Biodiversidad funcional: una aliada estratégica de la agricultura
Por: Renato Ripa Ingeniero agrónomo, Doctor en entomología y Gerente técnico de Biocea. Maureen Muñoz Ingeniero agrónomo, Encargada de Proyectos de I+D. Paola Luppichini Ingeniero agrónomo, Magister en Ciencias, Investigadora. María Fernanda Espinoza Ingeniero Agrónomo, investigadora de Biocea Pilar Larral Ingeniero agrónomo, Magister en ciencias, Gerente Comercial de Biocea.
Durante muchos años, la biodiversidad fue considerada exclusivamente un tema de conservación. Sin embargo, hoy constituye uno de los principales pilares de la agricultura moderna. Los servicios ecosistémicos que entrega la naturaleza son esenciales para mantener la productividad y responder a las crecientes exigencias de los mercados internacionales.
Cambio climático
El incremento de las temperaturas y las emisiones de CO₂ inciden directamente en los diversos ecosistemas y, por cierto, también en la agricultura (Ferrada et al., 2007; Ide et al., 2014, citados por Marquet, 2020). La mayor frecuencia de eventos climáticos extremos genera alteraciones en la fenología de los cultivos y de las especies silvestres, el desplazamiento de zonas agroecológicas y una mayor presión sobre los ecosistemas agrícolas. Además, el cambio climático afecta la disponibilidad hídrica y tiene un impacto significativo en la diversidad microbiana del suelo, esencial para su sanidad y fertilidad (Schimel et al., 2015).
Tal como lo señala el Ministerio del Medio Ambiente (2017), si bien el cambio climático influye en la conservación de los ecosistemas, puede decirse, a su vez, que la conservación de los ecosistemas contribuye a enfrentar el cambio climático.
Situación en Chile
A nivel nacional, el cambio climático ha afectado la biodiversidad funcional asociada a la producción agrícola, particularmente en la zona central de Chile, donde la disminución de las lluvias invernales ha provocado una sequía prolongada durante las últimas décadas, lo que ha afectado el suministro hídrico para los cultivos y ha generado pérdidas económicas significativas. Por otra parte, el cambio climático ha incrementado la declinación de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos.
De acuerdo con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, Chile es uno de los países más vulnerables al cambio climático porque cumple siete de las nueve características de vulnerabilidad: posee zonas áridas y semiáridas, zonas con cobertura forestal y zonas expuestas al deterioro forestal, además de ecosistemas frágiles, incluidos los ecosistemas montañosos (MMA, 2017).
Dado este escenario, el Gobierno de Chile, a través del Ministerio del Medio Ambiente, ha implementado planes de adaptación y mitigación: los primeros apuntan a reducir la vulnerabilidad, evitar los daños y aumentar la resiliencia frente a estos cambios, mientras que los planes de mitigación incluyen medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en todas las áreas productivas, tales como minería, transporte, salud, energía y agricultura.
Situación a nivel predial
La producción agrícola es fundamental para la alimentación humana y de otras especies. Sin embargo, su expansión y la producción intensiva han contribuido a la pérdida de la biodiversidad, principalmente por la fragmentación del hábitat, el uso de agroquímicos, la degradación de los suelos y el incremento de especies invasoras (Reyes-Palomino y Cano, 2022).
La biodiversidad contempla la amplia variedad de seres vivos que existen en el planeta y los ecosistemas que conforman, en los que ocurren múltiples interacciones que sostienen la vida, como el ciclo de los nutrientes y la polinización.
Cuanto mayor es la diversidad, más sostenible es un ecosistema. Si existen múltiples especies que realizan un mismo trabajo y una desaparece, el sistema sigue funcionando porque existen otras que pueden ocupar ese nicho, cumplir la misma función y mantener el ecosistema.
La agricultura sostenible incluye, entre sus prioridades, proteger el medio ambiente y la biodiversidad (Muñoz et al., 2016). Chile, en tanto país agroexportador, se enfrenta a nuevos desafíos exigidos por los mercados de destino, como las certificaciones Global GAP, Leaf y Rainforest, entre otras, que establecen estándares productivos para los agricultores y tienen como objetivo común asegurar que la producción agrícola sea ambientalmente responsable, socialmente justa y económicamente viable.
En este contexto, resulta fundamental implementar estrategias de conservación de la biodiversidad a escala predial. Para ello, el primer paso es conocer la flora y fauna nativas presentes en los predios agrícolas, ya que constituyen la base de múltiples procesos ecológicos que favorecen la producción.
Los huertos agrícolas no solo producen fruta; también albergan una gran diversidad de organismos, entre ellos, insectos polinizadores, enemigos naturales de plagas, microorganismos del suelo, vegetación nativa y otras especies, como aves y reptiles. En conjunto, estos organismos proporcionan valiosos servicios ecosistémicos, como la polinización, el control biológico de plagas, el reciclaje de nutrientes, la conservación del suelo y el mantenimiento del equilibrio ecológico, contribuyendo así a una agricultura más sostenible.
La agricultura moderna está llamada a realizar acciones específicas que permitan establecer un plan de conservación de la biodiversidad en los predios, tales como:
• Proveer hábitats para el refugio y la reproducción de la fauna.
• Conservar áreas con vegetación nativa, como quebradas y bordes, para incrementar la biodiversidad.
• Restaurar ambientes naturales en zonas de borde de cultivo y otras áreas no cultivadas con vegetación nativa.
• Manejar y controlar animales domésticos en el interior de los predios.
• Facilitar el acceso de fauna benéfica a sus presas para ejercer control sobre plagas (Muñoz et al., 2016).
Paisaje agrícola
Bordes y corredores biológicos
Los bordes de los predios, entendidos como las zonas que colindan con el exterior del campo, desempeñan un papel clave en la conservación de la biodiversidad, ya que favorecen la conectividad entre el agroecosistema y los hábitats naturales circundantes, facilitando el desplazamiento e intercambio de polinizadores, enemigos naturales de las plagas y otros organismos benéficos. Sobre esta base, es posible fortalecer dicha conectividad mediante el establecimiento de corredores biológicos, definidos como franjas continuas de vegetación nativa compuestas por especies arbóreas, arbustivas y/o herbáceas que funcionan como verdaderas vías de desplazamiento para la fauna. Estos corredores conectan distintos parches de vegetación, permiten el movimiento de los organismos y favorecen el flujo de especies benéficas que contribuyen al funcionamiento y la resiliencia del agroecosistema (Muñoz et al., 2016).

Importancia de la biodiversidad en el huerto
Uno de los servicios ecosistémicos fundamentales que genera el paisaje natural es el aporte de artrópodos que polinizan frutales y otros cultivos de importancia económica. Se estima que el 90 % de las plantas con flor dependen de la polinización para su reproducción y que alrededor del 70 % de ese proceso es realizado por insectos, que constituyen así el grupo de polinizadores más importante para plantas silvestres y cultivadas (Bonilla, 2012; Fründ et al., 2013). En cuanto a las especies involucradas en la polinización, más del 90 % de los cultivos a nivel mundial son visitados por abejas, un 30 % por moscas y, por último, cerca del 6 % de los cultivos involucran a otros artrópodos (Rader et al., 2016; IPBES, 2016).
Si bien la abeja de miel o abeja europea (Apis mellifera) es la especie más utilizada comercialmente para polinizar cultivos en la producción agrícola, se sabe que existen otros artrópodos, como moscas, coleópteros, mariposas y otras abejas, que realizan un aporte positivo a este servicio ecosistémico.
Las especies de abejas nativas que se encuentran en Chile se agrupan en cinco familias —Andrenidae, Apidae, Halictidae, Colletidae y Megachilidae— y se reporta un 70 % de endemismo (Montalva y Ruz, 2010). La gran mayoría de las abejas nativas, al igual que las de miel, utilizan polen y néctar como alimento para sus larvas. Muchas de estas especies visitan cultivos comerciales y aportan significativamente a la polinización, al cumplir un rol clave en cultivos como palto, almendro y cerezo.
La evidencia indica que, mientras mayor sea la diversidad de especies que polinizan un cultivo, la polinización alcanza mayores niveles y, en consecuencia, los beneficios en la producción se incrementan (Garibaldi et al., 2013, citados por Flores-Prado, 2022).

De la teoría a la práctica: la experiencia de Biocea
Hace ya más de 10 años, Biocea participó en la fase de investigación del proyecto Operation Pollinator, impulsado por Syngenta y desarrollado en Chile como parte de su estrategia global de sostenibilidad. El proyecto tuvo como objetivo incrementar la abundancia y diversidad de insectos polinizadores y otros artrópodos benéficos en predios agrícolas mediante el establecimiento de parches o mix florales. Entre las temporadas de 2015 y 2018, se evaluó el establecimiento de distintas mezclas de especies florales en huertos frutales de las regiones de Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins, para determinar su adaptación a las condiciones edafoclimáticas de la zona central y su capacidad para atraer polinizadores y enemigos naturales de plagas.

Los resultados demostraron que los parches florales incrementaron de manera significativa la abundancia y diversidad de insectos benéficos respecto de la vegetación espontánea. En promedio, estos hábitats registraron una abundancia de polinizadores 3,4 veces superior, además de una mayor riqueza de especies de abejas nativas, sírfidos, mariposas, coleópteros y otros visitantes florales. Asimismo, se constató un importante aumento de enemigos naturales, lo que evidenció que los parches florales constituyen una fuente permanente de néctar y polen y sirven como refugio y sitios de reproducción para organismos que aportan servicios ecosistémicos esenciales, como la polinización y el control biológico de plagas.
Además, el proyecto permitió desarrollar recomendaciones técnicas para el establecimiento y manejo de mix florales, elaborar manuales para agricultores y una guía de polinizadores (https://polinizadores.com/assets/guia/index.html), con el fin de promover su implementación a escala comercial. Gracias a este trabajo, la iniciativa fue adoptada por más de 450 predios distribuidos desde Arica hasta Magallanes, incluidos huertos frutales, cultivos hortícolas, viñas, predios apícolas y áreas protegidas. Esta experiencia consolidó a Operation Pollinator como una de las primeras iniciativas en Chile en demostrar, mediante investigación aplicada, que la incorporación de infraestructura ecológica en los predios agrícolas favorece la conservación de la biodiversidad y contribuye a una agricultura más sostenible.
Libro y guía de campo de flora nativa y endémica de Chile
Conscientes de la importancia de la flora nativa como patrimonio natural de nuestro país y convencidos de que solo es posible conservar aquello que se conoce y valora, el Centro de Entomología Aplicada BIOCEA publicó en 2023 el libro “Flores Nativas y Endémicas de Chile”. Esta obra tuvo como propósito mostrar la riqueza de la flora nativa, promoviendo el conocimiento, la valoración de su belleza y la generación de una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger y conservar nuestro patrimonio natural.
Debido a la excelente acogida de esta publicación y con el fin de facilitar su uso en terreno, durante 2025 se editó una versión en formato de guía de campo, más compacta y práctica, diseñada para apoyar la identificación de especies durante actividades de educación, investigación y recorridos por ambientes naturales.
Paralelamente, BIOCEA desarrolló un estudio de biodiversidad de flora y artrópodos para Agrícola El Cerrito, en la comuna de Paihuano. Este trabajo permitió documentar la diversidad biológica presente en el predio, sus áreas de conservación y restauración, así como los ecosistemas circundantes, y dio origen a un libro de alta calidad fotográfica que pone en valor la biodiversidad y el paisaje característico del Valle del Elqui.

Proyecto FIA “Modelo Ecostacking”
Actualmente, Biocea se encuentra desarrollando un proyecto de investigación que cuenta con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Agrícola Córpora, la Exportadora Propal y la Fundación Red Aconcagua (Aconcagua Network), cuyo objetivo es validar un modelo de manejo agroecológico que combine el establecimiento de corredores biológicos con flora nativa y la inoculación de hongos micorrícicos arbusculares (HMAs), con el propósito de incrementar la biodiversidad funcional en huertos de palto y contribuir al cumplimiento de los estándares de sustentabilidad exigidos por los mercados nacionales e internacionales. A esta iniciativa de interés público la hemos denominado “Implementación de un modelo Ecostacking para incrementar la biodiversidad en huertos de palto de la Región de Valparaíso”.
La investigación, que se inició en octubre de 2025 y tiene una duración de tres años, se desarrolla en predios comerciales ubicados en la comuna de Panquehue. Se espera obtener información validada que permita medir el efecto individual y combinado de los corredores biológicos y los HMAs sobre la biodiversidad, el control biológico de plagas, la polinización y diversos indicadores de biodiversidad del suelo.

Servicios de BIOCEA asociados a la biodiversidad
Considerando la relevancia de la conservación y la biodiversidad para la producción agrícola, BIOCEA ha incorporado a sus servicios cursos, asesorías, evaluaciones y monitoreos afines, tales como la evaluación de línea base ambiental, el monitoreo de biodiversidad, la evaluación de soluciones basadas en la naturaleza (SbN) y la elaboración de material visual, entre otros.