Más que un cambio de insumos
Avanza a nivel nacional la agricultura orgánica. Cada año más productores empiezan a comprender y a darle valor a la veta biológica de la agricultura. Un ejemplo clásico son los bioestimulantes, que llegaron para quedarse. Sabemos de sus beneficios y de la importancia que están teniendo en los planes de manejo. Y lo mejor es que muchos de ellos tienen certificación orgánica.
Ya se sabe de la importancia de tener un suelo biológicamente activo, que no sea tan solo un soporte para la planta. Por lo tanto, además de la receta básica, debemos avanzar en tener y mantener un suelo vivo, que es la base de una agricultura ecológica. De esta manera logramos ventajas que se reflejan en la productividad y rentabilidad del campo.
Pero ¿qué significa tener un suelo vivo en mi campo? La repuesta podría ser reducir costos. Porque la clásica idea de que producir orgánicos es más caro no es del todo cierta. ¡Pero ojo! Si usted piensa hacer agricultura orgánica solo cambiando un insumo convencional por otro equivalente orgánico su objetivo puede fracasar. Ese no es el camino. Entonces, nuevamente, ¿cuál es?
Sabemos que necesitamos un suelo vivo y para eso tenemos que entender cómo funciona la naturaleza. Imaginemos un bosque, prístino, y preguntémonos: ¿cómo puede mantenerse sin ningún tipo de aporte https://mundoagro.io/wp-content/uploads/2025/04/premium-1.png, con suelos que en muchos casos son de poca fertilidad natural? Un ejemplo de eso es la Amazonia. Esa es la concepción debemos replicar en nuestros campos.
Un bosque jamás tiene un suelo desnudo. Siempre hay una cobertura vegetal que lo protege del sol, el viento y la lluvia. En un mismo espacio hay muchas plantas y de muchas especies, lo que implica mucha interacción, tanto intra como interespecífica. Algunas están en pleno crecimiento, otras ya cumplieron su ciclo y están en proceso de descomposición. Ese continuo crecer y descomponer es la clave; cuanto más intenso, mejor. Ese ciclo provee las condiciones necesarias para que la vida, o la microbiología del suelo, se instale y se múltiplique. ¡Como resultado, las características físicas, químicas y biológicas del suelo van en aumento sin cualquier costo!
Como sabemos, en la agricultura orgánica están prohibidos los productos de síntesis química, y dentro de esos están los herbicidas. La maleza, o más bien el cultivo de cobertura, es una excelente herramienta para imitar la dinámica de un bosque en el huerto. La dejamos crecer y la trituramos en su punto de corte dejando sobre el suelo el residuo vegetal molido. Ese material hace efecto mulch, lo protege del sol y viento para bajar la temperatura y mantener la humedad en los primeros centímetros del suelo. Además, protege de la erosión y compactación causada por la lluvia y riego (principalmente si es por micro aspersión), lo que contribuye a la preservación de la porosidad y estructura.
Las raíces de las malezas, muy adaptadas y oportunas, logran desenvolverse y romper camadas compactadas a lo largo del perfil, extrayendo nutrientes de camadas más profundas, liberándolos en la superficie después de su descomposición. Esa fitomasa en superficie es el alimento del que tanto hablamos, punto muy importante dentro de esta dinámica, pero la clave es el proceso de descomposición por parte de los microorganismos. Es lo que más beneficios trae al suelo. Por eso es más ventajoso proveer paja al suelo que compost. En todo este proceso el compost es un turbo. A través suyo logramos inocular microorganismos al suelo, esa es su principal función. Con este manejo es que logramos ser sustentables en el sentido de promover un suelo sano, reducir costos en riego, fertilización y sanidad.
No siempre es simple llevar todo eso a la práctica, pero si queremos avanzar en ese sentido tenemos que adaptar el huerto a esta realidad.


El sistema de riego juega un rol importante. Si por un lado bajamos los costos de producción haciendo una agricultura ecológica, por otro lado, tenemos un costo de manejar la cubierta vegetal. Y eso no es una vez en la temporada. Entonces el sistema de riego tiene que facilitar ese proceso, tanto en el periodo de crecimiento del fruto como en cosecha. Así, las líneas de gotero son un verdadero problema. Complican mucho el proceso. Lo ideal es un sistema por microaspersión. Con eso logramos mecanizar todo el proceso teniendo un suelo despejado para cosechar.
Por otro lado, la productividad de un huerto orgánico no debería ser menor a la de un huerto convencional, una vez que los niveles de nutrientes, a nivel de hoja, se mantienen dentro de los rangos adecuados. Quizás sea más difícil lograr buenas producciones en años difíciles, como pasó en la temporada 2023/24, pero la relación costo por kilo aparenta ser mucho más interesante en un sistema ecológico.