Estrategias de manejo integrado del suelo y la nutrición en avellano europeo 

El suelo, la nutrición, y la actividad biológica permiten aumentar la eficiencia en el uso de nutrientes, fortalecer el desarrollo radicular y reducir el impacto de los factores de estres que limitan el potencial productivo del avellano europeo.
Julio 14, 2026

Por: Rodrigo Ortega Blu, PhD, María Mercedes Martínez, PhD, Universidad Técnica Federico Santa María 

En Chile, el avellano europeo se encuentra plantado en una gran diversidad de climas y suelos, desde la región del Maule al sur. Los órdenes de suelo más frecuentes son inceptisol, alfisol, andisol y ultisol, cada uno con distintas características y problemáticas en cuanto a su calidad. Por sus características agronómicas, tales como el hábito de crecimiento y la elevada biomasa de tejidos que produce, el avellano responde muy bien a prácticas de manejo integrado o regenerativo del suelo y de la nutrición.

Esta especie es capaz de establecer asociaciones simbióticas micorrícicas, particularmente con hongos de micorriza arbuscular y con hongos ectomicorrícicos. Estas asociaciones mejoran la absorción de agua y nutrientes, favorecen la fotosíntesis y contribuyen a la tolerancia frente al estrés ambiental

Diagnóstico de la calidad del suelo 

Para iniciar un manejo integrado del suelo y de la nutrición del avellano, es necesario partir de un buen diagnóstico de las limitaciones del suelo en cada caso. Existen dos alternativas para ello: 

  1. Muestreo compuesto. Recolectar una muestra de suelo compuesta a la profundidad de diagnóstico (0-30 cm). Para estimar el promedio con un 10% de error, es necesario recolectar un mínimo de 20 submuestras/muestra, idealmente en un patrón sistemático (grilla), cubriendo todo el cuartel o sector de riego. Una muestra compuesta no debería representar más allá de 10 ha. La principal ventaja de este sistema es su bajo costo/ha, mientras que su principal limitación es que representa el valor promedio, lo que no describe adecuadamente la realidad de la totalidad del área muestreada.  
  1. Mapeo detallado de suelos. Conocer la distribución completa de la calidad de los suelos de un cuartel determinado es ideal para definir adecuadamente no solo las limitantes, sino también dónde se encuentran dentro del cuartel y qué área representan. Esto permite ranquear las limitantes y focalizar los manejos donde corresponde. Si bien es cierto, la inversión inicial es mayor que en el caso de una muestra compuesta, su uso es absolutamente rentable, dada la focalización de las enmiendas y la eliminación o control de los factores limitantes que permiten la homogeneización del huerto y la expresión de los rendimientos. El mapeo detallado de suelos puede realizarse tanto para nuevas plantaciones como para huertos en producción (Figura 1). 
Variabilidad espacial de propiedades del suelo en un huerto adulto de avellano europeo. Suelo Andisol, Región de Los Lagos. SOC=carbono orgánico del suelo. Mapas realizados con la tecnología de emisión de radiación gamma. 

La mejor época para recolectar muestras de suelo o mapearlo es luego de la cosecha en otoño, lo que permite realizar las enmiendas invernales. 

Los análisis mínimos recomendados son los siguientes: 

  • Físicos: textura, constantes hídricas del suelo (saturación, capacidad de campo y punto de marchitez permanente: 
  • Químicos: pH, conductividad eléctrica, materia orgánica, N disponible, P extraíble, K extraíble, bases de intercambio y micronutrientes. 
  • Bioquímicos: actividad enzimática (β-glucosidasa, hidrólisis del diacetato de fluoresceína (FDA), deshidrogenasa, etc.) 
  • Biológico: respiración de suelos, diversidad genética, relación hongos/bacterias, etc. 

LIMITACIONES EN SUELO

Las principales limitaciones observadas en suelos destinados al cultivo de avellano europeo se asocian a condiciones fisicoquímicas que restringen la actividad biológica aeróbica, el desarrollo radicular y la disponibilidad de nutrientes. Entre las más relevantes se incluyen: 

  • pH ácido, que puede afectar la disponibilidad de nutrientes esenciales y aumentar la solubilidad de elementos potencialmente tóxicos (Al, Mn y Cu). 
  • Baja capacidad de intercambio catiónico (CIC), que limita la capacidad del suelo para retener y suministrar nutrientes catiónicos. Un suelo de baja capacidad de buffer es más susceptible a la toxicidad de los metales. 
  • Drenaje interno deficiente, que favorece la saturación hídrica y reduce la aireación del sistema radicular. 
  • La compactación del suelo, que restringe la penetración de raíces, disminuye la porosidad y limita el movimiento de agua y gases. 
  • Toxicidad por manganeso (Mn), comúnmente asociada a condiciones de anaerobiosis y pH ácido, que incrementan la disponibilidad de este elemento a niveles fitotóxicos. 
  • Toxicidad por cobre (Cu), generalmente vinculada a acumulaciones derivadas del manejo agronómico o a condiciones específicas del suelo. 
  • Bajos niveles de calcio (Ca) y magnesio (Mg) afectan la estructura del suelo, la estabilidad de los agregados, el adecuado funcionamiento fisiológico de la planta, su tolerancia al estrés y la calidad de la fruta. 

Estas limitaciones pueden presentarse de forma conjunta o individual y comprometer significativamente el rendimiento y la longevidad del cultivo si no se gestionan adecuadamente. 

Anaerobiosis 

Es uno de los problemas más comunes observados en el avellano, especialmente en suelos arcillosos o de drenaje lento. Los factores condicionantes son: 

  • Textura del suelo: suelos con alto contenido de arcilla presentan menor macroporosidad, lo que restringe el intercambio gaseoso. 
  • Estructura del suelo: una estructura degradada, con agregados inestables o afectada por la compactación, reduce la continuidad y conectividad de macroporos, limitando la difusión de oxígeno y favoreciendo la acumulación de agua en el perfil. 
  • Alta actividad microbiana aeróbica: en condiciones de disponibilidad de sustratos lábiles y humedad elevada, la respiración microbiana puede consumir rápidamente el oxígeno disponible, generando condiciones reductivas. 
  • Precipitaciones intensas: generan saturación temporal o prolongada del perfil. 
  • Riego excesivo o mal manejado: favorece la acumulación de agua y el desplazamiento del oxígeno del suelo. 

La anaerobiosis genera una serie de efectos negativos sobre el sistema suelo–planta, comenzando por la disminución de la disponibilidad de oxígeno (O₂) en la rizósfera, lo que afecta directamente la respiración radicular. Paralelamente, se incrementa la presencia de formas reducidas de hierro (Fe²⁺) y manganeso (Mn²⁺), que pueden alcanzar concentraciones fitotóxicas. También se producen pérdidas de nitrógeno (N) mediante procesos de desnitrificación, reduciendo la eficiencia en el uso de fertilizantes. Cuando hay materiales orgánicos lábiles, como guanos estabilizados, se favorece la formación de compuestos fitotóxicos, entre ellos ácidos orgánicos como el acético, butírico, propiónico y fórmico, así como el sulfuro de hidrógeno (H₂S), que inhiben el crecimiento radicular. Como consecuencia, disminuyen la formación y la funcionalidad de las raíces finas, lo que reduce la capacidad de absorción de agua y nutrientes. A su vez, el debilitamiento del sistema radical y la proliferación de microorganismos anaerobios o facultativos aumentan la susceptibilidad de las plantas a patógenos del suelo. 

Agricultura regenerativa 

La agricultura regenerativa (AR), surgida en la década de 1970, es un enfoque de manejo orientado a resultados más que a la aplicación de prácticas predeterminadas. Su objetivo es mantener o aumentar la productividad agrícola a largo plazo, promoviendo simultáneamente la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y el secuestro de carbono en el suelo. Este enfoque reconoce al suelo como un sistema vivo y dinámico, cuya funcionalidad biológica, física y química constituye la base de la sostenibilidad productiva.  

Su implementación es un proceso gradual que incorpora prácticas, innovaciones y tecnologías adaptadas a cada realidad productiva. Aunque comparte principios con la agroecología y la agricultura orgánica, como la protección del suelo, la diversificación biológica y el fortalecimiento de procesos naturales, la AR es menos prescriptiva y permite el uso estratégico de tecnologías modernas, incluidos fertilizantes sintéticos y plaguicidas, cuando contribuyen a objetivos regenerativos.  

Entre sus principales atributos destaca la generación de externalidades ambientales positivas, como la mejora de la calidad del suelo, la captura de carbono, la regulación hídrica y una mayor resiliencia de los agroecosistemas frente a desafíos climáticos y productivos. 

Estrategias para aumentar la disponibilidad de nutrientes, su absorción y la tolerancia al estrés  

Las estrategias para optimizar la nutrición y la resiliencia del avellano europeo se basan en un enfoque integrado de manejo del suelo y la planta, considerando tanto la oferta como la eficiencia de uso de los nutrientes y que pueden resumirse en los siguientes manejos: 

  • Enmiendas de suelo y ajuste de fertilización: Corrección de limitantes químicas (pH, Ca, Mg) y físicas (yeso agrícola, subsolado) y ajuste de las dosis de nutrientes, reponiendo los nutrientes extraídos en el caso de P, K, Mg y realizando un balance en el caso del N e incorporando el uso de inhibidores de la nitrificación (IN) para mejorar la eficiencia de recuperación de nitrógeno. 
  • Aplicación de materia orgánica de distinta labilidad: Incorporación de fuentes orgánicas con diferentes tasas de descomposición (compost, sustancias húmicas, etc), dependiendo de cada condición de suelo, orientadas a mejorar la estructura del suelo, aumentar la CIC y mejorar la disponibilidad y absorción de nutrientes. El uso de cultivos de cobertera también aporta directamente a este objetivo. 
  • Uso de bioestimulantes: Inclusión de productos microbianos (ej. micorrizas, bacterias promotoras del crecimiento) y no microbianos (ej. extractos húmicos, algas, compuestos orgánicos), destinados a estimular la absorción de nutrientes, el desarrollo radicular y la tolerancia a estrés abiótico. 

Estimación de dosis de nutrientes  

La estimación de las dosis de nutrientes en el avellano europeo debe basarse en el conocimiento de la demanda del cultivo y la oferta del suelo, apoyada en análisis químicos y criterios agronómicos específicos. Las demandas de nutrientes de avellano europeo, basadas en investigaciones recientes realizadas en Chile por Ferrero (Ortega et al., 2022), se presentan en la Tabla 1. 
La estimación de las dosis se realiza según las siguientes aproximaciones: 

  • Nitrógeno (N): La dosis se determina a partir de un balance entre la demanda del cultivo y el suministro del suelo, considerando el N residual, la mineralización de materia orgánica y el aporte del agua, historial de manejo y uso de herramientas que mejoren la eficiencia (ej. inhibidores de la nitrificación). A nivel poblacional, los suelos chilenos plantados con avellano presentan una mineralización media de 110 kg N/ha, que cubre por completo la demanda para un rendimiento de 4 ton/ha. 
  • Fósforo (P): Se recomienda una estrategia en dos etapas: 
  1. Construcción: incremento del nivel disponible hasta aproximadamente 20–30 ppm de P Olsen. 
  1. Mantención: reposición anual según extracción del cultivo. 
  • Potasio (K): cuando existe capacidad buffer en el suelo, se recomienda un enfoque similar al fósforo: 
  1. Construcción: alcanzar niveles de 200–250 ppm de K extraíble. 
  1. Mantención: ajuste según la exportación y la disponibilidad. 

Cuando la capacidad buffer es baja, debe construirse con la aplicación de materiales orgánicos recalcitrantes. 

  • Magnesio (Mg) 
  1. Construcción: elevar a niveles de 1–2 meq/100 g de suelo. 
  1. Mantención: en función del balance catiónico, especialmente en relación al potasio, utilizando como referencia Mg = K₂O × 0,2. 
  • Micronutrientes 

La decisión de aplicación debe basarse en análisis de suelo (y complementariamente foliar), evitando aplicaciones sistemáticas sin diagnóstico. 

Enmiendas de suelo 

Las enmiendas de suelo en avellano europeo se realizan preferentemente en período invernal, con el objetivo de corregir limitantes químicas (pH) y construir la fertilidad del suelo (Figura 2). Estas incluyen prácticas como el encalado, aplicaciones de yeso agrícola y la incorporación de fósforo (P), potasio (K) y magnesio (Mg) para alcanzar niveles adecuados en el mediano plazo. 

Las dosis de referencia varían según el tipo de suelo y su capacidad de fijación de nutrientes (Tabla 2). 

Aplicación de cal agrícola en un cultivo de avellano. 

Biofertilización,  Bioestimulación y Biocontrol en Avellano 

Los microorganismos asociados a la rizosfera, las micorrizas y los endófitos constituyen una herramienta relevante para mejorar la productividad, la sanidad y la sostenibilidad del avellano. Las bacterias rizosféricas favorecen la disponibilidad de nutrientes, producen fitohormonas y contribuyen a la supresión de patógenos del suelo. Las micorrizas establecen asociaciones simbióticas con las raíces, aumentando la absorción de agua y nutrientes, especialmente de fósforo, y mejorando la tolerancia al estrés abiótico. Los endófitos, en tanto, colonizan los tejidos vegetales sin causar daño, promoviendo el crecimiento y fortaleciendo la resistencia frente a enfermedades y condiciones ambientales adversas. En conjunto, estos microorganismos permiten aumentar la productividad y resiliencia de los huertos, reduciendo la dependencia de insumos químicos. 

La inoculación de plántulas y semillas con bacterias como Pseudomonas putida, Bacillus subtilis y Enterobacter cloacae ha demostrado incrementos de hasta 49,7% en supervivencia, 60,4% en altura, 85,6% en biomasa radical y 49,9% en fotosíntesis, favoreciendo el establecimiento de las plantas en campo. Además, estudios metagenómicos muestran que la rizosfera del avellano alberga comunidades microbianas complejas, enriquecidas con grupos bacterianos y fúngicos potencialmente vinculados a la resistencia frente a patógenos como Anisogramma anomala y Phytophthora infestans

En materia sanitaria, el avellano europeo enfrenta importantes desafíos debido a enfermedades causadas por hongos y bacterias, tanto en viveros como en huertos comerciales. Aunque los productos cúpricos han sido una herramienta tradicional de control, sus restricciones en la Unión Europea por sus impactos ambientales han impulsado el desarrollo de alternativas biológicas basadas en Trichoderma y Bacillus spp. para el manejo de enfermedades como el cancro causado por Pseudomonas avellanae y el tizón provocado por Xanthomonas arboricola pv. Corylina, responsables de pérdidas productivas y mortalidad de plantas en diversos países europeos. 

El avellano también establece asociaciones micorrícicas con hongos arbusculares, como Glomus intraradices y Scleroderma bovista, así como con hongos ectomicorrícicos, como Tuber melanosporum y Tuber albidum. Estas relaciones mejoran la absorción de agua y nutrientes, favorecen la fotosíntesis y aumentan la tolerancia al estrés ambiental. Dado que la colonización micorrícica puede verse afectada por prácticas como la poda de raíces, el trasplante o la labranza intensiva, resulta fundamental conservar una red micorrícica funcional. Asimismo, se han identificado diversos hongos endófitos con potencial para contribuir a la salud vegetal y al control biológico de enfermedades. Frente a la creciente necesidad de reducir el uso de fungicidas y productos cúpricos en Chile y Europa, el aprovechamiento de microorganismos rizosféricos, micorrizas y endófitos surge como una estrategia clave para fortalecer la sanidad, el crecimiento y la resiliencia de los sistemas productivos de avellano (Figura 3). 

Scleroderma bovista, crecimiento y efecto en la germinación del avellano. (A) semilla inoculada con micorriza S. bovista (My) y control no inoculado (CK) (B) Micorriza en plántula tomada en el fondo de maceta. (C) Aspecto de la raíz inoculada (D) Sección longitudinal de raíz inoculada. Flecha verde indica ápice meristemático, mientras las rojas indican el manto de Harting (Ma) y Eh, hifa externa. (Cheng et al., 2024) 

Cultivos de cobertura y reciclaje de nutrientes 

El uso de cultivos de cobertura es especialmente recomendable en suelos con limitaciones estructurales. Entre las alternativas de invierno destacan festuca enana, tréboles, lotera, avena, rábano forrajero y mostaza. La elección depende de la edad del huerto, la disponibilidad hídrica y los objetivos agronómicos, y su manejo debe coordinarse con la cosecha para asegurar un piso limpio y firme. 

En suelos arcillosos tipo Alfisol, los cultivos de cobertura buscan construir un piso estructuralmente estable, reducir la compactación invernal y mejorar la macroporosidad y la aireación, condiciones clave para el desarrollo radicular. Esto se logra mediante el aporte de carbono lábil, que estimula la actividad biológica y la agregación del suelo, y por el efecto de “labranza biológica” generado por especies de raíces pivotantes, que favorecen la descompactación y la oxigenación del perfil. 

Aporte de hojas y biomasa al suelo 

El avellano produce entre 4 y 9 kg de materia seca foliar por árbol (aprox. 3–6 t MS/ha), aportando entre 1.400 y 3.000 kg C/ha y 70–140 kg N/ha/año. Al menos la mitad de este carbono y nitrógeno corresponde a fracciones lábiles, relevantes para la nutrición del cultivo. 

Se recomienda concentrar las hojas en la banda de plantación para que actúen como mulch orgánico, descomponiéndose gradualmente y liberando nutrientes. Del mismo modo, la biomasa de los cultivos de cobertura segados en primavera debería incorporarse a la banda de cultivo como fuente adicional de carbono, contribuyendo a mejorar la estructura, la actividad biológica y el reciclaje de nutrientes. 

El manejo del avellano debe basarse en un diagnóstico de las limitantes del suelo, orientando las enmiendas para optimizar pH y la relación cantidad–intensidad (Q/I), asegurando la disponibilidad de P, K, Ca y Mg. El manejo del nitrógeno debe considerar la demanda del cultivo y el suministro del suelo y agua, incorporando inhibidores de nitrificación para reducir pérdidas y mejorar la eficiencia de uso (NUE). Para el resto de los nutrientes, debe asegurarse la reposición de las cantidades exportadas. 

La integración de materia orgánica, cultivos de cobertura y bioestimulantes mejora simultáneamente la estructura, la aireación y la actividad biológica del suelo. La materia orgánica favorece la agregación y la macroporosidad; los cultivos de cobertura aportan carbono y generan bioporos; y los bioestimulantes estimulan la actividad microbiana y el desarrollo radicular. En conjunto, estas prácticas mejoran la dinámica de nutrientes, la eficiencia de absorción, el desarrollo radicular y la resiliencia del cultivo frente a estrés biótico y abiótico (Figura 4). 

Modelo conceptual integrador del efecto de prácticas de manejo (materia orgánica, cultivos de cobertura, bioestimulantes, enmiendas minerales e inhibidores de nitrificación) sobre la estructura del suelo, la aireación, la dinámica cantidad/intensidad (Q/I) y la eficiencia de uso del nitrógeno en sistemas de avellano europeo.