Bases para alinear las necesidades nutricionales del huerto de manzanos
La nutrición mineral balanceada juega un rol relevante en un adecuado desarrollo vegetativo de los árboles, tanto en la etapa de formación como en el ciclo de producción de fruta. En árboles en producción, ese adecuado desarrollo vegetativo debe traducirse en fruta suficientemente equilibrada que le permita una vida de postcosecha en óptimas condiciones. Una […]
En las condiciones actuales de producción, se requiere de un enfoque integral del huerto, interpretando la mayor cantidad de variables productivas que permitan ajustar los programas nutricionales para su uso de forma racional y ajustados a cada realidad productiva, considerando los múltiples factores que están en juego en esta especie.
Enfocar la nutrición en un concepto programa resulta de suma importancia, pues de esta forma es posible lograr un mejor desempeño productivo del huerto a cada temporada, en la medida que se incorporen todos los nutrientes que sean necesarios en función de la demanda de los diferentes componentes del árbol. La nutrición frutal tiene que ser un traje hecho a la medida, pues cada huerto tiene sus propias particularidades, ¡la talla única no aplica!
Entre las principales consideraciones para el establecimiento de un adecuado programa nutricional figuran aspectos como: variedad, portainjerto, densidad de plantación, edad de los árboles, historial de producción, estimación de rendimientos para el ciclo en el que se está planificando la fertilización, reciclaje de nutrientes, sistemas de riego (fertirrigación), limitantes de drenaje de suelo, necesidad de riego/frecuencia de riego (que podría condicionar las parcialidades que se considerarían en el programa de fertirrigación, en la temporada en curso las necesidades de riego están comenzando algo más tarde que el historial de las temporadas previas, lo que implica ajustar el número de parcialidades), análisis de suelo, análisis foliares, análisis de frutos y cuantificación de la expresión vegetativa del huerto (índice de vigor).
En ese mismo concepto de aspectos relevantes para el establecimiento del programa nutricional, es importante acostumbrarse a construir historial de analítica nutricional de los diferentes cuarteles, en términos de suelo, foliar y fruta que permitan optimizar las decisiones nutricionales.
BASES PARA LA ANALÍTICA NUTRICIONAL
En el caso de los análisis de suelo, es ideal actualizar la información cada tres años, y con un máximo de vigencia de cinco, dado que los sistemas productivos actuales son mucho más intensivos y altamente extractivos; de lo contrario, estaríamos mirando una información que no representa la realidad actual del suelo.
El momento ideal para la toma de muestras de suelo debería ser a salidas de invierno: julio-agosto, en huertos en plena producción, para que sea el punto de partida del nuevo ciclo de fertilización de primavera. Otra opción viable es mayo-junio, para que permita tomar decisiones de la implementación de enmiendas de suelo en el ciclo invernal (dado que dichas enmiendas siempre requieren de la adecuada solubilización producto de las precipitaciones). El procedimiento perfecto no existe, pero es importante contar con una metodología que permita hacer comparaciones a través de las temporadas y analizar los valores a la luz de los manejos que se realizaron durante ese período (de ahí la relevancia de fijar un momento de muestreo).
Algunas situaciones especiales podrían requerir el monitoreo de los niveles nutricionales de suelo a través de la temporada, por ejemplo: julio-agosto; diciembre-enero; marzo-abril, con la finalidad de entender procesos que podrían estar ocurriendo a nivel de suelo y que se relacionan con el comportamiento productivo que observamos en los árboles (por ejemplo, mineralización tardía, modificaciones en el pH, C.E. etc.).
Para los análisis de suelo, desde la perspectiva del balance de los principales cationes de intercambio (Ca, Mg, K, Na) resulta apropiado establecer el porcentaje ocupado por dichos cationes respecto de la Suma de Bases (SB), de modo de establecer una comparación efectiva (Cuadro 1).

Respecto de los análisis foliares, la idea es realizar su recolección en torno a 110 – 125 ddpf, con la finalidad de que dicha información resulte útil en la planificación del próximo ciclo productivo. El momento de recolección está referido a que los nutrientes deben estar estables en la planta para que sea una lectura efectiva (Cuadro 2). En términos de fechas, debería ser suficiente poder tomar las muestras foliares después del 15 de enero.

Por su parte, los análisis de frutos a cosecha tienen por objetivo dimensionar la calidad del plan nutricional que se ha implementado, tanto vía suelo como foliar, entre pre-flor a cosecha y, de este modo, optimizar los manejos de la próxima temporada productiva. La información generada permite asociar todo lo que se implementó a nivel de huerto con la potencialidad de la fruta en almacenaje, en función del balance que se logró alcanzar. Esta información es clave para establecer la segregación del potencial de almacenaje de la fruta (Cuadro 3).

ÍNDICE DE VIGOR Y SU INFLUENCIA EN EL APORTE DE NUTRIENTES
Un indicador que ha permitido optimizar el aporte de nutrientes es la determinación del índice de vigor a nivel de cada cuartel y en función de las variedades principales. Esté indicador ha resultado de gran utilidad para segregar el comportamiento del crecimiento vegetativo de los diferentes cuarteles y/o huertos y de este modo establecer un plan de fertilización más acotado a las necesidades de cada condición.
Tener en cuenta que la definición correcta de vigor es el desarrollo vegetativo dentro de la temporada de crecimiento, reconocido en la práctica como la evolución del brote anual. No confundir con el tamaño de los árboles, ya que se pueden reconocer árboles de gran envergadura, pero poco vigorosos porque el desarrollo anual es deficiente, y viceversa.
Para el índice de vigor, se ha establecido una escala que fluctúa entre 1 – 5, con un valor óptimo de 3 en manzanos. En la medida que dicho indicador comienza a decrecer y se acerca a valores de 1, significa que se está en presencia de árboles debilitados, probablemente en serios problemas en términos de desarrollo y recuperación de su crecimiento. En el otro extremo, en la medida que el índice se incrementa hasta llegar a 5, se traduce en árboles muy vigorosos, con consecuencias en la reducción de la fertilidad de yemas, inadecuada distribución de nutrientes en los distintos órganos que se traducen en una alta incidencia potencial de alteraciones en el balance de calcio, baja luminosidad al interior de la copa (exceso de sombra, coloración deficiente de la fruta) (Cuadro 4).

El índice de vigor dice relación con la calidad de la madera frutal y la capacidad de renovación del árbol, dado que los nuevos proyectos de plantación manejados en sistemas más intensivos requieren de la incorporación del concepto de renovación permanente de sus estructuras, en la medida que se tiene una madera frutal con vigor óptimo, lo que significa que se tendrá fruta con parámetros de calidad adecuados.
La idea es que el índice de vigor se evalúe en varios momentos durante la temporada, por ejemplo: fruto cuajado – fruto pequeño en torno a 60 ddpf – precosecha, incluso en poda, se puede volver a verificar para el siguiente ciclo, dado que permite observar el vigor de la madera frutal y la calidad del material de renovación.
Las evaluaciones durante el ciclo de crecimiento de la fruta permiten reaccionar con ciertas modificaciones el programa nutricional, en situaciones donde el vigor del árbol se ve afectado por la gran demanda de nutrientes de la fruta o, en el otro extremo, en presencia de cargas bajas en el incremento del vigor del árbol.
La idea de este indicador es ser el nexo entre lo planificado y la expresión que vemos en los árboles, permitiendo el ajuste fino durante la temporada, de modo de no terminar el ciclo con huertos debilitados o muy vigorosos, sin haber tenido ninguna señal.

APORTE DE NUTRIENTES
La finalidad de toda la información expuesta es permitir un adecuado establecimiento del requerimiento de nutrientes para el ciclo productivo. En función de la combinación de índice de vigor, portainjerto y estimación de rendimientos se confecciona el aporte de unidades de nitrógeno por hectárea.
A modo de ejemplo, para una combinación de Gala en un portainjerto semienanizante, con un índice de vigor de 3, un factor de extracción efectiva de 1,2 unidades N/ton fruta producida y una estimación de rendimientos de 70 ton/ha, significa que tiene un requerimiento de 84 unidades de N/ha.
El modo en que estas unidades podrían ser aportadas ha sido históricamente vía nitrato de calcio (en los huertos en donde se ha llevado a cabo el soporte técnico en nutrición frutal), situación que no será posible la temporada en curso, dado la imposibilidad de acceder a stock en los momentos oportunos, o en caso de que ello llegará a ser factible, escapa completamente a la estructura presupuestaría para dicha especie. De ahí que en varias situaciones se recurrirá a fuentes de nitrógeno en base a sulfato de amonio (acomplejadas con moléculas inhibidoras de la nitrificación), que gracias a una mayor eficiencia de uso logran reducir en un cierto porcentaje los requerimientos de nitrógeno (todo lo anterior, fundado en un detallado conocimiento de lo que se ha venido ejecutando las temporadas previas).
En los casos que la fuente utilizada como aporte de nitrógeno sea vía urea, la idea es reforzar en forma importante el aporte de calcio floable (existen múltiples opciones hoy disponibles en el mercado para garantizar dicho suministro). Otra opción complementaria para suplir en parte el aporte de nitrógeno es la utilización de aminoácidos y/o materias orgánicas líquidas en el programa de suelo, donde obviamente el cálculo de unidades no es 1:1 como en un fertilizante soluble.
La planificación apuntaba a iniciar el ciclo de fertilización al suelo en torno a preflor / botón rosado en forma parcializada (comenzar a cargar el sistema). Sin embargo, en varias situaciones ha comenzado algo más tarde, dada la casi nula necesidad de riego en el ciclo inicial producto de las precipitaciones en algunas zonas productivas, lo que podría ajustar el número de parcialidades que se emplearían en el programa de fertilización.
En suelos muy pesados, no resultan aconsejables los riegos de fertilización y en este caso se debe transar y ajustar el programa nutricional a un menor número de parcialidades; el árbol es una integración de todos los factores productivos, pues en caso contrario, ese aporte de nutrientes será absolutamente ineficiente.
Otro elemento cuyo aporte resulta relevante es potasio (K). En términos de requerimiento, considerar extracciones en torno a 2,0 – 2,5 unidades K/ton fruta producida (2,4 – 3 unidades K2O/ton fruta producida), lo cual varía en función de exigencias varietales, balance del elemento en la suma de bases, cambios importantes en la estimación de rendimientos avanzado el ciclo de crecimiento, requerimiento de sólidos solubles en fruta, entre otras consideraciones.
Bajo este concepto de programa integral, el aporte de calcio es de suma relevancia, tomando como base que es un elemento fundamental para una fruta suficientemente equilibrada. Desde la perspectiva de los aportes, esta temporada cobra especial importancia el uso de calcio floable, dada la inexistencia en la mayoría de los programas de nitrato de calcio. Existen innumerables opciones en el mercado, la mayoría con concentraciones comparables en términos de aporte de calcio en función del comparativo peso/peso (Cuadro 5). A similares concentraciones de Ca p/p (por ejemplo, 25% Ca = 35% CaO), seleccionar las mejores opciones en términos de solubilidad y de costo (US$/kg).

Respecto del aporte de unidades de Ca, vía calcio floable, la idea es considerar valores en torno a 25 unidades Ca/ha, como mínimo. Sin embargo, las formulaciones con mayor concentración de carriers como ácidos carboxílicos, extractos vegetales e incluso aminoácidos pueden otorgarle a un Ca floable de menos concentración una mayor eficiencia en su uso con buenos resultados en la calidad final de la fruta (así se ha venido analizando en trabajos realizados a escala comercial las últimas temporadas). La decisión final de implementación de una determinada fuente dependerá de la adecuada interpretación del balance de calcio respecto de la suma de bases (SB).
Con la idea de calcio como un elemento de consumo de lujo, se complementa su incorporación con el programa foliar, que se inicia en flor y se prolonga hasta un poco antes de cosecha, con la finalidad de que la fruta siempre se desarrolle con un buen abastecimiento de calcio. Además, no debe perderse de vista que es importante mantener una frecuencia de aplicación regular, de esta forma se aborda en la planificación del calendario de aplicaciones a nivel de huerto.
En variedades con alta susceptibilidad a alteraciones en postcosecha asociadas a desbalances nutricionales, resulta trascendental implementar un programa foliar muy riguroso en términos de número e intervalo entre aplicaciones (minimizando al máximo ventanas de aplicación muy amplias). Otro aspecto para considerar es la dilución del calcio a partir de los 60 ddpf hasta cosecha, ya que, en condiciones naturales, se ubica en torno al 50%. De ahí la relevancia de asegurar una concentración de calcio en la fruta entre botón rosado – 60 ddpf (cuenta ahorro), la que se sitúa al menos en 15 mg/100 g PF. El objetivo es llegar a cosecha con valores sobre 5,5 mg/100 g PF.
La situación actual impone exigencias altísimas en los equipos de trabajo para intentar aproximarnos al óptimo de los programas nutricionales, pues dada las restricciones presupuestarias es necesario hacer algunas concesiones, siempre bajo la atenta mirada del comportamiento que han comenzado a expresar los árboles y a la luz de las cargas frutales postcuaja.

La decisión de reducción de los programas nutricionales siempre debe hacerse basada en el máximo de antecedentes técnico-productivos y con un acabado conocimiento de lo que se ha venido implementando las últimas temporadas. De lo contrario, podría resultar muy detrimental para el árbol. Como dice Oscar Aliaga, el árbol se queda, la fruta se va.
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Al fin aprendimos la lección