Alerta fitosanitaria en Ecuador: Invierno 2026 eleva el riesgo de Sigatoka Negra y Moko en banano y plátano
Publicado por Zaida Ibáñez
El invierno de 2026 ha pasado de ser una preocupación estacional a una amenaza estructural para la seguridad fitosanitaria de Ecuador. La saturación hídrica de los suelos, sumada a temperaturas que favorecen la incubación de enfermedades, ha creado el escenario perfecto para la expansión de la bacteria Ralstonia solanacearum, causante del devastador Moko del banano.
El mapa del riesgo: 15 provincias bajo asedio
La magnitud del problema es alarmante. Actualmente, la enfermedad se encuentra distribuida en al menos 15 provincias, con un impacto crítico en los núcleos productivos de Los Ríos, Manabí, Santo Domingo de los Tsáchilas, Guayas y El Oro. Las estimaciones técnicas indican que entre 10.000 y 20.000 hectáreas de cultivos ya se encuentran comprometidas, lo que representa un golpe directo al patrimonio de miles de productores.
Las inundaciones y la escorrentía actúan como vehículos de dispersión masiva. Cuando las precipitaciones se concentran en periodos cortos, la capacidad de drenaje colapsa, permitiendo que el agua contaminada traslade bacterias y hongos hacia áreas previamente sanas, afectando directamente el sistema radicular de las plantas y debilitando su estructura fisiológica.
Contraste económico: Un crecimiento bajo amenaza
Este escenario sanitario surge en un momento de gran dinamismo comercial. El banano ecuatoriano inició el 2026 con cifras récord: solo en enero se reportaron 36,59 millones de cajas exportadas, lo que representa un sólido crecimiento del 9,66% en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Sin embargo, este desempeño positivo enfrenta una amenaza directa. El exceso de humedad no solo castiga la fruta lista para embarque, sino que vuelve extremadamente vulnerables a las plantaciones jóvenes. La pérdida de estas unidades productivas pone en riesgo la estabilidad del sector a mediano plazo, comprometiendo la oferta exportable de los próximos ciclos.
Hacia una respuesta técnica rigurosa
El desafío actual exige que los productores no vean el problema como un evento aislado. La agresividad del invierno de 2026 obliga a una respuesta técnica más estricta que incluya el reforzamiento de los sistemas de drenaje, protocolos de bioseguridad en el movimiento de personal y maquinaria, y un monitoreo constante para identificar focos de infección antes de que la escorrentía los vuelva incontrolables.
Fuente: El Productor