Calidad en cerezos: La ecuación productiva sigue siendo la respuesta

Con ventanas comerciales más estrechas, costos en aumento y un clima cada vez más impredecible, cada recurso debe usarse con máxima precisión.
Julio 17, 2025
Por: Por: Luis Ahumada, Director del Centro de Innovación Montefrutal (CIM) y Patricio Murúa, Asesor Senior de Abud & Cía.

La última temporada de cerezas transformó profundamente la visión de la industria chilena. Fue una campaña desafiante que dejó una lección clara: ya no basta con producir volumen. Hoy la exigencia es producir con eficiencia, agregando valor y con una rigurosidad técnica intransable. 

Es en este nuevo escenario, donde la llamada ecuación productiva se reafirma como hoja de ruta para una gestión estratégica y sostenible. Aunque esto no es algo nuevo, ya que en el equipo de Abud & Cía. lo venimos implementando hace varios años, hoy su importancia es incuestionable. 

Esto, debido a que la eficiencia ya no es una opción, sino que es una necesidad. Con ventanas comerciales más estrechas, costos en aumento y un clima cada vez más impredecible, cada recurso debe usarse con máxima precisión. 

En este contexto, productividad no equivale a cantidad: implica decisiones inteligentes, oportunas y orientadas a maximizar el retorno real por hectárea, con fruta de buena calidad.

Está claro que un manejo agronómico bien ejecutado agrega valor tangible a la fruta. La firmeza, el dulzor, el calibre y el color no se improvisan: son fruto de un trabajo técnico planificado que comienza en la poscosecha de la temporada anterior, sigue con la regulación de carga, el manejo hídrico, la nutrición y culmina en la misma cosecha. La poscosecha no debe verse como una instancia para corregir errores, sino como el momento en que se prepara el huerto para la siguiente temporada. 

En este marco integrado, donde cada etapa aporta a la calidad final, surge una herramienta clave para anticipar y tomar decisiones: la ecuación productiva.

¿QUÉ ES LA ECUACIÓN PRODUCTIVA? 

Corresponde a una fórmula de base agronómica que permite estimar la producción esperada por hectárea en frutales, cerezos en este caso, integrando variables clave del manejo. Esta herramienta permite llegar a una estimación final mediante dos escenarios: la cuaja y el coeficiente de producción.

Esta fórmula entrega una estimación precisa de la carga frutal, considerando tanto factores cuantitativos como cualitativos: conteo de centros frutales, condiciones climáticas, estado del huerto, análisis de fertilidad de yema e historial productivo. 

A continuación, se explican los conceptos antes mencionados:

  • Centros frutales: Corresponden a la unidad productiva del cerezo y se diferencian en dardos y ramillas.

– Los dardos corresponden a estructuras comprimidas con una yema vegetativa y más de una yema frutal. Por temas prácticos, se define contar dardos con más de dos o tres yemas florales, dependiendo de la edad del huerto y la combinación variedad/portainjerto.
– La ramilla corresponde a una estructura más elongada, con yemas florales en la base y desde la última yema floral solo yemas vegetativas hasta el ápice. Es importante no contar elementos con exceso de vigor o “chupones”. 

  • Análisis de fertilidad de yemas: Se realiza para estimar la cantidad de flores en el huerto, y se hace desarrollando cortes transversales en las yemas de dardos y ramillas, para así contar la cantidad de primordios florales por dardo. También tiene utilidad en el caso de daño por heladas a partir de yema hinchada, para cuantificar el porcentaje de daño. Sin embargo, el mayor provecho a un análisis de fertilidad de yemas se consigue cuando se construye un historial de cada unidad productiva (cuartel), considerando año de plantación, variedad, portainjerto y centro frutal (dardo o ramilla).
  • Condiciones climáticas: es importante llevar un registro de las características de entrada en receso (promedio de temperaturas máximas de abril y mayo) y de frío invernal (horas frío base 7,2°C y porciones de frío) para así ajustar las variables productivas (coeficiente de producción y porcentaje de cuaja) utilizadas para estimar.
  • Porcentaje de cuaja: Corresponde al porcentaje de flores que van a cuajar y terminar siendo fruto. Se puede calcular el valor real a partir de la producción real de esa temporada, llevado a gramos, dividido por el peso de fruto obtenido a partir de la curva de calibre. Así se obtiene la cantidad de frutos, lo cual se debe dividir por el número de flores teórico de esa temporada.
  • Coeficiente de producción: Corresponde a los gramos de fruta producidos por cada centro frutal (dardos y ramillas). Se obtiene a partir de la producción real llevada a gramos, dividida por el número teórico de centros frutales/ha de esa temporada.

La ecuación productiva es cada vez más precisa mientras más historial se tiene del huerto, por lo que es fundamental calcular los porcentajes de cuaja y coeficientes de producción reales año a año, para así ir ajustándolos por combinación variedad/portainjerto y/o cuartel al momento de estimar, pudiendo también utilizar valores similares a temporadas de clima que se asemejen. Las fórmulas para llegar a la ecuación productiva son las siguientes:


Con respecto a las variables productivas, si es que no se cuenta con el historial de huerto, se pueden usar valores referenciales por variedad, como se muestra en la siguiente tabla:


Según estudios del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA, 2023) y el Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF, 2022), la aplicación sistemática de esta herramienta permite tomar decisiones agronómicas más oportunas, mejorando la uniformidad y calidad de la cosecha, y optimizando el uso de recursos críticos como agua, mano de obra y agroinsumos.

CALIDAD Y CALIBRE: EXPRESIÓN DE UNA GESTIÓN TÉCNICA EFICAZ 

En este nuevo contexto de mercado, el calibre ya no es un objetivo secundario; se trata del reflejo tangible de un trabajo técnico bien hecho. Según nuestra visión, este es un atributo comercial crítico, valorado, y muchas veces exigido, por los principales mercados de destino. Alcanzarlo no es cuestión de suerte, requiere consistencia, disciplina y decisiones técnicas oportunas a lo largo de toda la temporada. 

Mediante la ecuación productiva se busca obtener una calidad de fruta óptima, sin perjudicar la productividad, alcanzando así el PxQ ideal, lo que se logra regulando en base a objetivos cualitativos y cuantitativos.

En una estimación de producción se puede estar en el óptimo si se calcula mediante la fórmula de coeficiente de producción (CP), es decir, con los gramos de fruta producidos por centro frutal, pero se puede estar estimando un exceso si se calcula utilizando un porcentaje de cuaja. En este caso hipotético no sería necesario seguir regulando carga con poda, sino que se requiere un trabajo más fino de raleo de yemas, dado que el exceso de carga es debido a una alta fertilidad. Ello se mide a través del análisis de fertilidad de yemas. 

Es fundamental entender que la regulación de carga debe comenzar desde el invierno, cuando las herramientas disponibles (como la poda y el raleo de yemas) tienen mayor impacto en la calidad final del fruto. Postergar estas decisiones con la esperanza de que eventos climáticos, como heladas o lluvias, reduzcan la carga naturalmente, es una estrategia riesgosa y poco eficiente. Además, cuanto más se retrasa la regulación, menor es su efecto en el calibre, especialmente si se llega al raleo de frutos después del endurecimiento de carozo. 

Por eso, el control de heladas debe asumirse como un costo operacional más, y no como una variable que justifique omitir labores críticas. La planificación técnica, reflejada en una Carta Gantt rigurosa, debe considerar la regulación de carga como un proceso progresivo, que se inicia en invierno y se ajusta a lo largo de la temporada de ser necesario, siempre con base en datos técnicos y objetivos definidos. 

DISCIPLINA: LA BASE DE TODA ESTRATEGIA 

Para el equipo de Abud & Cía., la disciplina agronómica es el hilo conductor que une todas estas variables. Sin ella, no hay estrategia ni tecnología que se sostenga. Cada acción en terreno, como poda, riego o monitoreo, debe ejecutarse con propósito, conocimiento y seguimiento. 

La presente temporada será, sin duda, exigente. Solo quienes comprendan esta ecuación —que integra eficiencia, valor, calibre y rigor técnico—, lograrán diferenciarse con fruta de alta calidad, obteniendo buenos retornos y asegurando la sostenibilidad de sus sistemas productivos.