El sur de Chile busca ampliar su lugar en el mapa semillero
La industria semillera chilena ha comenzado a extender paulatinamente su geografía productiva hacia el sur. Desde Ñuble hasta la Región de Los Ríos, una combinación de disponibilidad de agua, condiciones térmicas, buenos suelos y agricultores tecnificados ofrece oportunidades para incorporar nuevos cultivos y ampliar las rotaciones. Sin embargo, las distancias, los costos logísticos y la menor disponibilidad de servicios especializados y capital humano todavía limitan ese desarrollo.
Ernesto Passalacqua, gerente general de SG 2000, conoce de cerca esta evolución. La compañía nació en La Araucanía hace más de tres décadas, con el objetivo de ofrecer nuevas alternativas a los agricultores de una zona tradicionalmente cerealera y ganadera. Desde entonces, amplió su portafolio y su área de influencia, en un proceso que permite observar tanto las posibilidades productivas del sur como las condiciones necesarias para consolidarlo dentro del mapa semillero chileno.
Una geografía que suma ventajas
Cuando Passalacqua habla del sur semillero, delimita una extensa franja que comienza en Ñuble y llega hasta Valdivia. La red de influencia de SG 2000 se extiende, particularmente, desde Ñuble hasta la Región de Los Ríos.
“Esta es una zona que se ha incorporado paulatinamente al negocio semillero. Al tratarse de un territorio de casi 400 kilómetros de largo, es necesario identificar las ventajas de cada una de sus regiones”, explica.
Una de las principales fortalezas es la disponibilidad de agua, especialmente en los momentos críticos para los cultivos. La mayor parte de las producciones de primavera —que representan los mayores volúmenes— no se riega por cinta, sino mediante sistemas de cobertura total, como los pivotes. Por eso, disponer de un caudal suficiente durante el ciclo resulta determinante.A esta condición se suma la posibilidad de mantener las aislaciones requeridas por determinadas especies. Aunque la industria semillera avanza hacia el sur, todavía existen áreas en las que esas distancias pueden manejarse adecuadamente.
Las necesidades de los agricultores también favorecen la expansión. En una zona caracterizada por cultivos extensivos, la producción de semillas aporta alternativas que permiten diversificar las rotaciones.“Si la industria semillera no estuviese presente, parte de esa rotación no estaría disponible para estos agricultores y se complicaría el modelo productivo completo. Nosotros ofrecemos una alternativa real, con distintos cultivos y opciones”, señala Passalacqua.

Temperaturas favorables y agricultores tecnificados
Según la ubicación, las regiones del sur presentan perfiles térmicos apropiados para diferentes especies. Una primavera húmeda y con temperaturas que ofrecen cierta flexibilidad en las fechas de siembra, seguida por un comienzo de verano más suave y con adecuada disponibilidad de agua, puede favorecer el desarrollo de los cultivos.
Durante el verano, los períodos secos y cálidos permiten prolongar la floración y alcanzar una cuaja adecuada. No obstante, esas temperaturas más moderadas también pueden representar una limitación para algunas especies, que deben ubicarse más al norte.
Pero el potencial de la zonano depende únicamente del clima. Los buenos suelos y la incorporación de tecnologías de riego, maquinaria y conocimiento por parte de los agricultores completan la ecuación. “Se está generando una combinación adecuada, en la que la zona ha sabido aprovechar las nuevas tecnologías y responder a los desafíos que plantea la industria”, sostiene.
Una empresa nacida para diversificar la agricultura del sur
SG 2000 nació en La Araucanía hace más de 30 años, cuando las alternativas productivas disponibles para los agricultores eran mucho más reducidas. En ese momento, predominaban la producción cerealera y la ganadería.
La compañía comenzó introduciendo tecnologías para producir semillas de empastadas y especies forrajeras. Con el tiempo, incorporó otros cultivos, como canola, girasol, arvejas y distintas leguminosas. El propósito inicial fue abastecer el mercado nacional con semillas producidas en Chile.
Passalacqua está convencido de que la industria semillera continuará ocupando un lugar necesario dentro del ecosistema agrícola. Además de aportar opciones para las rotaciones, ofrece a los productores una agricultura bajo contrato, con precios y condiciones conocidos.
“Eso es tremendamente útil para la agricultura moderna”, destaca.
Para el ejecutivo, la construcción de relaciones de largo plazo es un aspecto central del negocio. Contar con contratos plurianuales con los clientes externos permitiría anticipar las necesidades en un horizonte de dos o tres años y trasladar esa previsibilidad a los agricultores chilenos.
De esa manera, los productores podrían saber con mayor anticipación cómo organizar sus futuras rotaciones y con qué condiciones contarían, mientras que las empresas tendrían mejores herramientas para proyectar inversiones y realizar las mejoras que realmente requiere la producción.
“Eso debería permitir una industria mucho más eficiente, porque posibilita proyectar inversiones y tomar decisiones en función de lo que se necesitará, en lugar de resolver todo año tras año”, afirma. Sin embargo, reconoce que no es un objetivo sencillo. Requiere construir confianza e involucrar a todos los actores del negocio para que comprendan las dinámicas y fuerzas que inciden sobre la industria.“Es algo que lleva tiempo, pero creemos que es la manera de hacer este negocio más sustentable y rentable para todos”, agrega.

Cereales, forrajeras y especies de alto valor
Desde Temuco hacia el sur, Passalacqua observa muy buenas condiciones para producir cereales y gramíneas forrajeras. Más al norte, entre Ñuble y Biobío, la multiplicación de semillas de canola y girasol se consolidó durante los últimos 15 o 20 años.
“Se trata de una zona en la que, si uno quiere estar presente con esas especies, tiene que mirar todo con mucha atención. Es muy valiosa y rica desde el punto de vista agrícola”, indica.
SG 2000 también incorporó leguminosas a su portafolio, particularmente frejoles y arvejas. La innovación varietal y el manejo permitieron avanzar hacia lugares que, pocos años atrás, no se consideraban aptos para algunos de esos cultivos.
“Hoy somos capaces de llegar hasta Victoria, 60 kilómetros al norte de Temuco, y producir frejoles con muy buenos rendimientos. Hay que ser cuidadosos con las variedades y las fechas de siembra, pero hace 15 años probablemente no se pensaba siquiera que fuera posible llegar hasta esa zona”, explica.
Otras alternativas concretas son la producción de semillas de brásicas, en la región de Ñuble e incluso maíces dulces entre Ñuble y Bio Bio.
Los costos de avanzar hacia el sur
Las oportunidades productivas conviven con restricciones, que se vuelven más evidentes a medida que la actividad se desplaza hacia zonas australes. La primera es el mayor costo logístico, debido a la distancia respecto de los principales puertos de exportación.
Pero la dificultad no se limita al traslado del producto final. Cuando las operaciones de las compañías están concentradas más al norte, todo el proceso productivo resulta más oneroso. Para Passalacqua, este factor juega en contra de un desplazamiento creciente hacia el sur, salvo que las empresas comiencen a pensar en modelos logísticos diferentes y en plantas de recepción más cercanas a las áreas productivas.
Otra limitación es la menor disponibilidad de servicios agrícolas especializados para la industria semillera, desde sembradoras y pulverizadoras hasta conocimientos técnicos específicos. También hay menos profesionales y técnicos con experiencia en producción de semillas.
A esto se agrega la centralización de servicios esenciales, como los laboratorios y determinados procesos de certificación, que continúan concentrados en la zona central.
“Cuando se busca mano de obra especializada en la industria semillera, se advierte que está ubicada principalmente en la zona central. Cuesta atraer técnicos y profesionales hacia el sur, porque eso implica un cambio de vida”, reconoce.

Cambio climático: más posibilidades, pero también incertidumbre
El aumento de las temperaturas permite desplazar algunos cultivos hacia zonas donde antes no podían desarrollarse. Passalacqua menciona, como ejemplo, que seis años atrás era muy difícil encontrar cerezas en La Araucanía.
Sin embargo, advierte que la ampliación del portafolio productivo del sur no puede atribuirse exclusivamente al cambio climático. También responde a la aparición de nuevas variedades, al perfeccionamiento de las técnicas productivas y a un mayor conocimiento.
“El aumento de las temperaturas en el sur, sin dudas, permite llevar adelante actividades que en el pasado no se podían realizar. Pero existe una combinación de distintos factores”, aclara.
A su juicio, el principal impacto del cambio climático sobre la producción agrícola y semillera no radica solo en un desplazamiento gradual de las condiciones térmicas, sino en la creciente dificultad para anticipar el comportamiento meteorológico.“Si fuese un cambio paulatino en una determinada dirección, sus impactos serían menos relevantes que los de esta variabilidad que se produce año tras año, temporada tras temporada y, prácticamente, mes a mes”, plantea.
Esa variabilidad afecta la consistencia de los rendimientos y la calidad de las semillas, y agrega incertidumbre a una actividad que ya está expuesta a numerosos factores difíciles de controlar.
Las empresas deben decidir dónde ubicar sus centros productivos, con qué agricultores vincularse y en qué zonas establecer relaciones de largo plazo, sin saber si las próximas temporadas presentarán lluvias más intensas, temperaturas más altas o condiciones más frías.
“¿Debemos establecernos en una zona específica, más hacia el sur o más hacia el norte? ¿O tendremos que movernos año tras año, según se presente El Niño o La Niña? Esa incertidumbre dificulta realizar inversiones significativas y acordar planes productivos de largo plazo con los agricultores y con los clientes extranjeros”, explica.
Passalacqua considera que Chile está siendo particularmente afectado por el cambio climático. Por eso, cree que las respuestas deben desarrollarse localmente, de acuerdo con las condiciones específicas del país.“No podemos esperar que desde el extranjero se desarrollen soluciones para este fenómeno. Debemos generarlas nosotros, con conocimiento local. Allí tienen un papel las universidades, el INIA, el Ministerio de Agricultura, el SAG y todas las instituciones que puedan contribuir a enfrentarlo”, afirma.
Una agenda común para ganar competitividad
Para que el sur alcance un desarrollo más competitivo, Passalacqua considera indispensable profundizar la colaboración público-privada y definir una mirada compartida sobre el lugar que la región debería ocupar dentro de 20 o 30 años.“No es posible pensar en un desarrollo tan amplio solamente desde el sector privado. Tiene que existir una agenda común”, sostiene.
Dentro de esa agenda, ubica en un lugar prioritario la infraestructura de riego. Se trata de inversiones cuantiosas, que necesitan una planificación de largo plazo y la participación tanto del sector público como del privado.
También destaca la importancia de que instituciones como el SAG mantengan estándares elevados y continúen brindando el respaldo necesario para que las empresas trabajen con confianza y accedan a los mercados más exigentes con un sello de calidad.
El sistema académico, por su parte, debería anticipar los perfiles profesionales que requerirá la industria durante los próximos cinco, 10 o 15 años.“Es necesario preparar técnicos y profesionales que respondan a las necesidades futuras, no a las del pasado, porque los desafíos serán distintos. Esa formación, además, debe tener una mirada lo más descentralizada posible”, plantea.
Para ello, considera fundamental que las universidades y los institutos regionales formen capital humano de acuerdo con las condiciones y demandas de cada territorio, sin concentrar todas las capacidades en la zona central.

Calidad y confiabilidad como propuesta de valor
En un escenario internacional en el que distintos países buscan mejorar la competitividad de sus producciones, Passalacqua considera que Chile debe diferenciarse a través de la calidad, entendida desde múltiples dimensiones.Según la especie, esa calidad puede expresarse en un mayor calibre, un porcentaje superior de germinación, una elevada pureza genética o una combinación de todos esos atributos.
“Chile debe ofreceral mercado global una propuesta de valor que apunte hacia una calidad insuperable. Chile, difícilmente puede competir por costos: somos un país pequeño, con una superficie reducida y ubicado en el fin del mundo. Tenemos que ofrecer algo distinto, algo que otros no puedan ofrecer, y creo que eso pasa por la calidad, la confiabilidad y la trazabilidad”, asegura.
A esa propuesta se suman los servicios de investigación y desarrollo, entre ellos los cruzamientos y la obtención de líneas parentales. Para Passalacqua, estas actividades serán fundamentales para el futuro de la agricultura y para sostener una cadena de abastecimiento fluida.
“Todo se inicia aquí, en Chile. Esos servicios forman parte del concepto de ofrecer calidad y confiabilidad. Como industria, tenemos que avanzar en tecnología e inversiones que nos permitan brindar servicios de investigación y desarrollo cada vez más profesionales, confiables y orientados al largo plazo”, señala.

Una agricultura austral más diversificada
Al proyectar el sur de Chile hacia 2036, Passalacqua imagina una agricultura diversificada y vinculada con producciones de alto valor. La fruticultura y la industria semillera son, a su juicio, ejemplos de la capacidad del país para trascender la producción primaria y agregar valor. También identifica oportunidades en la producción hortícola, no solamente de semilla,, la lechería y la ganadería modernas.
“Me gustaría ver una agricultura tremendamente diversificada en esos sectores de mayor valor agregado, con productos necesarios y de alta calidad, que permitan a Chile extender sus brazos y llegar a cualquier lugar del planeta”, expresa.
El avance de la industria semillera hacia el sur no aparece, entonces, como un desplazamiento automático impulsado únicamente por el clima. Dependerá de la capacidad de combinar las ventajas agroclimáticas con infraestructura, logística, conocimiento, capital humano, previsibilidad y una estrategia compartida. Si esas condiciones logran articularse, el sur podrá ampliar su participación en el mapa semillero y aportar una plataforma productiva más diversa, confiable y preparada para responder a las nuevas exigencias internacionales.

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