Lección aprendida

El 2023 nos demostró que el periodo post pandemia no era sinónimo de relajarse. Sus desafíos son un llamado a generar una mejora continua y procesos consistentes.
Enero 24, 2024

Este 2023 ha sido en términos climáticos, como mínimo, desafiante. Post pandemia habíamos recuperado la calma y, en cierta forma, nos habíamos relajado. Los tiempos de tránsito se habían regulado y nos preparábamos para una temporada 2023-24 más calma y gran crecimiento en volumen. Pero el clima nos jugó una pasada que no estaba considerada en ninguna estimación. Altas temperaturas en Europa, que incluso deshidrató la fruta antes de ser cosechada, además de tormentas y lluvias en Perú y Marruecos, lo que evidentemente afectó la calidad y condición de la fruta, no sólo en berries, sino en todas las especies.

Hubo retrasos en floraciones, baja inducción floral y fruta que no se encontró en ningún lugar. Como consecuencia de ello, los precios subieron y tenemos una demanda insatisfecha, lo cual en algo compensa, pero también queremos kilos y calidad.

Por eso decimos que este año ha sido de aprendizaje: nos ha llevado a comprender la importancia del recambio varietal, de establecer la variedad correcta según zona. Ya no podemos contar con las variedades que “igual crecen y producen” y en años complejos quedarnos de brazos cruzados. Hay que entender que no solo trabajamos con la fruta; detrás de ello existe una planta, un ser vivo, que responde a condiciones ambientales. Creo que nos habíamos olvidado de eso. Hay mucho que reflexionar y aprender aún.

Los tiempos no siempre son perfectos. Necesitamos adaptarnos. Las tecnologías no son la respuesta a todo, debemos trabajar con calidad para lograr un buen resultado, avanzar hacia un futuro incierto considerando que el cambio climático llegó para quedarse. Con ello, lo fundamental es el trabajo en equipo, considerarlas posibles problemáticas y tratar de anticiparse. En resumen, debemos lograr un trabajo conjunto a nivel de toda la cadena productiva, preparar planes de contingencia, y considerar siempre que la calidad de la fruta se hace en el huerto mientras que lo demás es solo un apoyo, un medio para llegar a destino con buena calidad y condición y así entregar al cliente final el producto que espera.

En cuanto a pensar qué hizo el vecino y por qué a él le funcionó y a mí no, es hora de aceptar que cada operación es particular, tiene tiempos y condiciones diferentes. Debemos entender los procesos internos. Pequeñas diferencias hacen grades cambios. Lograr determinar mis puntos críticos y resolver las problemáticas en concordancia con mis medios y buscar oportunidades en cada paso. El mejor consejo es buscar en los detalles.

Hace unos días alguien me preguntó: ¿Qué hizo bien Perú que podamos hacer bien nosotros? ¿Qué podemos copiar del modelo en Chile? Qué pregunta tan compleja y a la vez fácil de responder. Cuando eso pasa siento que no hemos entendido nada, porque son condiciones de producción, problemáticas y contextos diferentes. Pero lo que sí podemos comenzar a aplicar es la forma de hacer las cosas, el mindset: cómo hacer para mejorar la condición y calidad y cambiar el enfoque a la cadena de producción.

Fertilizar, podar y regar para privilegiar la nutrición de la fruta, el calibre y un buen desarrollo y una buena vida de postcosecha, una excelente calidad y condición; luego, enfocar el punto crítico de la cosecha, los ciclos de reingreso y hacer una buena planificación de tiempos entre cosechas. Y lo más importante, cómo cosecho y manejo los tiempos de cosecha, que es algo que el Comité de Arándanos ha hecho ver por años: cuánto tiempo permanece la fruta en el campo expuesta al sol.

Distinto sería si cambiásemos la pregunta anterior a ¿cómo podríamos mejorar en base a la experiencia peruana? Podría decir que ellos tomaron nuestra experiencia y la mejoraron, con el apoyo de profesionales chilenos, como sigue ocurriendo hasta ahora. Desde diversos lugares vienen a conocer la experiencia de Chile, y me dicen, por ejemplo, queremos saber cómo lo hacen, cómo viajan y llegan perfecto mientras que nosotros, que estamos acá, no logramos llegar a 15 días con buena fruta. La respuesta: pre y post cosecha están relacionadas, ya que una no vive sin la otra, pero hay que trabajar la cosecha y el proceso mismo desde que se extrae de forma impecable la fruta de la planta. No existe magia ni tecnología que reemplace a un trabajo bien hecho.

Como cada mes durante este año, en estas páginas he tenido la oportunidad de analizar diferentes aristas de la cadena productiva. Si revisan las columnas verán que no existen procesos aislados. Hoy a través de esto trato de hacer un resumen del año, de usar esta ventana para hacer un cierre con miras a lo que sigue. Cada temporada es diferente y nos presenta nuevos desafíos, los aprendizajes son tremendamente relevantes y no debemos olvidarlos en un cajón o archivador en el fondo de la oficina. Debemos hacer procesos consistentes y mejoras continuas.