Jorge Schmidt: “En la agricultura hay que tomar decisiones a tiempo, aunque sean drásticas”
Más que un crecimiento lineal, la trayectoria de la empresa refleja una combinación de intuición, disciplina y capacidad de adaptación. Un proceso en el que conviven la visión de su fundador, Jorge Schmidt, y una gestión ejecutiva que ha debido enfrentar desafíos productivos, regulatorios y sociales cada vez más complejos, hoy liderada por Pablo Aranda a través de su cargo como gerente general.
DE CERO A PRODUCIR EN ZONAS DONDE POCOS APOSTABAN

La historia del grupo comienza lejos de cualquier manual agrícola. Schmidt llegó a Chile en 1978 sin experiencia en el rubro y comenzó a desarrollar un proyecto desde cero.
“Esta es una idea que empezó a resultar, porque yo nunca fui agricultor. Empecé de cero y las cosas comenzaron a funcionar”, recuerda.
Ese punto de partida implicó enfrentar condiciones especialmente adversas. “Nuestros principales desafíos fueron acceder a tierra y agua, y desarrollar campos en zonas complejas, especialmente en cerros muy erosionados y con poca infraestructura”, explica Schmidt.
En ese contexto, la empresa apostó tempranamente por un modelo poco común en la época: habilitar cerros mediante una inversión intensiva en riego, electrificación y tecnología. “Hubo que invertir fuerte para hacer productivas esas zonas”, agrega.
Esa lógica de largo plazo también se expresó en decisiones como arrendar campos cuando no había capital para comprarlos, o desarrollar infraestructura antes de que el negocio estuviera plenamente consolidado.

La reconversión de la compañía fue incorporar paltas y cítricos tras el arranque de la uva de mesa.
REINVERSIÓN Y DECISIONES A TIEMPO
Uno de los pilares del crecimiento del grupo ha sido la reinversión sistemática en el propio negocio.
“Nuestros campos están impecables y bien hechos. Cuando uno hace bien las cosas, al final los resultados llegan”, afirma Schmidt.
Pero si hay un concepto que atraviesa toda la historia de la empresa, es la capacidad de tomar decisiones a tiempo, incluso cuando implican costos relevantes. “Arrancamos toda la uva antes de empezar a perder plata. Y eso no lo hace mucha gente”, señala el fundador, quien añade que “en ocasiones se insiste y se termina perdiendo mucho dinero”.
Desde la gestión, Aranda refuerza esa idea como parte de la esencia de la compañía: “Siempre hemos tratado de anticiparnos, tomar decisiones tempranas y de largo plazo, incluso cuando implican reconvertir el negocio completo”.
Y en este caso, esa reconversión no solo respondió a criterios económicos. Según cuenta Schmidt, se apostó por paltas y cítricos no solo por rentabilidad, sino también para entregar una continuidad laboral.

Grupo Jorge Schmidt desarrolló una estrategia propia de agua, invirtiendo en pozos, redes, conducción, riego y gestión eficiente del recurso.
AGUA: EL EJE ESTRUCTURAL DEL NEGOCIO
Si hay un tema donde convergen ambas miradas, es el agua. Tanto desde la experiencia productiva como desde el contexto regulatorio, el recurso hídrico se ha transformado en el principal desafío de la agricultura a nivel general, problemática de la que esta compañía no queda exenta.
“En 50 años nunca he escuchado una campaña presidencial que hable seriamente de obras hídricas”, advierte Schmidt, apuntando a la falta de prioridad política del tema.
Por su parte, Aranda describe un escenario cada vez más exigente: “El debate se ha endurecido, especialmente con la prioridad del consumo humano y una presión creciente sobre la agricultura”.
A esto se suma, según plantea, una falta de avances concretos en infraestructura. “Se necesitan obras hídricas realistas y posibles. No sirve seguir discutiendo proyectos inviables”.
En ese contexto, el grupo ha debido desarrollar una estrategia propia, basada en una inversión sostenida, que los ha llevado a invertir durante años en pozos, redes, conducción, riego y gestión eficiente del recurso. Incluso, esa capacidad ha permitido ir más allá de la operación agrícola. “En momentos críticos hemos apoyado sistemas de APR y también a la sanitaria, aportando agua para consumo humano”, agrega el gerente general.
Para la empresa, el desafío no es solo técnico, sino también de gestión territorial. “Debe existir una mirada de cuenca, donde se compatibilice el consumo humano con la producción agrícola”, sostiene Aranda.
EFICIENCIA HÍDRICA Y TECNIFICACIÓN
La palta es un cultivo frecuentemente cuestionado por su consumo de agua, un punto que Aranda descarta. “El palto tiene un consumo similar a otros frutales; es un mito que sea un cultivo de alto consumo hídrico”, advierte.
Sin embargo, la empresa ha desarrollado un enfoque centrado en la eficiencia, cuya respuesta ha sido tecnificar al máximo el uso del recurso: riego por goteo, matrices y submatrices de polietileno de alta densidad, control remoto y una lógica de plantación de alta densidad que permite producir más kilos por metro cúbico de agua. “Hoy usamos el agua con mucha más precisión que en esquemas tradicionales”, explica.
A esto se suma el desarrollo de plantaciones en cerros — que ofrecen ventajas climáticas- y un manejo de suelo que evita dejarlo expuesto por largos períodos, reduciendo pérdidas y mejorando la eficiencia productiva.
TECNOLOGÍA, AUTOMATIZACIÓN Y TRAZABILIDAD
La tecnificación en este grupo no es un aspecto que se limita sólo al riego. En packing, la automatización ha alcanzado niveles avanzados.
“En estas instalaciones, prácticamente nadie toca la fruta con la mano”, señala Schmidt, quien recuerda que al principio fue muy cuestionado, pero finalmente se logró una mejor calidad y permitió posicionar a las personas en tareas más importantes.
En paralelo, la empresa ha avanzado en trazabilidad mediante tecnologías como sistemas NFC para el levantamiento automático de información en terreno, junto con procesos más sofisticados de control y selección.
Todo ello son avances que se dan en un contexto donde los mercados exigen cada vez más respaldo y donde las certificaciones juegan un rol crucial. “Estas pueden ser una barrera para quienes no tienen escala, pero para empresas ordenadas son una forma de demostrar lo que se está haciendo bien”, explica Aranda y enfatiza: “Bien entendidas, no son solo un papel, sino una disciplina de gestión”.
Entre las iniciativas recientes destaca la certificación I-REC, que acredita el uso de energía 100% renovable.

La incorporación de tecnología en la empresa no se limita sólo a la eficiencia del recurso hídrico, sino también a los packing.
SOSTENIBILIDAD Y RELACIÓN CON EL ENTORNO
Así como las decisiones anticipadas son un punto que distingue a esta compañía, la sostenibilidad también ha sido un eje temprano, mucho antes incluso de que se transformara en un estándar de mercado.
“Esto es parte de nuestro ADN. Mucho antes de que existiera esta conciencia, ya trabajábamos en manejo de aguas, reforestación con especies nativas y uso de tecnología”, señala Schmidt.
Hoy, esa visión se ha ampliado. Incluye el uso de energía renovable, riego tecnificado, recuperación productiva de cerros, corredores biológicos y la instalación de colmenas para fortalecer la polinización.
En este sentido, Aranda agrega que la sostenibilidad también abarca lo social: “Implica mejores condiciones laborales, infraestructura adecuada y una relación activa con el entorno”.
En ese contexto, la empresa ha desarrollado iniciativas como el programa “Súmate”, orientado a financiar proyectos de organizaciones sociales de algunas comunas del Valle Aconcagua.
TRABAJO AGRÍCOLA: MÁS ALLÁ DE LA ESCASEZ
En materia laboral, la experiencia del grupo desafía uno de los diagnósticos más extendidos en la industria.

“Más que una escasez de mano de obra, lo que hemos visto es que el trabajador se queda y vuelve cuando hay continuidad, buenas remuneraciones y condiciones dignas”, plantea Aranda.
Esto implica una gestión compleja, especialmente en temporada alta, cuando la empresa moviliza miles de trabajadores. Transporte, infraestructura y continuidad laboral se transforman así en variables estratégicas del negocio.
NUEVOS NEGOCIOS Y CAUTELA EN LA EXPANSIÓN
En los últimos años, el grupo ha incursionado en cerezas, con cerca de 500 hectáreas plantadas. Sin embargo, el escenario actual ha llevado a moderar el ritmo de inversión.
“Vamos a esperar a que el mercado se aclare antes de seguir avanzando”, señala Schmidt, en referencia a proyectos como una eventual planta de proceso. La decisión refleja una constante en la historia de la empresa: avanzar, pero con disciplina.
Aunque la exportación sigue siendo clave, el mercado interno juega un rol estratégico, especialmente en paltas. “Cerca de un tercio de nuestra producción se queda en Chile, y muchas veces obtenemos mejor valor aquí que exportando”, afirma Schmidt.
En un contexto global cada vez más competitivo, ese equilibrio entre mercado interno y externo aparece como una ventaja relevante.

La empresa ha observado que los trabajadores se quedan y vuelven cuando hay continuidad y condiciones dignas.
UNA AGRICULTURA QUE EXIGE ANTICIPACIÓN
A lo largo de su historia, el Grupo Jorge Schmidt ha construido su desarrollo sobre una idea central: anticiparse.
“En la agricultura hay que tomar decisiones a tiempo, aunque sean drásticas”, resume Schmidt.
Una definición que, reforzada por la experiencia operativa y estratégica actual, refleja no solo la historia de la empresa, sino también las exigencias de una industria donde el agua, la tecnología, la regulación y la gestión eficiente marcan el rumbo del futuro.