Cruza que potencia
Han pasado casi 30 años desde que la agencia FIA (Fundación para la Innovación Agraria), y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Kampenaike, iniciaron las primeras experiencias innovadoras con ganaderos de la zona más austral del continente americano.
El objetivo era mejorar la productividad ovina en respuesta a la creciente demanda del sector exportador de carne de Magallanes.
Según cuenta el médico veterinario y ejecutivo de innovación de FIA, Ignacio Briones, en esos años alrededor de la mitad de la masa ovina en la región era de la raza Corriedale, ovejas de mediano tamaño, conocidas por su “doble propósito” de carne y lana. Aunque esta variedad se exportaba, su masa cárnica no permitía obtener los cortes deseados por el mercado internacional (es por eso que, en su preparación típica, el cordero al palo, se asa el animal completo). A esto se sumó la sostenida caída del mercado de la lana Corriedale (que no es de la mejor calidad), lo que llevó a los productores ovinos locales a buscar nuevas alternativas para recuperar la productividad. En una primera etapa, se importaron tres genotipos de ovinos desde Nueva Zelanda: Texel, P. Dorset y Coopworth. Francine Brossard, directora ejecutiva de FIA, explica que a partir de este diagnóstico, “la intervención de nuestra agencia era completamente coherente con su objetivo principal: fomentar la innovación en el sector silvoagropecuario. El mercado relacionado con el ganado ovino en Magallanes enfrentaba un deterioro progresivo, y era necesario revertir esta situación”.
El inicio de la revolución ovina en magallanes
Ignacio Briones recuerda que este esfuerzo se tradujo en un significativo mejoramiento en la calidad y cantidad de la carne. Los animales tenían ahora un mayor peso y valor comercial, que era lo que demandaba el mercado exterior de la carne.
Según relata, a partir del año 2001 se puso en marcha otro proyecto en el que se importó la raza Dohne Merino, que es de doble propósito, es decir, produce carne y lana de excelente calidad. Son corderos con altas tasas de crecimiento y su lana oscila entre las 19 a 22 micras, lo que responde bien a la demanda del mercado.

Posteriormente, a partir del año 2008, se iniciaron los cruzamientos de Meat Merino y Corriedale, para generar una cruza con lanas finas, reteniendo y seleccionando los reemplazos de los rebaños. También con la especie White Suffolk, para cruza terminal, lo que marca una nueva etapa en la importación de nuevas razas.
Inscripción de las dos primeras razas propias de Chile
Briones destaca el papel de FIA en la región de Magallanes y relata otro proyecto de gran relevancia que se implementó en la primera década del 2000: el Consorcio Ovino. Su objetivo era la asociación de distintos actores de la región como empresas ganaderas, universidades y el apoyo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) para aumentar la productividad y ganancias del rubro exportador.
Se buscaba la generación de productos más valiosos, que cumplieran con las expectativas de la comunidad nacional e internacional en términos de bienestar animal, uso de los recursos y seguridad alimentaria.
La médico veterinaria del INIA, Etel Latorre Varas, quien estaba a cargo del seguimiento de las nuevas razas de ovinos carniceros y los trabajos en terreno, fue clave junto a su equipo de profesionales para el éxito de los proyectos de innovación impulsados por FIA desde el inicio.
Latorre relata que estas iniciativas que se extendieron por casi dos décadas significaron resultados exitosos para la región. Una de ellas apuntaba al mejoramiento genético, y que tuvo como resultado la inscripción de dos nuevas razas ovinas chilenas: Marin Magellan Meat Merino (4M) y Patagonia Robertson Merino. Se trataba de un hito inédito para la región y el país. Además, se exportaron a Ecuador 2.000 ejemplares, machos y hembras, de la raza 4M para contribuir al mejoramiento de los rebaños ovinos del sector alto andino ecuatoriano.
En este caso, el salto fue cualitativo en la industria de la lana en el país, con la producción y exportación de lana fina y superfina. Los principales mercados apuntaron a Inglaterra e Italia.
En la actualidad se estima que cerca del 50% de los predios ovejeros en Magallanes manejan ovejas de cruzas con alguna de las razas importadas antes señaladas.
La profesional del INIA expresa que FIA ha sido clave para el desarrollo de la innovación, no solo en la región de Magallanes, sino en todo el país. “Sin el aporte de FIA este trabajo no hubiera sido posible” y explica que su presencia en el territorio ha sido gravitante, hasta el día de hoy.