Cómo y para qué
Hace algunas décadas decidí estudiar Agronomía por mi gran interés en las actividades al aire libre y los temas científicos. Sin embargo, en esa época no dimensioné el gran valor que tenía la carrera que había decidido estudiar.
Una frase que me encanta es “al menos una vez en la vida requerirás un médico, un arquitecto o un abogado, pero a un agricultor lo requieres todos los días, al menos tres veces al día”. Y he ahí una de las principales características de esta preciosa actividad. Es una disciplina crucial para mejorar la productividad y sostenibilidad de la producción de alimentos para una población en constante crecimiento. Algunas veces veo con frustración que muchas personas tienen una suerte de disociación respecto de la práctica agrícola con la producción de alimentos. Como si los tomates, las lechugas, las frutas, la leche, los huevos y tantos otros se produjeran en los supermercados. Detrás de todos los alimentos hay producción de campo que requiere suelo, agua, condiciones climáticas adecuadas, fertilizantes, gestión de plagas y enfermedades y prácticas de producción sostenibles, además de personas técnicas y profesionales especializadas en los distintos sistemas de producción.
La importancia estratégica de nuestro sector quedó de manifiesto durante la pandemia vivida entre 2020 a 2022, cuando grandes sectores de nuestro país se fueron a cuarentena y la producción de alimentos fue declarada esencial. Fue así que el campo y la producción agrícola siguieron funcionando.
¿A qué se debe esta disociación? Me atrevo a elucubrar que una causa puede ser el desconocimiento sobre nuestra actividad. En la medida en que las ciudades se hacen más grandes, se alejan del campo, y entonces la cercanía cotidiana que existía, por ejemplo en las generaciones de nuestros padres y abuelos, se ha perdido. Por lo mismo, se hace necesario destacar la importancia de nuestra actividad.

Vivimos en un tiempo crucial de la historia, en el que la seguridad alimentaria y el cambio climático son más que simples términos académicos. Son desafíos que exigen nuestra atención inmediata y soluciones ingeniosas. La seguridad alimentaria es un derecho humano fundamental, y nosotros, como profesionales de la agricultura, tenemos la tarea de garantizar que este derecho se cumpla. En un mundo cambiante, donde la población continúa creciendo, la demanda de alimentos tiene un incremento exponencial. Aquí es donde entran en juego los conocimientos científicos y técnicos, ya que no se puede abordar la práctica agronómica descontextualizada de los constantes desafíos ambientales.
Ciertamente, para abordar estos desafíos en la producción agrícola es crucial implementar una serie de estrategias. Estas incluyen la gestión integrada de plagas y enfermedades, basadas en enfoques como el uso de enemigos naturales y la rotación de cultivos para reducir la dependencia de pesticidas químicos. Además, es fundamental el uso eficiente del agua mediante riego tecnificado y la captación de agua de lluvia para mitigar el riesgo de escasez hídrica. Asimismo, se requiere la adopción de prácticas de conservación del suelo, como la siembra directa y la rotación de cultivos, para prevenir la erosión y mejorar su estructura. La gestión óptima de nutrientes, a través de la aplicación precisa de fertilizantes y la promoción de prácticas de reciclaje, son esenciales para reducir la contaminación del agua y el suelo. El manejo sostenible de pastizales, donde se apliquen prácticas como la rotación de pastoreo y el control de la carga animal, permite mantener la salud del suelo y su biodiversidad. Es crucial gestionar con eficiencia los residuos generados por la producción agropecuaria, como el estiércol, mediante su compostaje y tratamiento para minimizar la contaminación de suelos y agua. Por otro lado, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, promover el uso eficiente de recursos y conservar la biodiversidad en las áreas de producción son elementos fundamentales, que no se pueden dejar de lado. Finalmente, la promoción de la agricultura climáticamente inteligente, que incluya la captura de carbono en el suelo y la selección de cultivos resistentes al clima, se ve como una propuesta significativa para hacer frente al cambio climático.
Estas estrategias requieren un enfoque integrado que involucre a productores, investigadores, formuladores de políticas públicas, tomadores de decisiones y consumidores para trabajar en conjunto hacia una producción agropecuaria que dé respuesta a los desafíos actuales. La educación y sensibilización sobre la importancia de la producción de alimentos y su sostenibilidad ambiental son importantes para promover cambios positivos en este sentido. Todos los días, al menos tres veces al día, necesitamos a un agricultor. Es hora de darle el valor que merece.