El futuro del packaging: Uno inteligente y sostenible
El packaging es protagonista en la cadena de valor de los distintos cultivos, pues sin él no es posible comercializar los distintos productos. Pero, sobre todo, se trata de una barrera que permite preservar la calidad, la frescura y las propiedades nutricionales de los diferentes productos, desde el proceso de envasado hasta el consumidor final.
En el caso de los frutos secos se tratan de cultivos altamente sensibles a la humedad, el oxígeno, la luz y las variaciones de temperatura, por lo que la selección de materiales de packaging, estructuras (lami-nados, barreras al oxígeno, luz, etc) y sistemas de cierre adecuados son determinantes para conservar su frescura y en algunos casos, prolongar su vida útil y evitar pérdidas.
Según explica Mariana Soto, gerente general del Centro de Envases y Embalajes de Chile (CENEM), bajo este contexto es que hoy se priorizan soluciones multicapa de alta barrera, films metalizados, envases con atmósfera modificada y tecnologías de sellado avanzado, que aseguran estabilidad oxidativa, control de humedad y protección mecánica durante el transporte.
Sin embargo, el escenario internacional ha cambiado, por lo que ahora se requiere una nueva mirada integral en el rubro.
¿Qué demandas existen en los mercados?
Durante años, el foco estuvo puesto principalmente en la protección física del producto y la eficiencia logística, pero los nuevos escenarios internacionales —marcados por la sustentabilidad, las regulaciones ambientales y la trazabilidad— exigen envases con mayor valor tecnológico, comunicacional y ambiental.
Las tendencias ya no se centran únicamente en el desarrollo de nuevos materiales, sino en repensar el sistema completo del envase, desde su diseño hasta su fin de vida útil y su reintegración al mercado como un nuevo producto (Economía circular).
El desafío técnico está en equilibrar la protección funcional con el uso adecuado de materiales, impulsando innovaciones en estructuras monomateriales reciclables, envases compostables, entre otros.
¿Qué rol juega el sector en las agroexportaciones?
Los envases y embalajes son hoy un factor clave para la apertura y diversificación de mercados internacionales. Más allá de su función protectora, el packaging se ha convertido en un instrumento estratégico de competitividad, capaz de adaptar el producto a las exigencias técnicas, regulatorias y culturales de cada destino.

Un campo de innovación es la incorporación de tecnologías inteligentes, como etiquetas con sensores, códigos QR que aportan trazabilidad o envases resellables.
En este sentido, la innovación en el diseño, los materiales y la comunicación del envase permite responder de manera diferenciada a distintos tipos de consumidores y canales comerciales. Por ejemplo, los mercados asiáticos valoran formatos individuales o “on-the-go” con un alto estándar estético, mientras que Europa demanda envases sostenibles, reciclables y con certificaciones ambientales verificables. Adaptar la presentación y funcionalidad del envase a estas preferencias abre nuevas oportunidades de posicionamiento y valor agregado para los exportadores chilenos.
Además, los envases inteligentes y trazables ofrecen transparencia y seguridad en la cadena de suministro, atributos cada vez más relevantes en mercados que exigen información sobre origen, prácticas productivas y huella ambiental. Desde CENEM impulsamos una visión en la que el envase no solo sea un soporte logístico, sino un vector de diferenciación, confianza y acceso comercial, capaz de proyectar la identidad y la calidad de los alimentos chilenos en el mundo.
En definitiva, un enfoque innovador y estratégico del packaging puede multiplicar el alcance de nuestras exportaciones, al adaptar el valor del producto a las realidades y expectativas de cada mercado y contribuir así a la consolidación de Chile como referente regional en envases inteligentes y sustentables.
¿Qué innovaciones son necesarias incorporar entonces en la industria?
La innovación es un eje central en el sector y debe responder a tres grandes ejes: sostenibilidad y eficiencia productiva, competitividad y digitalización y automatización.
En primer lugar, se requiere avanzar hacia estructuras monomateriales reciclables, sustituyendo las combinaciones complejas de polímeros que dificultan la valorización posconsumo por nuevas tecnologías en aplicaciones. A modo de ejemplo, podemos mencionar Alox — película de plástico PET recubierta con óxido de aluminio —, que proporciona una barrera avanzada contra el oxígeno y la humedad, manteniendo la transparencia.
Otro campo de innovación es la incorporación de tecnologías inteligentes, como etiquetas con sensores, códigos QR que aportan trazabilidad o envases resellables, zipper incorporado al material del envase para optimizar la fabricación y comunicación transparente al consumidor y al importador. Estas soluciones digitales no solo fortalecen la seguridad alimentaria, sino que también permiten optimizar la logística y reducir desperdicios a lo largo de toda la cadena de exportación.

El Alox proporciona una barrera avanzada contra el oxígeno y la humedad.
¿Cómo se encuentra Chile en la evolución que requiere el packaging?
Chile avanza hacia un modelo de “packaging inteligente y sostenible”, donde converjan materiales de nueva generación, diseño funcional y comunicación efectiva del origen y valor del producto. Esto implica inversión en innovación, colaboración entre exportadores, convertidores y centros tecnológicos, y una visión país que posicione al envase no solo como un mero contenedor y soporte logístico, sino como embajador de la calidad, la inocuidad y la sustentabilidad de la agroindustria chilena.
De esta manera, se sigue avanzando hacia un packaging que no solo proteja el producto, sino que también refuerce el valor ambiental y de origen de nuestros frutos secos en los mercados internacionales.
¿Qué desafíos se enfrentan a nivel nacional?
Entre los principales desafíos se encuentra la adaptación a las nuevas regulaciones nacionales e internacionales en materia de reciclabilidad, rotulación ambiental y reducción de plásticos de un solo uso, especialmente en mercados exigentes como la Unión Europea y Norteamérica. Esto obliga a la industria a revisar composiciones de materiales, procesos de impresión y modelos logísticos, incorporando criterios de ecodiseño para un packaging con el menor impacto ambiental, manteniendo sus propiedades básicas de contener y proteger al producto.
Otro desafío relevante es el déficit de articulación entre los distintos actores de la cadena de valor, desde los productores y exportadores hasta los transformadores de materiales y centros técnicos o academia.
Al mismo tiempo, este escenario abre grandes oportunidades para Chile. Como se ha planteado anteriormente, la transición hacia envases sostenibles, trazables y tecnológicamente avanzados puede convertirse en una ventaja competitiva para el país. Es relevante dignificar el diseño y la comunicación del lugar de origen como atributos diferenciadores en los mercados internacionales. La innovación en packaging no solo fortalece la exportación de frutas secas, sino que también refuerza la imagen de Chile como un país productor de alta calidad, moderno e innovador.
Desde CENEM, seguiremos impulsando el desarrollo de un ecosistema nacional de envases que combine tecnología, conocimiento y compromiso ambiental, al servicio de la agroindustria y del país.
La meta es clara: que los productos chilenos lleguen a los mercados internacionales con envases que cuiden el producto, el consumidor y el planeta.