Las enfermedades que amenazan a las cerezas

Los casos de muerte súbita registrados recientemente confirman que Pseudomonas syringae y las enfermedades de la madera seguirán siendo desafíos para la industria del cerezo. La combinación de investigación aplicada, diagnóstico, manejo integrado y decisiones oportunas en terreno será clave para sostener el crecimiento sano del cultivo.
Febrero 5, 2026
Por: Patricio Murúa, Asesor Senior y Luis Ahumada, Gerente de Innovación y Sostenibilidad de Abud & Cía.

El cáncer bacterial, causado por Pseudomonas syringae, ha estado presente en la fruticultura chilena por décadas. Sin embargo, su comportamiento reciente ha encendido alertas en la industria, especialmente en huertos jóvenes de Santina. La rapidez del avance, la agresividad de los síntomas y el aumento de casos han sorprendido a asesores y productores, reabriendo un debate que se consideraba resuelto: ¿entendemos realmente la dinámica actual de esta enfermedad?

Lo que antes se abordaba como un problema focal y estacional, hoy se presenta como un fenómeno más complejo, en el que patógeno, clima y estrés fisiológico interactúan para generar escenarios de alta severidad. La evidencia recopilada en terreno por Abud & Cía. muestra que durante la brotación, plantas aparentemente sanas pueden colapsar en cuestión de días, con yemas que no abren, brotes que se necrosan y pérdida total de la parte aérea. En situaciones extremas, la mortandad puede alcanzar entre 10 y 30%, lo que compromete la estructura, el adelanto y la viabilidad futura del huerto.

Aunque todas las variedades pueden enfermar por P. syringae pv. syringae, estudios como Vanneste (2017) indican que Santina presenta mayor sensibilidad, incluso cuando activa con rapidez mecanismos de defensa, en comparación con Bing. Esta condición se acentúa en climas fríos y en suelos de menor vigor, donde hemos registrado los casos más severos en las dos últimas temporadas.

ENFERMEDADES DE LA MADERA: UNA AMENAZA PARALELA

En este período también ha cobrado relevancia el colapso de huertos asociado a enfermedades de la madera, generalmente vinculadas a material infectado proveniente de vivero. Entre los agentes causales más frecuentes se encuentran Cytospora, Chondrostereum purpureum (Plateado) y Calosphaeria. En plantas colapsadas es común detectar más de uno de estos patógenos, frecuentemente junto a cáncer bacterial debido a su carácter oportunista. Por ello, es fundamental analizar no solo plantas afectadas, sino también ejemplares sanos o que comienzan a mostrar síntomas iniciales.


Imagen de referencia de planta colapsada por cáncer bacterial.

Cuando el hongo proviene de vivero, es necesario realizar cortes transversales en la zona del injerto, donde suelen observarse patrones de necrosis que deben enviarse a laboratorio. En casos de infección no severa es posible convivir con el patógeno, siempre que se implemente un programa de manejo que limite su avance. Las estrategias incluyen elicitores foliares durante la temporada, fosfito de potasio vía riego en poscosecha y fungicidas de amplio espectro también vía riego, lo que permite que el producto alcance el xilema afectado.

Distinguir entre el cáncer bacterial y las enfermedades de la madera es indispensable, aun cuando ambos colapsos suelen coincidir con el inicio de la brotación. La velocidad del deterioro es un factor clave: el cáncer bacterial provoca un colapso muy rápido y generalizado, caracterizado por gomosis; mientras que las enfermedades de la madera también generan un colapso pronto, pero menos generalizado, que a menudo se manifiesta como muerte regresiva. En estados avanzados puede observarse la presencia de cuerpos frutales. En el análisis interno del tronco, el cáncer bacterial se evidencia con una mancha que se origina desde la corteza, mientras que las enfermedades de la madera dejan manchas en la zona central del corte transversal, con patrones variables según el hongo involucrado.

POSCOSECHA: UN PERIODO CRÍTICO QUE REDEFINE EL MANEJO SANITARIO

Una de las mayores revelaciones proviene del período de poscosecha, históricamente subestimado. Durante años se asumió que el calor del verano reducía la actividad de la bacteria, pero un reciente estudio del Centro de Innovación Montefrutal (CIM) en conjunto con Agroadvance, realizado en Santina sobre guindo ácido en Pichingal (Molina), desafió este supuesto. El monitoreo de la temporada 2023-2024 registró poblaciones bacterianas por encima del umbral de riesgo (1.000 UFC/g) desde la primera medición, incluso en pleno verano.

El ensayo comparó un testigo sin aplicaciones sanitarias desde diciembre con un manejo que incorporó un bactericida biológico basado en Bacillus y bacteriófagos aplicado en enero y luego en caída de hojas. La aplicación de enero permitió mantener la bacteria bajo niveles críticos durante todo el verano, mientras que el testigo mostró un crecimiento acelerado. Aunque la colocación de otoño redujo de manera significativa la carga bacteriana, no fue suficiente para bajarla del umbral de riesgo, reforzando la importancia de llegar a la caída de hojas con poblaciones contenidas. Este hallazgo está modificando la comprensión de la epidemiología de Pseudomonas: la poscosecha deja de ser un período “inactivo” y pasa a ser un punto crítico para el desarrollo del patógeno.

HELADAS Y MICROLESIONES: UN DETONANTE SILENCIOSO

Otro elemento que ha intensificado la problemática es la ocurrencia de heladas severas. P. syringae posee proteínas nucleadoras que favorecen la formación de cristales de hielo incluso cerca de 0 °C, generando microlesiones que actúan como puertas de entrada para la infección (Lindow, 1983). En árboles jóvenes, con madera poco lignificada y sometidos a condiciones de estrés, estas microfracturas pueden desencadenar daños significativos.

En los últimos dos años, las heladas invernales se han convertido en un detonante importante de los casos de muerte súbita, especialmente en Santina sobre portainjertos de vigor medio o bajo y en suelos con problemas de drenaje o baja fertilidad. Frente a este escenario, varios asesores han ajustado su estrategia, priorizando la reducción de poblaciones de Pseudomonas antes de las heladas mediante cobres de liberación lenta y, posteriormente, cobres de acción rápida (como sulfato de cobre pentahidratado), una vez que las temperaturas superan los 10 °C.

El estrés estructural del huerto surge como una condición que favorece el avance del patógeno. Sectores pedregosos, variabilidad edáfica, compactación, napas altas o riegos mal ajustados generan un debilitamiento progresivo del árbol, aumentando su susceptibilidad a la colonización bacteriana. No es casual que los primeros síntomas se manifiesten en zonas específicas del predio, aquellas que ya presentaban dificultades de vigor o desarrollo. Cuando a esto se suma un manejo sanitario insuficiente durante la poscosecha o caída de hojas, los ataques tienden a intensificarse.

HACIA UN MANEJO INTEGRADO Y PREVENTIVO

En este contexto, el manejo integrado ha adquirido un rol central. Las tecnologías de mapeo multiespectral permiten identificar tempranamente los sectores bajo estrés y orientar intervenciones precisas, ya sea mediante ajustes de riego, correcciones nutricionales, mejoramiento del drenaje o modificaciones en la conducción del huerto.

El uso de coberturas vegetales, especialmente paja de trigo en suelos pedregosos o arenosos contribuye a regular la humedad, moderar la temperatura del suelo y mejorar la resiliencia frente a eventos climáticos. El enfoque de “suelo vivo”, basado en compost, microorganismos benéficos, micorrizas y bioactivadores, ha mostrado un potencial importante para fortalecer la rizósfera y mejorar la capacidad defensiva del árbol, especialmente en etapas tempranas de establecimiento.

Paralelamente, el monitoreo climático y las estrategias de mitigación de heladas, desde sistemas de alerta hasta aspersión, se han vuelto esenciales para evitar que un evento de frío reactive ciclos infecciosos severos. Programas nutricionales equilibrados y un riego ajustado a las condiciones reales del suelo y del árbol completan un enfoque más robusto y preventivo.

Los casos de muerte súbita registrados recientemente confirman que Pseudomonas syringae y las enfermedades de la madera seguirán siendo desafíos para la industria del cerezo. La combinación de investigación aplicada, diagnóstico, manejo integrado y decisiones oportunas en terreno será clave para sostener el crecimiento sano del cultivo. Anticiparse y comprender la dinámica real del patógeno permitirá adecuar los sistemas productivos a condiciones climáticas más variables y determinará en gran medida la competitividad del cerezo en los próximos años.