Innovación: De la edición genética a la semilla
Una planta editada exitosamente es apenas el comienzo. Para transformarla en una variedad estable, productiva y competitiva es necesario recorrer un camino que incluye ensayos agronómicos, selección, registro varietal, multiplicación de semilla y validaciones industriales. Neocrop ya empezó a transitar esa ruta con sus líneas de trigo editado con alto contenido de fibra, que obtuvieron definiciones regulatorias favorables en Chile y la Argentina.
El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile y la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) de la Argentina determinaron que esas líneas no quedan sujetas al régimen regulatorio aplicable a los organismos genéticamente modificados (OGM), porque no incorporan ADN foráneo. Según Daniel Norero, estos pronunciamientos despejan una de las principales incertidumbres del desarrollo: permiten avanzar hacia la producción comercial bajo las reglas aplicables al mejoramiento convencional y brindan mayor certeza a productores, socios industriales e inversionistas.
Sin embargo, la definición regulatoria no significa que el producto esté listo para llegar al mercado. Todavía deben completarse los ensayos agronómicos requeridos para el registro varietal ante el SAG, en Chile, y el Instituto Nacional de Semillas (INASE), en la Argentina; ampliar la multiplicación de semilla y ejecutar los primeros pilotos industriales. En esa etapa se evaluará si la harina mantiene un buen comportamiento en molienda y panificación, además de confirmar su contenido de fibra y la calidad del producto final.
Del prototipo biológico a una variedad confiable
Francisca define a una planta editada como un “prototipo biológico”. Una variedad comercial, en cambio, debe comportarse como un producto confiable. Entre ambos puntos es necesario confirmar que la edición se hereda de manera estable, que el material mantiene uniformidad y que el nuevo rasgo no compromete su rendimiento, adaptación, sanidad ni calidad industrial.
En el trigo con alto contenido de fibra, Neocrop ya confirmó la estabilidad y heredabilidad del rasgo en condiciones controladas y completó una primera validación de campo en Chile durante la temporada 2025/26. Los resultados mostraron, además, un desempeño agronómico favorable. La empresa inició también su primer ensayo de campo en la Argentina y aceleró la multiplicación de semilla. El próximo paso será ampliar la evidencia a nuevas campañas y ambientes, seleccionar las mejores líneas y completar los procesos necesarios para el registro varietal y el escalamiento productivo.
La estrategia consiste en editar directamente variedades élite que ya cuentan con adaptación agronómica y aceptación entre agricultores e industria. Junto con socios semilleros e industriales, se selecciona germoplasma por su rendimiento, adaptación, sanidad y calidad, y se aplica la edición sobre ese fondo genético.
De este modo se incorpora una característica nueva, como un mayor contenido de fibra, sin perder las fortalezas de la variedad original. Luego se comparan las líneas editadas con el material de origen y se descartan tempranamente aquellas que comprometan su desempeño agronómico o industrial. “La meta no es reconstruir una buena variedad, sino mejorarla con la menor alteración posible”, explica Norero.

La edición genética permite reducir varios años de cruzamientos y minimizar la incorporación de características no deseadas. Pero esa ventaja no elimina las etapas posteriores: acorta considerablemente el camino, aunque no reemplaza los ensayos, la selección ni la validación en condiciones reales.
La prueba decisiva ocurre fuera del laboratorio
Los ensayos de campo no se limitan a verificar el nuevo rasgo obtenido mediante edición. También miden emergencia, vigor, fechas de espigadura y madurez, altura, resistencia a tendedura, comportamiento frente a enfermedades, rendimiento, peso y calidad del grano, además de la estabilidad del rasgo en distintos ambientes.
Esa información se complementa con análisis de calidad harinopanadera, necesarios para responder a los requerimientos de los molinos y a la aceptación de los consumidores. Un material avanza cuando reúne tres condiciones: expresa de manera estable el beneficio nutricional, mantiene una productividad competitiva para el agricultor y cumple con las exigencias de la industria.
“No buscamos un trigo extraordinario en una sola medición, sino uno que funcione de forma consistente desde el campo hasta el alimento final”, resume Norero. Con ese objetivo, Neocrop prepara un piloto industrial junto con un actor relevante de la industria alimentaria para evaluar la calidad harinopanadera del trigo.
Multiplicar sin perder identidad ni calidad
Una vez validado el desarrollo, el desafío no consiste solamente en producir más kilos de semilla. El pasaje desde unas pocas plantas seleccionadas hacia volúmenes comerciales exige conservar la identidad genética del material, su pureza varietal, germinación, vigor y sanidad.
Para lograrlo, la semilla debe multiplicarse en etapas sucesivas, con condiciones de aislamiento y verificación molecular de los lotes, junto con productores y semilleros con experiencia en control de calidad. Cuando el valor del cultivo está asociado a una mejora nutricional, como un mayor contenido de fibra, la trazabilidad adquiere todavía más importancia: se debe asegurar que el material correcto permanezca identificado desde la semilla hasta el molino y, finalmente, hasta el alimento que llega al consumidor.

Tecnologías que aceleran, pero no sustituyen la validación
CRISPR, la inteligencia artificial y el speed breeding no son el producto, sino la plataforma que permite desarrollar mejores cultivos con mayor rapidez y precisión. Cada herramienta cumple una función diferente y complementaria: la inteligencia artificial ayuda a priorizar qué genes intervenir, CRISPR permite realizar cambios dirigidos y el speed breeding acelera las generaciones necesarias para fijar, validar y multiplicar esos rasgos.
La plataforma de Neocrop integra información genómica, transcriptómica y evidencia científica para reducir el espacio de búsqueda y concentrar los experimentos en las hipótesis con mayor probabilidad de éxito. Bajo condiciones controladas es posible avanzar varias generaciones por año y descartar tempranamente los materiales que no cumplen con los criterios definidos.
La aceleración, sin embargo, tiene un límite claro. La validación definitiva ocurre en el invernadero, el campo y la industria. “El verdadero producto es el cultivo mejorado y el beneficio concreto que puede entregar al agricultor, a la industria y al consumidor”, sostiene Francisca.

Una innovación construida con toda la cadena
Para que una innovación genética llegue efectivamente al mercado, la articulación debe comenzar mucho antes de contar con un producto terminado. Obtentores, semilleras, productores y empresas de alimentos deben participar tempranamente en la definición del problema que se busca resolver y de los atributos que deberá reunir el nuevo material.
La propuesta de Neocrop es conectar genética, semilla e industria alimentaria desde el comienzo. Así se pueden evaluar en paralelo el desempeño agronómico, la capacidad de multiplicación y escalamiento, y la calidad esperada por la industria. “Si el molino o la empresa de alimentos entra solamente al final, probablemente hayas diseñado mal el producto”, advierte Francisca.
Ese criterio también orienta la selección de los problemas productivos. La empresa busca la intersección entre un desafío relevante, una solución biológicamente viable y una necesidad concreta del mercado. El beneficio debe medirse con claridad y demostrar valor fuera del laboratorio.
Hoy el foco está puesto de manera creciente en redefinir los cultivos como fuente de nutrición. La aspiración es ofrecer más nutrición sin que las personas deban cambiar sus hábitos ni sacrificar sabor, textura o conveniencia. El trigo con alto contenido de fibra resume esa visión: apunta a que productos cotidianos elaborados con harina blanca puedan brindar un mejor perfil nutricional y conservar una experiencia de consumo familiar.
Neocrop también desarrolla características vinculadas con la resiliencia y la sanidad cuando permiten resolver barreras productivas importantes, como la sequía en trigo o la antracnosis en lupino. En todos los casos, la innovación debe responder a un problema real y entregar un beneficio relevante, demostrable y adoptable.
La oportunidad de Chile
Para Norero, Chile ya reúne muchos de los ingredientes necesarios para convertirse en un referente internacional: talento científico, una industria semillera con experiencia y liderazgo internacional, capacidad de producción de contraestación, diversidad de ambientes agrícolas y una agroindustria conectada con mercados globales. Cerca del 68 % de la superficie de semillas certificadas durante la temporada 2025/26 estuvo destinada a exportación.
El desafío consiste en conectar mejor esas capacidades para que el país no solo multiplique semillas desarrolladas en otros mercados, sino que también cree y exporte innovación genética propia. En 2017, Chile se convirtió en el segundo país del mundo en contar con un marco regulatorio para evaluar caso a caso materiales obtenidos mediante nuevas técnicas de edición. Desde entonces, casi un centenar de productos editados recibieron un pronunciamiento favorable que los dejó fuera del ámbito de aplicación de la normativa para OGM; solo Estados Unidos supera esa cifra.
El paso siguiente es extender esa agilidad a otras etapas críticas, entre ellas los ensayos, la burocracia vinculada con el movimiento internacional de germoplasma y el escalamiento productivo. También se requiere más infraestructura para validar y escalar desarrollos, una participación temprana mayor de las semilleras y las empresas de alimentos, y más capital privado dispuesto a acompañar los tiempos propios de la biotecnología agrícola.
Neocrop completó una ronda de inversión de US$ 2,75 millones, con participación de fondos chilenos y argentinos. Esos recursos permitirán fortalecer su capacidad de ejecución, expandirse hacia nuevos mercados y acelerar la llegada de su primer trigo editado con alto contenido de fibra.
El cambio central es que la tecnología dejó de ser únicamente una promesa. Ahora existe una ruta concreta desde el laboratorio hasta el campo, la industria y el consumidor. “Si logramos articular ciencia, regulación, producción, industria y capital, tenemos una oportunidad real de consolidarnos como un hub semillero biotecnológico y de transformar la innovación desarrollada en Chile en semillas, ingredientes y alimentos competitivos para el mundo”, concluye Norero.
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