Freno a la fruta importada: Productores neozelandeses exigen endurecer exigencias a los arándanos extranjeros
La industria del arándano de Nueva Zelanda se encuentra en estado de alerta máxima tras la finalización del proceso de consulta pública que busca reformular los requisitos de bioseguridad para el ingreso de fruta fresca de contraestación a la isla. Según un reporte de Radio New Zealand (RNZ), los productores locales manifestaron su firme preocupación respecto a los riesgos fitosanitarios latentes que implicaría la apertura de sus fronteras a los cargamentos procedentes de cinco importantes orígenes globales: Chile, Perú, México, Marruecos y Estados Unidos.
La inquietud del sector estalló luego de que concluyera el periodo de revisión de los nuevos Estándares Sanitarios de Importación (IHS) propuestos por Biosecurity New Zealand. Este nuevo marco normativo, diseñado por el Ministerio de Industrias Primarias (MPI), habilitaría legalmente el ingreso comercial del berry fresco desde las naciones mencionadas, las cuales actualmente lideran el suministro mundial de la especie.
El peligro de la Drosophila suzukii y asimetrías regulatorias
La organización Blueberries New Zealand, entidad que representa los intereses de los productores de arándanos de ese país, advirtió de manera tajante que la propuesta oficial incrementa peligrosamente la probabilidad de introducción de plagas y enfermedades de alto impacto agrícola que hoy no están presentes en la isla. Los focos de mayor temor técnico apuntan a la temida mosca del vinagre de alas manchadas (Drosophila suzukii) y a la destructiva bacteria Xylella fastidiosa.
“Las exigencias contempladas para la fruta importada en este borrador serían ostensiblemente menos estrictas que los severos protocolos que actualmente debemos cumplir los productores neozelandeses en nuestros propios huertos”, criticó Trudy O’Halloran, presidenta de la entidad gremial.
Asimismo, la dirigenta sectorial desnudó una preocupante asimetría en las prácticas de manejo que permitiría la nueva normativa. Explicó que el proyecto del gobierno facultaría a los exportadores extranjeros a cosechar fruta que hubiese estado en contacto directo con el suelo, exigiendo únicamente una limpieza previa antes de su despacho a Nueva Zelanda. Esta es una práctica estrictamente prohibida por motivos sanitarios para cualquier agricultor local, lo que a su juicio genera una competencia desleal y eleva el riesgo de arrastre de patógenos del suelo.
Amenaza transversal a la hortofruticultura
O’Halloran fue enfática en señalar que las consecuencias económicas de una eventual brecha de bioseguridad serían devastadoras y catastróficas. El impacto negativo no se limitaría de forma exclusiva a los productores de arándanos, sino que, debido a la naturaleza polífaga de plagas como la Drosophila suzukii, el daño productivo y las restricciones comerciales de exportación se extenderían rápidamente a todo el sector hortofrutícola neozelandés, incluyendo industrias bandera como el kiwi y las manzanas.
Ante este complejo escenario, la líder gremial instó de manera formal al MPI a congelar el avance administrativo de la norma y a convocar de urgencia a una mesa de trabajo técnica que involucre de forma directa a la industria y al Instituto de Ciencia de la Bioeconomía para revisar rigurosamente los fundamentos de la propuesta.
La defensa de las autoridades de Bioseguridad
En la otra vereda, desde Biosecurity New Zealand, la directora de Normas de Importación y Exportación en Bioseguridad, Lisa Winthrop, defendió el proceso de elaboración del borrador normativo frente a las críticas del agro. La funcionaria gubernamental destacó que la evaluación de riesgos científicos que sustenta el documento fue “exhaustiva” y se desarrolló bajo los más altos estándares internacionales en la materia.
Winthrop buscó poner paños fríos a la polémica asegurando que el proceso es transparente y que la consulta pública se diseñó precisamente para recoger los alcances técnicos de la comunidad. En esa línea, garantizó que todas las presentaciones e informes técnicos recibidos por parte de los productores locales serán evaluados y ponderados minuciosamente antes de definir la redacción y publicación de la versión final del estándar sanitario de importación.