El desafío persistente de Verticillium en Chile
Por: Jaime Auger, Laboratorio de Fitopatología Frutal y Molecular, Departamento de Sanidad Vegetal, Facultad de Ciencias Agronómicas, Universidad de Chile. Miryam Valenzuela, Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura-CEAF. Mauricio Rubilar, Laboratorio de Fitopatología Frutal y Molecular, Departamento de Sanidad Vegetal, Facultad de Ciencias Agronómicas, Universidad de Chile. Claudio Osorio-Navarro, Laboratorio de Fitopatología Frutal y Molecular, Departamento de Sanidad Vegetal, Facultad de Ciencias Agronómicas, Universidad de Chile.
La creciente demanda internacional de kiwi responde al interés global por los llamados “superalimentos”. Dentro de esta categoría, el kiwi ocupa un lugar destacado debido a su excepcional contenido de vitamina C y fibra, dos atributos muy valorados por los consumidores que buscan alimentos funcionales, lo que ha transformado su consumo en una tendencia mundial. Chile es un productor y exportador consolidado de kiwi verde; sin embargo, su participación en la industria del kiwi amarillo se ha visto permanentemente limitada por las condiciones fitosanitarias para su cultivo. En este artículo revisamos antecedentes clave asociados a la marchitez violenta del kiwi amarillo en Chile y discutimos las perspectivas para su manejo.
Chile, histórico líder en la producción mundial de kiwi
El kiwi, perteneciente a la familia Actinidiaceae, es una planta arbustiva trepadora cuyo centro de origen es China. Su historia evolutiva es controvertida y objeto de permanente discusión debido a diversos eventos de hibridación y poliploidía (Lin et al., 2025). Aunque el género Actinidia está integrado por más de 50 especies (Figura 1), solo dos genotipos son cultivados comercialmente: Actinidia chinensis var. deliciosa (sin. Actinidia deliciosa) y Actinidia chinensis var. chinensis (sin. Actinidia chinensis), que se diferencian comúnmente por el color de la pulpa de sus frutos, verde y amarillo, respectivamente.

China es el productor indiscutido de kiwi en el mundo, aunque la mayor parte de su producción está destinada al consumo interno. Por otro lado, la exportación de kiwi se concentra en solo cinco países: Nueva Zelanda (56 %), Italia (11 %), Grecia (11 %), Chile (9 %) e Irán (5 %), que controlan, en conjunto, el 92 % del sector exportador (iQonsulting, 2026). El total mundial de exportaciones de kiwi registró un crecimiento del 6 % respecto del año anterior y alcanzó 1,67 millones de toneladas, por un valor FOB mundial de USD 4.062 millones (iQonsulting, 2026).
El valle central de Chile presenta condiciones agroecológicas que permiten el cultivo del kiwi, aunque estas difieren significativamente de las de su centro de origen, donde predominan una alta humedad relativa, temperaturas moderadas y un crecimiento en semisombra; un escenario muy distinto del que enfrenta la especie en el agroecosistema de Chile central.
El cultivo del kiwi en Chile se inició alrededor de 1970 y, en la última década, el país se ha mantenido de manera sostenida entre los cinco principales exportadores mundiales, compartiendo con Nueva Zelanda el liderazgo en el hemisferio sur. De acuerdo con datos de ODEPA (2026), la superficie total plantada con kiwi en Chile corresponde a 7.772,85 hectáreas, con plantaciones localizadas entre las regiones de Valparaíso y Los Ríos y concentradas principalmente en las regiones de O’Higgins y Maule. Del total, 178,80 hectáreas corresponden a kiwi amarillo, y la Región de O’Higgins concentra la mayor superficie.
Aunque el kiwi amarillo representa aún una fracción minoritaria de la oferta exportadora de Chile, su potencial comercial es considerablemente mayor. Los mercados internacionales muestran una clara preferencia por este fruto y, en países como Nueva Zelanda, el valor generado por el kiwi amarillo triplica al del kiwi verde. En la actualidad, el cultivar AC1536 cv. Dori® encabeza la participación, con un 46 % de la exportación total de kiwi amarillo, seguido por Jintao cv. Jingold® (36 %) y Soreli (14 %). Si bien el interés por el kiwi amarillo ha sido constante en Chile, su expansión se ha visto severamente limitada por problemas fitosanitarios, en particular por la bacteriosis causada por Pseudomonas syringae pv. actinidiae (PSA) y, de manera más acentuada, por la verticilosis.
Verticilosis del kiwi y la marchitez violenta del kiwi amarillo (Verticillium lethal wilt)
El género Verticillium agrupa hongos fitopatógenos de amplia distribución mundial, caracterizados por ser residentes naturales del suelo. En Chile predominan dos especies, Verticillium dahliae y Verticillium nonalfalfae —previamente identificados como Verticillium alboatrum—, ambas polífagas y con hospederos de relevancia económica que incluyen frutales, especies forestales, hortalizas y flores de corte.
El ciclo de vida de Verticillium spp. es bifásico e incluye una fase parasítica activa y otra no parasítica o latente (Figura 2). La fase parasítica se inicia cuando el patógeno logra ingresar a la planta, ya sea a través de heridas en las raíces o en tejidos próximos al suelo, mediante lesiones ocasionadas durante el injerto o, incluso, por penetración directa en raíces sanas. Una vez dentro, el hongo se disemina de manera sistémica por medio del sistema vascular, particularmente por el xilema. La colonización progresiva de los haces vasculares y el consecuente taponamiento y necrosis de estos tejidos conducen a la muerte de ramas y ramillas y, finalmente, al colapso total de la planta.

Desde los tejidos muertos o en declive de la planta, el hongo desarrolla conidióforos que liberan esporas y permiten su diseminación. Durante la fase no parasítica, el patógeno persiste en tejidos muertos o dormantes y adopta distintas formas de resistencia según la especie: V. dahliae genera microesclerocios, mientras que V. nonalfalfae produce hifas melanizadas. Además, el hongo puede mantenerse en hospederos alternativos, incluidas hierbas y especies vegetales nativas, como el espino (Vachellia caven), sin llegar a causar una infección activa.
La verticilosis, causada por Verticillium spp., es una enfermedad que afecta a diversos frutales en todo el mundo, incluido el kiwi, aunque suele ser considerada de menor importancia o de bajo riesgo. En coherencia con esto, nunca ha representado un problema significativo en la producción de kiwi verde en Chile, lo que sugiere que este genotipo es tolerante o resistente.
Un estudio reciente realizado en Nueva Zelanda mostró que V. alboatrum sensu stricto resulta más agresivo que Verticillium dahliae sobre el kiwi amarillo cultivar ‘Hort16A’. Sin embargo, los síntomas observados fueron extremadamente variables y abarcaron, mayoritariamente, plantas asintomáticas y plantas con muerte parcial de ramillas, además de algunos casos puntuales de muerte completa de la planta (Mellow et al., 2019).
La situación del kiwi amarillo en Chile es contrastante. A comienzos de la década de 2000, V. alboatrum —actualmente, V. nonalfalfae— causó la muerte de 150 hectáreas de plantas de la variedad ‘Hort16A’, todas ellas de entre tres y cuatro años (Figura 3) (Auger et al., 2009; 2011). El seguimiento de los huertos mostró la marchitez repentina de plantas que parecían sanas durante el otoño, seguida de una abrupta defoliación parcial o total.

En primavera, los síntomas predominantes incluían la ausencia de brotación o la muerte de brotes y flores recién formados. Otros rasgos característicos fueron el desarrollo de sierpes desde el portainjerto, la necrosis pardo-oscura de los haces vasculares y el ablandamiento y agrietamiento de la corteza. Adicionalmente, se observó una drástica disminución del sistema radicular. Además, la mayor severidad se asoció con huertos de uso frutícola previo, incluidos aquellos empleados históricamente para el cultivo de manzanos, perales, ciruelos, cítricos o vides. Este episodio marcó un punto de inflexión en la industria del kiwi amarillo en Chile, cuya producción ha permanecido estancada desde entonces.
Una genética exclusiva para Verticillium alboatrum en Chile
La marchitez violenta del kiwi amarillo fue descrita formalmente por nuestro equipo de trabajo en 2009 (Auger et al., 2009). Para entonces, los estudios morfológicos y genéticos coincidieron en identificar a V. alboatrum como el agente causal de la enfermedad. Sin embargo, poco tiempo después, V. alboatrum fue revisado taxonómicamente y dividido en tres especies estrechamente relacionadas: V. alboatrum sensu stricto, V. alfalfae y V. nonalfalfae (Inderbitzin et al., 2011). Bajo la nueva definición, los aislados chilenos se clasificaron como V. nonalfalfae.
Resulta llamativo que V. nonalfalfae posea una distribución global y que, no obstante, la marchitez violenta del kiwi amarillo sea un problema local, observado solo en Chile. Con el objetivo de resolver esta discrepancia, compartimos el material caracterizado en Chile con el grupo de investigación del doctor M. T. Kasson, especialista en Verticillium, para desarrollar futuros estudios genéticos.
Los análisis, que emplearon filogenia molecular multilocus para integrar la información de diversos fragmentos génicos —ELONGATION FACTOR 1-α, GLYCERALDEHYDE-3-PHOSPHATE DEHYDROGENASE, TRYPTOPHAN SYNTHASE e INTERGENIC SPACER SEQUENCE—, revelaron que los aislados chilenos caracterizados por nuestro grupo divergen de otros aislados de V. nonalfalfae obtenidos de diferentes regiones del mundo y hospederos, y se agrupan en un clado filogenético individual con respaldo suficiente para sugerir un evento de especiación (Figura 4) (Kasson et al., 2014).

En coherencia con esta hipótesis y ante el riesgo fitosanitario que representa, investigadores neozelandeses desarrollaron un sistema de identificación molecular basado en qPCR, dirigido específicamente a la detección de aislados de V. nonalfalfae pertenecientes al clado chileno (Lee et al., 2022). La aplicación de esta herramienta confirmó la ausencia del patógeno en Nueva Zelanda.
Nematodos, agentes facilitadores de la verticilosis en kiwi amarillo
Las heridas en el sistema radicular constituyen una vía de entrada preferente para Verticillium spp. En los suelos cultivables de las regiones central y sur de Chile es común la presencia de diversas especies de nematodos, cuya actividad, dependiendo de su hábito de vida, genera lesiones en las raíces y facilita así el ingreso de bacterias y hongos.
En este contexto, cabe señalar que el primer huerto chileno de kiwi amarillo ‘Hort16A’ del cual nuestro equipo aisló V. nonalfalfae fue plantado en la Región de O’Higgins, sobre un terreno previamente ocupado por cítricos y en el que se detectó una alta abundancia del nemátodo ecto-endoparásito Tylenchulus semipenetrans.
La relación entre los nematodos y Verticillium spp. es estrecha y, actualmente, se sabe que algunas especies del hongo interactúan con estos organismos como parte de su ciclo infectivo, ya sea porque estos actúan como vectores o como facilitadores de la infección (Lamberti et al., 2002; Saeed et al., 2007). En consecuencia, el manejo de las poblaciones de nematodos en el suelo del huerto se convierte en un factor crítico para el control de la verticilosis.
Alternativas de manejo de Verticillium spp.
Impulsados por el alza de los precios internacionales de los últimos años, diversos proyectos nacionales han fomentado el replante con variedades de kiwi amarillo. Como era previsible, los síntomas de marchitez no se hicieron esperar. Entonces, ¿qué estrategias debemos emplear para manejar Verticillium spp. en Chile?
La medida más efectiva es, sin duda, la prevención desde el origen: plantar únicamente plantas de kiwi sanas, certificadas y libres de Verticillium spp. desde el vivero es el paso más importante para proteger el huerto. Además, se debe considerar la obtención de portainjertos tolerantes o resistentes.
Para los huertos establecidos, la experiencia nacional e internacional indica que el manejo de Verticillium spp. debe adoptar un enfoque integrado que articule diferentes herramientas de control. Sin embargo, todas las medidas disponibles son de carácter preventivo, puesto que, una vez que el patógeno ha colonizado la planta, no existen tratamientos efectivos ni curativos que permitan revertir la infección.
En todos los casos, el tratamiento del suelo es un eje crítico para eliminar o reducir la fuente de inóculo, junto con la eliminación del material vegetal contaminado. Para ello, existen diversas alternativas que pueden emplearse individual o simultáneamente para conseguir un efecto sumatorio o sinérgico:
Tratamientos físicos
El suelo se trata a altas temperaturas con el objetivo de eliminar hifas, conidias y microesclerocios. Aunque es costoso, este tratamiento es muy recomendable para el crecimiento de material vegetal con fines de propagación en viveros. Alternativamente, en huertos expuestos al calor del verano, es posible emplear la solarización, verificando que el suelo alcance una temperatura de entre 45 y 48 °C, en un perfil de al menos 25 cm de profundidad, durante dos semanas.
Control químico
En Chile existe una lista reducida de productos fungicidas con registro SAG. Entre los activos con etiqueta SAG destacan el benomilo, la carbendazima y el sulfato de cobre pentahidratado. En el caso de los fumigantes de suelo con etiqueta para uso contra Verticillium spp., destacan la cloropicrina, la mezcla de 1,3-dicloropropeno más cloropicrina y el activo dazomet.
Además, investigaciones realizadas en cultivos hortícolas ofrecen resultados exitosos que podrían ser replicados en Chile. Por ejemplo, Bubici et al. (2006) evaluaron la eficacia de azoxystrobin, trifloxystrobin y el activador de defensa acibenzolar-S-metilo para el control de Verticillium spp. en tomate y berenjena en condiciones de campo, a través de drenching previo a la plantación o de aplicaciones foliares posplantación, o de ambos tratamientos. Lograron una disminución de la severidad del daño radicular respecto del control de entre el 48,7 % y el 83,7 %, y de la severidad de los síntomas de marchitez de entre el 6,9 % y el 29,4 %. En ambos casos, el activo que mostró un mejor control fue azoxystrobin.
Control biológico
Por otro lado, la aplicación de agentes de control biológico (ACB) constituye una alternativa promisoria frente a los tratamientos químicos, cuyos efectos colaterales son bien conocidos. Si bien existen numerosos estudios que evalúan la efectividad de diversos microorganismos contra la marchitez causada por Verticillium spp., la mayoría se ha restringido a especies herbáceas, por lo que la información disponible para especies leñosas es aún muy escasa.
Los microorganismos evaluados como ACB abarcan un amplio espectro: bacterias, oomicetos, zigomicetos, ascomicetos, basidiomicetos y micorrizas, con resultados variables. Incluso se han empleado aislados no patógenos de Fusarium y Verticillium, aprovechando su capacidad de colonizar el sistema vascular sin causar daño y de bloquear así la entrada de aislados virulentos. No obstante, los mejores resultados se han obtenido con hongos colonizadores del sistema vascular y con cepas bacterianas de los géneros Pseudomonas y Bacillus.
Para que un microorganismo sea considerado un buen candidato a ACB, se espera que cumpla múltiples funciones: afectar la supervivencia y la germinación de las estructuras de resistencia del patógeno —especialmente los microesclerocios— mediante parasitismo o antibiosis; colonizar el mismo nicho ecológico que Verticillium spp. y competir por espacio y nutrientes; inducir respuestas de defensa en la planta, y promover su crecimiento (Deketelaere et al., 2017).
Las fuentes más promisorias para aislar microorganismos con estas características son los suelos supresivos a Verticillium spp., las enmiendas orgánicas, el compost y las plantas asintomáticas provenientes de campos infectados.
En Chile, los productos biológicos con etiqueta SAG disponibles incluyen Trichoderma harzianum cepa Queule, Trichoderma virens cepa Sherwood, Trichoderma parceramosum cepa Trailes, y el consorcio de Trichoderma polysporum (IMI 206039) con Trichoderma harzianum (IMI 206040). Sin embargo, únicamente el consorcio formado por T. harzianum, T. virens y T. parceramosum cuenta con registro específico para el control de Verticillium alboatrum en kiwi.
La condición local de la marchitez violenta del kiwi amarillo en Chile constituye no solo un desafío científico, sino también una necesidad estratégica para el desarrollo de la industria nacional del kiwi. Por ello, el principal reto para los próximos años radica en fortalecer la investigación básica y aplicada orientada a comprender y manejar este problema fitosanitario.
Referencias
Auger, J., Perez, I., Fullerton, R.A., Esterio, M. (2009). First report of Verticillium wilt of gold kiwifruit, Actinidia chinensis cv. Hort16A, caused by Verticillium albo-atrum in Chile. Plant Disease 93: 553–553.
Auger, J., Pérez, I., Esterio, M., Fullerton, R.A. (2011) Outbreak of a lethal wilt form of gold kiwifruit, Actinidia chinensis ‘Hort16A’ in Chile. Acta Horticulturae 913:473-479.
Bubici, G., Amenduni, M., Colella, C., D’Amico, M., Cirulli, M. (2006) Efficacy of acibenzolar-S-methyl and two strobilurins, azoxystrobin and trifloxystrobin, for the control of corky root of tomato and Verticillium wilt of eggplant. Crop Protection 25(8):814-820.
Deketelaere, S., Tyvaert, L., França, S. C., & Höfte, M. (2017). Desirable Traits of a Good Biocontrol Agent against Verticillium Wilt. Frontiers in microbiology, 8, 1186. https://doi.org/10.3389/fmicb.2017.01186
Inderbitzin, P., Bostock, R.M., Davis, R.M., Usami, T., Platt, H.W. (2011). Phylogenetics and taxonomy of the fungal vascular wilt pathogen Verticillium, with the descriptions of five new species. PLoS ONE 6:1-22.
Kasson, M. T., Short, D. P., O’Neal, E. S., Subbarao, K. V., & Davis, D. D. (2014). Comparative pathogenicity, biocontrol efficacy, and multilocus sequence typing of Verticillium nonalfalfae from the invasive Ailanthus altissima and other hosts. Phytopathology, 104(3), 282–292. https://doi.org/10.1094/PHYTO-06-13-0148-R
Lamberti, F., Sasanelli, N., D’Addabbo, T., Ciccarese, F., Ambrico, A. and Schiavone, D. (2002). Relationship between plant parasitic nematodes and Verticillium dahliae in olive. Acta Hortic. 586, 749-752. DOI: 10.17660/ActaHortic.2002.586.161https://doi.org/10.17660/ActaHortic.2002.586.161
Lee, H.W., Ho, W.W. H., Alexander, B J.R., Baskarathevan, J. (2022). A rapid qPCR for the detection of Verticillium nonalfalfae MLST2—A highly pathogenic fungus on kiwifruit. Plant Disease, 106(9), 2348-2354. doi.org/10.1094/PDIS-08-21-1819-RE.
Lin, Q., Hu, S., Wu, Z., Huang, Y., Wang, S., Shi, W., & Zhu, B. (2025). Comparative chloroplast genomics provides insights into the phylogenetic relationships and evolutionary history for Actinidia species. Scientific reports, 15(1), 13291. https://doi.org/10.1038/s41598-025-95789-y
Mellow, K.D., Tyson, J.L., Manning, M.A., Wright, P.J. (2019) Preliminary pathogenicity screening of Verticillium spp. on kiwifruit in New Zealand. New Zealand Plant Protection, 72:89-94. doi.org/10.30843/nzpp.2019.72.247
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ODEPA 2026. Catastro frutícola.
Saeed, I. A. M., MacGuidwin, A. E., Rouse, D. I., & Malek, C. (2007). A Field Study on the Influence of Verticillium dahliae and Pratylenchus penetrans on Gas Exchange of Potato. Plant disease, 91(12), 1531–1535. https://doi.org/10.1094/PDIS-91-12-1531