Especial Cerezas: una tríada de calidad

El calibre es uno de los principales requisitos del mercado chino para la cereza. Sin embargo, no es lo único que se debe trabajar; hay más factores que conforman la calidad y que van de la mano, tales como el dulzor y la firmeza.
Enero 7, 2026

Hablar de cerezas chilenas es hablar de China y referirse a este mercado es tener el calibre de la fruta en el centro de la conversación. Tamaños grandes, específicamente de 2.J hacia arriba, es lo que suele escucharse. Sin embargo, un aspecto clave que todo el ecosistema de la producción local debe entender es que se trata de un resultado multifactorial, por lo que no se deben descuidar otros aspectos igualmente relevantes al evaluar la calidad de la fruta nacional.

Se trata, entonces, de una tríada conformada por calibre, firmeza y dulzor. Así lo observa el asesor técnico y consultor Walter Masman, quien recuerda que con el devenir de la temporada se han encontrado con variedades con muy buenos calibres y, sin embargo, ha faltado azúcar o firmeza, por lo que no se ha vendido de la misma manera. “Indudablemente que la fruta tiene que estar sana, es lógico, pero estos parámetros de calidad, es decir, calibre, firmeza y azúcar, son absolutamente demandados y todo va en conjunto. No saco nada con mandar algo grande, pero blando, porque no te lo compran”, aclara.


Estalin Álvarez, asesor experto en cerezos y uvas

Con esta postura coincide Estalin Álvarez, asesor especializado en cerezos y uvas, quien no cree que sea conveniente acotar o enfocarse solo en algunos factores como ejes del resultado, ni separar conceptos de calidad de condición. “Deben ir de la mano y ser uno solo. Podemos tener una fruta excelente, pero si no se controlan con el mismo esmero los otros factores, el resultado puede ser desastroso. Una detección de lobesia te deja fuera de mercados importantes, y los problemas de condición a la llegada dan como resultado un resultado negativo.

Siempre les señalo a los productores que la ‘carrera’ no termina con la cosecha, sino que, cuando se concluye la venta de la fruta en destino”, comenta y añade que otros factores a considerar pasan por el equilibrio entre acidez y dulzor y la deshidratación, ya que los pedicelos verdes son un atributo que define la venta.

La pregunta, entonces, pasa por cómo lograr el equilibrio en cada uno de estos puntos.

AJUSTES QUE SE ADAPTAN

En primer lugar, para obtener un buen calibre, un aspecto clave es el ajuste de carga bien regulado. Según explica Masman, hoy en día, para que muchas variedades cuenten con más del 70% de la fruta en torno al calibre 2J o de 28 mm hacia arriba, los árboles deben estar ajustados a un número de centros frutales por árbol o por rama, un número que también depende de diferentes factores, tales como las densidades de plantación y las combinaciones de variedad/portainjerto.

A modo de ejemplo, indica que en el caso de una Lapins, se puede obtener fruta de buen calibre con potenciales superiores a 14 o 16 toneladas por hectárea, lo que no necesariamente va a ser igual para una variedad temprana, que posee un período más corto de flora a cosecha. De esta manera, enfatiza en que en virtud de los potenciales productivos de cada variedad y la combinación con un portainjerto, se adaptan los ajustes de carga tempranos en invierno, donde se poda a un cierto número de centros frutales por árbol.

En este sentido, Enrique Turri, gerente general de Agrícola Convento Viejo, añade que una variedad como Santina cuenta con un potencial de entre 12 y 16 mil kilos por hectárea para tener una fruta de buen calibre, buena firmeza y que tome el grado de azúcar que se requiere para llegar al mercado chino.

Respecto al potencial ideal y considerando las exigencias de China, Álvarez indica que no existe un número estándar, sino que es un parámetro que define el vigor de las plantas. “Hay predios en buen suelo con portainjertos vigorizantes que pueden alcanzar fácilmente 18 mil kilos por hectárea en Lapins, con excelentes resultados. Por el contrario, plantas en suelos livianos o poco fériles, con portainjerto desvigorizante, probablemente a partir de los 12 mil kilos, ya muestren efectos negativos en la calidad y la condición”, aclara.

Relacionado con este punto, el experto se refiere también a las estrategias de poda, labor que, a su juicio, se debe realizar uniformando estructuras soportantes de buen vigor y no solo estableciendo una relación aritmética. “No es lo mismo 350 dardos por planta en ramillas de distinto grosor o, peor aún, un número fijo para plantas de distinto vigor”, enfatiza.


Dardo después del raleo. El raleo de yemas busca mejorar el calibre y calidad de la fruta mediante la eliminación de yemas florales excedentes en un mismo punto. El momento idea es al inicio de yema hinchada. Crédito: Maxma Asesorías.

MANEJOS Y APLICACIONES

El ajuste de carga, como se mencionó recientemente, está directamente relacionado con el tamaño de la cereza, pero también generará mejoras en azúcar y firmeza, pues van de la mano. Posterior a ello se suman entonces, distintas prácticas con las que el productor podrá enfrentar las condiciones a las que estará expuesto el árbol.


El potencial productivo de una variedad está determinado por una serie de factores, entre los que destaca el vigor.

Según recuerda Masman, algo que se ha observado en las últimas tres temporadas es que, muchas veces, los productores parten con suelos con un alto nivel de agua, producto de las lluvias. En estas condiciones, comienzan la floración o las cuajas, por lo que en adelante dependerá de los manejos que se realicen para no generar un mayor estrés en el árbol. “Un productor que no sepa regar en ese minuto, que esté entregando agua de más o al revés, que falte, indudablemente, va a generar una condición adversa para la planta que no le va a permitir un buen desarrollo del crecimiento vegetativo. A través de los manejos, por ejemplo, midiendo y observando los niveles de humedad del suelo, el trabajo permitirá que la planta se mantenga en una condición de estrés o que salga de ella”, explica.

Al ajuste de carga y a este tipo de manejos se suman, finalmente, las aplicaciones, que también desempeñan un papel en el desarrollo del calibre. Según comenta Masman, el uso de bioestimulantes en general, ayudan al desarrollo de calibre, y se refiere específicamente al uso de productos en base a algas y moléculas sintéticas como el PBZ.

“Hay muchos sub productos de algunas formulaciones o fermentaciones, que también ayudan en el desarrollo a nivel de crecimiento del fruto. Hay varios caminos del punto de vista aplicaciones que efectivamente aportan, lo importante es saber cuándo son los momentos más adecuados para aplicarlas”, añade.

EL ROL DE LA GENÉTICA

Todas las medidas que se han mencionado son prácticas que pueden implementar los productores en pos de mejorar no sólo el calibre, sino también el resto de los factores que se valoran en una cereza y que conforman la calidad de esta. Pero no se deben olvidar del papel que desempeña la genética, pues hay variedades que, per se, son más calibradoras.

A juicio de Masman, Lapins, Nimba y Skeena, destacan como variedades de muy buen calibre y alto potencial genético, mientras que Santina se ubica en un nivel medio. Por su parte, Royal Dawn y Bing poseen, a su juicio, potenciales genéticos bajos. En tanto, para Enrique Turri, Santina, Lapins, Kordia y Regina son variedades que pueden mantener buenos calibres dependiendo de los kilos que se le dejen o produzcan. En este sentido, destaca que, efectivamente, la genética es un elemento que define el potencial de calibre, pero que el hecho de lograrlo o no dependerá del manejo que realice el productor. “Si la pusiste en el suelo equivocado y, además, como cuaja mucho, no haces ningún tipo de raleo; vas a tener calibre chico, pero no es que la variedad sea per se chica”, comenta.


Walter Masman, asesor técnico y consultor, director de Maxma Asesorías

Considerando la genética y sus potenciales productivos, así como los manejos necesarios, en Agrícola Convento Viejo se realizó una nueva cosecha de Santina, la cual se calificó como positiva. En este sentido Turri enfatiza en que el manejo a realizar está definido por el vigor del árbol, manejo de riego y de fertilizaciones; lo que les permitió tener una cuaja normal. Aclara que ello, a su vez, dependerá de la acumulación de frío y la presencia, o no, de heladas.

“La Santina, en general, este año está produciendo menos de lo habitual, pero en nuestro caso nos fue bien. Tuvimos 16 mil kilos por hectárea porque no nos heló y porque contamos con un sistema de manejo de cobertores plásticos que nos permitió salir en buena fecha y tener un buen rendimiento”, comenta, añade que en esta variedad en particular, sobre el 80% de la fruta se encuentra con un calibre de 2J hacia arriba.

En la temporada 2024/25 hubo muchas lecciones por aprender en torno a las exportaciones de cerezas a China, incluida la escasa valoración de los calibres pequeños y la heterogeneidad de la fruta. Hay distintos caminos, con sus propias medidas, que conducen a alcanzar el calibre que exige este mercado. Si embargo, el aprendizaje ahora pasa por considerar que no sólo el tamaño importa, es un conjunto de factores que van de la mano y que conforman la calidad que caracteriza a la fruta chilena.