Avellano europeo en Chile: Representa el 10% de los frutales plantados y posiciona a Ñuble en el mapa productivo
El avellano europeo continúa su escalada histórica en la fruticultura chilena. De acuerdo con los últimos datos analizados por el sector, uno de cada diez árboles frutales plantados hoy en Chile corresponde a un avellano europeo, un hito que da cuenta de la acelerada conversión productiva hacia los frutos secos y del atractivo comercial que mantiene esta especie en los mercados internacionales.
El avance del cultivo ha sido impulsado por condiciones edafoclimáticas favorables en la zona centro-sur y sur del país, además de la creciente integración con la industria procesadora global. En este escenario, la superficie nacional ya bordea las 40.000 a 45.000 hectáreas, consolidando a Chile como el principal productor del hemisferio sur y un actor clave para abastecer el contraestatuto de la industria confitera internacional.
Ñuble: Polo estratégico en la zona centro-sur
Dentro de este mapa productivo, la Región de Ñuble se ha posicionado como una de las áreas de mayor dinámicas de implantación. La zona registra más de 5.500 hectáreas destinadas al avellano, ubicándose dentro del grupo de regiones líderes en superficie junto a la Maule y La Araucanía.
Este crecimiento en Ñuble no solo representa un aumento en volumen, sino también un cambio estructural en la matriz agrícola regional, donde el cultivo ha ido ganando terreno frente a rubros tradicionales gracias a su alto grado de mecanización, la menor exigencia de mano de obra intensiva en cosecha y una demanda internacional sostenida.
Factores de expansión y proyección
El dinamismo del avellano europeo en el país se explica por diversos pilares operativos y comerciales:
- Mecanización eficiente: La cosecha 100% mecanizada reduce la dependencia de mano de obra en periodos críticos, un factor determinante para la viabilidad económica del huerto.
- Idoneidad climática: Las cuencas del centro-sur ofrecen las horas de frío e hídricas necesarias para lograr rendimientos competitivos y de alta calidad tecnológica.
- Seguridad de la demanda: La presencia de importantes compradoras e industrias procesadoras en el país asegura canales formales de comercialización y contratos a largo plazo.
El desafío para las próximas temporadas se centra en optimizar la gestión agronómica —especialmente en aspectos como el diseño de polinizadores, nutrición y manejo del riego— para sostener los altos techos productivos por hectárea y consolidar la calidad del grano chileno en los mercados de destino.
Fuente: El Mercurio