La despensa llena
Una vez que cosechamos la última cereza del huerto, se da inicio oficial a la etapa de postcosecha que va, según la variedad, de diciembre a marzo y cuyo objetivo principal es la producción de reservas carbonadas y nitrogenadas para dar inicio a la siguiente temporada que comienza con la floración y brotación en primavera.
Un buen despertar del cerezo depende de la cantidad de reservas que pudimos generar durante la postcosecha y de su movilización a estructuras de almacenaje como raíces, yemas y madera, pero además de su rápido y homogéneo movimiento a las estructuras que comienzan a abrir. Esto último depende en gran medida de una buena acumulación de frío durante el receso y, después, de una adecuada acumulación de grados días, lo cual genera una rápida y homogénea distribución de las reservas que sustentará toda la etapa de floración y cuaja de los frutos. Estas reservas nutricionales pueden ser medidas en diferentes estructuras de la planta, siendo el contenido de arginina en raíces y almidón en dardos los análisis más utilizados y evaluados en la industria.
Durante los últimos años hemos observado una alta relación y significancia entre ambos análisis. Cualquiera de ellos puede ser un indicador general del contenido de reservas de la planta y sinónimo de una planta con una despensa llena o no, para comenzar su nueva temporada de crecimiento. Este punto es clave en una especie en donde su fenología es tan corta y rápida desde floración a cosecha (desde 55 días) debido a que los primeros 20 a 25 DDPF la planta no ha podido generar una tasa de crecimiento radical importante debido a que las temperaturas en general son bajas para su activación y, por consiguiente, el ingreso de nutrientes y bioestimulantes por la raíz son escasos, para el normal desarrollo del metabolismo de la planta.

Potencial productivo
Teniendo clara la fenología de la especie, podemos interpretar que la acumulación de reservas podría acompañar a la planta desde inicios de floración hasta fines de la etapa 1 del crecimiento del fruto, con un rol fundamental en la cuaja y en el proceso de división celular, potenciando finalmente el volumen de fruta por hectárea, como se observa en el gráfico 1 y 2. A pesar de esta alta correlación entre la mayor acumulación de reservas durante la postcosecha y los parámetros de producción, debo mencionar que el volumen de fruta también está condicionado por factores climáticos durante la temporada, así como manejos de riego, nutrición, reguladores de crecimiento, entre otros.
El potencial productivo de nuestro huerto considera por un lado factores climáticos, los cuales interactúan con los manejos agronómicos que podamos realizar durante la temporada en cuanto a riego, nutrición, uso de reguladores de crecimiento, entre otros, en busca de obtener la mayor y mejor calidad de fruta. Este proceso de acumulación de reservas durante el periodo de postcosecha pasa por aminorar y disminuir al máximo los estrés bióticos o abióticos que la planta tenga durante la época estival, que es cuando mayores índices de estrés tenemos debido a las altas temperaturas y radiación durante el verano. Fisiológicamente debemos mantener al máximo el proceso de intercambio gaseoso e hídrico de la planta durante esta época, para que pueda captar la mayor cantidad de CO2 el cual será la base de la acumulación de reservas carbonadas y generación de azúcares. Si la planta no puede realizar un intercambio gaseoso continuo, debido al cierre estomático en sus hojas, ya sea por altas temperaturas, exceso de radiación y/o por un estrés hídrico, no podrá captar CO2 para la generación de azúcares. Esto repercutirá directamente en la calidad de las flores debido a que durante enero a marzo se lleva a cabo el proceso de diferenciación floral.

Para esto existen diferentes estrategias de manejo que, después de varios años, ya tenemos estudiadas y consolidadas en base a cinco pilares fundamentales que buscan la maximización del proceso de fotosíntesis y el movimiento de reservas a yemas y raíces: el riego, nutrición, uso de bloqueadores solares, bioestimulantes a nivel foliar y radical y el uso de molibdeno y boro.
El manejo del riego y la nutrición son sin lugar a dudas los dos puntos más relevantes para que durante el día la planta trabaje la mayor cantidad de horas y genere las reservas para la próxima temporada. En cuanto al riego, se deben mantener los tiempos de riegos inalterables a lo largo de la temporada, lo cual solo podría cambiar si la zona explorada por el sistema radical durante la postcosecha cambio o creció. Sin embargo, debe cambiarse la frecuencia de riego, que dependerá de las condiciones climáticas imperantes de cada día (evapotranspiración potencial) y del área foliar de la planta (Kc), que también puede sufrir cambios, por ejemplo con una poda de verano, en donde se remueve área foliar y por consiguiente cambia el coeficiente de cultivo (Kc).
En cuanto a la nutrición debemos reponer algunos macronutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio, así como algunos microelementos fundamentales para procesos metabólicos como zinc, boro y manganeso, que serán calculados en base al volumen de fruta cosechada en interacción con el análisis foliar postcosecha.
El tercer pilar con el cual podemos potenciar la acumulación de reservas son el uso de bloqueadores solares, que generan una película sobre las hojas y madera que aminoran los daños por exceso de temperatura y, sobre todo, por radiación, lo que se manifiesta como cierre estomático, encarrujamiento de las hojas y golpes de sol en hojas y madera.
Durante las últimas temporadas, con el equipo de I+D de Cropsolutions hemos evaluado distintos activos como fuentes de bloqueadores solares para aminorar el estrés por temperatura y radiación. Al mismo tiempo hemos medido la acumulación de almidón en dardos, que ha sido significativa en los tratamientos en donde se utilizó algún bloqueador solar en relación con el testigo absoluto. Gráfico 3.
El cuarto punto es la aplicación de bioestimulantes a nivel foliar y radical para potenciar la tasa fotosintética y el crecimiento de raíces, respectivamente. Los extractos de algas del género Ecklonia máxima como precursores de la síntesis de citoquininas potencian la actividad fotosintética y han sido de gran ayuda para lograr el objetivo. Además, el uso de bioestimulantes radicales en base a auxinas (ácido indol butírico) incrementa el crecimiento de raíces, que durante este periodo de postcosecha es el más importante de la temporada, en términos de volumen de raíces totales.
El último punto, y no menos importante, es la movilización de las reservas en base al manejo de caída de hojas que utilizamos en los huertos en cada entrada a receso. Un porcentaje importante de nutrientes se encuentra almacenado en las hojas, y previo a su caída éstas movilizan azúcares y nutrientes hacia los órganos de reservas. Sin embargo, después de realizar manejos para incrementar las reservas, en muchos huertos terminan aplicando productos con acción cáustica como sulfato de zinc más urea para acelerar la caída de hoja y forzar la entrada a receso, lo que genera un impacto directo en la acumulación de reservas, ya que elimina las hojas antes de que terminen de movilizar su contenido a los órganos de reservas, yemas, madera y raíces. Gráfico 4.
