Claves fisiológicas del crecimiento del arándano

Desde la fecundación hasta la madurez, cada etapa del desarrollo del arándano define atributos clave de la fruta. Comprender esos procesos permite ajustar los manejos y expresar mejor su potencial de calidad.
Septiembre 24, 2026

Por: Christian Felipe Gallegos Martínez. Asesor y consultor en arándanos y cerezos. Fundador de Berrycherry. Director técnico de Cropsolutions.

Comprender la fisiología del arándano es fundamental para diseñar estrategias de manejos que permitan expresar su máximo potencial productivo y obtener fruta de alta calidad.

El resultado no es fortuito, sino consecuencia de una serie de decisiones prioritarias que interactúan con una especie de gran plasticidad y con las condiciones edafoclimáticas de cada zona. Desde la floración hasta la madurez, la genética, el equilibrio hormonal y el clima determinan el desarrollo del fruto y, en última instancia, el éxito de la cosecha.

Polinización: el punto de partida

Todo comienza con la polinización, el evento crítico que activa el desarrollo tanto del fruto como de la semilla. En el arándano, el tiempo es un factor determinante: las flores de las variedades de arbusto alto permanecen abiertas y viables apenas entre cinco y ocho días, mientras que, en las de ojo de conejo, esta ventana es aún más estrecha, de cinco a seis días.

Cuando la polinización se retrasa, se prolonga o se ve afectada por factores ambientales, puede disminuir el porcentaje de cuajado o perderse potencial de calibre y condición.

Temperatura, radiación y actividad de los polinizadores

La polinización óptima ocurre con temperaturas superiores a 15 °C. La presencia de radiación también es importante para favorecer el movimiento de las abejas. Por debajo de los 10 °C, su actividad disminuye, lo que compromete la polinización y la posterior fecundación.

También existe una polinización anemófila, es decir, producida por el viento, pero esta no genera por sí sola una respuesta completa. Además de trasladar el polen, los agentes polinizadores consumen el néctar de las flores, lo que contribuye a reducir los restos florales adheridos al fruto. En algunas variedades, este proceso es especialmente importante para disminuir problemas sanitarios provocados por hongos como Botrytis, Alternaria y Cladosporium, entre otros.

Viabilidad de la flor y equilibrio hormonal

El polen debe transferirse mientras la flor permanece viable. Esta condición depende de la relación entre la síntesis de hormonas de crecimiento, como auxinas y citoquininas, y la producción de hormonas vinculadas con la senescencia, como el ácido abscísico y el etileno.

Cuando el balance favorece a las hormonas de crecimiento, el fruto puede completar su desarrollo. De lo contrario, puede caer. A su vez, un ambiente húmedo dificulta la liberación del polen desde las anteras, lo que refuerza la importancia de contar con condiciones adecuadas durante este proceso.

Semillas y partenocarpia

El número de semillas resultantes de la polinización cruzada permite anticipar el tamaño final del fruto. Si bien existe la partenocarpia, es decir, la formación de frutos sin fecundación, éstos suelen ser pequeños y carecer de viabilidad comercial.

Por lo tanto, las condiciones ambientales durante la floración, especialmente la temperatura, la radiación solar y la humedad relativa, cumplen un papel fundamental en la expresión del potencial productivo. Estos factores intervienen tanto en la polinización, mediante el movimiento del polen, como en la posterior fecundación de los óvulos.

La curva sigmoidal doble: el mapa del crecimiento

Una vez lograda la fecundación, el fruto inicia un patrón de crecimiento particular, conocido como curva sigmoidal doble. Comprender esta dinámica permite identificar los momentos en los que determinados manejos pueden contribuir a potenciar su desarrollo.

El crecimiento del arándano suele extenderse entre 45 y 90 días, aunque el componente genético y las condiciones edafoclimáticas pueden modificar significativamente esta duración.

Etapas de crecimiento y desarrollo del fruto

Etapa I: división celular y definición del potencial

Durante los primeros 25 a 35 días posteriores a la floración, el arándano se concentra en construir su estructura. Esta fase es crítica porque determina el número total de células que compondrán la baya. La planta prioriza la división celular y la acumulación de peso seco.

Este proceso es conducido por tres grupos hormonales:

  • Citoquininas: activan y aceleran la división celular.
  • Auxinas: coordinan el crecimiento inicial de los tejidos después de la fecundación de los óvulos.
  • Giberelinas: actúan junto con las anteriores para favorecer el aumento del peso seco y preparar la estructura para su posterior expansión.

Solo en el fruto estas tres hormonas de crecimiento actúan de manera sinérgica. En otros procesos fisiológicos, como el desarrollo radicular, la inducción floral o la lateralización, pueden presentar comportamientos antagónicos.

A partir de esta base fisiológica, la división celular puede potenciarse mediante aplicaciones exógenas de hormonas. En el arándano, las citoquininas son las más importantes y utilizadas con este objetivo.

Las citoquininas naturales derivadas de purinas, como las kinetinas, las zeatinas y las benciladeninas, deben aplicarse en concentraciones elevadas, ya que las plantas poseen mecanismos enzimáticos para oxidarlas o degradarlas. Esto puede reducir la magnitud de sus resultados.

Por otra parte, existen citoquininas sintéticas derivadas de fenilureas, como el forclorfenurón —CPPU— y el tidiazurón. La planta no puede oxidarlas y las conjuga lentamente con algunos aminoácidos. Por este motivo, requieren mayor cuidado en la elección del momento y de la dosis de aplicación, ya que pueden generar residuos en la fruta. Sin embargo, también pueden producir un impacto más importante sobre la división celular.

Etapa II: desarrollo y endurecimiento de las semillas

Luego del intenso proceso de división celular, el crecimiento externo del fruto disminuye y puede volverse casi imperceptible, lo que en ocasiones genera inquietud en el productor. Sin embargo, en su interior ocurre un proceso fundamental: el desarrollo y endurecimiento de las semillas.

La duración de esta etapa se encuentra relacionada con la genética de la variedad y con la cantidad de semillas viables. En general, las variedades de arbusto alto completan esta fase con mayor rapidez que las de ojo de conejo.

Este período de aparente calma precede a la expansión final del fruto y al cambio de color.

Etapa III: expansión celular y maduración

En esta fase, el fruto ya no produce nuevas células. En su lugar, las células existentes se elongan drásticamente por la absorción de agua y nutrientes.

Es el momento de máxima expansión de las células formadas durante la etapa I. Las giberelinas —AG3— pueden potenciar este proceso cuando se aplican al inicio de la pinta o del quiebre de color.

Durante esta etapa ocurren tres transformaciones principales:

  1. Expansión celular: la rápida elongación de las células define el calibre final.
  2. Acumulación de color: la clorofila se degrada y aumenta la síntesis de antocianinas, llevando al fruto del verde al rosa y, finalmente, al azul característico.
  3. Balance entre azúcares y ácidos: disminuye la acidez y aumentan los sólidos solubles, lo que termina de definir el perfil organoléptico del fruto.

Regulación hormonal de la maduración

El arándano presenta una fisiología climatérica atípica. Aunque registra aumentos en la respiración y en la producción de etileno, su maduración no es autocatalítica. Esto significa que el etileno no estimula su propia producción en cadena, como ocurre en el plátano, sino que se encuentra estrictamente regulado por el desarrollo de la planta.

Durante la maduración interactúan hormonas que aceleran el proceso y otras que actúan como reguladoras:

  • Etileno y ácido abscísico: funcionan como aceleradores. El ácido abscísico aumenta durante la maduración y, junto con el etileno, promueve el ablandamiento y el desarrollo del color.
  • Auxinas y giberelinas: en esta etapa, cumplen una función de regulación negativa. Evitan una maduración descontrolada y contribuyen a mantener el equilibrio del proceso. Según el momento y la dosis de aplicación, las giberelinas pueden retrasar la síntesis de antocianinas.

El ambiente y su impacto sobre la calidad

La temperatura es uno de los factores externos más influyentes, ya que afecta directamente la fotosíntesis y la acumulación de carbohidratos.

Las temperaturas nocturnas inferiores a 10 °C también pueden frenar el desarrollo. Considerar este efecto es fundamental al proyectar las fechas de cosecha.

Las heladas durante el desarrollo del fruto pueden provocar daños severos. Los frutos afectados adquieren una coloración marrón y, a diferencia de otros órganos dañados, no se desprenden inmediatamente de la planta.

El daño por frío no siempre resulta visible externamente. El estigma y el estilo pueden encontrarse comprometidos, aunque la corola parezca intacta. Cuando los óvulos mueren, la baya puede abortar posteriormente debido a la falta de semillas viables.

La calidad se construye antes de la cosecha

El éxito en el cultivo del arándano parte de comprender que la calidad no mejora después de la cosecha. La firmeza, el sabor y el tamaño son el resultado acumulado de las decisiones tomadas desde la floración.

La coordinación entre los factores genéticos, hormonales y ambientales es la que finalmente regula el crecimiento del fruto y el complejo metabolismo asociado con su sabor.

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