“Defender el estatus sanitario de Chile es una tarea de todos”
Desde 1995, Chile conserva una condición sanitaria decisiva para su fruticultura: el reconocimiento como país libre de mosca de la fruta. Este estatus facilita el acceso a mercados exigentes, reduce costos productivos y evita tratamientos cuarentenarios que restarían competitividad a la fruta fresca.
Sin embargo, el escenario se ha vuelto más complejo. La presión proveniente de los países vecinos, el ingreso irregular de productos hortofrutícolas y las nuevas condiciones climáticas obligan a mantener una vigilancia permanente. Marco Muñoz Fuenzalida explica los riesgos que enfrenta el país y detalla cómo actúa el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) ante cada detección.

Una ventaja que se traduce en competitividad
—Chile es reconocido internacionalmente como país libre de mosca de la fruta. ¿Qué significa concretamente ese estatus para la fruticultura chilena?
—Nuestro país es libre de mosca de la fruta desde 1995. Esa condición le ha permitido contar con una posición privilegiada para comercializar sus productos agrícolas, especialmente aquellas frutas frescas que son hospederas de la plaga. Representa una ventaja comparativa frente a otros países del Cono Sur donde está presente y facilita el acceso de nuestra fruta a los mercados internacionales.
Los beneficios son varios. En primer lugar, al negociar con los países de destino, la mosca de la fruta no aparece como una exigencia fitosanitaria para nuestros productos. En segundo término, los costos de producción son menores porque no es necesario efectuar controles a nivel de campo.
Tampoco debemos realizar tratamientos cuarentenarios, como fumigaciones con bromuro de metilo o tratamientos de frío, que sí se exigen a los países donde la plaga está presente. Para tener una referencia, estos procedimientos pueden representar un costo de entre US$ 1200 y 1500 por contenedor.
Durante la última temporada, Chile exportó alrededor de 500 millones de cajas de fruta fresca: así se puede dimensionar el costo que implicaría tener que aplicar tratamientos de fumigación o frío. Por eso, no integrar la lista de países con presencia de la plaga nos brinda una ventaja muy importante en términos de competitividad.
Daños productivos y restricciones cuarentenarias
—¿Por qué la mosca de la fruta es considerada una de las amenazas fitosanitarias más relevantes para un país exportador de fruta fresco como Chile?
—La mosca del Mediterráneo, Ceratitis capitata, es una plaga altamente polífaga, que afecta a más de 200 especies hospederas. Además, puede ser muy destructiva.
La hembra adulta oviposita en el fruto y, posteriormente, las larvas se desarrollan en su interior, lo que afecta directamente su calidad. En los países donde la plaga está presente y no existe un control adecuado, puede provocar daños significativos en la producción de los huertos.
A ese impacto directo se suma otro de carácter indirecto, asociado a las restricciones cuarentenarias. En Chile no tenemos la plaga establecida, pero cuando se detectan ejemplares o se declara un foco en un área determinada, debemos implementar medidas especiales y, en algunos casos, aplicar tratamientos cuarentenarios.
Aunque se capturen solo uno o dos ejemplares, la detección puede generar consecuencias para el movimiento y la exportación de fruta procedente de esa zona. Por eso, el efecto no se limita al daño que el insecto provoca en el fruto: también comprende los costos, las restricciones y las medidas que deben adoptar productores y exportadoras.

Un escenario de mayor presión
—¿Cómo describiría la situación actual de Chile frente a esta plaga? ¿Estamos ante un escenario más complejo que en años anteriores?
—Chile goza de una muy buena condición fitosanitaria, pero vivimos en un mundo globalizado, con un intenso intercambio comercial y una movilidad creciente de personas y productos. Por lo tanto, el riesgo cero no existe. Siempre habrá presión de ingreso.
El SAG mantiene una categorización de las plagas de mayor relevancia a escala mundial como HLV, caracol africano, Xylella fastidiosa… Se desarrollan planes de contingencia y sistemas de vigilancia para evitar su entrada o detectarlas de manera oportuna. La mosca de la fruta forma parte de ese grupo prioritario. De otras especies, como Anastrepha fraterculus y Ceratitis capitata no tenemos ninguna; por lo tanto, para nosotros es muy relevante mantener esta condición fitosanitaria.
En el caso específico de la mosca del Mediterráneo, la situación es delicada. Hasta este momento tenemos registrados 46 focos en distintas zonas del país, desde el extremo norte, en áreas limítrofes con Perú, hasta la zona central.
Contamos con los recursos disponibles y con la coordinación desarrollada junto con productores, exportadores y la comunidad para erradicar esos focos. Chile ha logrado eliminar la plaga cada vez que se han producido brotes y no tenemos dudas de que volveremos a hacerlo. Algunos focos pueden resultar más complejos que otros, pero el objetivo continúa siendo la erradicación, debido a todas las ventajas que representa conservar esta condición sanitaria.
—¿Cuáles son hoy las principales vías de ingreso o dispersión de la plaga?
—El incremento de las detecciones durante los últimos años guarda relación con varios factores. Uno de ellos es el cambio climático: algunas zonas, que en el pasado no se consideraban de alto riesgo, hoy presentan condiciones climáticas más favorables para la supervivencia y el desarrollo de la plaga.
Actualmente podemos detectar actividad de vuelo incluso durante el invierno, algo que antes resultaba impensado. Las condiciones ambientales han cambiado y eso amplía los períodos de riesgo.
También existe una mayor presión desde los países vecinos. Después de la pandemia, distintos organismos de protección fitosanitaria de la región vieron reducidos sus presupuestos, lo que tuvo consecuencias sobre los sistemas de vigilancia y control. De acuerdo con la información intercambiada con los organismos oficiales de Perú, Bolivia y Argentina, las poblaciones de la plaga aumentaron, y eso genera una mayor presión de ingreso hacia Chile.
Otro factor relevante es la entrada ilegal de productos hortofrutícolas a través de pasos no habilitados. Muchas veces las personas transportan alimentos para su consumo y algunos de esos productos pueden estar infectados. Hemos comprobado que esta situación ha originado focos en el norte chileno.
La mayor demanda de productos que no se producen localmente también ha incentivado el ingreso clandestino de frutas y hortalizas. Todos estos elementos han generado una presión mucho mayor que la observada en el pasado. Antes podíamos registrar dos o tres focos al año y, como máximo, alrededor de cinco en todo el país. Haber llegado a 46 focos representa un desafío considerable para el Servicio.
Vigilancia para actuar a tiempo
—¿Cómo funciona el sistema de vigilancia del SAG para detectar tempranamente la presencia de mosca de la fruta?
—Disponemos de una extensa red nacional con alrededor de 7000 trampas que permiten detectar la presencia de ejemplares adultos. Paralelamente, realizamos colectas y muestreos de frutos en áreas definidas según su nivel de riesgo, con el propósito de encontrar posibles estados inmaduros, como huevos o larvas.
Este sistema de vigilancia permanente busca detectar la plaga de manera precoz. Cuando aparece un ejemplar adulto o se identifica un estado inmaduro en un fruto, se activa la respuesta establecida por el SAG y comienza una campaña de control y erradicación.
—Cuando se detecta un ejemplar o un brote, ¿qué protocolo se activa y cuáles son las primeras medidas?
—El SAG cuenta con un Plan de Acciones Correctivas que establece las medidas inmediatas que deben adoptarse ante la detección de ejemplares adultos o estados inmaduros.
Ante todo, se intensifica el trampeo alrededor del punto de detección. Esto significa instalar una mayor cantidad de trampas en el área para determinar si existen otros ejemplares y conocer la extensión del foco.
También se efectúa la descarga o retiro de toda la fruta hospedera ubicada en los 200 metros más próximos al punto de detección. La fruta presente en los árboles y en el suelo se recoge, se inspecciona y se destruye cuando corresponde, todo con el objetivo de identificar y eliminar posibles estados inmaduros. Como una parte del ciclo biológico de la plaga se desarrolla en el suelo, también se realizan tratamientos en la proyección de la copa de los árboles para controlar las pupas. En la parte aérea se aplican cebos insecticidas destinados al control de los ejemplares adultos.
Estas acciones se complementan con medidas de cuarentena interna que restringen el traslado de fruta desde el área regulada. En el radio más inmediato, de unos 200 metros, la fruta hospedera debe ser retirada y destruida. En el resto del área, quienes necesiten movilizar fruta hacia otras zonas del país o destinarla a la exportación deben cumplir planes operacionales de trabajo y medidas específicas de resguardo.
La cuarentena interna es fundamental para impedir que una fruta eventualmente infestada sea trasladada hacia otra zona libre y origine un nuevo foco.
El aporte de los insectos estériles
—¿Qué papel cumple la técnica del insecto estéril dentro de la estrategia de control y erradicación?
—La técnica del insecto estéril, conocida como TIE, es otra de las herramientas que venimos utilizando desde hace varios años. El SAG libera insectos estériles de manera permanente en determinadas áreas del país para reducir las posibilidades de reproducción de la plaga y complementar las demás medidas de control.
No se trata de una acción aislada, sino de una herramienta que se integra con el trampeo, los tratamientos, la descarga de fruta, la cuarentena interna y las restantes acciones contempladas en las campañas de erradicación.
Una responsabilidad compartida
—¿Qué importancia tiene la coordinación con productores, exportadoras, municipios, autoridades y ciudadanía?
—Es esencial. El patrimonio fitosanitario es un bien nacional y su protección no depende exclusivamente del SAG, como organismo oficial encargado de la sanidad vegetal. También es responsabilidad de los productores, los exportadores y la comunidad.
Hemos generado una importante articulación con el sector privado, con organizaciones como Frutas de Chile y Fedefruta, para que la información llegue a sus asociados, a los productores, a las familias vinculadas con los predios y a los trabajadores de los huertos.
Las personas que trabajan o viven en las áreas reguladas deben saber que no pueden retirar ni trasladar fruta. A veces pueden hacerlo sin conocer el riesgo y otras veces, lamentablemente, lo hacen incluso sabiendo que existe una restricción. Una fruta infectada que se traslada fuera del área puede generar un nuevo foco, con todos los costos y consecuencias que eso implica.
También hemos trabajado con las municipalidades, porque cumplen un papel muy importante para transmitir esta información a las comunidades y facilitar las labores de control que se realizan en zonas urbanas.
—¿Cuáles son las conductas que pueden poner en riesgo el patrimonio fitosanitario del país?
—Una de las principales conductas de riesgo es ingresar fruta o productos vegetales de manera ilegal, especialmente a través de pasos no habilitados. También es muy peligroso trasladar fruta desde un área sometida a cuarentena hacia otra zona.
Una persona puede recoger fruta de un árbol ubicado dentro de un área regulada y llevarla a la casa de un familiar o de un amigo sin advertir que podría estar transportando larvas. Ese simple movimiento puede dispersar la plaga y generar un nuevo foco.
Por eso, el mensaje al ciudadano que viaja de un país a otro o se desplaza dentro de Chile es muy claro: no debe ingresar ni trasladar fruta cuando existe una prohibición. No es una medida arbitraria, sino una acción necesaria para proteger la agricultura y evitar daños productivos, comerciales y económicos.
—¿Cómo se trabaja la comunicación con la ciudadanía para que comprenda ese riesgo?
—Desde hace varios años, el Departamento de Comunicaciones del SAG desarrolla campañas dirigidas al ciudadano común. Utilizamos televisión, radio, volantes, folletos y los diferentes canales del Ministerio de Agricultura.
El mensaje se refuerza mediante el trabajo conjunto con gremios, empresas, productores y municipios. Necesitamos que la información llegue no solo a quienes toman decisiones dentro de las empresas agrícolas, sino también a los trabajadores, las familias y las comunidades que viven en las áreas donde se desarrollan las campañas.

La ciudadanía debe comprender que respetar las cuarentenas, permitir el ingreso de los funcionarios debidamente identificados y no trasladar fruta son acciones concretas para contribuir a la erradicación.
El patrimonio fitosanitario de Chile es un bien común. No pertenece solamente al SAG ni al sector agrícola: es de todos. Productores, exportadores, trabajadores, municipios, autoridades y ciudadanos tenemos una responsabilidad en su protección. Cada persona puede contribuir respetando las restricciones, evitando el ingreso ilegal de productos y no trasladando fruta desde áreas reguladas.
Defender la condición fitosanitaria de Chile es una tarea de todos, y todos tenemos que cuidarla.