Carlos Cruzat: “El kiwi no es un reemplazo, sino un complemento a la oferta nacional”
Durante años, el kiwi perdió superficies ante el avance de especies más rentables, como la cereza, los nogales o las nuevas variedades de uva de mesa. Sin embargo, el escenario internacional ha cambiado y hoy la industria vive lo que muchos describen como un resurgimiento.

En entrevista con Mundoagro, Carlos Cruzat, presidente del Comité del Kiwi de Frutas de Chile, explicó que el fenómeno no es casual. “La industria mundial del kiwi está en un buen momento, especialmente marcada por una tendencia de mayor consumo debido a sus atributos y al apoyo a la salud”, dijo. Tras la pandemia, el consumo asociado al bienestar se consolidó y el cultivo amplió su base de consumidores: jóvenes preocupados por su alimentación, deportistas, adultos mayores, niños y mujeres embarazadas.
Este nuevo perfil de demanda ha tenido un efecto directo en el negocio: mejores precios internacionales y la recuperación de los retornos para el productor chileno. “La rentabilidad de los huertos se ha recuperado, lo que ha generado interés por plantar más kiwis”, reconoce.
Un ejemplo claro de este momento son las proyecciones recientes de Zespri, el mayor comercializador de este frutal en el mundo, con un volumen histórico de 215 millones de bandejas comercializadas a nivel global en 2025/26. El CEO de la compañía, Jason Te Brake, atribuyó los sólidos resultados a un escenario internacional favorable.
¿Reemplazo o complemento?
El repunte abre inevitablemente la pregunta: ¿es el kiwi una alternativa real para reemplazar otros frutales que hoy enfrentan incertidumbre?
Sin embargo, Cruzat es cauto. “No pondría al kiwi como un reemplazo de otras frutas. Es una fruta que complementa la oferta nacional”, señala, recordando que su ventana productiva se ubica cuando gran parte de la fruta chilena ya ha terminado su temporada.
Más que de sustitución, el dirigente habla de reconversión estratégica. Advierte que el escenario actual no debe interpretarse como una invitación a plantar sin planificación. “No se trata de aprovechar una tendencia que quizá en cinco años no sea tal. Los mercados son cambiantes, sobre todo cuando la fruta no cumple con lo que esperan”, enfatiza.
De hecho, las proyecciones sectoriales indican que en los próximos diez años los envíos podrían duplicar los volúmenes actuales, lo que refleja nuevas plantaciones ya en desarrollo. Ese crecimiento, advierte, debe ser ordenado. La experiencia internacional demuestra que aumentos de la oferta sin respaldo en la calidad pueden terminar desplomando los retornos.
Además, el hemisferio sur cuenta con la fuerte presencia de Nueva Zelanda, referente global en calidad y estrategia comercial, cuya oferta también continúa expandiéndose.
La calidad antes que la genética
En esta nueva etapa, el debate varietal se hace presente con fuerza, especialmente en torno al kiwi amarillo. Sin embargo, Cruzat insiste en que el eje no está en la genética, sino en la construcción de calidad desde el huerto.
Por eso, el Comité reforzó esta temporada los parámetros del Programa de Aseguramiento de Madurez (PAM), elevando las exigencias mínimas de ingreso a centrales a 6,2° Brix y 16% de materia seca como estándar general, con ajustes por zona. El objetivo es claro: garantizar sabor, buena almacenabilidad y una experiencia consistente para el consumidor.
“Se busca un consumidor satisfecho”, resume. En un mercado cada vez más exigente, la repetición de compra depende de que la fruta cumpla lo prometido.
El desafío del kiwi amarillo
Respecto al kiwi de pulpa amarilla, Cruzat reconoce que existe una oportunidad comercial relevante, impulsada por una demanda creciente en distintos mercados. No obstante, Chile aún enfrenta desafíos sanitarios específicos que han dificultado su expansión.
“Hasta la fecha no hemos logrado superar algunos desafíos sanitarios propios de nuestras condiciones”, admite, aunque destaca que existen experiencias exitosas que demuestran que el camino es viable y que
el kiwi amarillo representa una oportunidad porque responde a una demanda concreta en ciertos mercados, la cual seguirá creciendo en los próximos años. La industria, dice, está en etapa de evaluación y aprendizaje, con una mirada de mediano y largo plazo.
Proyección 2026: más volumen, misma exigencia
Para la temporada 2026, las exportaciones chilenas se proyectan sobre las 170 mil toneladas, con un crecimiento estimado entre 16% y 20% respecto del ejercicio anterior, aunque con calibres levemente menores.
El aumento incorpora el ingreso proveniente de nuevas plantaciones en plena producción y la mejora de la productividad de huertos adultos. Pero Cruzat insiste: el crecimiento debe estar respaldado por la calidad y por una promoción activa en mercados estratégicos como India, Estados Unidos, México y Brasil.
En paralelo, el Comité trabaja en la apertura y la profundización de los accesos, incluyendo negociaciones con India, Vietnam, Israel y Sudáfrica, así como en el reforzamiento de las herramientas técnicas para productores a través de plataformas de transferencia y monitoreo.
Un resurgimiento con condiciones
El kiwi chileno vive un momento favorable, con el consumo al alza y mejores retornos. Sin embargo, el mensaje del sector es claro: el resurgimiento no es automático ni permanente.
Más que una moda, el desafío es consolidar una industria especializada, eficiente y capaz de sostener estándares superiores en el tiempo. En ese equilibrio —entre expansión y disciplina— se juega el verdadero futuro del kiwi como pieza relevante en la matriz frutícola chilena.