Bionutrición, un puente entre lo microbiológico y lo productivo
Por: Claudia Agurto, Ing. Agrónomo PUCV/DGN UAI. Gerente Técnico y Comercial AGRO Q-TRAL SPA
En cada visita donde tocamos el tema de la nutrición, la pregunta más recurrente del productor es: ¿por qué si tengo nutrientes en el suelo y fertilizo todos los años, ¿la planta sigue mostrando deficiencias y la calidad de mi fruta muchas veces no es consistente? , la pregunta obligatoria que sigue al análisis es porque la planta no está siendo capaz de tomar los nutrientes, habrá alguna condición química que impida su acceso?, habrá algún impedimento físico que esté dificultando el movimiento del agua, habrán zonas compactadas que limiten el crecimiento de las raíces y por tanto la intercepción con los nutrientes?, estarán las plantas expuestas a algún problema sanitario que este afectando el desarrollo de raíces?, etc., etc., etc., y es en ese cuestionamiento, donde el análisis se nos empieza a complicar, pues a lo anterior habría que sumar los manejos agronómicos que parten desde una buena preparación de suelo, la corrección de las características físico – químicas y los manejos que como agentes productivos realizamos en el sistema siendo quizás el más importante el riego como cantidad y distribución de agua en el perfil.

Hasta ahora solo hemos considerado al suelo como un soporte con una interacción mínima en la producción, y a mi juicio esa es la razón que nos ha llevado al problema. El suelo no es un mero soporte, es el medio en el cual se desarrolla la vida vegetal, más aún es la entidad que soporta el desarrollo de la vida en el planeta, pues en él ocurren una serie de eventos que aseguran la producción de alimentos, la energía, la obtención de materiales de construcción y en su biodiversidad (muy poco conocida por lo demás), la respuesta a problemáticas actuales y a las que están por venir, como por ejemplo la obtención de futuras moléculas de interés médico.
Teniendo esto claro, nuestra mirada hacia el suelo debería cambiar, el suelo es organismo vivo, un ecosistema dinámico, donde una variedad de microorganismos, como bacterias, hongos, actinomicetos y otros macroorganismos, interactúan con la materia orgánica y los componentes minerales para crear un ambiente propicio para el crecimiento de las plantas. Como podemos observar, el rol de la materia orgánica entonces es fundamental para la mantención de una producción sostenible en cantidad y calidad.

Los procesos de degradación de suelos, que hoy están comprometiendo la salud del sistema y limitando parcial o totalmente su capacidad productiva, han sido acelerados con la perdida de la materia orgánica; entonces, acabamos de encontrar el pilar de sostenibilidad que nos faltaba en el análisis. En la agricultura, al igual que en la medicina convencional, se acostumbra a tratar el síntoma, pero para lograr una recuperación de la salud, entendiéndose como salud = capacidad productiva sostenible, debemos considerar por qué la estamos perdiendo.
Bajo una mirada productiva tradicional, si falta un nutriente, lo suplementamos con un fertilizante, pensamos en una corrección puntual pero no en solucionar la base del problema ni mucho menos en entender que es lo que está pasando en el suelo y como el impacto de esa fertilización podría modificar la acción de otras características tanto o más importantes que el mismo nutriente, como por ejemplo la conductividad eléctrica (CE), el pH y la capacidad de intercambio catiónico (CIC). Con esto no quiero decir, que fertilizar no sea correcto, todo lo contrario, fertilizar de manera racional, tomando en consideración los requerimientos productivos, los datos del análisis de suelo y foliar y los nutrientes que entrega el agua es fundamental para hacer una corrección correcta en vez de un enmascaramiento de la sintomatología. Un ejemplo recurrente es el del potasio (K), me ha tocado revisar muchos análisis de suelo encontrándome con potasios disponible muy altos, muchas veces por sobre los 300 mg/Kg, sin embargo, la fruta no crece, a nivel foliar se encuentra deficiente o en la parte baja del rango adecuado. Es en este este punto donde los cationes intercambiables y la saturación de la CIC podrían entregar una respuesta certera sobre qué es lo que está limitando su absorción y créanme que la corrección muchas veces no va de la mano del aumento de la fertilización química.
Contar con los análisis de suelo y su correcta interpretación nos entregará información vital para entender que es lo que limita la absorción y establecer un manejo nutricional que considere el aumento de la fertilidad del suelo, usando a la materia orgánica como agente de acción sobre las propiedades físicas, químicas (especialmente sobre la capacidad de intercambio catiónico variable) y las biológicas del suelo. El aumento de los niveles de materia orgánica contribuye a la mejora de la estructura del suelo, la capacidad de retención de humedad, la mineralización de nutrientes, el movimiento del agua y aire y es el sustrato base para la actividad biológica.

¿Entendido todo esto, entonces nos preguntamos cual sería el rol de una vida microbiana activa sobre el suelo y sus capacidades productivas?, definitivamente un rol fundamental, en una agricultura sostenible, los suelos saludables son el cimiento de la productividad, en ellos las comunidades microbianas se encuentran en un equilibrio armónico, donde no hay un protagonismo individual, las relaciones simbióticas que se generan aseguran la viabilidad actual y futura de sus poblaciones y nosotros nos beneficiamos de esas acciones, y como la interacción es colaborativa las plantas “devuelven el favor”; entre el 10 y el 30% de los foto asimilados generados por la fotosíntesis son destinados a atraer, nutrir y modificar las comunidades microbianas que ayudan al crecimiento vegetal; los exudados radiculares liberados directamente al suelo (azúcares, ácidos orgánicos y aminoácidos) son la fuente basal del desarrollo microbiano; los compuestos ricos en carbono son utilizados por los hongos y los compuestos ricos en proteínas son sustrato para el crecimiento bacteriano. Entonces la adición de materias orgánicas (compost, bioestabilizados, ácidos húmicos , fúlvicos y cadenas de carbono lábiles) como parte de la nutrición toma un rol importantísimo y es una herramienta productiva que genera un impacto integral real y medible. Las cargas negativas entregadas por la materia orgánica son las que permiten trabajar sobre la capacidad de intercambio catiónico variable, entregando cargas que permiten la adhesión de nuevas bases y así vamos compensando las saturaciones de la CIC, generando biodisponibilidad de nutrientes para las plantas y un ambiente favorable al asentamiento microbiano benéfico. Ahora bien, todo esto funciona, si estamos frente a un suelo saludable (sano) y las plantas no muestran mayores problemas sanitarios, porque si los agentes microbianos presentes son en su mayoría son oportunistas patógenos, los nutrientes y cadenas de carbono disponibles que entrega la materia orgánica serán rápidamente consumidos por ellos pudiendo generarse un problema mayor.
Entonces como manejamos este sistema de manera favorable, lo primero que hay que entender es que cuando estamos frente a problemas nutricionales y/o sanitarios visibles, y despejando que no sea algún aspecto ambiental y/o manejo agronómico que estemos realizando mal, el ecosistema suelo probablemente tenga un desequilibrio microbiano, en otras palabras los “malos” son superiores a los que fomentan salud, luego la intervención microbiana debe hacerse con agentes capaces de competir por espacio y nutrientes de manera agresiva sobre la microbiota basal del suelo y para lograr esto, la concentración microbiana de los productos a utilizar debe ser alta. El segundo aspecto es que microorganismo bioantagonista utilizar (bacteria u hongo, Bacillus spp. o Trichoderma spp.) y acá hay que considerar que evolutivamente las bacterias son la base de la cadena trófica y sus características funcionales le han permitido y le permitirán mantenerse y competir para seguir subsistiendo en el planeta. Pareciera ser que la primera intervención microbiana va por esta vía. Una vez regulado el ambiente microbiano, haciéndolo favorable a los bioantagonistas podemos intervenir con las materias orgánicas y generar el impacto del que ya hemos hablado anteriormente.
Ahora, como ligamos todo esto al cultivo del avellano, vamos a partir de la base que los avellanos son un cultivo frutal, pero que se establece con el criterio de un cultivo extensivo, luego las plantaciones se han localizado en suelos marginales con limitantes físicas y químicas importantes, y sin lugar a duda la composición microbiana tampoco acompaña. Las zonas agroclimáticas de cultivo presentan algunas complejidades que pueden favorecer el desarrollo de enfermedades fungosas y bacterianas, luego la intervención microbiana benéfica puede representar un factor determinante en el éxito productivo y en la viabilidad de los proyectos.
El uso de consorcios microbianos multitróficos, establecidos tras regular algunos aspectos químicos básicos , ha permitido mejorar los suelos y su funcionalidad, convirtiéndolos en un eje productivo. Llevamos 3 temporadas aplicando la gestión integral de suelo con algunos productores de avellanos y hemos observado cambios importantes que han tenido un impacto productivo y económico relevante. El esquema aplicado y sus objetivos pueden observarse en el cuadro 5.

Con la aplicación de esta estrategia hemos conseguido mejoras importantes en la estructuración, en el aumento la profundidad efectiva y por tanto la exploración radicular. El manejo de la capacidad de intercambio catiónico variable ha permitido disponibilizar nutrientes que antes por antagonismo químico no estaban accesibles para las plantas (Ca y K) y que pese a la fertilización no subían en la hoja. La estabilidad se ha logrado mediante un asentamiento microbiano activo y diverso que promueve un ambiente rizosférico adecuado para el desarrollo vegetal, que va mucho más allá de la mayor concentración microbiana en la rizósfera, pues suma las señalizaciones que estos microorganismos utilizan para comunicarse entre ellos y con las plantas, este “lenguaje” microbiano permite establecer un segundo nivel de modulación que va haciendo resiliente el sistema. Investigaciones recientes han demostrado que las plantas imitan estas señales bacterianas para atraer o repeler comunidades y así apoyar su óptimo funcionamiento. Recientemente Anscari Fuentes, creador de la Agricultura Metabólica comenta sobre el efecto microbiano sobre el triptófano endógeno presentes en los exudados radiculares que permite que por la acción microbiana se transforme en auxinas que finalmente estimulan el crecimiento radicular, esta alta secreción de auxinas impacta en la regulación estomática y de esta forma observamos una planta que activamente es capaz de tomar el K del suelo, sin mediar fertilización alguna, sólo fomentando la vida microbiana.
En resumen, los manejos agronómicos siempre van a ir en contra de la ecología, pues en esta prima la biodiversidad y nuestro negocio es el monocultivo, la perdida de materia orgánica, la falta de oxígeno, ya sea por exceso de humedad o compactación en el perfil, el aumento de la CE, la baja del pH, el uso irracional de pesticidas y fertilizantes, van afectando a la vida microbiana benéfica asociada a la planta, perdiendo funciones vitales para la sanidad y funcionalidad y lo peor dejando en la “cancha” a aquellos que han sido capaces de sobrevivir bajo esas condiciones, y así , tenemos que producir sobre un suelo con pocos actores con capacidades patogénicas y virulentas seleccionadas, siendo lo más probable que la planta muestre problemas sanitarios en un corto a mediano plazo. Sin embargo, no podemos olvidar que nuestro negocio es producir y para eso vamos a tener que seguir haciendo manejos que nos permitan llegar a los potenciales necesarios para tener números azules, pero es urgente actuar y ajustarlos para mitigar los impactos ambientales y para las plantas sin poner en riesgo su productividad.
Llevo más de 20 años trabajando bajo estos conceptos, mi experiencia la he desarrollado en campo, con una alta capacidad de observación y un continuo estudio de temas que muchas veces me quedan grandes, sin embargo, es ahí donde la colaboración (tan común en el tema microbiano y tan escasa algunas veces en nuestro medio) ha sido básica para llevar este tema a la producción; sigo siendo la más sorprendida con las respuestas, que no son a largo plazo, sino todo lo contrario, podemos ver efectos en la temporada, eso sí, si hacemos las cosas bien. Agradezco la confianza de aquellos productores y asesores que nos han escuchado y permitido implementar la estrategia microbiana en sus campos y han confiado en que esta puede generar un cambio positivo en la forma de producir y que también se han hecho responsables de incorporar criterios sostenibles, porque no sólo les interesa sacar el máximo potencial en su proyecto, sino cuidar los recursos para asegurar que las generaciones futuras los tengan disponibles.