Agricultura de precisión: un nuevo paradigma agrícola

La integración de bioinsumos y tecnologías de precisión surge como una forma de contar con un sector más eficiente, sustentable y basado en datos.
Abril 20, 2026

La agricultura nacional, y mundial también, enfrenta una mayor variabilidad climática, que hace cada vez más necesario producir más, pero sobre todo, mejor. En este contexto, el uso de tecnologías cobra vital relevancia, un aspecto que cada vez ocupa más espacio en las conversaciones y estrategias del agro chileno.


Francesco Venezian, Subsecretario de Agricultura

Así lo evidenció el subsecretario de Agricultura, Francesco Venezian, quien en el marco del Cuarto Congreso CLAP 2026, señaló que “para el ministerio, la agricultura de precisión está dentro de las prioridades, ya que permite dar un salto en ciencia y tecnología aplicada al agro. Buscamos acelerar la innovación productiva, promover y modernizar los procesos agrícolas e incorporar soluciones tecnológicas que aumenten la competitividad y resiliencia del sector. Herramientas como drones, sensores, IA, telemetría y análisis de datos permiten tomar mejores decisiones y más precisas en cada metro cuadrado de nuestro campo”.

El diagnóstico es claro: este tipo de herramientas se convierte en aliada a la hora de buscar no solo precisión, sino también información que permita tomar grandes decisiones. En este sentido, surge una opción que podría transformar el rubro y que pasa por la integración de los bioinsumos y las tecnologías de precisión.

USO DE QUÍMICOS Y BIOLÓGICOS

Para llegar a esta unión y al trabajo conjunto, es necesario analizar, en primer lugar, la radiografía existente en cuanto al uso de productos químicos y biológicos. Según expuso el Dr. José Dorado en esta misma conferencia, hoy se observan dos realidades. Mientras en Europa hay una restricción de las sustancias químicas, en Latinoamérica el rubro se sigue apoyando en el uso de pesticidas. Pero sí hay un punto en común, y es que en ambos escenarios está habiendo un crecimiento sostenido de la sustancia de origen biológico.

A juicio del experto, existen diferentes drivers que están llevando a esta reorganización en los modelos agrícolas. Entre ellos, destaca la demanda de los consumidores y de los mercados de exportación, que cada vez más buscan productos con una menor huella química; pero, por otro lado, se encuentra la aparición de resistencias a plagas, enfermedades y malezas, que cuestionan de alguna manera los métodos tradicionales de control.

¿Cómo abordar entonces estas transformaciones? Según su opinión, se pueden utilizar distintas aproximaciones: en primer lugar, el uso propio de insumos, que ofrecen mecanismos biológicos para la nutrición y la protección de cultivos, y que además se observa que están incrementando su presencia en todos los mercados. Asimismo, se encuentran las tecnologías de precisión, que facilitarán el poder conocer la variabilidad de los campos, pudiendo actuar de forma más precisa y localizada en base a datos.

“La convergencia entre estas dos disciplinas, a mi modo de ver, se puede considerar como un nuevo paradigma de la agricultura, en el cual vamos a cambiar una agricultura únicamente apoyada en herramientas químicas”, comenta el experto.


A juicio del Dr. José Dorado, con la integración de bioinsumos y tecnologías de precisión emerge un nuevo paradigma productivo orientado a la eficiencia, sostenibilidad y resiliencia de los sistemas agrícolas.

DOS ÁREAS

Bioinsumos, por un lado, y tecnologías de precisión, por otro. Soluciones respetuosas con los ecosistemas y herramientas que permiten una aplicación dosificada, es decir, lo que se requiera y cuándo se necesite.

Dorado divide ambas áreas en distintas categorías. Respecto de los bioinsumos, los clasifica en bioplaguicidas —donde recogería básicamente biofungicidas, bioinsecticidas y bioextractos—, biofertilizantes —que buscan contribuir a la nutrición— y bioestimulantes —potenciadores del crecimiento—.

Asimismo, se refiere a cuatro grupos de tecnologías: las que se dedican a la localización -como los GPS-, los sensores y herramientas de monitoreo -donde se incluirían la teledetección con drones y satélites, la visión por computado y conectividad lol y estaciones meteorológicas inteligentes-; además de la integración digital y automatización.

“Tendríamos las herramientas de apoyo a la decisión, el manejo de Big Data, la inteligencia artificial, particularmente el aprendizaje profundo; que es el que más desarrollado tenemos al día de hoy, y la robótica y la maquinaria autónoma. Este tipo de herramientas nos van a permitir actuar dentro de la filosofía de la arquitectura de precisión”, profundiza respecto a la automatización.

Finalmente se encuentran las aplicaciones variables, tanto tecnologías VRT, como sistemas avanzados de riego y aplicadores.

UN NUEVO PARADIGMA

En base a este contexto es que la convergencia entre bioinsumos y tecnologías de agricultura de precisión emerge como un nuevo paradigma productivo orientado a la eficiencia, sostenibilidad y resiliencia de los sistemas agrícolas.

“La clave es ver la unión de bioinsumos y las tecnologías para obtener sinergias. Estas las encuentro, por ejemplo, en el manejo del cultivo, donde caben las herramientas de apoyo a la detección. Ello nos va a permitir utilizar los bioinsumos dónde y cuándo queramos. Es decir, vamos a hacer intervenciones oportunas y en sitios específicos”, explica y agrega que otras sinergias pasan por el impacto ambiental y la eficiencia de los insumos.

Estos puntos, indica, se refieren al tratamiento localizado. “Cuando lo hacemos, optimizamos cantidades, dosis y eficiencias. Tenemos, así, una sinergia en cuanto al impacto ambiental. El hecho de ser precisos en las aplicaciones nos está permitiendo reducir el uso de químicos y las emisiones, favoreciendo la biodiversidad funcional de los ecosistemas”.

Finalmente, se cuenta con la posibilidad de mejorar la resiliencia de los sistemas gracias a la monitorización, ya que si se es capaz de conocer lo que está ocurriendo de una manera dinámica, se puede ofrecer una respuesta de este tipo.

Estas integraciones ya muestran resultados. A modo de ejemplo, ensayos en tomate con biofertilizantes y sensores lograron mejorar rendimientos, reducir el uso de agua y aumentar la calidad del fruto. Asimismo, tecnologías como pulverizadores inteligentes o plataformas autónomas han permitido aplicaciones ultralocalizadas, aumentando la eficiencia de los tratamientos.

De esta forma, la integración de bioinsumos y tecnologías surge como una respuesta tanto a las resiliencias del mercado como a las ambientales. No se debe realizar mediante la sustitución de un producto químico por uno biológico, sino combinándolo con tecnología para medir y calibrar lo que se realiza. Así, y como desea Dorado, las decisiones que se tomen se podrán basar en evidencia. @