Manejo de estrés en poscosecha de cerezas ante las olas de calor de febrero
La poscosecha del cerezo es una etapa clave para asegurar la calidad de la fruta en la próxima temporada, y ante las altas temperaturas que se pronostican para lo que queda de febrero resulta fundamental un manejo que permita evitar el estrés térmico en las plantas. Por eso, el Centro de Evaluación Rosario (CER), que desde hace quince años investiga y genera información para la industria frutícola de Chile, entregó recomendaciones y estrategias para preparar un manejo de la poscosecha del cerezo.
Durante la poscosecha, las plantas acumulan las reservas necesarias para una floración efectiva y posteriormente brotar en primavera.
Es fundamental conocer el contenido de reservas en el cerezo, que entre otras cosas determina la floración, la cuaja y el crecimiento inicial del fruto, afectando su calibre y rendimiento. Dado que el cerezo tiene un corto período productivo, la acumulación de reservas en raíces, yemas y madera durante la poscosecha es clave. Además, la activación del crecimiento radical en primavera depende de estas reservas.
“Desde la cosecha hasta la caída de las hojas, los cerezos incrementan significativamente la acumulación de reservas, especialmente en los órganos leñosos. Este proceso depende de factores como la temperatura, la nutrición y el estado hídrico de la planta. Mientras que las reservas carbonadas están influenciadas por la eficiencia fotosintética, las reservas nitrogenadas requieren un adecuado manejo de riego y fertilización para contrarrestar el estrés térmico y la radiación solar”, señala el documento.
El proceso de acumulación depende de la temperatura, la nutrición y el estado hídrico de la planta. Las reservas carbonadas están ligadas a la eficiencia fotosintética, influenciada por el clima y el manejo agronómico, mientras que las reservas nitrogenadas requieren un adecuado riego y fertilización para mitigar el estrés por altas temperaturas. Temperaturas moderadas (34-38°C) pueden reducir la fotosíntesis, afectando la acumulación de reservas. Por ello, es clave aplicar estrategias para minimizar el estrés térmico y maximizar el potencial productivo.
A partir de esto es que se propone una serie de estrategias orientadas a reducir el estrés térmico, bloqueadores solares y bioestimulantes.
Actualmente, existen diversos tipos de bloqueadores solares disponibles en el mercado, que incluyen caolinita, silicatos o ácidos grasos como fosfolípidos y oligosacáridos (incoloros). Estos productos, aplicados entre diciembre y marzo, ayudan a reducir el estrés térmico al disminuir la temperatura foliar, lo que favorece una mayor captación de carbono desde la atmósfera, gracias a la menor reducción del cierre estomático. El funcionamiento de los bloqueadores solares se basa en la reflexión del exceso de radiación, incluyendo la radiación fotosintéticamente activa (PAR), ultrahttps://mundoagro.io/wp-content/uploads/2013/06/concepto_empresas-1.jpg (UV) e infrarroja (IR). Esto reduce el riesgo de quemaduras solares en las hojas (Figura 1), preservando la integridad de los tejidos vegetales y previniendo las fotoinhibiciones crónicas que pueden ocurrir tras un evento de estrés térmico.
En el primer caso, productos con base en caolinita, silicatos o ácidos grasos como fosfolípidos y oligosacáridos (incoloros) disminuyen considerablemente la temperatura foliar. Esto favorece una mayor captación de carbono desde la atmósfera, gracias a la menor reducción del cierre estomático. El funcionamiento de los bloqueadores solares se basa en la reflexión del exceso de radiación, incluyendo la radiación fotosintéticamente activa (PAR), ultrahttps://mundoagro.io/wp-content/uploads/2013/06/concepto_empresas-1.jpg (UV) e infrarroja (IR). Esto reduce el riesgo de quemaduras solares en las hojas, preservando la integridad de los tejidos vegetales y previniendo las fotoinhibiciones crónicas que pueden ocurrir tras un evento de estrés térmico. “Estudios evidencian que plantas de cerezos tratadas con bloqueador solar en base a caolín alcanzan una disminución de la temperatura foliar de 2,5°C en promedio, registrando el tratamiento control una temperatura foliar equivalente a 38,1°C.”, señalan desde CER.
Por otro lado, recomienda también el uso de correctores nutricionales y bioestimulantes, sustancias que estimulan procesos bioquímicos en las plantas, mejorando la absorción de nutrientes, la eficiencia en su uso y la tolerancia al estrés abiótico. Entre los productos más comunes se encuentran las formulaciones basadas en ácidos húmicos y fúlvicos, aminoácidos, biopolímeros, silicatos y extractos de algas, entre otros, índice el documento de CER, que además señala: “Para mitigar el estrés térmico, hídrico y salino, los bioestimulantes a base de extractos de algas son especialmente efectivos durante la poscosecha. Estos extractos contienen polisacáridos, macro y micronutrientes, aminoácidos y fitohormonas, cuya composición varía según el tipo de alga y el método de extracción. Los extractos de algas inducen respuestas fisiológicas en las plantas que incrementan su tolerancia al estrés”.
El uso de bioestimulantes como manejo complementario ha ganado relevancia para mitigar el estrés en los cerezos. Entre los más utilizados están los extractos de algas, especialmente de Ascophyllum nodosum y Ecklonia maxima, que inducen cambios en la síntesis hormonal de la planta, optimizando su respuesta fisiológica. Estudios han demostrado que su aplicación en poscosecha mejora la acumulación de reservas nitrogenadas y carbonadas, dependiendo del momento de aplicación, contribuyendo a la preparación de la planta para futuros periodos de estrés.
A partir de estas tecnologías, el equipo asesor de CER pone el énfasis antes en un manejo adecuado del riego y la fertilización en poscosecha, para complementarlo con la aplicación de bloqueadores solares y/o bioestimulantes para mitigar el estrés térmico provocado por las altas temperaturas estivales, favorece una mayor acumulación de reservas en la planta. Por lo tanto, la recomendación es aplicar los bloqueadores solares lo más pronto posible después de la cosecha. De manera complementaria, es aconsejable utilizar bioestimulantes cada 15 o 20 días durante el período de altas temperaturas, cuya frecuencia dependerá de las características específicas del huerto, como el clima, la latitud, el vigor y el estado fitosanitario de las plantas.