Especial Agua y Riego: Precisión hídrica

Cuáles son las estrategias que han convertido al Grupo Jorge Schmidt, principal exportador de palto y cítricos, en un referente del manejo eficiente del agua.
Septiembre 29, 2025

El Grupo Jorge Schmidt ha sabido transformar el desafío que supone el manejo del agua en una ventaja competitiva. Con más de 2.500 hectáreas de paltos, cítricos y cerezos bajo riego tecnificado al 100%, la empresa productora y exportadora ha desarrollado un modelo integral que combina tecnología de precisión con experiencia de campo para maximizar cada gota.

“Para nosotros, el manejo eficiente del agua y la nutrición vegetal constituye un pilar estratégico que determina la viabilidad futura del negocio”, explica Jaime Bories Vargas, ingeniero agrónomo, encargado del Departamento Técnico del Grupo.

La empresa reconoce que la disponibilidad y gobernanza del agua en Chile es un tema crucial para mantener un modelo de producción competitivo. Por ello, han adoptado una visión de largo plazo, donde el agua es un foco de acción y es gestionada como un recurso escaso, valioso y compartido. Esta filosofía se traduce en inversiones concretas: telemetría en todos los campos, medición de huella hídrica desde 2021, y participación activa en las redes locales de gestión de cuencas.

Una red de precisión agronómica

Debido a su sensibilidad a la asfixia radicular, el palto prefiere suelos livianos y drenados. Sin embargo, lo que predomina en el Valle del Aconcagua, donde el Grupo desarrolla su actividad, son suelos franco-arcillosos a arcillosos, lo que genera un gran desafío en el manejo del riego. Los mandarinos, en cambio, son menos exigentes y se adaptan a condiciones diversas. 

Dada la gran heterogeneidad de suelos, implementan un mapeo constante a través de la revisión de calicatas y análisis de suelo. Esto permite a los especialistas en programación de riego gestionar de manera independiente tiempos y frecuencias, lo que impacta directamente sobre otras condiciones de manejo. 

El clima también desempeña un rol fundamental. A medida que se ingresa en la temporada estival, la evapotranspiración aumenta, elevando los requerimientos hídricos de las plantas. “Dentro de un mismo predio se pueden generar evapotranspiraciones completamente diferentes, pudiendo encontrar zonas con hasta un 25% más de evapotranspiración que otras”, detalla Bories. Estas variaciones se dan generalmente por la ubicación, exposición, cota e incidencia del viento en cada sector de riego (Gráfico 1). 

La programación del riego sigue patrones específicos según especie y etapa fenológica. En paltos, uno de los períodos más críticos ocurre durante la floración y cuaja (septiembre-noviembre). La temperatura de los suelos comienza a subir, la transpiración de panículas y nuevos brotes es elevada, y la evapotranspiración va en aumento. No obstante, la dotación de riego no debe ser excesiva: se debe mantener la planta hidratada y frenada, evitando que el brote vegetativo compita por carbohidratos con el proceso de cuajado.

“El peak de riego coincide con el crecimiento de la fruta entre noviembre y febrero, cuando determinamos la potencialidad del calibre y estimulamos la brotación de verano, la cual concentrará la oferta de flores para la próxima temporada”, explica el especialista.

Durante el crecimiento del otoño (fines de febrero-mediados de mayo) tiene lugar el segundo período más crítico y complejo en términos de ajustes de riego, especialmente durante las primeras 4-5 semanas, momento en que la evapotranspiración se mantiene, por lo general, elevada. La máxima tasa de crecimiento del fruto continúa mientras comienza un tercer flush de crecimiento vegetativo. En esta etapa, el objetivo es que este brote tenga un desarrollo moderado y madure temprano, promoviendo una temprana diferenciación para la siguiente temporada. Para ello, se disminuye gradualmente el aporte de agua buscando generar un leve estrés hídrico que indique a la planta el inicio del receso invernal. 

El receso comienza entre fines de mayo y fines de agosto. Durante este período, el objetivo es mantener apenas la humedad suficiente para no afectar el desarrollo de la planta, regando cuando los suelos se acercan al 80% de agotamiento de humedad aprovechable. Por lo general, estos meses concentran el mayor porcentaje de precipitaciones, lo que reduce aún más las necesidades de riego, con demandas evapotranspirativas que pueden ser menores de 1-1,5 mm/día en promedio. No obstante, en inviernos cálidos, puede ser necesario mantener un aporte constante; en todo caso, lo más importante es restringir a la planta para promover la formación de yemas florales.

En mandarinos W. Murcott, la estrategia varía de cierta manera. El período de brotación y cuaja comienza a principios de septiembre-fines de octubre. El riego define el inicio de la brotación, una vez que el riesgo de heladas ha disminuido. Tal como ocurre con el palto, en este período se procura encontrar un equilibrio que mantenga a la planta con un suministro de agua relativamente restringido para evitar una expresión de vigor excesiva, que podría afectar el cuajado. 

En noviembre y diciembre tiene lugar un período de caída fisiológica: el consumo y el aporte hídrico aumentan progresivamente, en coincidencia con el inicio de las tasas evapotranspirativas máximas. Aunque la tasa de reposición aumenta, debemos mantener cierta restricción hídrica para evitar una sobreexpresión vegetativa —característica de la variedad— que podría resultar en una caída fisiológica excesiva de frutos. 

De enero a marzo se produce el llenado de la fruta, etapa crucial para definir el calibre del fruto, que coincide con el período de máxima reposición de riego. 

Entre abril y agosto, en precosecha y cosecha, comienza nuevamente la restricción hídrica para ir madurando la brotación de verano-otoño. Aunque el crecimiento del fruto sigue siendo elevado en las primeras semanas de este periodo, es vital controlar el desarrollo vegetativo para promover el quiebre de color de la fruta. Luego, en las semanas previas a la cosecha, se deberá restringir el riego al máximo para que la fruta termine de tomar color y que la acidez se mantenga estable. Este manejo es particularmente delicado, ya que suele coincidir con el período de mayores precipitaciones en la zona.

Si bien la estrategia de riego en ambas especies es similar a largo de la temporada, un manejo inadecuado puede traer consecuencias diferentes: el sobrerriego en mandarinos (sin llegar a extremos de asfixia) redunda en un crecimiento vegetativo exuberante, con problemas como la mayor incidencia de plagas, altos costos de poda, dificultades en la toma de color y una rápida caída de acidez en la fruta, aunque sin comprometer la integridad de la planta. En cambio, un error de sobrerriego en paltos provoca un decaimiento generalizado del huerto, una merma considerable de la producción y dificultades para su recuperación posterior (Gráfico 2). 

Del dato a la decisión

Para Bories, la tecnología “es una herramienta de apoyo, jamás un reemplazo de la observación crítica en terreno”. El Grupo Jorge Schmidt mantiene una estructura basada en la presencia de un especialista en programación cada 100 hectáreas, que recorre los campos diariamente analizando calicatas antes de tomar decisiones. Es el responsable de programar la frecuencia y duración del riego, además de organizar y gestionar labores operativas críticas, como la mantención de las líneas de riego, aforos y descoles.

“Las decisiones más acertadas provienen de las personas, que contrastan los datos obtenidos a partir de sensores con la realidad del huerto”, enfatiza. Esta filosofía se extiende a toda la operación: hay un responsable de software cada 200 hectáreas; un operario encargado de revisión y descoles cada 18 hectáreas, y líderes de equipo por especie en cada campo.


El mapeo constante del suelo mediante la revisión de calicatas permite ajustar tiempos y frecuencias de riego según cada unidad de manejo.

“Hemos explorado tecnologías diversas, como el uso de imágenes multiespectrales aéreas (NDWI, NDVI), dendrómetros y bombas de Scholander. También recurrimos a herramientas prácticas que nos entregan datos relevantes en tiempo real para apoyar la toma de decisiones, como bandejas evaporimétricas y estaciones meteorológicas”, detalla Bories. 

El corazón del sistema radica en una red de 19 estaciones meteorológicas distribuidas en forma estratégica a razón de 1 cada 130 hectáreas, que ofrecen información precisa y localizada sobre variables climáticas como temperatura, humedad, viento, radiación solar y evapotranspiración.

“Además, utilizamos sensores de humedad, tensiómetros, sondas de capacitancia y sondas portátiles TDR que nos permiten monitorear el estado hídrico del suelo”, agrega. 

Para analizar parámetros de nutrición y salinidad usan sondas de extracción de solución, equipos portátiles para medir CE y análisis constantes de suelo y foliares que nos permiten ajustar las estrategias a lo largo de la temporada. 

Nutrición de precisión

En la producción de palto el nitrógeno es el elemento más importante, ya que una correcta gestión influirá directamente en el rendimiento y calidad de la fruta. El nitrógeno interviene desde el desarrollo de brotes, floración, cuaja e, incluso, en la vida poscosecha. 

“Aunque se mantiene una aplicación constante de este elemento, su programación es la que más modificaciones sufre a lo largo de la temporada. En general, manejamos dos peaks de aporte: el primero en post cuaja hasta fines de enero, para promover el desarrollo del primer flush de crecimiento vegetativo que nutre a la fruta en crecimiento y estimula el segundo flush de crecimiento vegetativo de verano, que asegurará el material para florecer la siguiente primavera”, distingue. 

En el segundo peak (mediados de abril y mayo) se realiza como fertilización de reserva, permitiendo que la planta, con un metabolismo ya reducido, redirija la energía hacia tejidos de reserva como raíces, ramas, ramillas y hojas maduras.

“Nuestras evaluaciones han determinado que una concentración cercana a 2 meq/l de nitrato de amonio es la más eficiente para mejorar la absorción del elemento y minimizar pérdidas por lixiviación”, señala. 

El calcio es otro nutriente fundamental, ya que aporta firmeza y estructura a la pared celular del fruto, lo que se traduce en una mejor calidad poscosecha, una vida útil más prolongada y una menor incidencia de daños. Pero más importante aún es la relación nitrógeno/calcio, la cual debe mantenerse por debajo de 22 para asegurar una óptima calidad. En este caso, el agua de riego de la cuenca del Aconcagua aporta una cantidad más que suficiente, permitiendo alcanzar las 600 ppm de calcio en fruta a la cosecha, asegurando el cumplimiento de la relación mencionada anteriormente.

El potasio es el elemento que la palta extrae en mayor cantidad y está directamente relacionado con el crecimiento de la fruta y otros procesos fisiológicos. La estrategia del Grupo consiste en alcanzar el potencial de crecimiento de fruta en diciembre, enero y febrero, lo que coincide con el peak de aporte del elemento. Para optimizar la absorción, utilizan 4 meq/l de nitrato de potasio para lograr una relación correcta de Ca/K/Mg en solución suelo.

En cuanto a fósforo y microelementos, mantienen un aporte constante de fósforo durante la temporada, con aumentos específicos durante los peaks de crecimiento radicular. Además, realizan aplicaciones de zinc y boro, antes y durante la floración, que se repiten durante el crecimiento vegetativo de otoño (Gráfico 3). 


En mandarino W. Murcott, el nitrógeno es vital para el crecimiento vegetativo, el desarrollo de la floración y el cuajado de la fruta. Sin embargo, su exceso es perjudicial, ya que puede retrasar la coloración de la fruta, reducir el contenido de sólidos solubles y aumentar la susceptibilidad a enfermedades. El desafío es aplicar la dosis justa para mantener un vigor controlado sin sacrificar calidad. 


En mandarino W. Murcott, el nitrógeno es vital para el crecimiento vegetativo, el desarrollo de la floración y el cuajado de la fruta. El desafío es aplicarlo en la dosis justa.

El programa nutricional comienza con dosis bajas de nitrógeno en septiembre y octubre hasta alcanzar el peak de aporte durante diciembre y enero. Luego, a fines de febrero, se elimina por completo de los programas, promoviendo una buena terminación de la fruta. 

En virtud de la calidad del agua, el potasio, crítico para la obtención de fruta de calidad, es el elemento que más se aporta. Está directamente relacionado con un incremento del tamaño final del fruto, el contenido de sólidos solubles, la toma de color y el fortalecimiento de la piel de la fruta. Se ha determinado que una concentración de 4 meq/l de nitrato de potasio es la óptima para aplicaciones desde noviembre hasta febrero. Posteriormente, para eliminar el aporte de nitrógeno, cambian de fuente a sulfato de potasio, manteniendo la misma concentración del elemento.

Un buen nivel de magnesio es crucial para el transporte eficiente de carbohidratos desde las hojas hacia el fruto, lo que se traducirá en un mayor contenido de sólidos solubles y en un mejor sabor. El peak de aporte ocurre entre septiembre y diciembre, con algunas aplicaciones que permiten nutrir el flush vegetativo de otoño si los análisis foliares así lo indican.

Tal como ocurre con el palto, el calcio desempeña un papel fundamental en la integridad estructural de la fruta, lo que se traduce en una mayor firmeza y en una menor susceptibilidad a enfermedades y daños. Dada la calidad del agua de riego, no es necesario realizar aportes externos: el riego por sí solo aporta más de 700 UCaO/ha por temporada (Gráfico 4). 

Sostenibilidad e innovación

Desde hace 10 años, en Grupo Jorge Schmidt utilizan micorrizas y otros consorcios microbianos para la inoculación de plantines en vivero, promoviendo el crecimiento de raíces y el desarrollo general de la planta. Esta iniciativa complementa la estrategia de manejo que, desde hace 12 años, incluye la aplicación de ácidos húmicos. Con una dosis de 200 l/ha/temporada, han logrado resultados excepcionales en estructuración de suelo y estimulación radicular. 

Además, dedican un gran esfuerzo a la mantención e incorporación de flora nativa en sus huertos y quebradas aledañas. Esta labor fomenta la proliferación de una gran variedad de abejas nativas, moscas y otros insectos, lo que refuerza significativamente el proceso de polinización en paltos. 

Por otra parte, han implementado un sistema que transforma el descarte de mandarina (cuando no cumple con los estándares comerciales ni de donación a Red Alimentos) en un recurso valioso. A través de un acuerdo con un tercero especializado, estos desechos son procesados para generar un compost de alta calidad que reintroducen en los campos. De esta manera, reducen el desperdicio y el impacto ambiental, pero además mejoran la condición de suelos de algunos huertos que se recuperan con la utilización de esta enmienda. 

La evaluación de la eficiencia de uso de agua y nutrientes es una prioridad operativa y estratégica para el Grupo. “Medimos nuestras huellas hídricas y de carbono, además de contar con un sistema de monitoreo basado en indicadores técnicos y certificaciones externas que nos permiten medir, comparar y mejorar continuamente nuestro desempeño agronómico y ambiental. Entre los indicadores técnicos destacan el volumen de agua por kilo de fruta producida; el volumen de agua aplicado por superficie cultivada; la huella hídrica (azul, verde y gris), la huella de carbono (alcance 1, 2 y 3) y los kilos de fertilizante utilizados por tonelada de fruta”, resume. 

Al mismo tiempo, mantienen certificaciones y estándares internacionales que les han permitido mejorar su plan de gestión del agua, centrado en la protección y optimización del recurso en la cuenca del Río Aconcagua, donde la sequía es un desafío constante. Sus certificaciones son: SPRING, Rainforest Alliance, LEAFE Marque y Global G.A.P.

Otro aporte a la sostenibilidad es el uso de Informes de Sostenibilidad y métricas ESG, que les permiten incorporar indicadores específicos de eficiencia hídrica y gestión responsable de insumos, promoviendo una agricultura más sustentable y respetuosa con el entorno. 

“La escasez hídrica y su impacto en la salinidad nos obligan a efectuar un manejo ultrapreciso en el uso de los recursos. Sin embargo, entendemos que el principal desafío no está en la captura de datos, sino en su procesamiento, que permite generar información útil y accionable. El verdadero avance se producirá cuando la tecnología se convierta en una extensión natural del trabajo en terreno, entregando información relevante en tiempo real, que valide y potencie las decisiones de quienes conocen el campo en detalle”, concluye.