Chile lidera registros de certificaciones de Global G.A.P a nivel latinoamericano

Según datos de NSF, hay 2.600 empresas certificadas y aún existe potencial para crecer y cumplir con los requerimientos de los mercados, específicamente en el sector frutícola. Un atributo más para hacer de la calidad el elemento diferenciador.
Mayo 29, 2024

La globalización de los mercados, las crisis alimentarias y los efectos ambientales provocados por la agricultura, han llevado a que instituciones públicas y privadas de los países desarrollados se preocupen por la inocuidad y sostenibilidad de la producción, en respuesta a las demandas por seguridad y calidad en los alimentos de parte de los consumidores.

Chile no es la excepción y actualmente múltiples organismos a nivel sudamericano se dedican a certificar la inocuidad alimentaria en el sector agrícola. Según datos de NSF, empresa que lleva 25 años en Chile, hay 2.600 registros de Global G.A.P. en Chile, es decir 2.600 razones sociales (entidades legales) certificadas, la cifra más alta de todo Latinoamérica. De ese total, NSF trabaja con el 25%.

“Dentro de Latinoamérica, Chile es uno de los países más importantes en este sector, a nivel de exportaciones sabemos que se puede ir incrementando, principalmente orientados a la fruticultura”, indica Fabiane Zanoti, Gerente general Latam de NSF, quien formó parte de una visita al país hace unas semanas, junto Scott Morris, VP de Países Emergentes de la misma compañía.

“Podríamos decir que en Chile el 95% de la producción de frutales es para exportación, por lo que el tema de la certificación es fundamental. En el caso de las cerezas, el principal destino es China, y es donde ha habido una mayor evolución. Es ahí es donde nosotros hemos entrado a apoyar en temas de inocuidad como una parte de la cadena, porque es necesario para cualquier empresa para exportar, sea productor, exportadora, etc.”, señala Rodrigo Díaz, líder Agrícola Sudamérica de NSF.

Dentro del alero de las certificaciones de producción primaria, el principal es Global G.A.P., el cual establece normas voluntarias a través de las cuales se puede certificar productos agrícolas en todas partes del mundo. A pesar de ser un esquema privado, la mayoría de las compañías están acreditadas para certificar la norma y durante este último tiempo se han sumado una serie de adendas al esquema tradicional.

“En los últimos años también ha ido evolucionando aparte de la inocuidad, la preocupación medioambiental, por lo que además de proteger a las personas, hay una protección del planeta y un crecimiento en la parte de sostenibilidad. En la parte de producción primaria, por ejemplo, las viñas tienen sus propias normativas, como el código de sustentabilidad, que es algo más local”, agrega Díaz.

Evolución consciente

La creciente preocupación por la seguridad alimentaria y la protección del medioambiente, hace que la garantía del cumplimiento de buenas prácticas en este sector sea esencial. “Ha habido una evolución en estos 25 años en la parte inocuidad, antes era como ojalá tener la certificación, pero hoy se trabaja con el sector público, por ejemplo, con ACHIPIA y el SAG, que es un activo actor en esta materia. En el caso de las cerezas, se les pide estar registrados en su plataforma, contar con un registro para poder exportar a China, por requerimiento público y, por ejemplo, a nosotros nos solicitan mucha información de la certificación que debe coincidir con la información que tiene el SAG de estos productores”, agrega Díaz sobre el trabajo mancomunado con las instituciones públicas.

En términos de certificación, señala que la evolución ha sido positiva. “Nosotros hemos tenido que sumar otras variables, porque al principio todo era más reactivo. Hoy somos mucho más proactivos, porque somos un país exportador de fruta y debemos alinearnos con los requerimientos que tienen los distintos mercados, por ejemplo, China, EE.UU., Europa, etc.”.

Con respecto a los pequeños productores, indica que cuesta mucho más, “pero la parte de inocuidad diría que, si bien no está en un 100%, la tienen considerada y las exportadoras prestan apoyo también a ellos porque es una necesidad y un win win para ambos, por lo que sus equipos de certificación van apoyando en la aplicación de estas normas y requerimientos”.

En cuanto a las principales falencias, menciona que al principio la falla era que no había mucho registro de productos que estaban autorizados y que estaban siendo aplicados en los cultivos, pero hoy ya son parte de la normativa.

La evolución ha sido la concientización que ha tenido el sector agro chileno en esta materia, con posibilidades de seguir creciendo: “la calidad es el atributo diferenciador en todo el ámbito de la palabra en la fruta chilena, y en esto hay que seguir invirtiendo en temas de infraestructura y legislación, que no son temas de inocuidad pero que son parte de la cadena de valor del producto”, dice Díaz.