“Debemos aumentar la competitividad”
El presidente del Comité de Cítricos de Frutas de Chile indica al cambio climático como uno de los factores que está afectando a la producción en general, pero especialmente a la del norte del país, por esto, “hoy crecer requiere de un mayor análisis si queremos incrementar la producción, tanto en la zona norte como en la zona centro sur del país”, señala.
De acuerdo con las proyecciones del Comité, las exportaciones de cítricos chilenos, durante la temporada 2024, alcanzarían un total de 383.000 toneladas, 4% menos que en la temporada 2023. “Desde 2005 hemos crecido de forma muy satisfactoria, pero nos estabilizamos en cerca de las 400 mil toneladas con un valor FOB de casi 500 millones de dólares (USD460 MM a 2023). No está nada mal, sin embargo, estamos llegando a un techo y es el momento de preguntarnos cómo hacemos para seguir desarrollándonos”, advierte.
Una de las particularidades es que, por lejos, la mayor parte de nuestro crecimiento en volumen se ha ido al mercado de EEUU. “Cada volumen extra que se ha generado se ha ido al mercado norteamericano. Por un lado, ha estado bien, porque ha sido muy buen mercado, pero cada vez enfrentamos mayor competencia de nuestro propio crecimiento en volumen, así como también de otros proveedores del hemisferio sur, entre otros, Uruguay, Perú, Sudáfrica, algo Australia o México, país este último que también llega a la misma ventana. Si observamos el crecimiento en limones de Argentina vemos que ha sido muy importante”, señala el también gerente de investigación y desarrollo en Westfalia Fruit Chile.

Si se analizan los promedios productivos por hectárea de las principales especies de cítricos cultivadas, solo mediante el mecanismo de dividir el número de toneladas exportadas por el número de hectáreas, si bien se observa un crecimiento permanente y que en mandarinas superamos las 20 t/ha en 2018 y en 2023. “Así mismo vemos que en este parámetro estamos estabilizados en torno de la 15 t/ha, por lo que claramente tenemos espacio para mejorar en productividad. Se escucha decir a muchos productores ‘yo exporto 50 toneladas por hectárea y otros dicen 40 t/ha. Sin embargo, cuando se hace el ejercicio de las toneladas totales por las hectáreas totales, no se reflejan esos rendimientos que deberíamos tener, pero que -por distintas razones- no los tenemos”. Según el presidente del Comité de Cítricos, ese dato muestra que enfrentamos desafíos productivos importantes.

Según el último catastro, Chile está hoy cerca de las 29.500 ha plantadas de cítricos. “Casi como Australia, país que antes veíamos como potencia mundial de la categoría. “Sin embargo, desde hace bastantes años que con los cítricos nos mantenemos siendo el 7% de la superficie total plantada con frutales en Chile, como consecuencia de que la industria frutícola -en general- ha crecido a un ritmo frenético durante los últimos 20 años (cerezas, avellanos, nogales…).”
Dentro del área plantada con cítricos, el principal grupo corresponde a las mandarinas, con 12.300 ha totales, las que se desagregan en 4.000 ha de clementinas y 8.300 de mandarinas. “Nuestra principal especie es la mandarina y es algo que llama la atención porque hace 20 años la principal especie en Marruecos y España era la mandarina, lo que indica que nuestra industria se ha ido asimilando a las industrias de fruta fresca del Mediterráneo, con un perfil bastante equilibrado en producción, con las mandarinas como la especie más importante. Es decir, orientados a lo que nos pide el mercado”, indica Ortúzar.
EVOLUCIÓN DE LA INDUSTRIA EN EL TIEMPO
La citricultura de exportación se practica en Chile desde los 29° 55’ S (región de Coquimbo) hasta los 34° 10’ S (Región de O ́Higgins). “En los años 90’ la mayor parte de la producción corría por cuenta de la región de O’Higgins, donde el cultivo correspondía principalmente a naranjos, en un contexto en que prácticamente no había producción de mandarinas o en que recién se establecían las primeras plantaciones de la especie. En la actualidad, si bien la región Metropolitana mantiene el liderazgo, hoy la región de Coquimbo es la más importante en mandarinas.

Se aprecia que la región de Valparaíso también ha crecido bastante y también con énfasis en mandarinas; en tanto que O’Higgins se ha reconvertido respecto de lo que era en los 90’, sin variar mucho en superficie”. Según el especialista, el cambio ha sido importante, pero no solo en crecimiento, sino también en reconversión. “Hoy la realidad es completamente distinta, lo que muestra la capacidad que ha tenido la industria de reaccionar, aprovechar oportunidades y de mejorar”, destaca.
Sin embargo, en Chile son relativamente pocas las variedades que están funcionando bien. “Este escenario nos muestra que nos estamos estancando y que tendremos que incorporar ‘algo más’ para aumentar la producción, por ejemplo, encontrar un portainjerto que nos permita se guir creciendo. El desafío es grande, ya que, si observamos la revolución que llevamos a cabo en relación a las variedades que necesitábamos para ingresar al mercado de EEUU, la situación entonces era más clara, porque era un mercado que estaba prácticamente vacío. Hoy el con texto es distinto. Antes era más fácil decidir el rumbo respecto de hacia dónde crecer, pero hoy es mucho más difícil. Requerimos de un mayor análisis, debemos aumentar la competitividad y, a su vez, incrementar la inversión. En esta etapa necesitamos más planificación para detectar y aprovechar las oportunidades, que, si bien las hay, tendremos que ser muy hábiles para lograr aprovecharlas”, manifestó el presidente del Comité de Cítricos.
El 95% de los embarques de clementina y mandarina (easy peelers) tiene como destino final a EEUU. Chile parte su temporada con algunas clementinas y por las semanas 27 o 28 comienza una transición cuando aparecen las primeras W. Murcott y Tango. “Es importante señalar que una parte de nuestras clementinas ya se están empezando a topar con la W. Murcott de Perú.
La percepción de los clientes a ese respecto es: ‘que bueno que están llegando las W. Murcott’, porque en la última parte de su ventana, las clementinas chilenas no son las mejores. Esto, pese a que las W. Murcott peruanas no son tan buenas como las chilenas, también según la percepción de los clientes”. Afirma Ortúzar que para cubrir el valle que se forma entre las clementinas y las mandarinas se requiere encontrar un producto de calidad, que estimule el consumo en el mercado. “Probablemente las clementinas tienen una vida de postcosecha más limitada y las estamos exigiendo mucho para lograr abastecer el mercado”, indica.


LOS DIFERENTES DESAFÍOS A FUTURO
“Nuestro crecimiento está frenado porque estamos enfrentando una resistencia. Incluso hay campos empresas que han arrancado cítricos, por ejemplo, mandarinas en Coquimbo, debido a la escasez de aguay a la competencia por el recurso con otras especies frutales. El negocio-en esa importante región citrícola- no está tan claro por lo que a futuro podrían crecer en cítricos, en paltos o cereza”, advierte.
Entre las limitantes que detienen el crecimiento en la zona norte Juan Enrique Ortúzar menciona, en primer lugar, a la sequía, pero, además, a la importante competencia que enfrentan en EEUU todas las especies citrícolas. Señala como ejemplo al limón argentino, que crece todos los años decididamente.
Otro aspecto que juega en contra es la estabilización productiva de algunos huertos en los que no se está alcanzando los niveles de rendimiento adecuados. “Con 8.000 ha a 40 t/ha deberíamos estar exportando 300.000 t de W. Murcott, pero solo exportamos 150.000. Una explicación es que en zonas con restricciones de agua y tierra los productores están privilegiando la mejor alternativa de negocios.
Cuando en cítricos no logran los rendimientos esperados, se cambian”, determina. Así mismo incidiría en paralelo la escasez de mano de obra, diversos costos que se han elevado de manera importante y la presión por ser más sustentables (restricción de inputs). En resumen, “enfrentamos nuevos desafíos que debemos abordar de manera muy inteligente y científica. Como Comité lo estamos haciendo, con el aporte de las empresas, en el sentido de apoyar los esfuerzos de investigación para resolver los cuellos de botella”, enfatiza Juan Enrique Ortúzar.