Entrevista: Biotecnología, la ruta a seguir
Para Víctor Villalobos, director regional del IICA, Chile debiera determinar una política biotecnológica y definir el área donde tener un liderazgo real.
Trabajar en una estrategia a largo plazo que defina la orientación que adoptará Chile y establezca en qué rubros quiere tener un liderazgo son parte de las tareas en las que debería abocarse el país en materia de biotecnología aplicada en la agricultura. Así lo cree Víctor Villalobos, director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
En muchas naciones de la región, explica el ejecutivo, el trabajo de mejoramiento genético de ciertos cultivos está dado por problemas específicos, como plagas, enfermedades o condiciones de sequía o temperaturas extremas.
Chile dista de esa situación y por ello, cree que se debiera buscar no sólo opciones con potencial sino también que le permitan asumir un liderazgo, tal como lo ha hecho con la fruta fresca, el vino o el sector forestal. Una alternativa es el sector de los biocombustibles bioenergéticos, en particular los que provienen de los residuos de cosechas y el bioetanol de tercera generación, derivados de la celulosa y la remolacha.
En cualquier caso, señala Villalobos, es necesario que los distintos actores –agricultores, científicos, entidades públicas y privadas – evalúen y desarro- llen una política de Estado, lo que implica “definir un objetivo y el plazo en que se quiere lograr”. Y ello requiere hacer cambios profundos en tres áreas.
Primero, crear un marco legal –una ley o reglamento – que establezca las condiciones para realizar investigación científica en biotecnología, lo que dará certeza para que se realicen los estudios y se promueva esa labor. Segundo, formar una comisión consultiva que permita a los distintos actores exponer su punto de vista respecto de los riesgos y oportunidades en la incursión de las herramientas biotecnológicas.
Aquí, destaca la importancia de dar el espacio al agricultor para que exprese su punto de vista y problemas para encontrar soluciones. Por último, diseñar mecanismos de comunicación que permitan a la ciudadanía documentarse y acceder a información real basa- da en el conocimiento e investigaciones.
A diferencia de lo que ocurre en otras naciones, en Chile, el ejecutivo no detecta inconvenientes en cuanto al nivel de laboratorios y de profesionales dedicados a la biotecnología pero sí una desarticulación en la forma de trabajar. Una forma de resolverla sería haciendo un inventario de lo que hay disponible: cuánta gente trabaja en esta área; qué capacidad de equipamiento existe y qué estudios se realizan. “Es decir cuál es el verdadero potencial actual real del país y con eso qué se puede hacer, o más bien, qué se necesita para hacer lo que se está planeando”, dice. Un trabajo similar se realizó en Brasil y que se tradujo en la formación de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa).
APLICACIONES ACTUALES Y FUTURAS
A través del cultivo de tejidos, la conservación de germoplasma y más recientemente, la combinación de la ingeniería genética y la biología molecular, entre otros, la biotecnología dispone de herramientas con aplicación agrícola. Más allá del trabajo de laboratorio, Villalobos destaca que “están siendo incorporadas y adoptadas por los países, cada vez en mayor proporción, y son opciones que la agricultura tiene para palear y atender los grandes retos que enfrenta”.
Sus usos son y serán variados. Una de ellos, y que ya ocurre, es el desarrollo de alimentos inteligentes, pensados para distintos consumidores. En esta categoría están los productos con más niveles de nutrientes –aminoácidos o proteínas entre otros– atendiendo al creciente demanda de alimentos saludables. También productos que responden a los requerimientos de niños, jóvenes y adultos.
Respecto de los cultivos, el trabajo apunta al desarrollo de variedades aptas a temperaturas extremas y menor disponibilidad de agua; a suelos ácidos, con altas concentraciones de sales o bajos niveles de nutrientes.
Los aspectos sanitarios, tanto para animales como plantas, es otra de las áreas en las que se trabaja, debido a las presencia de plagas y enfermedades nuevas o más agresivas y dañinas. En el caso del control de la mosca de la fruta o el gusano barrenador, a través de la esterilización por radiación de machos y hembras. Pero agrega que se requieren nuevos avances para que el control sea más eficiente. “Si existiera un mecanismo biotecnológico que nos permitiera afectar la esterilización del macho, se mejoraría en un 50% (la aplicación) de la tecnología”, indica.
Para mitigar ese impacto, Villalobos insiste que es necesario “disponer de la capacidad y del acceso a los genes que nos permitan incorporar los mecanismos de resistencia a las plantas que están siendo expuestas a enfermedades más extensas”. Es el caso de Centroamérica con la roya que ha causado millonarias pérdidas a los pequeños productores de café. Mientras, en Brasil, se trabaja para enfrentar la plaga del Huanglongbing (HLB) en los cítricos.
Ante la presión que ello causa en los agricultores por el impacto en los cultivos y rendimientos, se requiere acceder “a variedades en forma más rápida y dirigida. Y eso sólo la biotecnología y la ingeniería genética –en la que se ubican los cultivos transgénicos– nos lo pueden dar”. Un programa de mejoramiento genético convencional demora cerca de doce años mientras que con la biotecnología ese tiempo se reduce a un año y medio o dos. Por eso, el tiempo de la biotecnología es hoy.
