Fitosanidad en frutos secos: Sin estrategias locales
En los últimos 25 años, la superficie cultivada con frutos secos en Chile ha experimentado un crecimiento explosivo, pasando de cerca de 12.000 ha a más de 103.000 ha. Este aumento se explica principalmente por la expansión de los huertos de avellano europeo y nogal, especies que han liderado la reconversión frutícola del país, seguidas en menor medida por el almendro. Esta expansión, si bien ha consolidado a los frutos secos como protagonistas de la fruticultura nacional, también ha traído un aumento en la incidencia y diversidad de enfermedades que afectan a los huertos. Este escenario ha impulsado un creciente interés de la comunidad científica y del sector productivo por investigar nuevas soluciones, aunque aún queda mucho por descubrir para comprender a fondo estas problemáticas y diseñar estrategias de manejo más efectivas.
Sin duda, el nogal se ha consolidado en la zona central del país, extendiéndose mayormente entre las regiones de Valparaíso y del Maule, donde se concentra cerca del 88% de la superficie nacional destinada a este cultivo. Esta ubicación geográfica ha sido clave para su éxito, dado que combina condiciones climáticas templadas, buena radiación solar y una infraestructura productiva que ha favorecido su expansión.
No obstante, el descenso de las precipitaciones ha generado un aumento en la concentración de sales en el suelo, debido a la falta de lavado natural de estas. Esta condición ha intensificado el estrés fisiológico en las plantas, afectando el crecimiento vegetativo y la productividad. Este estrés abiótico incrementa la susceptibilidad del cultivo a diversas enfermedades, particularmente aquellas causadas por hongos de la madera, que encuentran en plantas debilitadas un ambiente favorable para su desarrollo y colonización.
EL “GIGANTE DORMIDO”: MUERTE REGRESIVA EN NOGALES
El nogal es afectado por diversas enfermedades, entre las que destacan la peste negra (Xanthomonas arboricola pv. juglandis), la pudrición del cuello y raíces (Phytophthora spp.) y el BAN (Brown Apical Necrosis), asociado a especies de Alternaria y Fusarium.
Todas ellas se consideran, en mayor o menor medida, parte de los programas de manejo anual del cultivo. Sin embargo, una de las más preocupantes en los últimos años es la muerte regresiva, o muerte de ramillas, caracterizada por la muerte prematura de dardos, ramas y ramillas, con un impacto directo en la productividad de los huertos.
Esta enfermedad es causada por un complejo de hongos de las familias Botryosphaeriaceae y Diaporthaceae. Entre las especies descritas en Chile se encuentran Botryosphaeria dothidea, Diplodia mutila, Neofusicoccum mediterraneum y N. parvum, aunque el número de especies reportadas ha ido en aumento a medida que se profundiza la investigación en el país.
En Estados Unidos se le conoce como el “gigante dormido”, debido a que sus síntomas suelen pasar inadvertidos para los productores, quienes frecuentemente los confunden con daños por sombra o con el debilitamiento natural de los dardos. Esto permite que la enfermedad avance de manera silenciosa hasta que las pérdidas son evidentes. Por ello, es esencial que los productores reconozcan la enfermedad y adopten oportunamente las medidas necesarias para su control.

Los síntomas incluyen necrosis con borde delimitado en el ápice de brotes y ramillas (Fotos 1 y 2), cancros en brotes y dardos, caída prematura de frutos con pedúnculo adherido, manchas oscuras en la cáscara y, en etapas avanzadas, moho en el interior de la nuez.
En la Región Metropolitana, los huertos más afectados presentan una prevalencia que oscila entre el 5% y el 50% o más, especialmente en la variedad Chandler. La severidad de los daños tiende a aumentar con la edad del huerto y en plantas sometidas a estrés hídrico, salino, por heladas o desequilibrios nutricionales.
El patógeno ingresa al árbol a través de heridas naturales o mecánicas, como las producidas por podas, quemaduras solares, daños causados por maquinaria o cicatrices dejadas por escamas y frutos enfermos. No obstante, se ha observado que la zona de abscisión de los frutos durante la cosecha constituye una de las principales vías de entrada de estos patógenos en los dardos, lo que facilita su establecimiento y posterior avance dentro de los tejidos leñosos. Una vez que el tejido es infectado, los hongos los colonizan, provocando necrosis en brotes y ramillas, muerte de dardos y pérdida de yemas productivas, lo que afecta directamente la cosecha de la temporada siguiente. En infecciones severas, las ramas pueden secarse por completo. Estudios han demostrado que la presencia de escamas puede aumentar la incidencia de ramillas infectadas hasta en un 75%.
La dispersión de las conidias se asocia principalmente a eventos de precipitación; sin embargo, se ha observado su transporte aéreo incluso bajo condiciones de baja humedad relativa durante el verano, lo que sugiere que el patógeno puede mantenerse activo gran parte del año. Asimismo, no se descarta que eventos de alta humedad, como neblinas matutinas, faciliten la infección de los tejidos. Los restos de poda contaminados y los tejidos enfermos constituyen las principales fuentes de inóculo, mientras que las condiciones de alta humedad y temperaturas moderadas favorecen el proceso de infección y el desarrollo de la enfermedad.
El manejo de la enfermedad es esencialmente integrado y preventivo. Las medidas más efectivas incluyen la poda sanitaria, la desinfección de herramientas, la eliminación de ramas infectadas y la aplicación de productos fitosanitarios, tanto biológicos como químicos, que proporcionen protección y estimulen los mecanismos naturales de defensa de la planta. Asimismo, un manejo adecuado del riego y la fertilización resulta fundamental para disminuir el estrés del cultivo y, con ello, su susceptibilidad a la infección.
ALMENDRO: UN CULTIVO RENTABLE Y ESTABLE

A diferencia del nogal, la superficie de almendros en Chile se ha mantenido estable en la última década, con alrededor de 8.700 hectáreas, concentradas principalmente en la Región Metropolitana y O’Higgins (78%). Aunque no ha experimentado un crecimiento explosivo, es un cultivo que otorga una estabilidad económica a través de los años, con una producción promedio entre 1,5 a 3 toneladas por hectárea, siendo inferior a los estándares internacionales.
El almendro enfrenta diversas enfermedades que afectan la floración, los frutos y la madera. Entre las más relevantes se encuentran la roya (Transchelia discolor) presente principalmente en la zona costera de O’Higgins; el tiro de munición (Wilsonomyces sp.); la pudrición del pelón, provocada por un complejo de hongos; además del plateado de los frutales (Chondrostereum purpureum) y el cáncer bacteriano (Pseudomonas syringae pv. syringae), que contribuyen a la complejidad fitosanitaria del cultivo. Sin embargo, el tizón de la flor puede implicar hasta cuatro aplicaciones de productos fitosanitarios por temporada para lograr un control efectivo.
La floración de los almendros ocurre a fines de julio y principios de agosto, periodo durante el cual el cultivo es especialmente susceptible a heladas y lluvias, factores que pueden afectar la correcta polinización y el cuajado de los frutos, incrementando la vulnerabilidad frente a las enfermedades.
TIZÓN DE LA FLOR: IMPACTO Y CARACTERÍSTICAS
El tizón de la flor es una enfermedad que ha sido asociada a hongos del género Monilia y Botrytis, y afecta de manera significativa a los almendros durante la floración. El manejo se basa principalmente en aplicaciones con fungicidas de síntesis. Esta enfermedad se caracteriza por la necrosis de las flores, que se tornan marrones y se secan antes de tiempo, lo que reduce directamente el número de frutos que se desarrollarán.
Bajo condiciones de humedad y temperatura moderada, el hongo puede formar un micelio blanco sobre las flores y producir esporas que se dispersan fácilmente, infectando otras flores y frutos jovenes.
Durante las temporadas 2023 y 2024, la Unidad de Fitopatología de INIA La Platina llevó a cabo una prospección en distintos huertos de la Región Metropolitana y de O’Higgins con historial de tizón de la flor. Se determinó la prevalencia de la enfermedad en campo y se llevaron flores al laboratorio para determinar la prevalencia en éste al otorgarle condiciones favorables para la expresión de la enfermedad vía cámara húmeda. Además, se determinó la frecuencia de los patógenos asociados a esta enfermedad. Los resultados indicaron que la prevalencia llegó hasta el 9% en campo, mientras que en Laboratorio se observó una prevalencia de hasta el 70% (Gráfico 1). Entre los hongos aislados, se observó principalmente la presencia de Botrytis cinerea, seguida de B. prunorum y Sclerotinia sclerotiorum. Curiosamente, no se observaron aislados del género Monilia spp. como indica la literatura, lo que sugiere que el manejo de la enfermedad debiera ajustarse teniendo en cuenta este complejo de hongos (Gráfico 2).

CONTROL IN VITRO Y EVALUACIÓN DE FUNGICIDAS
Con el objetivo de obtener información preliminar sobre la efectividad de productos comerciales frente a los principales hongos asociados al tizón de la flor, se evaluó in vitro la sensibilidad de aislados de Botrytis sp. Para ello, se determinaron sus concentraciones efectivas medias (EC50), que corresponden a la concentración necesaria para inhibir el 50% del crecimiento micelial de los hongos evaluados.
Los resultados mostraron que, en la mayoría de los casos, los productos fueron efectivos para reducir el crecimiento micelial de Botrytis spp. a bajas concentraciones. No obstante, el clorotalonil no logró inhibir el micelio a concentraciones inferiores a 5 ppm, lo que sugiere que, para controlar el crecimiento del hongo, se requiere una dosis significativamente mayor que la de los otros productos. Sin embargo, es importante destacar que los ensayos in vitro no siempre reflejan completamente lo que ocurre en campo. Algunos productos pueden ejercer efectos secundarios beneficiosos, como la inducción de mecanismos de defensa en la planta, lo que podría potenciar la protección frente a los hongos. Por ello, resulta fundamental complementar estos estudios con evaluaciones en condiciones de campo para obtener una visión más completa de su efectividad y de los posibles beneficios adicionales.
Para un manejo más seguro y sostenible, es fundamental rotar los productos según los grupos de modo de acción definidos por la FRAC (Fungicide Resistance Action Committee). Esta práctica ayuda a prevenir el desarrollo de resistencia en los hongos y asegura que los tratamientos mantengan su eficacia a lo largo del tiempo, protegiendo la producción de almendros y preservando la calidad de los frutos sin depender de un solo tipo de fungicida.
DESAFÍOS FUTUROS
En Chile, el conocimiento sobre la incidencia y el comportamiento de las enfermedades del almendro aún es limitado. Como consecuencia, los productores suelen aplicar estrategias basadas en información internacional, que no siempre se ajusta a las condiciones locales de clima, suelo y manejo agronómico. Esto resalta la necesidad de fortalecer la investigación aplicada y la transferencia de conocimientos.
Para enfrentar estos desafíos, INIA La Platina, a través del Gobierno Regional de O’Higgins y del Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo (FRPD), está ejecutando un proyecto enfocado en el diagnóstico y manejo integrado de enfermedades del almendro. Esta iniciativa combina investigación aplicada con transferencia de conocimientos, generando estrategias de control adaptadas a las condiciones locales de clima, suelo y manejo agronómico. Asimismo, articula esfuerzos público-privados para garantizar que los resultados estén disponibles para todos los productores, fortaleciendo la competitividad del cultivo y protegiendo tanto la producción como la calidad de las almendras en la región.