Aplicaciones: Dos procesos para optimizar el uso de fitosanitarios
Una correcta aplicación de fitosanitarios permite una distribución homogénea del producto, asegurando que la dosificación esté acorde con lo recomendado y autorizado, evitando así los efectos negativos o perjudiciales tanto en la salud humana como en el medio ambiente.
Por una parte, la deficiente mantención y regulación de pulverizadores agrícolas permiten una distribución errática dentro del cultivo y pérdidas importantes fuera del lugar de aplicación. Por otra parte, la presencia de desperfectos, averías o desajustes en sus elementos puede originar pérdidas por fugas y representar un grave peligro para el operador durante la tarea de pulverización.
Para lograr un control eficiente de plagas y enfermedades, es fundamental considerar diversos factores al momento de la aplicación. Estos elementos deben complementarse entre si; lo contrario, se pueden generar pérdidas importantes, contaminación del suelo y el aire y una baja efectividad en el control de los organismos objetivos.
Es preciso destacar que el término “pulverización” se refiere únicamente a la generación y expulsión de gotas desde el pulverizador; sin embargo, múltiples factores influyen en el trayecto de estas hasta que el producto logre el efecto biológico deseado. Incluso cuando alcanzan el objetivo (planta), la eficacia no está garantizada, ya que pueden ocurrir pérdidas casi de inmediato debido al goteo o a la evaporación de las gotas.
Lo expuesto anteriormente pone en manifiesto que la aplicación de fitosanitarios es uno de los trabajos agrícolas más ineficientes, considerando la gran cantidad de gotas generadas por el pulverizador y el bajo número de ellas que logra el objetivo.
En algunos casos, la retención del líquido pulverizado en las estructuras de los frutales no supera el 20%. Es responsabilidad de las personas mejorar estos porcentajes y garantizar un control eficaz de plagas. Esto implica utilizar los fitosanitarios de manera responsable, minimizando el daño ambiental y los costos económicos.
INCIDENCIA DE MÚLTIPLES FACTORES
La eficacia y eficiencia de la aplicación de productos fitosanitarios en frutales depende de múltiples variables. Es posible optimizar significativamente el proceso si se consideran factores que van desde la selección del producto y la formación de gotas en el pulverizador, hasta el efecto biológico del ingrediente activo.
Entre los factores que contribuyen a esta labor, se encuentran en primer lugar las condiciones atmosféricas. En este sentido, es importante considerar tres variables ambientales que influyen directamente en las pérdidas de pulverización. Una baja humedad relativa y alta temperatura aumentarán la evaporación de las gotas. Asimismo, un viento ambiental superior a 6,5 km/h incrementará las pérdidas por deriva.
Le siguen el momento oportuno de aplicación y la capacitación, área donde también se debe considerar la formación de capacidades en las personas. Cuando la inspección y regulación de los pulverizadores se acompañan de formación y asesoramiento, este proceso se convierte en una herramienta valiosa para mejorar la eficiencia de las aplicaciones de fitosanitarios, reducir el impacto ambiental negativo y fortalecer la profesionalización de los agricultores (Gil, 2025).
También tienen efecto el plaguicida, la dosificación y la calidad del agua. Se debe utilizar el plaguicida recomendado para la plaga y el cultivo, para lo que se deben rotar los productos a nivel de grupo de acción. Con ello se evita la resistencia de los organismos a controlar. Algunas recomendaciones en este punto pasan por usar la dosis recomendada en las etiquetas de plaguicidas y el Manejo Integrado de Plagas (MIP), donde el uso del control químico sea la última opción.
Un punto importante de destacar es la condición del cultivo, ya que no es posible regular el pulverizador sin conocer estas características. Por ejemplo, las dimensiones del frutal (altura del árbol, ancho de copa y distancia entre hileras) condicionarán el volumen adecuado de pulverización, expresado en litros por hectárea. La especie, la altura del árbol y la densidad foliar, definirán la correcta velocidad de avance para lograr un correcto cubrimiento de gotas. Conociendo el volumen determinado por hectárea, la velocidad de avance y la distancia entre las hileras, será posible determinar el tamaño y cantidad de boquillas a utilizar. Asimismo, la formación del árbol permitirá definir el correcto orden de las boquillas en el arco de pulverización.

El monitoreo de plagas en los cultivos es una labor esencial para determinar el momento oportuno de aplicación.
INSPECCIÓN Y REGULACIÓN DEL PULVERIZADOR
Junto con todo lo mencionado anteriormente, un punto de vital relevancia para la eficiencia en el uso de fitosanitarios pasa por la inspección y la regulación de un pulverizador agrícola, labores que, si bien pueden considerarse como paralelas, lo más correcto es que la regulación sea parte de la inspección. Esta última se comprende como un proceso de revisión de todos los elementos del equipo, en el que aproximadamente el 85% es de forma visual y el 15% restante, de manera funcional o medible (Gil et al., 2011).
El proceso de inspección de pulverizadores en uso dio sus primeros pasos en Alemania en el año 1976, cuando las revisiones eran totalmente voluntarias por parte de los agricultores. Solo desde el año 2010 esta labor es de carácter obligatorio en la Unión Europea (UE), permitiendo significativos avances en la protección de las plantas, con mayores niveles de eficacia de control, menor contaminación al ambiente y una reducción importante en los efectos negativos en los aplicadores.
1. Inspección de pulverizadores agrícolas
La inspección es un proceso destinado a revisar el estado del pulverizador y cada uno de sus elementos para optimizar su funcionamiento y la labor de pulverización. En Europa se realiza hace aproximadamente 50 años y hoy es una labor obligatoria y fundamental para la correcta aplicación de productos fitosanitarios en la agricultura.
Durante los tratamientos fitosanitarios en frutales, una parte importante de la pulverización no logra el objetivo. Las pérdidas por escurrimiento al suelo, evaporación y deriva, pueden superar fácilmente el 30% del volumen aplicado (Gil, 2025). Este tipo de pérdidas no solo afectan la eficacia de control de las plagas y enfermedades; también repercute en pérdidas económicas por un uso inadecuado de los plaguicidas, mayor contaminación en el ambiente y riesgo de intoxicación tanto para quienes aplican estos productos, como para aquellas personas que trabajan o viven en el entorno.
La inspección técnica de los equipos de aplicación de fitosanitarios busca entre otras cosas:
- Detectar fallas mecánicas, como manómetros defectuosos o con escalas de graduación inadecuadas, fugas de líquido por mangueras o tuberías rotas, filtros rotos o ausentes, ausencia de deflectores de viento, etc.
- Verificar parámetros operativos, por ejemplo, evaluar rangos de presión de trabajo según el tipo de boquilla, determinar y comparar los caudales de boquillas de acuerdo a lo descrito en el catálogo, medición del caudal de aire del ventilador en pulverizadores hidroneumáticos, etc.
- Evaluar elementos de seguridad, como la protección de la junta cardánica, la protección del ventilador, la protección de otros elementos móviles, la fijación del estanque en el chasis, etc.

Curso de inspección y calibración de pulverizadores agrícolas en Barcelona, España, a través del programa europeo BTSF (Better Training for Safer Food).
La inspección de pulverizadores en uso, en ningún caso debe ser una carga extra, económica o burocrática para cumplir ciertas exigencias del agricultor, más bien debe ser informado adecuadamente sobre los beneficios que involucra una correcta revisión de sus equipos. En Europa, incluso, se promueve que la primera inspección sea de carácter gratuito, y el agricultor participe activamente del proceso.
De esta forma, el usuario está más dispuesto a recibir la información, permitiendo el desarrollo de sus habilidades y comprensión del beneficio de esta tarea (Gil y Gracia, 2017).
En Sudamérica también existen avances respecto a la inspección de pulverizadores en uso. En mayo de 2012 se desarrolló el Workshop sobre “Inspección de equipos de aplicación de fitosanitarios”, organizado por la Universidad Federal de Santa María en Rio Grande do Soul, Brasil, participando en él profesionales de España, Argentina, Colombia, Venezuela, Uruguay, Brasil y Chile, entre otros. En esta oportunidad, se originó la “Carta de Santa María”, un documento que propuso a las autoridades de los países participantes el desarrollo de programas de inspección de los equipos de aplicación de fitosanitarios; así como programas nacionales de capacitación y formación de los profesionales relacionados al uso de este tipo de productos.
En Chile, por su parte, y a través de proyectos ejecutados entre los años 2010 y 2013 por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), se determinó que tanto los tractores, como los pulverizadores utilizados en frutales, presentaban una baja calidad de mantención, nula regulación de sus parámetros operativos y una necesidad de mejorar la formación de todas las personas involucradas en el proceso de aplicación de plaguicidas.

Regulación hidráulica de un pulverizador hidroneumático, incorporando en el proceso a los encargados prediales y aplicadores de plaguicidas.
2. Regulación de pulverizadores agrícolas
Un pulverizador agrícola bien mantenido, con un proceso de inspección periódica y bien regulado de acuerdo a las características del huerto, puede reducir el uso de plaguicidas entre un 15% y un 25%, sin comprometer el control de plagas y/o enfermedades. Con ello, contribuye además con una menor contaminación al ambiente, reduciendo el uso de agua, combustible y tiempo (Gil, 2025).
La regulación de pulverizadores hidroneumáticos en frutales no es una tarea sencilla de realizar. Por el contrario, contempla una serie de variables complejas para lograr los objetivos deseados, los cuales, junto con la inspección de pulverizadores, permiten optimizar los parámetros operativos de la maquinaria en vías de que los productos fitosanitarios sean aplicados de la mejor forma posible.
En Chile, la aplicación de fitosanitarios en frutales, habitualmente se realiza con pulverizadores hidroneumáticos. Por una parte, “hidro” indica que el pulverizador genera gotas por presión de líquido y; por otra, “neumático” significa que estas gotas son transportadas hacia el objetivo por una corriente de aire generada por un ventilador de flujo axial ubicado en la parte posterior del equipo. Por lo anterior, es que en este tipo de pulverizadores se debe realizar una regulación hidráulica y otra neumática.
En palabras sencillas, la regulación de un pulverizador hidroneumático debe considerar el ajuste de todos los parámetros operativos, con dos objetivos claros y precisos: primero, ajustar el volumen de pulverización de acuerdo a las características del huerto (Tree Row Volume – TRV, densidad foliar del cultivo y tipo de tratamiento), y segundo, distribuir la solución o mezcla de forma homogénea y con buen cubrimiento en toda la planta y el huerto.
A continuación, se mencionan los parámetros operativos más importantes a regular en estos pulverizadores para conseguir un cubrimiento uniforme.
Para la regulación hidráulica
- Tipo y tamaño de boquillas
- Número, ordenamiento y orientación de boquillas
- Presión de trabajo
- Velocidad de avance
- Distancia entre hileras
Para la regulación neumática
- Potencia entregada por el tractor
- Caudal de aire entregado por el ventilador
- Velocidad del viento del ventilador
- Deflectores de viento
- Especie vegetal o condición de la densidad foliar del cultivo
CONSIDERACIONES A FUTURO
Pese a que la pulverización agrícola es una de las labores más importantes en la agricultura, en Chile existe evidente despreocupación en estos temas, con una baja periodicidad en la mantención de los equipos de aplicación, prácticamente nula regulación de sus parámetros operativos. En algunos casos ,los agricultores se preocupan del volumen de pulverización (“mojamiento”), olvidando lo más importante: el cubrimiento uniforme de la pulverización en la zona objetivo.
Sin duda, a Chile le falta incorporar mejoras en el uso de productos fitosanitarios en beneficio de un mejor control de plagas y enfermedades en cultivos agrícolas, optimizar recursos económicos (plaguicidas, agua, combustible, mano de obra, mantención de maquinaria), reducir efectos negativos al ambiente y terceras personas (incluyendo a cultivos aledaños contaminados por plaguicidas), producción de alimentos agrícolas con menor carga de residuos y disminuir daños de intoxicaciones en trabajadores agrícolas y población colindante.
Tanto los profesionales del SAG como los del Ministerio de Salud cumplen un rol fundamental en la fiscalización, capacitación y redacción de normativas que permiten un mejor uso de productos fitosanitarios en Chile. Sin embargo, creo que a mediano plazo nuestro país necesita la incorporación de tres consideraciones claves:
a) Mejorar información en etiquetas de plaguicidas: incorporando términos como TRV para determinar volúmenes de pulverización y, el concepto de ventana de aplicación (temperatura – humedad relativa y viento ambiental) para evitar pérdidas de pulverización, especialmente por deriva.
b) Incorporar programas de inspección y regulación de pulverizadores agrícolas: a través de experiencias probadas en Europa permiten disminuir hasta un 25% del volumen de pulverización sin desmedro en el control de plagas y enfermedades.
c) Planificar programas de capacitación y formación para las personas: considerando estrategias de integración de todo el sector involucrado; agroquímicas, academia, investigación, asesores, encargados prediales, aplicadores, etc., demostrando que la tecnología y los procesos de inspección y regulación son herramientas que solo traen beneficios al sector agrícola.