Chile dijo presente en el Décimo Simposio Internacional de Cereza
Los mercados están cada día más exigentes en lo que a calidad de fruta se refiere. Y cada país productor se debe adaptar a sus propias condiciones, pero no sin mirar y escuchar lo que se lleva a cabo en otras partes del mundo.
Esta es la gran ventaja de los eventos que se realizan en torno a frutales específicos: el intercambio cultural y de conocimientos que se genera entre asesores e investigadores en pos de mejorar procesos, eficientizar labores y a la vez, incrementar la calidad de los productos. Ello es precisamente lo que ocurrió en el Décimo Simposio Internacional de Cereza, realizado en Richland, Washington; y organizado por Dr. Matthew Whiting, bajo el auspicio de la Sociedad Internacional de Ciencias Hortícolas (ISHS por su sigla en inglés).
Con un total de 32 integrantes, incluidos investigadores y productores, la delegación de Chile fue el grupo más grande entre los participantes internacionales, quienes pudieron intercambiar visiones y aprendizajes en torno a un cultivo de gran relevancia a nivel mundial.
INTERCAMBIO DE IDEAS
A ojos de Bernardita Sallato, profesora de la Universidad del Estado de Washington, la diferencia entre ambas industrias es lo que hace que existan áreas de desarrollo distintas, pero a la vez, un gran potencial de colaboración, ya que producen en contra estación.
A modo de ejemplo, señala entender el foco de Chile en la calidad y manejo de poscosecha, dado que la mayoría de su producción se destina a exportación y, específicamente, al mercado chino. “En Washington, el 60% es consumo interno, por lo que las prioridades son diferentes. Acá los costos de producción, especialmente asociados a la mano de obra, ha dirigido mucha de la investigación a los sistemas de producción que tienen mayores retornos. Alta densidad, sistemas en V o planos y uso de portainjertos más precoces. Ahí es donde Washington tiene mayor desarrollo”, explica.
Precisamente el uso de portainjertos que a nivel nacional no se adaptan muy bien y cómo reducir los costos en el manejo de huertos, son algunos de los aspectos que a juicio de Marlene Ayala, profesora asociada de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Pontificia Universidad Católica y quien asistió a este evento, podría aprender Chile de Washington para aplicar a nivel local.
Pero uno de los grandes puntos, a su juicio, pasa por tener una visión más amplia de lo que significa la producción de cerezo, de cómo se puede unir la industria en función de un cultivo. “Creo que ellos se muestran más sólidos en ese sentido y reciben mucho financiamiento de los productores. Yo creo que la gran diferencia entre nosotros y Washington es que hay un margen que destinan los productores para que haya estudios en las industrias, entonces siempre la investigación está apoyada por ellos. Eso da mucha tranquilidad”, profundiza Ayala.
Conocer qué es lo que se está estudiando en el mundo es el valor agregado que destaca en este tipo de eventos el asesor Óscar Carrasco. En este sentido explicó que los participantes pueden analizar cuáles son las tecnologías que podría aplicar Chile en relación con el desarrollo de nuevas variedades, además de insumos de tipo biológico, control de plagas y enfermedades, dadas las restricciones con que cuenta el país para las exportaciones.

En este sentido, si bien no se habla de nuevas variedades, destacó que se están buscando los denominados marcadores moleculares, es decir, genes que a la larga servirán para seleccionar variedades que tengan poco requerimiento de frío. “Ellos (Washington) tienen temperaturas más altas que nosotros en verano, pero acá contamos con menos frío en invierno, es decir, las temperaturas mínimas van a ser más altas para nosotros y por lo tanto vamos a perder zonas de producción de cereza por la falta de frío. Ahí es donde está todo este desarrollo de tecnología de cómo mejorar la acumulación o variedades que sean de menor requerimiento. Esa es la parte que a nosotros nos interesa para poder aplicar a nuestras realidades”, detalla.
Con las condiciones actuales se debe llevar una planta a terreno y esperar unos cinco años para producir y desarrollar variedades. En cambio, con esta tecnología, se pueden ir descubriendo desde muy temprano -incluso con una plántula de laboratorio- los marcadores que indiquen que esa planta va a ser de menor requerimiento de frío.
CHILE REFERENTE DE LA INDUSTRIA
A nivel mundial existe un consenso al hablar de Chile y cerezas: el país destaca como productor mundial tanto en calidad como en condición de la fruta, lo que se atribuye principalmente a la ubicación geográfica.
Francisco Maldonado, agrónomo que también asistió a este Simposio, explica que entre todos los países donde se producen cerezas, probablemente Chile es el que cuenta con mayores exigencias. “En el fondo, las distancias son largas, los requisitos del mono mercado que tenemos son altísimas; entonces finalmente nos fuerza a llegar a un extremo que quizás en otros lugares no es necesario porque no tienen viajes tan largos o porque los requerimientos son menores. Desde ahí, sinceramente lo que hace Chile a nivel mundial con la cereza es una cosa de primer nivel”, profundiza.
Bajo este punto de vista, es que a ojos de Ayala existen distintos aspectos en los que Chile puede marcar la pauta, entre los que menciona la regulación de carga y las aplicaciones foliares. En relación con ello, indica que en Washington no necesitan aplicar cianamida hidrogenada porque tienen suficiente frío; entonces su aprendizaje podría pasar por el uso de algún regulador que no estén utilizando, quizás algo más llevado a los bioestimulantes.
Un punto que destaca es el uso de cubiertas plásticas, algo que califica como nuevo y precisamente un tópico sobre el que realizó una exposición.
EXPONENTES LOCALES
Cubiertas plásticas y manejo de estrés de verano fueron los focos de las clases magistrales dictadas por Marlene Ayala y Francisco Maldonado, respectivamente. En el primer caso, la especialista dedicada a producción y fisiología frutal, expuso sobre los avances que ha tenido Chile desde hace más de una década.
“Fue bastante novedoso porque nadie había hecho ese tipo de presentación en cuanto a hablar de las cubiertas, los tipos y las estrategias, además de su rendimiento y calidad”, comenta Ayala, quien además realizó otras dos presentaciones. Una fue también en formato oral, donde mostró los resultados de la Universidad Católica en cuanto a la absorción por hojas y por frutos al realizar aspersiones foliares de calcio; mientras la restante consistió en un poster que trató la mitigación del estrés abiótico bajo cubiertas plásticas.
Por su parte, Maldonado, que se encuentra finalizando un Doctorado, tomó una parte de su estudio y mostró las aplicaciones de hormonas que realizó durante varias temporadas, que ayudan a mejorar la tolerancia al estrés. “En el fondo este tipo de herramienta hace que las plantas estén mucho más cómodas, pudiendo atravesar todo este proceso de una mejor manera, terminando bien el ciclo y, potencialmente, teniendo un mejor inicio del siguiente. Hay varios factores, pero por lo menos uno, que es el estrés acumulado de verano, está medianamente más controlado. Mostré esa información y los trabajos que realicé a distintas escalas, ya que trabajé con plantas en maceteros en laboratorio y también en huertos súper estresados”, comenta y añade que gracias a esta exposición y los datos mostrados le otorgaron el premio a mejor presentación en formato oral.
Similitudes y, sobre todo, diferencias son las que se pueden observar entre Washington y Chile, pero como demostró este Simposio, con un gran potencial de colaboración y aprendizaje mutuo.