Bio-regeneración de suelos: el cambio de paradigma que busca reducir costos y recuperar la productividad agrícola
Por: Sebastián Ramírez
Hablar de bio-regeneración de suelos implica cuestionar algunos de los principios que han guiado el desarrollo agrícola en las últimas décadas. Para Carlos Abecasis, ingeniero agrónomo especializado en bio-regeneración de suelos, Consultor internacional y Director de estudios del Programa de formación de Bio-regeneradores, quien desarrolló una tecnología patentada de bio-regeneración de suelos, el punto de partida es reconocer que toda actividad agrícola genera alteraciones sobre los ecosistemas naturales.
“Hacer agricultura es una mala praxis para la naturaleza. No importa cómo lo hagas, incluso con agricultura orgánica. Estás alterando la naturaleza y desequilibrando el sistema”, afirma. Lo que no significa que no deba hacerse; sino que debiera hacerse con el menor impacto negativo posible, imitando a la naturaleza.

La idea puede parecer provocadora y disruptiva, pero constituye la base conceptual de su propuesta. Según explica, cuando un ecosistema natural es reemplazado por una especie cultivada seleccionada por el ser humano, se produce una ruptura de los equilibrios biológicos originales. Ese desequilibrio, sostiene, se traduce en estrés permanente para las plantas, mayor susceptibilidad a enfermedades y una creciente dependencia de insumos externos.
Desde su perspectiva, muchos de los problemas productivos actuales no son consecuencia de eventos aislados, sino síntomas de un sistema que ha ido perdiendo su capacidad de autorregulación.
“Las plantas terminan enamorándose porque están en un sistema desequilibrado y bajo estrés permanente”, señala.
La bio-regeneración como estrategia integral
Frente a este escenario, Abecasis plantea la bio-regeneración de suelos como una tecnología integral destinada a recuperar las funciones biológicas, químicas y físicas de los sistemas agrícolas.
Más que una receta o un producto específico, la propuesta se basa en una serie de principios orientados a reducir el estrés de las plantas, mejorar la calidad de los suelos y aumentar la eficiencia productiva.
El objetivo final no es únicamente mejorar los indicadores agronómicos, sino también generar beneficios económicos concretos para los productores. “Se puede producir mejor, más económicamente y con mejor resultado de costo-beneficio”, sostiene.
Según su experiencia, la implementación adecuada de estos sistemas puede traducirse en reducciones significativas de costos. “Estamos hablando de bajar un 20%, un 30% o incluso un 40% los costos actuales”, asegura.
Los tres pilares de la recuperación del suelo
Abecasis resume la estrategia de bio-regeneración en tres grandes ejes de trabajo.
1. Desintoxicar los suelos
El primer paso consiste en eliminar o neutralizar la acumulación de sustancias derivadas de décadas de uso intensivo de fertilizantes, fungicidas, insecticidas y otros insumos de síntesis química.
De acuerdo con su visión, los suelos agrícolas modernos arrastran una carga tóxica acumulada que limita el funcionamiento biológico del sistema. “Después de 20 años de recibir semejante parafernalia de insumos de síntesis química, eso se acumula y va generando una toxicidad que hay que eliminar”, explica Abecasis.
Para ilustrarlo, utiliza una comparación sencilla: un fumador que deja el cigarrillo no elimina inmediatamente el daño acumulado en sus pulmones. Del mismo modo, los suelos requieren procesos de recuperación que pueden tomar tiempo.
2. Dejar de seguir intoxicando
El segundo componente consiste en reducir progresivamente la incorporación de nuevos elementos que continúen alimentando el problema.
“Tienes que dejar de fumar. Porque si sigues fumando, por más que pongas un producto natural, vas a seguir teniendo el mismo problema”, ejemplifica.
En términos agrícolas, esto implica disminuir gradualmente la dependencia de ciertos insumos químicos y reemplazarlos por herramientas biológicas capaces de mantener la productividad sin aumentar aún más la carga tóxica del sistema.
3. Regenerar mediante biología
El tercer pilar consiste en la incorporación de bioinsumos capaces de restaurar la fertilidad biológica del suelo. “Vas sacando cosas que generan toxicidad y le vas metiendo consorcios microbianos y moléculas orgánicas que recuperan esos suelos”, explica.
La lógica es restaurar progresivamente las funciones biológicas perdidas, favoreciendo una mayor disponibilidad de nutrientes, una mejor estructura del suelo y una mayor resiliencia frente a condiciones de estrés.
Como resultado, las plantas pueden desarrollarse en un ambiente más equilibrado y eficiente.
La transición: gradual, medible y acompañada
Uno de los principales cuestionamientos que suelen surgir frente a este tipo de propuestas es su factibilidad a escala comercial. Abecasis sostiene que la transición no debe realizarse de manera brusca ni sobre toda la superficie productiva simultáneamente.
Por el contrario, recomienda comenzar por sectores acotados del predio, generando comparaciones objetivas con el manejo convencional. “Nadie lo hace de una vez y para siempre. Lo van haciendo progresivamente y en pequeña escala”, explica.
La clave, añade, está en incorporar mediciones que tradicionalmente no forman parte de los sistemas de monitoreo habituales. “El productor no está acostumbrado a medir la calidad del suelo ni lo que le está pasando a la planta durante todo el proceso del cultivo”, dice.


Por ello, el acompañamiento técnico adquiere un papel central. Según explica, el seguimiento permanente permite evaluar la evolución del sistema, generar confianza y tomar decisiones basadas en información objetiva. En cuanto a su línea de trabajo, señala que se declaran corresponsables con el productor, ya que lo acompañan y miden los efectos de los productos en todo momento.

El rol de los bioinsumos
Si bien reconoce que existen múltiples alternativas comerciales y artesanales, Abecasis destaca el uso de bioinsumos que integran consorcios microbianos y compuestos orgánicos capaces de acelerar los procesos de recuperación. En Argentina, su equipo desarrolló BioMax, un producto registrado ante SENASA que combina consorcios microbianos, sustancias húmicas y materia orgánica. Sin embargo, enfatiza que el concepto es más amplio que cualquier marca comercial.
Actualmente, la tecnología se encuentra en proceso de introducción en Chile a través de la empresa Agro Trust, que la combina con una tecnología suiza denominada Penergetic. Según explica, la complementariedad entre ambas herramientas genera efectos sinérgicos particularmente interesantes. “Penergetic aporta energía a los microorganismos y potencia no solo los que incorporamos nosotros, sino también los que ya están presentes en el suelo”, comenta.
Los primeros ensayos realizados en Chile aún son recientes, pero los resultados iniciales generan expectativas positivas. “Hace apenas dos años que estamos trabajando en Chile, pero el futuro es muy halagüeño”, dice el experto.
Más allá de los microorganismos: la necesidad de remineralizar
Uno de los aspectos que Abecasis considera insuficientemente abordados en la agricultura moderna es la reposición de los minerales extraídos por las cosechas.
A su juicio, la fertilización convencional, centrada en nitrógeno, fósforo y potasio, deja de lado una gran cantidad de elementos esenciales. “No tenemos que devolver solamente nitrógeno, fósforo y potasio. Tenemos que devolver 50 o 60 minerales distintos que se están llevando, por ejemplo, las cerezas cada vez que llegan a China”, plantea.
Para ilustrarlo, utiliza un ejemplo basado en un huerto con una producción de 12 toneladas por hectárea.
Según sus cálculos, esa cosecha puede extraer aproximadamente 1,2 toneladas de materia orgánica y cerca de 0,4 toneladas de minerales. “Parte del suelo de Chile lo tienen los chinos. Se están llevando toneladas de materia orgánica y minerales en cada cosecha”, afirma gráficamente.
Desde esta perspectiva, la sostenibilidad no consiste únicamente en reducir los impactos ambientales y los costos, sino también en restituir sistemáticamente aquello que sale del sistema productivo.
¿Por qué la adopción ha sido tan lenta?
A pesar de los beneficios que describe, Abecasis reconoce que la adopción masiva de estos enfoques ha sido lenta. Entre las razones identifica factores culturales, económicos y técnicos.
Por una parte, señala la resistencia natural al cambio. “Cualquier cambio implica una pérdida. Cambiar no es fácil para ningún ser vivo”, reflexiona.
También menciona que los sistemas agrícolas suelen mantener niveles aceptables de productividad durante varios años gracias a la fertilidad acumulada previamente, lo que retrasa la percepción del problema.
A ello se suma la influencia histórica de la industria de insumos convencionales. “Las corporaciones económicas que fabrican fertilizantes, insecticidas, fungicidas y herbicidas son muy grandes y ejercen una influencia poderosa”, dice.
Sin embargo, considera que el principal obstáculo sigue siendo el desconocimiento. “Si algo aprendí durante mis seis años en la Facultad de Agronomía es qué no debo hacer”. A su juicio, gran parte del conocimiento agronómico dominante se construyó bajo paradigmas desarrollados durante la llamada Revolución Verde, cuando el objetivo principal era maximizar los rendimientos mediante soluciones químicas de rápida respuesta.
Una oportunidad para recuperar productividad y patrimonio
Aunque su análisis es crítico del modelo agrícola predominante, Abecasis se muestra optimista respecto de las posibilidades de transformación. “Estamos mal, pero vamos bien”, resume.
La principal ventaja, sostiene, es que la recuperación de los suelos no implica necesariamente sacrificar la rentabilidad. Por el contrario, plantea que puede aumentar la eficiencia económica mientras mejora la calidad de los sistemas productivos. “La buena noticia es que se puede cambiar. Se puede producir igual o incluso más kilos por hectárea, a menor costo y con una mejor relación costo-beneficio”, dice.
Pero quizás el argumento más relevante para los productores no sea únicamente económico. Según Abecasis, recuperar la salud del suelo significa también proteger el principal activo de cualquier empresa agrícola. “El verdadero capital del productor es la tierra. Si no tiene un suelo de buena calidad, difícilmente podrá tener plantas de buena calidad. Mejorar el suelo es mejorar su patrimonio”, asegura.
Para el especialista, la experiencia acumulada durante casi dos décadas en Argentina y los primeros avances observados en Chile muestran que la regeneración biológica de los suelos puede convertirse en una herramienta relevante para enfrentar los desafíos productivos, económicos y ambientales que hoy enfrenta la agricultura moderna.