Medidas previas para mejorar la calidad de fruta en poscosecha

Aunque las pudriciones se presentan en poscosecha, su origen se produce en el huerto. Para prevenirlas se debe implementar un programa que contemple prácticas de manejo, tanto durante la fase de producción, como en las labores de cosecha y después de ella.
Febrero 10, 2026
Por: Paz Millas O., Fitopatóloga, investigadora INIA Quilamapu. Paula Vargas Q. Especialista en Ciencia de Datos, investigadora INIA Quilamapu.

Nuestro país exporta cerca de 4 millones de toneladas de frutas al año a distintos mercados. De este volumen, el 78% corresponde a fruta fresca. Para llegar a los distintos destinos, algunos de ellos muy lejanos, se requieren semanas de viaje, lo que plantea un desafío debido a la perecibilidad de la fruta para su consumo fresco.

Al día de hoy, el desarrollo de pudriciones es uno de los principales problemas de poscosecha en fruta. Estas enfermedades son causadas por distintos patógenos, algunos de los cuales pueden propagarse dentro de las cajas durante el período de viaje, ya que pueden crecer en ambientes incluso a 0 °C, lo que genera problemas importantes en destino. Esta situación se traduce en pérdida de calidad de la fruta, lo que hace imposible su comercialización.

Según cifras de Odepa, entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, se exportaron 3.500.000 toneladas de fruta fresca, de las cuales 1.273.000 correspondieron a uva, arándano y cerezo. Estas frutas son especialmente susceptibles a las pudriciones de poscosecha, debido a su piel delgada y su alto contenido de jugo azucarado.

Estas pudriciones y deterioro de la calidad son causados por varios patógenos, entre los que se encuentran hongos, bacterias y levaduras. Entre los principales se pueden destacar Botrytis, Alternaria, Penicillium, Cladosporium, Aspergillus, Mucor, Candida, Geotrichum y Aureobasidium. Estas pudriciones pueden presentarse en distintos grados de severidad.


Pudrición severa de poscosecha de arándanos

MANEJO DE ENFERMEDADES DE POSCOSECHA

Aunque este problema se presenta en poscosecha, su origen se debe al huerto, donde estos patógenos están presentes e infectan los frutos verdes o, incluso antes, las flores.

Para prevenir las pudriciones de poscosecha, se debe implementar un programa que contemple prácticas de manejo tanto durante la fase de producción en el huerto como durante las labores de cosecha y después de ella. El manejo de estos patógenos en el huerto es fundamental para evitar la pudrición en esta última etapa. Este manejo incluye la aplicación de productos biológicos o químicos desde la floración en adelante, así como prácticas culturales para prevenir la infección de la fruta.

Algunas de estas prácticas incluyen:

  • Eliminar frutos del suelo con anterioridad a la cosecha, ya que estos pueden ser fuentes de contagio de la fruta cosechada.
  • Evitar la cosecha de fruta sobremadura, ya que la susceptibilidad de los frutos se incrementa con la madurez.
  • No cosechar frutos partidos, picados por pájaros o que hayan caído al suelo.
  • No sobrecargar los recipientes cosecheros para reducir los daños por compresión.

DESAFÍOS BAJO CONDICIONES DE CAMBIO CLIMÁTICO

El cambio climático ha incrementado la frecuencia e intensidad de eventos climáticos que favorecen la infección y el desarrollo de enfermedades de poscosecha. Episodios de lluvias inesperadas durante la cosecha, aumentos de humedad relativa, olas de calor seguidas de enfriamientos bruscos y estaciones más largas o desordenadas, generan condiciones óptimas para la proliferación de hongos como Botrytis, Alternaria, Cladosporium y Penicillium.

Estas variaciones alteran los ciclos de infección, reducen la eficacia de los programas tradicionales de control y aumentan la probabilidad de infecciones latentes que solo se manifiestan durante el almacenamiento y transporte. Además, la mayor variabilidad climática dificulta la predicción del riesgo sanitario, obligando a tomar decisiones preventivas con menos certeza y aumentando la dependencia de análisis más precisos y oportunos. En este escenario, la disponibilidad de herramientas capaces de detectar de manera temprana cambios fisiológicos asociados a patógenos, se vuelve crítica para mitigar pérdidas y asegurar la calidad de la fruta exportada.

DIAGNÓSTICO TRADICIONAL

Para determinar el nivel de infección en frutos, se deben realizar recuentos bajo la lupa estereoscópica de cada uno de los patógenos presentes en ellos. La identificación de los microorganismos requiere de conocimientos de taxonomía de los distintos géneros de hongos y de características bioquímicas de bacterias. Esto implica contar con personal especializado que, además de manejar técnicas de microscopía y microbiología, conozca las características morfológicas de los patógenos y la sintomatología que causan en las plantas.

Este diagnóstico se realiza después de una incubación en condiciones de humedad durante unos siete días, en un sistema denominado cámara húmeda. Consiste en una caja plástica en la que se colocan los frutos sobre papel absorbente humedecido, de modo que se alcancen condiciones de humedad suficientes para que los microorganismos crezcan y se hagan visibles bajo la lupa.

Otros métodos, como la detección molecular por qPCR, ofrecen mayor sensibilidad, pero requieren de laboratorios especializados, de mayor costo, y con entregas de resultados que pueden tardar entre 48 y 72 horas.

DIAGNÓSTICO CON OST LAB AGRO

El diagnóstico tradicional requiere de varios días para obtener resultados y depende de personal especializado. Esta limitación hace que se pierda tiempo para tomar las decisiones de manejo y segregación. En este contexto, surge la necesidad de herramientas rápidas y no destructivas que permitan anticipar la presencia de patógenos antes de que se manifiesten los síntomas visibles.

OST Lab Agro, herramienta generada por INIA Quilamapu, responde a esta necesidad mediante un sistema digital integrado que combina un sensor VIS-NIR portátil, una aplicación móvil nativa y una plataforma web, permitiendo capturar una firma espectral de cada fruto.

Durante el desarrollo de esta herramienta se realizaron ensayos controlados e inoculaciones en laboratorio y campo, para generar una base de datos de más de 36 mil espectros, los cuales fueron analizados mediante técnicas quimiométricas, así como algoritmos de machine learning. Esto permitió obtener modelos con altos niveles de precisión, con coeficientes de determinación entre 0,81 y 0,92 – dependiendo de la especie y el patógeno—, evidenciando una fuerte capacidad discriminante incluso en etapas donde el fruto es visualmente sano.

El funcionamiento es simple: el sensor captura la señal espectral del fruto, la aplicación móvil la organiza automáticamente y, una vez sincronizada, la plataforma web ejecuta el modelo predictivo, entregando un índice de riesgo fitosanitario. Esta información se asocia a un cuartel, variedad y fecha en el campo, de acuerdo con la información entregada por el agricultor a la aplicación móvil. El sistema permite analizar más de 100 muestras por hora, operar sin conexión a internet y almacenar toda la información en una base interoperable para análisis posteriores. Esto transforma el proceso de diagnóstico en una herramienta de alerta temprana, operativa en huertos, packing o laboratorio, sin necesidad de equipamiento adicional.

En conjunto, OST Lab Agro constituye un avance relevante en tecnologías de diagnóstico fitopatológico, al posibilitar la detección temprana de patógenos días antes de la aparición de síntomas visibles.

Hasta ahora se ha calibrado para la detección de dos patógenos en fruto, pero se podría trabajar en el desarrollo para la detección de otros patógenos, y también en otros estadios fenológicos como flores y frutos verdes. De esta manera, se demuestra que la tecnología es un aliado a la hora de mantener la calidad de nuestra fruta. La inteligencia artificial está sentando bases para una nueva generación de herramientas con potencial de escalamiento hacia otros cultivos, patógenos y regiones productivas.