Los impactos de déficit hídrico en la calidad y condición de los cítricos chilenos
Calidad y condición de mandarinas bajo déficit hídrico controlado fue el tema que dio a conocer Edgard Álvarez, coordinador de Laboratorio de Calidad de Postcosecha de INIA La Platina, en la Jornada de Citricultura 2024. El encuentro fue organizado por el Comité de Cítricos de Frutas de Chile y contó con el apoyo de Corfo, INIA y PUC.
El experto dio a conocer el proyecto FIA, PYT 2021-0569 que fue realizado por FIA, INIA, Comité de Citrícolas y San Clemente, en el cual se ajustó el coeficiente de cultivo satelital para el manejo preciso del riego en el cultivo de mandarinas de la zona centro-norte de Chile. Lo anterior se realizó Monte Patria, Región de Coquimbo con la variedad Orogrande.
Según el experto, cuando establecieron el ensayo observaron que no había un déficit. “Pero la temporada 2023 se produjo una baja y en 2024 no vimos la recuperación que esperamos en cuanto a rendimiento por planta cuando establecimos los déficits de riego. Después realizamos la distribución de calibres y lo que nos llamó la atención fue que se aplicó más agua, tengo mejora del calibre”.
“Cuando tengo un 20% de déficit ya la distribución se ubica en precalibre, lo que es dramático para lo que alcanzamos a medir. Cuando bajó un 10% la disponibilidad de agua, el calibre comienza a afectarse un poco, comentó Álvarez.
¿Qué pasa además de la disminución de calibre?, preguntó el investigador. “Comienzan a aumentar los sólidos solubles y la acidez. Toda la fruta que estaba en déficit del 20% y 30% mostró un aumento de los sólidos solubles porque se comenzaron a concentrar mucho más junto con la acidez. Después, lo que vimos a los 30 días de almacenaje fue la caída, por tiempo de respiración de la fruta, de la acidez”.
De acuerdo con el experto, advirtieron que cuando hay déficit hídrico aumenta la incidencia del creasing, que es la alteración fisiológica que se produce en la cáscara de los cítricos y que se caracteriza por la aparición de grietas y roturas en el albedo, la parte blanca interior de la corteza. “En 2022, 2023 y 2024, cuando hubo sobre un 20% de déficit el creasing se comenzó a expresar y en la postcosecha aumenta más”.
Uno de los aspectos sensoriales más complejos es la firmeza ya que existe mucha variabilidad en los cítricos. ” En los cítricos tenemos varias formas para usar el penetrómetro. El primero es la Compresión, usado para la firmeza del fruto y en otros casos esta la Penetración utilizado para la sensibilidad a oleocelosis y firmeza de frutos”, agregó.
Entender la diferencia entre textura, dureza y firmeza es fundamental para los trabajos que se realizan, destacó Álvarez. De acuerdo con Estándar Internacional ISO 5492: Vocabulario de Análisis Sensorial; Rosenthal (2024), la firmeza consiste en todos los atributos mecánicos, superficiales, geométricos percibidos sensorial, visual o auditivamente desde masticación hasta deglución.
La dureza es el atributo relacionado a la fuerza necesaria para realizar una deformación, penetración o ruptura. Principalmente es usado para medir el punto de colapso, ruptura o quiebre. En tanto, la firmeza trata al nivel medio de dureza asociado a una deformación dada, pero sin ruptura. Se relaciona a las evaluaciones sensoriales.
En cuanto a conclusiones de la investigación, Álvarez comentó que el déficit de riego promueve un alto desarrollo de color a cosecha, lo que es apreciado en cítricos. “Sin embargo, la disminución de calibre es más importante y por ende no sería una ventaja. Por otro lado, el sobrerriego tampoco genera un beneficio notable en calibre. Un 20% de déficit en las fases II y III puede aumentar significativamente la cantidad de fruta en precalibre”.
Es importante tener en cuenta que el exceso de riego promueve el desarrollo de oleocelosis en postcosecha, mientras que un déficit de 10% puede disminuir el problema. “Un déficit del 30% puede llegar a evitar la incidencia, pero sacrificando otras variables de calidad y condición. La incidencia de creasing se desarrolla en condiciones de déficit hídrico mayor a 20%, siendo crítico al 30% de déficit. Aunque es un daño de precosecha, se observó que consistentemente la incidencia aumentó en postcosecha, incluso en fruta considerada sana al momento de recolección”, concluyó el experto.