Las claves para la nutrición mineral del cerezo

Entre los principales minerales que requieren los cerezos se encuentran el nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio, entre otros. Cada uno de ellos cumple funciones específicas que contribuyen al bienestar del árbol.
Julio 18, 2025
Por: Por: Prometeo Sánchez García, Ph. D. Ing.; Consultor en nutrición de cultivos

Los cerezos son árboles muy valorados por sus frutos deliciosos y nutritivos. Para asegurar un desarrollo favorable y una producción óptima, es fundamental comprender las necesidades nutricionales en términos de minerales. La nutrición mineral adecuada no solo mejora la calidad de las cerezas, sino también la resistencia de los árboles a enfermedades y condiciones ambientales adversas. 

Los minerales desempeñan un papel crucial en la fisiología y desarrollo de los cerezos. Estos nutrientes son esenciales para procesos como la fotosíntesis, la formación de flores y frutos, la absorción del agua y el fortalecimiento de las estructuras del árbol. 

Entre los principales minerales que requieren los cerezos se encuentran el nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), calcio (Ca), magnesio (Mg), azufre (S) y micronutrientes como hierro (Fe), zinc (Zn), cobre (Cu), manganeso (Mn) y boro (B). Cada uno de ellos cumple funciones específicas que contribuyen al bienestar del árbol. 

El manejo integral de la nutrición mineral de cerezos se desarrolla en 4 etapas: en primer lugar, el acondicionamiento del suelo; seguido de la estimulación y durabilidad de las raíces activas. En tercer lugar, se ubica la fertirrigación y seguimiento nutricional y finalmente, la bioestimulación. 

Para el acondicionamiento del suelo se deben realizar buenas prácticas agrícolas durante la preparación de este, para evitar su degradación física, química y biológica. Normalmente se realizan camellones a los cuales se les adiciona yeso y abonos orgánicos. Es importante considerar el porcentaje de saturación de Ca con relación a la capacidad de intercambio catiónico (CIC), ya que un suelo con más de 80% Ca CIC tiende a generar compactación química, al reaccionar los sulfatos con calcio (CaSO4 ) y a su vez, enyesado de raíces. Con el tiempo, los suelos tienden a compactarse, por lo que se considera el uso de descompactadores, infiltradores y/o floculadores. Un suelo acondicionado permite el buen desarrollo de raíces y la asociación de microorganismos solubilizadores y micorrizas en estas, y a su vez, un mejor aprovechamiento del agua y nutrientes, además del aporte de citoquininas endógenas. 

La mayor tasa de absorción de nutrientes en los árboles de hoja caduca ocurre entre la floración y el rápido crecimiento vegetativo. Por su parte, el crecimiento de raíces en cerezo comienza cuando la temperatura del suelo se acerca a los 15°C. 

En las etapas fenológicas: floración, crecimiento del tubo polínico, área de la hoja del dardo, crecimiento temprano del brote y de la fruta, se requiere de las reservas acumuladas en raíces, yemas y madera. Por esto, el suministro de nutrientes móviles deberá ser programado con tiempo para reducir las pérdidas posteriormente.

Un enfoque “correcto” 

La fertilización del cerezo se realiza conforme al enfoque de las 4r (“right – correcto”): 1) dosis correcta, 2) fuente correcta, 3) etapa correcta de aplicación y 4) lugar correcto de aplicación. 

Para calcular la dosis de fertilización se utiliza el modelo logístico o simplificado que consiste en considerar el aporte o suministro del suelo (SUM), el requerimiento o demanda del cultivo (DEM) y el aprovechamiento o eficiencia del fertilizante (EF), por lo tanto, el modelo se expresa de la siguiente manera: (SUM-DEM/EF). Si el suministro del suelo es mayor al de la demanda del cultivo se aplica una dosis de mantenimiento que normalmente corresponde al 25% de la demanda. 

Los suelos aledaños a Rancagua en la Sexta Región, se caracterizan por tener una textura franco-arcillosa (20–25 meq/100 g) que les confiere altos contenidos de nutrientes y que podrían estar disponibles por la mediación de microorganismos solubilizadores, por lo que se recomienda realizar un perfil microbiológico del suelo para conocer el microbiota de este. Los elementos que se encuentran en altas concentraciones en los suelos de la zona en cuestión son principalmente fósforo (120mg/kg), potasio (310 mg/kg), calcio (2,310 mg/kg) y magnesio (231 mg/kg), que corresponden aproximadamente a 824 kg/ha de P2 O5 , 1,1 ton/ha de K2 O, 9,7 ton/ha de CaO y 1,15 ton/ha de MgO. 

En el Cuadro 1 se muestran las proporciones recomendadas de N-P-K-Ca-Mg, aplicadas por fertirrigación mediante riego por goteo, en las principales etapas de crecimiento de los cerezos, con un rendimiento esperado de 15-20 TM/ha (sqmnutrition.com, 2025). 

La aplicación de fertilizantes en fertirriego y su ajuste debe considerar el aporte del agua de riego y el contenido nutrimental en la solución del suelo, mediante un análisis de pasta saturada o a través del seguimiento mediante sondas de succión. 

Para este caso, se sugiere una concentración nutrimental en pasta saturada como se observa en el Cuadro 2, acorde con la etapa fenológica. 

El requerimiento nutrimental se obtiene de manera experimental considerando la materia seca acumulada y la concentración de nutrientes contenidos en los diferentes órganos, o como en el caso del cerezo, la exportación de nutrientes considera únicamente la remoción por los frutos, como se observa en el Cuadro 3.

¿Cómo realizar el análisis foliar? 

La dinámica nutrimental en hojas de cerezo se refiere al movimiento y acumulación de nutrientes dentro de la hoja, así como a su absorción y translocación a otras partes de la planta. Los nutrientes esenciales para el cerezo, como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio, se encuentran en las hojas en diferentes proporciones y momentos del ciclo de vida del árbol. El análisis foliar es una herramienta clave para evaluar el estado nutricional del árbol y ajustar las prácticas de fertilización.

De acuerdo con Tapia (2020) el protocolo del muestreo para el análisis químico foliar en cerezo consiste en tomar 100-150 hojas con peciolo (muestra compuesta) de forma aleatoria en el mayor número de árboles por cuartel (Figura 1).

En los Cuadros 4 y 5 se muestran los rangos óptimos nutrimentales para hojas de cerezo de acuerdo con diferentes autores. Se observa que la concentración de macronutrientes en hoja sigue el siguiente gradiente: N>K>Ca>Mg>P>S y para los micronutrientes: Fe>Mn>B>Zn>Cu.

Algunas relaciones nutrimentales óptimas en hoja serían las siguientes: N/Ca = 0.91-1.57, Ca/K = 0.48-0.83, Ca/Mg = 1.75-8.0, Mg/K = 0.1-0.3. 

Figura 2. Deficiencias nutrimentales en hojas de cerezo. A) Nitrógeno, B) Fósforo, C) Potasio, D) Magnesio, E) Hierro y F) Zinc (Sallato y Whiting, 2022).

El diagnóstico visual en campo es una herramienta importante y ésta consiste en observar: 1) la simetría de síntomas en las hojas, 2) movilidad de los nutrientes, por lo que, la deficiencia de los elementos móviles como el N, P, K y Mg se presentan en hojas adultas y para el caso de los elementos inmóviles (Ca, S, Fe, Cu, Mn, Zn y B) se observan en hojas nuevas y por último, 3) universalidad de síntomas, los cuales se presentan de igual manera, independientemente de la especie, por ejemplo la clorosis internerval en hojas adultas por deficiencia de Mg. 

En la Figura 2, se muestran algunos síntomas de deficiencias nutrimentales en hojas de cerezo.

Determinación de los niveles nutricionales 

Los niveles nutricionales presentes en la fruta están determinados por diversos factores, como el clima, la variedad, patrón, vigor y manejo de copa, número y dosis de aplicaciones (foliares y suelo), entre otros. 

Estudios realizados por la Unidad del Cerezo del Centro de Pomáceas de la Universidad de Talca en Chile, han ajustado el requerimiento de nitrógeno en fruto entre 150 y 200 mg/100 g PF (peso fresco). En cuanto a las variedades, se observa que el cv. Bing concentró los niveles más altos de N, con un valor promedio de 214 mg/100 g PF, mientras que Lapins mostró los valores más bajos (150 mg/100 g PF), correspondiente al promedio de las 3 temporadas (Yuri et al., 2021). Niveles excesivos de este elemento repercuten en la condición y calidad de la fruta, pudiendo aparecer en ésta una serie de desórdenes fisiológicos (piel de lagarto), un menor contenido de materia seca y reducción en la firmeza.

El fósforo es un importante constituyente de la membrana celular y por ende, un elemento asociado a la condición interna del fruto. El rango adecuado para este elemento se ha definido entre 15 y 25 mg/100 g PF. 

En cuanto al potasio, los niveles óptimos que permiten fruta con mayor contenido de grados Brix, altos calibres y buena turgencia deben estar por encima de los 200 mg/100 g PF, dado que este elemento participa en la apertura estomática, captación de CO2 atmosférico y flujo del agua hacia los tejidos. El rango entre variedades puede oscilar entre 120 – 250 mg/100 g PF. 

El calcio es un elemento clave para la calidad de la fruta, pues forma parte estructural de la pared celular, uniendo las cadenas de pectina, aumentando así la firmeza y materia seca de los frutos y reduciendo alteraciones de poscosecha. Se esperaría niveles que superen los 10 mg/100 g PF. 

La concentración de magnesio, elemento fundamental al ser parte de la clorofila, se encuentra en el rango óptimo entre 5 – 15 mg/100 g PF. 

Una relación óptima entre K/Ca/Mg en la fruta permite alcanzar la máxima calidad en términos de color, sabor, calibre y firmeza. Por lo anteriormente expuesto, una relación óptima entre estos nutrientes en fruta sería 1 K: 0,3 Ca: 0,05 Mg. Niveles adecuados de boro (>0,5 mg/100 g PF) ayudarían a mantener la firmeza y calidad de los frutos, dado que este elemento tiene un rol clave en el transporte de azúcares.

Calcio, una aplicación integral 

En términos generales, buena parte de las cerezas chilenas mantienen niveles de minerales adecuados, con excepción del calcio, elemento que se encuentra en gran proporción por debajo del mínimo requerido, lo que repercute en la calidad de poscosecha y potencial de guarda de la fruta (Yuri et al., 2021). 

Por tal motivo, el tema del calcio en fruta debe abordarse de manera integral y no solo mediante la aplicación de calcio al suelo y/o a la hoja. Primeramente, se debe tener un suelo con buena oxigenación para potenciar y favorecer el desarrollo de una gran cantidad de raíces, ya que el Ca se absorbe por los puntos de crecimiento (primeros 4 cm a partir del ápice). Las micorrizas también pueden apoyar en la toma de calcio, cuando tenemos un pobre desarrollo radicular. De igual manera, existen bioestimulantes potenciadores de la “bomba de protones” para acelerar el proceso de absorción de Ca radicular, tales como los ácidos carboxílicos de tipo alifático, ácidos húmicos y fúlvicos, entre otros (Dobbelaere et al., 1999). En caso de tener un problema de sales como el sodio, en la solución del suelo, usar desplazadores de sales y/o bioestimulantes que permitan el ajuste osmótico en raíces y así, favorecer la absorción de Ca, tales como glicina betaína, aminoácidos, algas marinas, etc (Huang et al., 2010). Otra estrategia consiste en favorecer el incremento de pectinas en la fruta para incrementar la concentración de pectatos de calcio en fruto, mediante bioestimulación, para aumentar la firmeza en este. Un clima adverso (frío, calor, alta o baja humedad relativa y baja luminosidad o alta radiación UV-B) puede disminuir también la absorción de calcio y la síntesis de pectinas, por lo que se recomienda el uso de antiestresantes para favorecer la apertura estomática, debido a que ésta decrece cuando el déficit de presión de vapor (DPV) en el ambiente se encuentra en un rango entre 0.5 – 1.5 kPa (Prenger y Ling, 2001). Por ello, se limita la conductancia estomática, fotosíntesis y absorción de Ca, lo que impacta en cantidad, calidad y sanidad del cerezo (Figura 3).

En resumen, la producción de cerezo, en términos agronómicos, enfrenta un gran reto ante el deterioro permanente de la fertilidad física, química y biológica de suelos, limitaciones de agua en cantidad y calidad, eventos climáticos cada vez más amenazantes, sin considerar los aspectos sociales, económicos y geopolíticos.