Identifican bacterias de una planta nativa en la costa chilena que potencia características de resistencia en plantas

Investigadores del CEAF descubrieron cómo microorganismos aislados de las raíces de una especie nativa ayudan a potenciar la resistencia hídrica en portainjertos de sandías y melones.
Agosto 17, 2026

En la búsqueda constante de soluciones frente al cambio climático y la escasez hídrica que afecta a la agricultura nacional, la respuesta podría estar escondida en el ecosistema costero de Chile. Un equipo de científicos del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), coordinado por el Dr. Ariel Salvatierra —investigador principal de la Línea de Investigación Hortícola—, logró aislar bacterias de la rizósfera de una planta nativa para transferir su capacidad de resistencia hídrica a cultivos agrícolas de alto valor comercial.

Los hallazgos de este trabajo fueron publicados recientemente en la revista científica internacional a través del artículo “Increased Drought Tolerance in Lagenaria siceraria by Indigenous Bacterial Isolates from Coastal Environments in Chile: Searching for the Improvement of Rootstocks for Cucurbit Production”.

El “escudo metabólico” de las costas chilenas

En la franja litoral árida y semiárida de la zona central crece el calabacillo o sapac-llanco (Sicyos baderoa), una hierba trepadora anual nativa de la familia de las cucurbitáceas. Esta especie es la única cucurbitácea descrita como originaria de Chile por los botánicos y se distribuye desde Arica hasta la Región Metropolitana, prosperando en suelos salinos y con escasa disponibilidad de agua.

“Pensamos que podría ser una fuente de microorganismos benéficos, ya que son plantas que crecen incluso en suelos con salinidad y escasez hídrica, a diferencia de las cucurbitáceas de interés agronómico como sandías, melón o zapallo”, destaca el Dr. Ariel Salvatierra.

A través de expediciones de muestreo de raíces y suelo realizadas desde la desembocadura del río Limarí hasta Mantagua, el equipo del CEAF aisló cuatro bacterias extremófilas capaces de vivir en condiciones severas de estrés, las cuales poseen la facultad de promover el crecimiento vegetal y “entrenar” a los cultivos frente a la sequía.

Resultados en invernadero: Dos respuestas fisiológicas

Para probar la efectividad de estos microorganismos, el equipo inoculó las bacterias en dos variedades locales del portainjerto Lagenaria siceraria (provenientes de Illapel y Osorno), sometiéndolas a ensayos de invernadero bajo un déficit hídrico controlado durante 45 días.

Los resultados revelaron dos estrategias de adaptación claramente diferenciadas según el origen del genotipo:

  • Genotipo Illapel: Mostró mayor sensibilidad inicial a la falta de agua, pero exhibió una alta reactividad a la inoculación microbiana. Las plantas tratadas lograron recuperar de forma significativa su tasa fotosintética, la acumulación de carbohidratos y su biomasa global.
  • Genotipo Osorno: Presentó una mayor estabilidad fisiológica basal y niveles superiores de clorofila. En esta variedad, las bacterias actuaron como estabilizadores metabólicos específicos, manteniendo la firmeza celular en lugar de forzar un crecimiento vegetativo desmedido.

“Estas bacterias nativas que saben cómo sobrevivir en ambientes más difíciles le entregan señales y moléculas a la planta para entrenarla y prepararla para responder a la adversidad”, explica el Dr. Salvatierra.

Un microbioma local para la agricultura del futuro

El estudio del CEAF confirma que el microbioma de la flora silvestre que habita en ambientes marginales posee un alto potencial bioestimulante para reprogramar la respuesta al estrés hídrico en especies cultivadas emparentadas.

Este avance no solo abre la puerta al desarrollo de portainjertos más eficientes y sustentables para la producción hortícola, sino que también pone en valor el patrimonio genético y microbiano del territorio nacional.

“Una enseñanza clave aquí es entender que una investigación sólida requiere el estudio de casos, desde lo general a lo particular, para poder llegar a una correcta y bien dimensionada aplicación de la ciencia hasta el campo y la producción agrícola”, concluye el científico del CEAF.