Arándanos chilenos cierran temporada 2025-2026 con crecimiento moderado y consolidan su peso exportador

El país exportó 92.900 toneladas en la campaña 2025-2026, con un alza de 2,7%, en una temporada marcada por la estabilidad y una competencia internacional cada vez más exigente.
Mayo 4, 2026

Chile finalizó la temporada 2025-2026 de arándanos frescos con un desempeño positivo, aunque dentro de un escenario de crecimiento acotado y alta competencia internacional, confirmando una etapa de mayor estabilidad para la industria.

Según información compartida por el Comité de Arándanos de Frutas de Chile y publicada por Agroconectados, el volumen total exportado alcanzó las 92.900 toneladas, lo que representa un alza de 2,7% respecto a la campaña anterior. Más que un repunte significativo, la cifra da cuenta de una industria que ha logrado sostener su presencia en los mercados externos en un contexto cada vez más exigente.

El balance de la temporada refleja una dinámica distinta a la de ciclos anteriores marcados por expansiones más aceleradas. Esta vez, el foco estuvo en mantener el volumen y la competitividad en una ventana comercial presionada por la creciente oferta global, en particular por otros actores del hemisferio sur.

En esa línea, el resultado permite concluir que el arándano chileno sigue siendo un producto vigente en el comercio internacional, conservando un rol relevante en la canasta frutícola nacional, aunque no evidencia cambios estructurales en la escala productiva.

Peso económico: segundo producto frutícola en valor FOB

Desde el punto de vista económico, el arándano fresco mantuvo una posición destacada. De acuerdo con el Boletín de Fruta de ODEPA —con datos acumulados entre septiembre de 2025 y febrero de 2026— este producto se ubicó como la segunda fruta fresca chilena en valor FOB, solo por detrás de la cereza.

En dicho periodo, las exportaciones alcanzaron cerca de US$460 millones FOB y 91 mil toneladas, lo que implica incrementos de 10% en valor y 5% en volumen frente al mismo tramo del ciclo anterior. Estos resultados refuerzan su importancia dentro del portafolio exportador, consolidándose como una especie clave para medir el desempeño del sector tras el fuerte protagonismo de la cereza.

No obstante, la lectura de estas cifras requiere cautela. Tal como advierte la propia ODEPA, los valores pueden ajustarse posteriormente mediante el Informe de Variación de Valor (IVV), un mecanismo habitual en la fruticultura cuando las exportaciones no se realizan bajo la modalidad “a firme”.

Mercados diversificados en un escenario competitivo

En cuanto a los destinos, la temporada mostró una adecuada diversificación geográfica, lo que ha sido un factor clave para sostener la competitividad del arándano chileno. Estados Unidos se mantuvo como el principal mercado, concentrando el 36% de los envíos, seguido por Europa —con fuerte presencia en Países Bajos, Alemania y Reino Unido— y Asia, donde destaca Corea del Sur.

Esta distribución permite amortiguar riesgos comerciales y responder a dinámicas de demanda diferenciadas, en un contexto en el que los mercados exigen altos estándares de calidad, condiciones y logística.

Crecimiento acotado, pero con señales de estabilidad

El cierre de la campaña deja en evidencia una industria que continúa ajustándose tras años de transformaciones, con una estrategia cada vez más enfocada en la calidad, la consistencia y la eficiencia logística, más que en el crecimiento explosivo.

En este escenario, la combinación entre el dato sectorial —que confirma el aumento en volumen— y la información de ODEPA —que dimensiona el valor exportado— permite construir una lectura más completa: el arándano chileno crece de manera moderada, mantiene su peso económico y sigue siendo un actor relevante en el comercio internacional de fruta fresca.