Claves para transformar el pistacho en industria
En los últimos 10 años, la producción de pistacho en el mundo ha experimentado un crecimiento anual de 8,5% en promedio, lo que ha duplicado las toneladas cosechadas, de 511 mil a una proyección de 1,18 millones para la temporada 2025/26. Este crecimiento ha estado marcado por una fuerte expansión de Estados Unidos y Turquía, países que superaron al histórico líder, Irán, y representan en la actualidad el 53%, 24% y 18% de la cosecha mundial, respectivamente. Por su parte, España presenta un crecimiento proyectado relevante debido a un reciente boom en las plantaciones.
El pistacho, por su peculiar añerismo, en el que años de alta producción suelen ir seguidos de años de baja relevancia en la cosecha (conocidos en la industria como años On y Off), muestra productividades dispares entre los países productores, según la industrialización aplicada en su cultivo. Analicemos cada uno de ellos.

ESTADOS UNIDOS
La producción se concentra en el estado de California, donde el pistacho se ha posicionado como una alternativa atractiva frente a la sequía, reemplazando y superando la superficie plantada de otros frutos secos, como el nogal (Juglans regia). Con cerca de 250 mil hectáreas plantadas en la actualidad, la productividad promedio ronda las 2,5 ton/há, y se proyecta para la cosecha de este semestre un récord que supere las 700 mil toneladas, provenientes principalmente de la variedad Kerman. Asimismo, dada la madurez de su superficie plantada, se prevé que el ritmo de producción se mantenga en un crecimiento anual en torno al 5% para 2030.
Con apoyo estatal en infraestructura hídrica y seguros de producción bianual que dan estabilidad y capacidad de planificación a sus agricultores, California ha impulsado una industria para llegar a ser el productor líder mundial. En la actualidad exporta un 70% de su cosecha anual a China, la Unión Europea y Medio Oriente. En torno al 90 % de estos envíos corresponden al formato con cáscara, con un valor promedio de USD FAS 7,0 kg.
TURQUÍA
Gracias al megaproyecto de infraestructura hídrica GAP en el sureste de Turquía, que generó 1,7 millones de hectáreas nuevas de cultivos agrícolas, el pistacho cuenta con más de 420 mil hectáreas plantadas, siendo también la zona más afectada a nivel mundial por el añerismo. Debido a este fenómeno, junto a intensas sequías y heladas, se proyecta que este año la producción caiga 65%, alcanzando las 145 mil toneladas.
La productividad promedio de los últimos dos años es de 635 kilos por hectárea, lo que se destina mayoritariamente a consumo interno. Por ello, las exportaciones del pistacho turco difícilmente superan el 10% de la cosecha anual.
IRÁN
Afectada por sequías y reducción de subsidios, la producción iraní de pistachos se ha mantenido en torno a las 200 mil toneladas en los últimos 5 años, con una productividad de 470 kilos por cada una de las 674 mil hectáreas plantadas en ese país. El foco de las exportaciones iraníes en los últimos años ha estado en el pistacho sin cáscara, cuyo destino, en más del 90%, está en el continente asiático.
ESPAÑA
Gracias a subsidios e incentivos tributarios nacionales y de la Unión Europea, el pistacho ha atraído a fondos de inversión y grandes capitales, pasando de prácticamente no tener presencia en el país en 2010, a esperar que se superen las 90 mil hectáreas plantadas a 2030 y duplicar la cosecha cada año gracias a la entrada en producción de sus huertos. De esta manera, se prevé que, a fines de esta década, sea el cuarto o incluso el tercer productor mundial.
AUSTRALIA
Aunque no ha logrado una producción significativa, sí ha aportado con el desarrollo de variedades, como Sirora.
ARGENTINA
Este país ha experimentado un crecimiento significativo de las plantaciones gracias a las condiciones climáticas de zonas como San Juan. Esto ha llevado al país vecino a contar actualmente con más de 8.000 hectáreas plantadas, principalmente de variedades tradicionales, como es la combinación Kerman y Peter (polinizante).
CHILE
Según los últimos registros del Catastro Frutícola CIREN-ODEPA, en Chile hay aproximadamente 150 hectáreas de pistacho plantadas, con 90 de ellas en la Región Metropolitana. No se tienen estimaciones de su producción, pero el consumo nacional se abastece principalmente de importaciones.
Anualmente, Chile importa entre 150 y 200 toneladas de pistacho tostado, con cáscara, a un valor de USD CIF 8,6/kg pro medio, un producto proveniente de Estados Unidos. En el caso del pistacho sin cáscara, este ha entrado al país hace dos años a un precio promedio de USD CIF 18/Kg, tanto en forma tostada y salada como en estado natural para repostería.
¿QUÉ NECESITA EL PISTACHO EN CHILE?
Entre las principales necesidades para que este cultivo evolucione en nuestro país, destaca prepararnos para producir un producto exportable que compita con otros países productores. Esto se debe a que, a pesar de lo que piensan algunos, el consumo interno en Chile es muy bajo y se cubriría con solo 150 hectáreas de buena producción. Entonces, necesitamos de empresas exportadoras que tengan la capacidad de procesar y comercializar este fruto seco en los distintos mercados mundiales.
Pero antes se debe generar una buena producción. Y aquí el principal desafío a nivel local es poder contar con las bases agronómicas mínimas que permitan un correcto desarrollo del cultivo, lograr una mayor precocidad y alcanzar, e incluso mejorar, los potenciales productivos que logra la especie en otras zonas con condiciones climáticas similares, como podría ser California, enfocados siempre en lograr la mayor calidad del producto final.
La principal razón por la que el pistacho no ha alcanzado una superficie considerable en Chile es la demora en la entrada en producción. Con los manejos técnicos realizados y el desconocimiento del comportamiento varietal seleccionado, los huertos tardan un mínimo de ocho a nueve años en alcanzar una cosecha comercial, con un potencial productivo muy bajo durante sus primeras temporadas. Esta baja precocida ha desincentivado a muchos agricultores, quienes, en un contexto de fruticultura intensiva, buscan retornos de inversión más rápidos.
Por otro lado, los viveros presentan dificultades significativas en la disponibilidad de plantas certificadas y de calidad,además de no disponer de las nuevas variedades como Golden Hills o Lost Hills, las cuales presentan mejores producciones que Kerman, la más plantada en el país. El futuro del pistacho en Chile pasa necesariamente por adoptar variedades y polinizantes mejor adaptados a nuestras condiciones ambientales (clima mediterráneo).
A estos desafíos se suman requerimientos edafoclimáticos muy específicos. El pistacho es una especie rústica que tiene sus orígenes en climas de tipo continental, caracterizados por inviernos fríos, necesarios para que el árbol acumule las horas de frío que aseguran una floración y fructificación adecuadas. A ello se suman veranos largos, secos y calurosos, fundamentales para la correcta maduración del fruto y la apertura natural de la cáscara, y una baja humedad ambiental, debido a la alta sensibilidad a enfermedades fúngicas.

MANEJOS QUE MEJORAN LA RENTABILIDAD
Es necesario avanzar con rapidez en el desarrollo de manejos técnicos productivos que permitan mejorar la rentabilidad del cultivo en el corto plazo, integrando la experiencia y prácticas modernas utilizadas en otros, con el fin de acelerar el desarrollo tecnológico de esta nueva especie.
En esta línea, en Easynut Tecnología, en conjunto con Agrícola Huillinco -uno de los principales productores de este cultivo en el país-, estamos trabajando en la evaluación e implementación de nuevos manejos técnicos orientados a incrementar la productividad. El objetivo es impulsar el desarrollo de este fruto seco como una alternativa viable para distintas zonas agrícolas de Chile, contribuyendo así a la consolidación de una industria nacional en torno a este producto.
En este sentido, cabe destacar distintos aspectos y manejos que se deben seguir considerando, evaluando y mejorando.
Por ejemplo, en cuanto al suelo, el factor más crítico es el drenaje. El pistacho no tolera suelos saturados, que provoquen asfixia de las raíces. El pH óptimo del suelo es neutro a ligeramente alcalino (pH 6,5-8,5), y debido a su raíz pivotante se requiere un mínimo de 1,5 m de profundidad efectiva. A pesar de su rusticidad, el exceso de pedregosidad podría disminuir el potencial de crecimiento de la planta, aunque se observa una mayor tolerancia que en otras especies.
Las podas de formación del pistacho es uno de los manejos que debemos seguir evaluando. El sistema de formación que se utiliza en todo el mundo es de vaso abierto; sin embargo, existen estudios realizados por la UC Davis que marcan una gran diferencia en la precocidad y el potencial productivo con sistemas de formación de eje central modificado o mínima poda en los primeros años.
Con las nuevas variedades y el sistema de formaciones también se debe considerar un aumento de las densidades actualmente utilizadas (300 a 400 plantas/hectárea), lo que permitiría acortar los tiempos en la entrada de producción y adelantar la plena producción potencial de los proyectos.

Planta de proceso con alta tecnología y capacidad de postcosecha de pistachos (Toledo, España).
La evolución del pistacho hacia un cultivo competitivo y de alto rendimiento depende de dejar atrás la visión de especie marginal y rústica, avanzando hacia manejos técnicos más integrales y especializados. Hoy se reconoce la importancia de programas de nutrición equilibrada y estrategias de bioestimulación de raíces, que favorecen el desarrollo de raíces absorbentes y pelos radicales, claves para una mayor eficiencia en la toma de agua y nutrientes. Asimismo, un riego oportuno y bien diseñado resulta determinante, evitando limitaciones en el crecimiento y reduciendo los episodios de estrés hídrico que afectan la fisiología y productividad del árbol. En conjunto, estas prácticas permiten expresar el verdadero potencial productivo del pistacho, asegurando un desarrollo más equilibrado y sostenido en el tiempo.
Al ser un cultivo de alta mecanización que requiere un proceso de poscosecha para despelonar y secar los pistachos cosechados, es de suma importancia considerar los requerimientos específicos de infraestructura de poscosecha que permitan obtener un producto de alta calidad. Hoy no existen empresas locales que fabriquen este tipo de maquinaria requerida para esta etapa del cultivo, por lo que debe importarse principalmente desde Argentina, donde ya se está desarrollando una industria asociada a este cultivo.

DIFERENCIAS GENÉTICAS
Como se mencionó anteriormente, las principales variedades que se han plantado en el país son Kerman y Peter (polinizante), las que han mostrado limitaciones por su alto requerimiento de frío (+ 1000-1250 HF), alta acumulación de grados días (+ 3,500 GD) y una marcada alternancia productiva o añerismo. Se ha observado que la mayoría de las zonas donde se implementaron estas variedades no cumplen los requerimientos climáticos para una correcta expresión vegeto-reproductiva, lo que genera retrasos en la entrada en producción, afecta los potenciales productivos y se traduce en bajos niveles de apertura de cáscara y llenado, los principales parámetros de calidad.
Las nuevas variedades californianas, como Lost Hills y Golden Hills, destacan por su mayor precocidad (a partir del cuarto año). Además, alcanzan mayores producciones (5 ton/ha), y presentan menos alternancia productiva, y alta calidad del fruto, siendo Golden Hills la variedad más plantada los últimos años en California. Debido a la similitud climática, estas variedades se adaptarían mejor a las condiciones de la zona central de Chile.
Existen otras variedades que se han introducido en nuestro país, como Sirora (Australia) y Larnaka (Chipre), que se perfilan como opciones interesantes para zonas con inviernos con menos horas de frío (600-800 HF), y menor acumulación de grados días (+2500-3000 GD). En este sentido, se observa una mejor adaptación climática en los huertos donde se plantaron en comparación a Kerman. Asimismo, entre las ventajas de estas variedades, podemos mencionar que ya se cuenta con este material vegetal en el país y que no tienen royalties asociados, a diferencia de las nuevas variedades californianas.
En cuanto a la elección de las variedades macho o polinizantes (p. ej., Randy, Peter, C-Especial, Tejon, Famoso, etc.), es un punto clave que dependerá de las variedades femeninas seleccionadas y de que se cumplan los requerimientos climáticos para su óptima brotación y floración. Ello permitirá asegurar mejore sincronía floral entre variedades, mejores porcentajes de cuaja y la estabilidad productiva en el tiempo.
Para los nuevos proyectos en Chile, se debe asegurar un correcto traslape entre los polinizantes y la variedad principal seleccionada, por lo que trabajar con dos variedades de polinizantes (uno más temprano y otro tardío) y un porcentaje cercano al 10% sería lo óptimo durante los primeros años del cultivo. Al ir conociendo el comportamiento por zona productiva, el porcentaje de polinizantes a utilizar podría ser menor, cercano al 6%, que es el que ya ocupan algunos proyectos en California.
Respecto al uso de portainjertos, el híbrido UCB-1, que se propaga por semilla y los últimos años también de forma clonal, es actualmente el más utilizado, lo que se atribuye a su mayor vigor y porcentaje de uniformidad. Asimismo, en comparación con otros portainjertos, como P. integerrima y P. atlántica, tiene más tolerancia a enfermedades radiculares, como la verticiliosis (principal enfermedad de raíces del cultivo).
Es de suma importancia estudiar y definir la zonificación del cultivo a nivel nacional, considerando los requerimientos edafoclimáticos de cada variedad, y en paralelo realizar estudios que registren el comportamiento fenológico para poder conocer los momentos críticos específicos del cultivo de cada zona cultivada.
Si bien hay mucho camino por recorrer para convertir al pistacho en una industria en Chile, contamos con las condiciones para aumentar las producciones y con calidad.