El talón de Aquiles del avellano europeo en Chile
Por: Dra. Patricia D. Navarro. Entomóloga Almendra Monje C., Técnica Experta Agraria Melissa Parra V., Ing. Agrónoma Laboratorio Ciencia de Insectos INIA Carillanca.
El cultivo del avellano europeo en Chile ha experimentado un crecimiento sostenido durante la última década y alcanzó aproximadamente 68.000 hectáreas plantadas en 2026, lo que ha posicionado al país como el segundo productor mundial. Este desarrollo ha sido impulsado por la elevada calidad del producto a lo largo de toda la cadena productiva, favorecida por condiciones agroclimáticas óptimas, altos estándares de sanidad y trazabilidad, y una creciente inversión de las empresas compradoras, especialmente del grupo Ferrero, a través de su filial AGRICHILE.
Este sólido respaldo comercial ha consolidado una imagen de éxito y proyección para la industria chilena del avellano, generando confianza tanto entre los nuevos agricultores e inversionistas interesados en incorporarse al rubro como entre los productores que ya cuentan con huertos establecidos y evalúan expandir su superficie cultivada. No obstante, antes de dar este paso, resulta indispensable conocer el talón de Aquiles del cultivo: la plaga del género Aegorhinus, cuyo impacto puede comprometer precisamente la inversión de largo plazo que hoy atrae a la industria.
¿Qué podemos decir del Aegorhinus?
Cuando se habla del cultivo del avellano europeo en Chile, resulta prácticamente imposible no escuchar a los productores referirse al “cabrito” o al “burrito”, nombres comunes con los que se conoce a los insectos pertenecientes al género Aegorhinus. Esta plaga es tan compleja en su biología como en las denominaciones que recibe en nuestro país. En la zona comprendida desde la Región del Biobío hacia el norte, estos insectos son conocidos comúnmente como “cabritos”, mientras que desde La Araucanía hacia el sur se los denomina “burritos”. Esta plaga nativa ha logrado establecerse con éxito no solo en el cultivo del avellano europeo, sino también en berries, donde igualmente ocasiona pérdidas económicas de importancia. Para evitar confusiones en torno a su denominación, en adelante nos referiremos al cabrito o burrito como Aegorhinus.
Cabe señalar que existen dos especies que provocan los mayores daños en el avellano europeo, conocidas científicamente como Aegorhinus superciliosus y Aegorhinus nodipennis (fotos 1a y b), ambas pertenecientes al orden Coleoptera y a la familia Curculionidae. Estas especies presentan un estado adulto grande y visible, cuyo control, por lo general, no resulta complejo cuando se detecta a tiempo en el huerto. Además, existe un número importante de insecticidas de última generación disponibles en el mercado nacional, con etiqueta autorizada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) para el control de Aegorhinus en avellano europeo, que poseen una buena eficacia contra el estado adulto. Sin embargo, el principal problema no son los adultos, sino las larvas.

Las larvas de Aegorhinus se alimentan de la madera del avellano europeo y producen galerías bajo la corteza. Se trata de un “problema silencioso”, porque no son visibles y, en el 99% de los casos, si no se observa la presencia del adulto caminando sobre el árbol o en el huerto, el productor nunca advertirá que existen larvas en su interior.
Desde esta perspectiva, gran parte del problema se origina en el propio productor, al no conocer la plaga ni dimensionar su impacto en el sistema productivo antes de establecer el huerto. En muchos casos, tampoco se la reconoce como un problema hasta que se observan árboles secos y hojas con un tono “verde fluorescente” característico. Muchas veces, esta coloración no se debe a una deficiencia en la fertilización, sino a un estado avanzado de daño en los haces conductores, provocado por la presencia de galerías en el tronco.
Especies que afectan al avellano europeo
Las especies que afectan al avellano europeo, A. superciliosus y A. nodipennis (Fotos 2 a y b), desarrollan todo su ciclo de vida —huevo, larva, pupa y adulto— en el interior del árbol, desde donde emerge el adulto. El ciclo completo puede durar dos años o más, de los cuales al menos 15 meses corresponden al estado larval, durante el cual el insecto se alimenta de la madera y compromete los haces vasculares —floema y xilema—.
En este contexto, resulta contradictorio invertir elevados presupuestos en planes de fertilización y bioestimulación foliar si se desatiende la integridad del cuello y la corona del árbol, zonas donde se concentra la mayor cantidad de galerías con larvas. Estas provocan una interrupción mecánica de los haces conductores, anulando la eficiencia de los insumos aplicados al suelo o por vía foliar.
Lo anterior no significa que estas acciones destinadas al fortalecimiento de la planta no deban realizarse, sino que la gestión del resguardo fitosanitario frente a esta plaga debe considerarse seriamente desde antes de establecer el huerto. De esta manera, la inversión en la protección de la planta no debe entenderse como un gasto operativo reactivo, sino como una política orientada a extender la vida útil del huerto y retrasar, tanto como sea posible, el ingreso y el establecimiento de Aegorhinus.
¿Qué implica esto? Gestionar el riesgo de ingreso de adultos de Aegorhinus desde el momento cero, es decir, antes de establecer el huerto; incorporar el monitoreo de adultos y larvas como una actividad obligatoria; y avanzar hacia la combinación de diversas herramientas preventivas dentro de un manejo integrado de plagas (MIP).
¿Cómo lograrlo? 1) Identificando correctamente la plaga; 2) conociendo su biología, sus fortalezas y debilidades, lo que implica comprender su ciclo de vida; 3) considerando los monitoreos como la base para tomar decisiones dentro de un modelo de alerta temprana; y, sobre todo, 4) evitando asumir que el huerto no tiene o no tendrá esta plaga tarde o temprano.
¿Monitoreo en el perfil del suelo para el género Aegorhinus en cultivo de avellano europeo?, NO…
Los monitoreos pueden convertirse en un arma de doble filo si no se realizan correctamente, ya que históricamente la búsqueda de estados inmaduros de coleópteros se ha asociado con el perfil del suelo. Para ello, se ha recurrido a excavaciones de calicatas, en las que las larvas de Aegorhinus pueden confundirse fácilmente con las de otros coleópteros, como Otiorhynchus (foto 2 c), que sí pueden encontrarse libres en el suelo.
Sin embargo, aplicar esta metodología para monitorear Aegorhinus en avellano europeo representa un error estratégico de diagnóstico, ya que estas larvas no se encuentran de forma libre en el suelo ni colonizan el sistema radicular, salvo contadas excepciones provocadas por un desprendimiento accidental.
Los estudios realizados por nuestro equipo indican que la mayor densidad poblacional de larvas de Aegorhinus se concentra en la corona y el cuello de la planta y, desde allí, se extiende hacia arriba por el tronco del árbol. La cantidad es significativamente mayor en la zona del cuello, información que resulta útil y estratégica al momento de establecer una recomendación de control en el huerto.
No obstante, también debe considerarse la evidente plasticidad en el comportamiento de oviposición de la hembra, que introduce una nueva variable de riesgo y complejidad. Hemos documentado fotográficamente que las galerías con larvas activas pueden alcanzar los dos metros de altura en árboles de avellano europeo (fotos 3 a y b). Este fenómeno sugiere que la hembra no restringe la postura de huevos exclusivamente a la base del árbol, sino que realiza una oviposición oportunista y los deposita en hendiduras, rugosidades o bifurcaciones de la madera, allí donde se encuentre al alcanzar la madurez reproductiva.

¿Es relevante el entorno del huerto antes de establecerlo? Sí
El entorno es otro factor crítico que debe considerarse. El ingreso de estos insectos al huerto procede, en la mayoría de los casos, de bosques aledaños y huertos vecinos. Un huerto de avellano europeo, al igual que cualquier cultivo, no es una isla: está inserto en un ecosistema que determina la presión presente y futura de estas plagas. Por ello, no basta con activar estrategias de control una vez establecido el cultivo, sino que también es necesario realizar previamente un análisis riguroso del entorno territorial.
Las especies de Aegorhinus son insectos nativos, adaptados históricamente a la flora del centro-sur de Chile. Por lo tanto, la proximidad a fragmentos de bosque nativo o la colindancia con huertos de avellano o berries ya establecidos eliminan cualquier incertidumbre: la presión de la plaga no es una posibilidad, sino una certeza. Podrá tardar más o menos en manifestarse, pero ocurrirá.
El bosque nativo, rico en especies como coigüe, maitén y roble, entre otras, actúa como un reservorio natural permanente. Desde estos ecosistemas, los insectos adultos migran de manera constante hacia las plantaciones comerciales de avellano europeo, atraídos posiblemente por aromas, vigor vegetativo o color, aunque todavía no se ha determinado con precisión cuáles de estos factores intervienen.
Del mismo modo, un huerto vecino de avellano europeo con un manejo fitosanitario deficiente se convierte en un foco de dispersión continua. Aunque los Aegorhinus no vuelan, son buenos caminadores y pueden recorrer distancias considerables hasta alcanzar los bordes y los sectores periféricos de los huertos nuevos.
Bajo este enfoque, que contempla la existencia de reservorios externos, se justifica plenamente considerar la plaga como un riesgo potencial desde el momento cero, es decir, desde el establecimiento del huerto. Asumir de manera proactiva que la colonización ocurrirá permitirá implementar estrategias preventivas y de contención perimetral desde la plantación, y evitar que el control comience cuando ya sea demasiado tarde, es decir, cuando las larvas lleven dos o tres generaciones establecidas en los árboles.

¿Cuándo controlar Aegorhinus en un huerto de avellano europeo?
Lamentablemente, no existe un “umbral de daño económico” establecido para A. superciliosus y A. nodipennis, ambas especies barrenadoras de la madera. A nivel mundial, la toma de decisiones dentro del Manejo Integrado de Plagas (MIP) se basa en este concepto: un indicador cuantitativo que determina el momento exacto en el que el costo de aplicar un método de control, generalmente químico, resulta menor que la pérdida financiera proyectada.
En el caso de Aegorhinus, este indicador aún no ha sido establecido. Intentar extrapolar el daño causado por un insecto defoliador al de un barrenador de la madera constituye un error conceptual crítico. En algunos casos, la planta puede tolerar determinados niveles de remoción de tejido provocados por insectos defoliadores. Sin embargo, frente a los insectos barrenadores, cuando se comprometen los haces vasculares también se afecta la base mecánica de la planta, lo que tarde o temprano conduce a su colapso.
Si, además, se considera que cada hembra de Aegorhinus puede oviponer más de 200 huevos, resulta razonable concluir que, en la interacción entre Aegorhinus y el avellano europeo —un cultivo que requiere una elevada inversión por hectárea—, la tolerancia debería ser cero para esta plaga. Probablemente, sea una afirmación fácil de formular y difícil de llevar a la práctica, pero debería considerarse mientras no se demuestre lo contrario.
En definitiva, Aegorhinus constituye el verdadero talón de Aquiles del avellano europeo en Chile: una plaga capaz de avanzar silenciosamente mientras compromete la estructura, la productividad y la vida útil del huerto. Frente a un daño interno, acumulativo y difícilmente reversible, la estrategia no puede limitarse al control de los adultos ni comenzar cuando ya aparecen árboles debilitados.
La protección de la inversión debe iniciarse antes de la plantación, mediante el análisis del entorno, el monitoreo sistemático, la detección temprana y la integración de medidas preventivas y de control que eviten daños en el sistema vascular. Estos se traducen en una pérdida sostenida del potencial productivo, una reducción significativa del vigor de la planta, una disminución progresiva del rendimiento y, en los casos más avanzados, la necesidad de eliminar y replantar los árboles.
A diferencia de otras plagas, en las que la pérdida de frutos durante la cosecha afecta una temporada, el daño vascular causado por Aegorhinus pone en riesgo la inversión completa. Por lo tanto, en un cultivo proyectado para producir durante 15 a 20 años, anticiparse al ingreso y establecimiento de Aegorhinus no es solamente una decisión fitosanitaria: es una condición fundamental para asegurar la sostenibilidad y la rentabilidad del huerto.