxito de esta estrategia depende del empleo de instrumentos que midan esta variable (Foto 2). Dentro de ellos, la cámara de presión (bomba de tipo Scholander) es el equipo más utilizado a nivel mundial, tanto en investigación como en actividades comerciales. Este aparato, de muy fácil uso, permite evaluar en tiempo real y en múltiples plantas la severidad del estrés hídrico alcanzado, y con esto, determinar los máximos niveles de estrés hídricos tolerables por la planta en un programa de RDC.
En Chile, nuestro laboratorio de relaciones hídricas frutales U de C, en conjunto con Olivos Spa y Giddins Cerasus SA a través del proyecto FIA: “Desarrollo y determinación de la línea base de potencial hídrico del cultivo del cerezo, con uso de micro tensiómetros y riego deficitario controlado, para desarrollar un nuevo y más eficiente servicio de monitoreo y programación del riego” ha podido validar una estrategia de RDC tardío en postcosecha que puede ser manejada no sólo con la cámara de presión, sino también con nuevas tecnologías de medición de estrés hídrico, tal como es el micro tensiómetro de planta.
Este proyecto, financiado por FIA a través del Gobierno Regional de la región del Libertador General Bernardo O›Higgins, ha permitido generar ahorros de agua cercanos al 20% sin afectar el rendimiento ni la calidad de la fruta en más de tres temporadas de evaluación. Asimismo, las brotaciones y floraciones no han sufrido impacto alguno por la severidad del estrés hídrico alcanzado en la implementación del RDC, lo cual le ha otorgado una mayor certidumbre al uso de esta práctica en temporadas venideras.



Escenario 3: En algunas localidadesde la zona centro, centro-sur y sur la mayor disponibilidad de agua de riego durante primavera induce condiciones de alto desarrollo vegetativo (índice de área foliar >4.0). Si esto se suma a una demanda evaporativa entre moderada a alta es muy probable que las tasas transpiratorias sean altas. En estas zonas, se suelen emplear dos abordajes entorno a cómo regar los cerezos.
Por un lado, quienes cuentan con agua suficiente para toda la temporada frecuentemente aplican una cantidad de riego cercana o superior a la máxima demanda hídrica del huerto (ETc cercana a 8.000 m3/ha año). En estos casos, la aplicación de agua puede ser tan alta como 10.000 m3/ha año. Aunque las plantas de cerezo pueden mostrar altas producciones de fruta bajo estas condiciones de riego, la rentabilidad del huerto no es de las mejores debido a mayores costos energéticos en el transporte de agua desde los puntos de captación (pozos con una profundidad superior a los 50 m), mayores pérdidas de nutrientes por efecto del lixiviado, mayor es costos en control de malezas, mayor presión de enfermedades como cáncer bacteriano y Phytophtora spp, y un aumento de problemas fisiológicos asociados a la falta de oxígeno en el suelo (bajo crecimiento de raíces, cierre de estomas, mermas en la fotosíntesis, toxicidad por Fe o Al y fruta blanda, entre otros). Por consiguiente, se puede decir que la aplicación excesiva de agua de riego reduce la rentabilidad del huerto (Figura 2).
Un aspecto pocas veces mencionado en relación a la aplicación de altas cantidades de agua de riego es el costo de oportunidad, que se define como el valor de la alternativa que se desecha cuando se toma una decisión, el cual incluye los beneficios que se podrían haber obtenido si se hubiera elegido esa opción. En palabras simples, ¿qué otra cosa hubiese podido hacer con el agua de sobrerriego? Por ejemplo, si un huerto adulto de cerezos en Rancagua tiene una ETc acumulada de 7.000 m3/ha año, pero se aplican 9.000 m3/ha año, el sobrerriego de 3,5 hectáreas de cerezo sería suficiente para regar durante una temporada una hectárea con cerezos en plena producción. Es justamente la conciencia del costo de oportunidad del agua la base fundamental de la aplicación del RDC, incluso en condiciones en donde la disponibilidad de agua está asegurada. Si no se quiere usar el RDC, entonces la estrategia a seguir es simplemente ¡no sobrerregar!
Para lograr esto, resulta indispensable: 1) llevar un registro preciso de cuánto estoy regando vía uso de caudalímetros, 2) estimar con precisión la demanda hídrica máxima (ETc) en función del desarrollo vegetativo del dosel. Para esto es imprescindible emplear estaciones meteorológicas bien mantenidas e instaladas. Este último punto es probablemente uno de los más débiles en nuestra fruticultura, pues la normalidad de instalación de las estaciones agrometeorológicas privadas es ubicarlas en lugares inadecuados, tales como dentro de un huerto, cerca de caminos, al lado de las casetas de los guardias, oficinas, o galpones. Los datos que provienen de estaciones instaladas en estas condiciones son absolutamente inservibles para estimar la demanda, y su uso para este fin conlleva errores que terminan usualmente en sobrerriego. Las estaciones que sirven para estimar ETc deben estar instaladas en una pradera con una especie de referencia en óptimas condiciones de cultivo, libres de toda sombra durante los 365 días del año, con una altura máxima de 12 cm, y alejadas de construcciones, surcos de agua y caminos, entre otros. Si a la determinación de la cantidad de agua, se suman elementos que apoyen la definición de la frecuencia de riego, sondas de humedad de suelo y/o la cámara de presión, las probabilidades de sobrerregar serán mínimas.
Finalmente, la optimización del riego en cerezo, al igual que en otros frutales, pasa por el correcto uso de tecnologías que nos permitan objetivizar el uso de los recursos hídricos, dejar lo subjetivo como herramienta de apoyo y no como criterios de decisión. La implementación exitosa de cualquier cambio en la forma de regar requiere de un proceso de extensión adecuado, en donde se conozca al público objetivo (productores, agrónomos, técnicos y operarios) y, junto con ellos, definir los pasos para implementar y adoptar las innovaciones propuestas. La fruticultura chilena no es solo una importante actividad económica, sino también es una forma de vida que da identidad a nuestro territorio. Desarrollar una fruticultura sustentable del agua, desde lo económico, social y ambientales la única forma de ser competitivos y desarrollados. La invitación está hecha para que esto ocurra, ahora solo debemos atrevernos.