Falta de transmisión eléctrica en la Región del Ñuble detiene numerosos proyectos agrícolas

Acostumbrados a escuchar sobre la megasequía y que sin dudas es el problema más tangible y urgente para el sector agrícola, quizás pasamos por alto la existencia de otros factores limitantes, como la distribución eléctrica. Al menos esto es lo que ocurre en la Región del Ñuble, donde actualmente hay aproximadamente 200 proyectos agrícolas a […]

Acostumbrados a escuchar sobre la megasequía y que sin dudas es el problema más tangible y urgente para el sector agrícola, quizás pasamos por alto la existencia de otros factores limitantes, como la distribución eléctrica.

Al menos esto es lo que ocurre en la Región del Ñuble, donde actualmente hay aproximadamente 200 proyectos agrícolas a la espera de factibilidad eléctrica debido a las limitaciones en las líneas de alimentación de energía. Esta situación está ocasionando la pausa en la implementación de los proyectos, su cancelación o directamente la fuga de inversiones a otras regiones.

Patricio Lagos, Gerente general de Cooperativa Copelec

La problemática reside en la inadecuada infraestructura para la transmisión eléctrica que no permite abastecer la demanda. Es decir, la capacidad de distribución en la energía no es suficiente para cubrir la demanda en la región.

De acuerdo con Patricio Lagos, gerente general de Cooperativa Copelec, para llegar a esta situación se dieron dos grandes fenómenos. El primero tiene qué ver con la descentralización derivada de la creación de la Región del Ñuble. Temas que antes eran resueltos a nivel de la Región del BioBío ahora se transformaron en necesidades locales y esas necesidades quedaron al descubierto. “La descentralización hizo que se vieran todos los problemas por separado y uno de los grandes problemas era que había una gran necesidad de consumo de energía eléctrica”, explica Lagos. El segundo gran fenómeno es que Ñuble se está transformando en la potencia agroalimentaria del país, los inversionistas están focalizando sus negocios en esta parte del país, lo que eventualmente ha ocasionado una gran demanda de energía.

LA OTRA LIMITANTE

Además de la evidente problemática económica que significa la pausa o cancelación de inversiones agrícolas en la región, esta situación se convierte en una limitante silenciosa para el desarrollo del riego, ya que, al no contar con energía, se ve comprometido el riego tecnificado y el uso o mantenimiento de bombas.

José Luis Arumí, Profesor titular de la Universidad de Concepción y director de Agryd

Para José Luis Arumí, profesor titular de la Universidad de Concepción y director de Agryd, la limitación que significa el suministro de energía para la agricultura es muy preocupante. “Por ejemplo, una producción de 300 hectáreas de arándanos, donde se debe contar con sistemas de bombeos para el riego y un packing para el procesamiento de la fruta, requiere de una fuerte demanda eléctrica durante la temporada de riego y de cosecha. Y como toda la producción agrícola se concentra en la misma temporada, compitiendo con los equipos de aire acondicionado, otros sistemas de bombeo y toda la demanda ya instalada, el sistema eléctrico se ve complicado. Hasta ahora el énfasis se ha visto principalmente en la producción de energía, donde hay avances muy interesantes en la instalación de planteles fotovoltaicos y eólicos, pero hay un serio tema en la distribución de energía”, indica.

Arturo Valdés, Director ejecutivo de Hydroscada y director de Agryd

Coincide Arturo Valdés, director ejecutivo de Hydroscada y director de Agryd, quien señala que las líneas de alimentación muchas veces se dimensionan para alimentar cierta capacidad instalada, y a poco andar quedan cortas. “La capacidad instalada en Chile supera la demanda, el problema es la distribución. La inversión en nuevas líneas es altísima y normalmente la compañía le endosa el problema al usuario final. En algunas zonas he visto que suben los voltajes para llegar con la energía suficiente a la cola, generando problemas intermedios muy importantes. La energía sí es una limitante, y normalmente los desembolsos para solucionar los problemas son muy altos, y se opta por soluciones parches, bajando la calidad del servicio”, explica Valdés.

MATRIZ DE SOLUCIONES

De acuerdo con Manuel Cofré, Seremi de energía de la Región del Ñuble, ya se ha puesto el tema en la mesa desde diciembre de 2019 y se han hecho diversas gestiones, con una respuesta bastante favorable tanto del gobierno, como de los diferentes gremios involucrados.

En ese sentido, el Coordinador Eléctrico Nacional, que gestiona todas las necesidades energéticas del país, conjuntamente con las empresas, han determinado una serie de obras que deben llevarse a cabo y, junto con las empresas que necesitan la energía como las empresas distribuidoras y transmisoras, se logró determinar una real demanda para la que se proyectaron obras para los próximos cinco y diez años, explica Lagos.

Manuel Cofré, Seremi de energía de la Región del Ñuble

“Ya hay en marcha diversos proyectos y de hecho tenemos varios determinados para el largo plazo, porque todas estas obras demoran sobre cuatro años en adelante y queremos una matriz robusta de propuestas para los próximos años con el objetivo de anticipar el crecimiento de la demanda eléctrica”, señala el Seremi de la Región.

Al corto plazo, una de las soluciones que dan respuesta a esta problemática es la construcción de la subestación seccionadora Montenegro, que tomará energía de la línea 154, y desde esa subestación se van a obtener algunos megas de energía para hacer frente a las necesidades que se generen entre los próximos año y medio a dos años. Esta obra se presentó en abril del año pasado, se aprobó como “urgente” y estaría lista en el primer semestre de 2023.

Por otra parte, la solución más profunda y a largo plazo es el reforzamiento de la línea de 66 KvA Charrúa-Chillán, es decir, la reposición de una línea de mayor capacidad, ya que debido a su antigüedad, no cumple con los estándares actuales de factibilidad. Esta obra es la más emblemática ya que abastece a Chillán y Ñuble principalmente de energía para el consumo de todos los sectores, agroindustriales, residenciales, etc. El proyecto ya está en las primeras etapas de construcción, tiene una duración aproximada de 36 meses, y se estima que multiplique su capacidad.

Todas las esperanzas están en que las obras se construyan rápido y dentro de los plazos establecidos, ya que, si bien el problema fue atendido y la solución está en marcha, esta es una carrera contra el tiempo. Todos los años hay un crecimiento natural y esta es la principal preocupación pues las obras demoran años y mientras no tengamos la solución se va a sufrir las consecuencias, se seguirán acumulando factibilidades postergadas y, así, el potencial desarrollo del sector agrícola quedará en pausa

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