Escasez hídrica y baja rentabilidad empujan el abandono de cultivos en Limarí

Productores reducen superficies o dejan de sembrar ante un escenario marcado por la falta de agua, el alza de costos y la incertidumbre económica.
Abril 28, 2026

La agricultura en la provincia de Limarí, Región de Coquimbo, atraviesa un proceso de transformación silencioso, pero cada vez más evidente. De acuerdo con información publicada por BioBioChile, cultivos tradicionales como alcachofas, mandarinas, paltos, uva y kiwi han reducido significativamente su presencia en el territorio, en un contexto marcado por la escasez hídrica, el aumento de costos y una rentabilidad cada vez más incierta.

En distintas comunas de la provincia, la imagen comienza a repetirse: predios que antes estaban en plena producción hoy muestran superficies reducidas o derechamente abandonadas, reflejando el impacto acumulado de años de sequía y dificultades productivas.

Ajustes forzados en el campo

Para muchos agricultores, la única alternativa ha sido disminuir la superficie cultivada o cambiar de rubro. En la comuna de Río Hurtado, la productora Ingrid Valenzuela relata decisiones que hace algunos años parecían impensadas.

“Dí de baja 16 hectáreas de mandarina”, explicó, en referencia a uno de los periodos más críticos de la sequía. A esto se suma una reducción sostenida en paltos, en un proceso que aún continúa.

El problema de fondo es la falta de agua. “Este año pudimos regar cinco veces, no más”, señaló, advirtiendo que en esas condiciones “no hay ningún cultivo rentable en este momento”.

Producción de subsistencia

La realidad se repite en otras zonas. En Monte Patria, la agricultora y dirigente Jessica Carrizo describe un escenario donde los pequeños productores han debido reducir drásticamente su escala.

“De dos hectáreas pasamos a sembrar una y, a veces, media hectárea”, comentó, señalando el fuerte aumento de los costos de insumos como uno de los factores determinantes.

Ante este contexto, muchos han optado por cultivos de ciclo corto —tomate, papa, sandía o melón— como una forma de sostener la actividad, aunque con márgenes limitados.

“No sembré haba por el costo de la bencina. No conviene sembrar poco”, explicó, agregando que varios agricultores han optado por abandonar la actividad. “Hay muchos de la zona que ya dejaron de sembrar”.

Cultivos tradicionales en retroceso

El cambio también se refleja en la desaparición progresiva de especies históricas en la zona. Desde Tulahuén, el agricultor Ricardo Villalobos advierte que cultivos como el kiwi o la alcachofa han perdido terreno de manera sostenida.

“Antes había mucha plantación de alcachofas, hoy se ven muy pocas. Todo depende del agua y estas plantaciones requieren mucha”, indicó.

A la presión hídrica se suma el factor mercado. Según explica, cultivos como la uva —tanto pisquera como de exportación— han dejado de ser atractivos debido a la caída de precios y a las dificultades de comercialización.

“Hoy en día no hay nada en lo que invertir que pueda tener una buena rentabilidad”, afirmó.

Predios abandonados y migración rural

Uno de los efectos más visibles de esta crisis es el aumento de predios abandonados. En Río Hurtado, el agricultor Alfonso Díaz observa cómo esta situación se ha ido expandiendo en el territorio.

“Hay una gran cantidad de huertos abandonados”, señaló, vinculando este fenómeno tanto a la falta de agua como a cambios en las condiciones climáticas, especialmente a la disminución de las precipitaciones en sectores cordilleranos.

El impacto, sin embargo, va más allá del ámbito productivo. “La gente se está yendo a trabajar a la minería”, advirtió, lo que evidencia un proceso de migración desde el mundo rural hacia otras actividades económicas.

Un cambio estructural en curso

Aunque las condiciones varían según el tamaño de los predios y el acceso a recursos, los testimonios coinciden en un diagnóstico: la agricultura del Limarí enfrenta un escenario cada vez más complejo.

La combinación de escasez hídrica, altos costos y baja rentabilidad está impulsando una reducción progresiva de la actividad, con cultivos que desaparecen, superficies que se achican y una creciente salida de productores del sistema.

De mantenerse estas condiciones, advierten en la zona, el proceso podría profundizarse en los próximos años, consolidando un cambio estructural en el paisaje agrícola de la provincia.