Confiabilidad y calidad: Dos pilares de la actividad semillera en Chile
Con una trayectoria que lo posiciona entre los principales exportadores de semillas del hemisferio sur, Chile enfrenta hoy múltiples desafíos para mantener su competitividad en un mercado cada vez más exigente. Mario Schindler, director ejecutivo de ANPROS, identifica las principales tendencias globales y destaca el rol clave que puede desempeñar el país, no sólo como proveedor confiable, sino también como actor estratégico para la seguridad alimentaria mundial.
-Si tomamos en cuenta la campaña de semillas 2024/25, ¿cómo se compara con las anteriores Recordemos que la campaña 2023/24 fue excepcional gracias al gran aumento de las exportaciones…
-Respecto de la campaña 2023/24, creo que es necesario poner todo en perspectiva. Es cierto que las exportaciones aumentaron hasta alcanzar los 448,6 millones de dólares, lo que representa un alza del 30%. Ahora, este crecimiento se debió, principalmente, a un notable incremento en la producción de semillas de canola, mientras que otras especies mantuvieron comportamientos en línea con lo que veníamos observando, con valores similares a los de los últimos años. Las hortalizas -que abarcan una amplia diversidad de cultivos- se consolidan hoy como el principal grupo de semillas exportadas por Chile, seguidas por el maíz.
-¿Cuáles son las tendencias que definen hoy la agenda global del sector semillerо?
-Si hablamos de tendencias globales en la industria semillera, hay varias, y todas impactan de manera distinta en cada país. El comercio internacional de semillas -una actividad altamente globalizada-enfrenta desafíos considerables. Las semillas circulan por el mundo con fluidez; Chile, por ejemplo, exporta directamente más de 100 especies a más de 50 países. Además, muchas veces esas semillas son reexportadas, lo cual es una de las características más relevantes de esta industria a nivel global.
En este sentido, uno de los principales desafios reside en lograr que el movimiento internacional de semillas fluya de forma oportuna y sin restricciones. Para nosotros es fundamental consolidar la imagen que ofrecemos de un país confiable y entregar productos que cumplan con los altos estándares de calidad que el mercado exige. Esas dos palabras, confiabilidad y calidad, son los pilares de la producción de semillas.
Pero también enfrentamos exigencias crecientes en materia fitosanitaria y de certificaciones. Están surgiendo plagas emergentes, se implementan nuevas normativas, y las regulaciones se están actualizando con frecuencia. Las organizaciones de protección fitosanitaria deben estar en permanente articulación con sus pares del exterior y en coordinación con las asociaciones y empresas locales. El componente fitosanitario es crítico: por eso, desde hace varios años, la industria trabaja en un Systems Approach que involucre a todos los actores del rubro.
Otro reto significativo es el logístico. EI traslado de semillas implica estar atentos a lo que ocurre a nivel global. Para un país exportador como el nuestro, la logística adquiere un rol crucial. A ello se suman temas estratégicos como la propiedad intelectual vegetal. Este aspecto representa un verdadero desafío: implica regulaciones nacionales, impacto sobre el comercio ilegal de semillas, y consecuencias sobre otros rubros como la exportación de granos, lo cual no es un tema menor.
En este contexto, la biotecnología resulta clave. En 2013, nuestras exportaciones alcanzaron un récord de 650 millones de dólares, impulsadas por el desarrollo de semillas biotecnológicas. Posteriormente, las ventas externas disminuyeron, en parte, por la caída en la producción de este tipo de semillas. Hoy, la agenda mundial del sector incorpora lo que se conoce como PBI (Plant Breeding Innovation), es decir, nuevas técnicas de fitomejoramiento, como la edición génica. La industria trabaja activamente para que este proceso se lleve a cabo con transparencia, una regulación sólida y aceptación social. Creemos que puede convertirse en un motor relevante para el crecimiento de la producción en los próximos años.
¿Cuáles son las ventajas competitivas de Chile frente a otros países productores?
-Durante décadas, Chile ha desempeñado un rol clave como proveedor confiable de semillas para la industria global. Como es sabido, la mayoría de las grandes empresas y el 90% de la población mundial se encuentran en el hemisferio norte, lo mismo que la mayor parte del territorio agrícola. Por eso, nuestra posición no sólo representa una oportunidad de negocios, sino también un aporte a la seguridad alimentaria global. La industria de semillas es una actividad profundamente interconectada: países y empresas dependen mutuamente. En este escenario, una coordinación internacional ágil y eficiente es imprescindible.
Sin duda, la semilla es el insumo más relevante de la cadena agrícola. Por ende, todos los países deberían acceder a material genético de la mejor calidad, y ahí es donde Chile tiene un papel que desempeñar. Aunque nuestra superficie cultivable no es extensa -alrededor de 500.000 hectáreas-, somos un actor relevante en exportación de semillas, lo que nos exige una competitividad extraordinaria. En este sentido, se valora mucho nuestra condición de país confiable y proveedor de calidad.
Contamos, además, con ventajas naturales: nuestra geografía -cordillera, desierto, Patagonia y océano- actúa como barrera natural y nos permite funcionar como una suerte de “isla” fitosanitaria. Aunque no estamos exentos de enfermedades, la presión sanitaria es baja en los valles donde se concentra la producción de semillas. A esto se suma una larga trayectoria exportadora, un capital humano con experiencia y empresas locales con fuerte capacidad técnica y tecnológica.
En ANPROS valoramos el rol de las asociaciones nacionales, que actúan de forma complementaria con el sector privado en un entorno regulatorio que es cada vez más exigente, tanto en el plano nacional como internacional. Estar informados sobre las nuevas normas y su evolución es vital. Chile es miembro de la OCDE, de ISTA, de UPOV y de la CIPF, y cuenta con una participación activa del Servicio Agrícola y Ganadero en esas instancias. Por ello, es necesario contar con un marco regulatorio sólido, pero sin caer en la sobrerregulación, algo que debe monitorearse constantemente.
También debemos tener presente el impacto del cambio climático: hoy se nos exige producir en forma sostenible. Nuestro sistema de aislaciones -gestionado por la asociación- permite distribuir los cultivos de manera estratégica para proteger la calidad genética. Todos estos factores configuran nuestra competitividad.
-¿Se advierte en la región algún competidor directo de Chile?
-No me gusta hablar en términos de competencia. Concibo esta industria como una actividad globalizada cuyo objetivo es abastecer al mundo de semillas de calidad. El hemisferio sur tiene un rol relevante en esta tarea. Prefiero destacar la complementariedad entre países, tanto en esta región como en otras latitudes. AI fin y al cabo, todos contribuimos al suministro de semillas comerciales.
Es importante también destacar el papel que desempeñan los programas de investigación y desarrollo de las empresas. Aunque a veces se los pasa por alto, son ellos los que determinan nuestras futuras variedades e híbridos. Argentina, Uruguay, Perú o Guatemala son países con condiciones para producir semillas. En este contexto, Chile debe seguir elevando sus estándares de competitividad. Esta es una actividad de gran valor económico, pero también con impacto en la seguridad alimentaria del planeta. Por eso, hablar de competencia nos distrae del verdadero foco.
¿Qué desafíos se presentan a futuro para el sector semillero chileno?
-A diferencia de países como Argentina o Brasil, en nuestro caso el mercado interno tiene una importancia significativa, a pesar de que las exportaciones lo superan en volumen y valor. Hoy, Chile es el principal exportador del hemisferio sur, uno de los diez mayores productores del mundo y el cuarto exportador global de semillas de hortalizas. Mantener ese liderazgo es una meta clara.
Además de los retos logísticos, debemos asegurar el abastecimiento interno con semillas de alta calidad y variedades o híbridos adecuados a nuestras condiciones. Con una superficie agrícola limitada -a las 500.000 hectáreas de cultivos anuales se suman 80.000 dedicadas a la producción de hortalizas-, la eficiencia en la producción es clave. Esto representa un desafío para las empresas proveedoras, que deben garantizar el suministro interno de forma sostenible.
El cambio climático también nos obliga a adaptarnos: las fronteras productivas son cada vez más difusas, y las decisiones sobre qué cultivar y dónde hacerlo cambian con frecuencia. Para nuestra industria, es esencial estar en condiciones de abastecer en tiempo у forma con los mejores materiales disponibles. Aunque se nos perciba como un país netamente e exportador, también debemos mirarhacia adentro. Somos deficitarios en trigo y maíz, e importamos el 100% de la soya. Reducir esa dependencia es otro objetivo.
-¿Cuál es su mensaje para el productor chileno ante este panorama?
-El mensaje va para toda la agricultura nacional: debemos ser cada vez más eficientes. Y la innovación tecnológica es el camino. Es lo que permitirá aumentar los rendimientos de manera sostenible y enfrentar el cambio climático.

Un ejemplo concreto: países como Brasil, Argentina y Uruguay producen cultivos extensivos sin necesidad de riego. En cambio, en Chile nuestra temporada de crecimiento no tiene lluvias; debemos regar sí o sí. Esa condición nos obligó a innovar e implementar riego tecnificado. Hoy, casi el 100% de las semillas de hortalizas se producen bajo este sistema. También se ha avanzado en el riego por pivote y por cinta en cultivos como maíz y canola. El objetivo es claro: optimizar el uso del agua con tecnologías eficientes. Es una muestra concreta de cómo la innovación puede hacer realidad la sostenibilidad.