Las lecciones de California para la fruticultura
“Manejo del estrés abiótico: Lecciones de California para la agricultura” fue el tema principal que dio a conocer de manera virtual Giulia Marino, fisióloga frutal, especialista en estrés abiótico y académica de UC Davis en el seminario “Estrés abiótico en frutales,” organizado por UC Davis Chile. El evento que se realizó en Rancagua dio a conocer experiencias de Chile, de la mano de destacados especialistas chilenos, y California respecto al manejo de estrés causado por falta de agua, salinidad, radiación y temperatura en frutales.
Según la experta internacional la incidencia de la salinidad está asociada al déficit de lluvias, que dificulta la toma de agua por parte de los cultivos. “Hay dos opciones respecto a las técnicas de riego. Una de ellas consiste en que las investigaciones se han centrado en mejorar la precisión del riego, ya que podemos regar cada planta por separado, pero eso no es práctico ya que los agricultores tienen mucha dificultad para adoptar esta técnica. Por lo tanto, la técnica más utilizada para el riego consiste en calcular la evaporación y transpiración, que es lo que más se usa en California, lo cual ha funcionado muy bien”. Marino explicó que, por la gran sequía que hubo en California durante los últimos años, el gobierno estableció nuevas reglas que han limitado la cantidad de agua y los huertos de los agricultores.
¿Cómo podemos equilibrar la gestión del agua?, se preguntó la especialista. “Primero, es clave entender los efectos del estrés hídrico sobre la producción. Siempre pensamos que la fotosíntesis es limitada ya que si la reducimos se produce menos azúcar, por ende, menos crecimiento y menos frutos. Pero la verdad es que hay que entender que también es limitante el crecimiento vegetativo. Por lo tanto, con el riego de precisión podemos limitar el crecimiento vegetativo, pero sin limitar la fotosíntesis. Por ende, tendremos más fotosíntesis que puede ir al fruto. Pero para hacer esto tenemos que usar técnicas específicas. Por ejemplo, en EEUU usamos cámaras a presión, que se usan a diferentes horarios. Para nosotros es una las mejores técnicas cuando no se dispone de mucha agua”, destacó.
Otras técnicas también que ayudan cuando no se dispone de mucha agua es regar en el periodo en que la planta es más resistente, y en la que el estrés no afecta ningún parámetro relacionado con la producción. “Por ejemplo, en el pistacho, en la etapa en que se endurece la semilla, el fruto no crece. Por eso, se puede usar menos agua porque no tiene efecto en la producción”.
La reducción de agua está acompañada del alza de la salinidad del suelo, lo que complica la situación, incluso más que la propia sequía. “Cada cultivo tiene un nivel distinto de resistencia de la salinidad. Así, por lo tanto, los pistachos o almendros sufrirán mucho. La salinidad produce en la planta estrés osmótico, que se asemeja a la sequía. El segundo que llega después son las acumulaciones de iones en las hojas, que crean desbalances nutricionales, lo que puede incluso desfoliar las plantas”, explica.
De acuerdo Marino, un tema del cual no se habla mucho es lo que ocurre cuando hay mucho sodio en el suelo, lo cual cambia la estructura edáfica y no permite el ingreso del agua. “Lo anterior pueda matar un huerto entero de pistachos. Por otro lado, la mayoría de las especies que son resistentes a la sequía y la salinidad, cuando hay mucha agua en el suelo, sus raíces no pueden respirar y por ende mueren, por lo que se producen plantas muy pequeñas”, resaltó.
Rol de la extensión
El encuentro finalizó con un panel de discusión moderado por Nicolás Manterola, asesor en frutos secos, que contó con la participación de Marino junto a Arturo Calderón, PhD en Horticultura, profesor asociado a la Universidad de Concepción; Marlene Ayala, PhD en Horticultura, docente asociada a la Pontífice Universidad Católica de Chile y Giovanni Lobos MSc. Investigador y extensionistas en Frutales en el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA Intihuasi.
Los expertos respondieron a las consultas de los asistentes y destacaron el rol clave de la extensión para llevar a la práctica los conocimientos disponibles. Según los especialistas es clave desarrollar estrategias y potenciar el trabajo en equipo. Por ello se debe realizar un trabajo serio y especializado y programas en los cuales se adapten las tecnologías para los agricultores.
Según Ayala,” el cambio climático ha llevado a extremos en donde la genética no ha ido a la par de las necesidades para ir mejorando las especies que hagan frente a este escenario del cambio climático que afecta a todo el mundo. Por lo que se necesita recurrir a las tecnologías que ayuden a disminuir esa brecha de genética. Debidos que estamos un ambiente hostil estamos obligados a recurrir a las tecnologías y volver a las bases agronómicas, fisiológicas. Por lo tanto, es necesario contar con agrónomos que integren diversas bases que unan a las tecnologías”.