“Nuestro rol seguirá siendo estar al lado de los productores, pero con la meta de que el esfuerzo también llegue a los trabajadores”
Por otra parte, habló sobre el aporte de la federación al sector en estos casi 40 años y cómo también este gremio ha jugado un rol fundamental para el System Approach.
—Cuénteme un poco de su historia, ¿cómo parte Víctor Catan en la agricultura?
—Vengo de una familia ligada al agro. Mi papá se inició en la región de Valparaíso, en la zona de Ocoa, Rabuco, Pachacama, y luego con la reforma agraria se tuvo que mover un poco y terminó radicado San Vicente de Tagua Tagua, donde yo me inicié. Teníamos una vida escolar en la semana que veníamos a Santiago, al colegio y los fines de semana al campo, así que tengo una relación con el campo muy amplia y que aprecio mucho. Con el tiempo, mi papá compró una parcela en San Esteban, Los Andes, y por razones de salud me tocó, estando en la universidad, ir a ayudarlo. Eso significó quedarme y que me guste cada día más; terminé quedándome y terminamos creciendo y haciendo plantaciones nuevas. De eso ya han pasado por lo menos 30 años.
—Lo hemos escuchado en varias entrevistas hablando del rol de los pequeños agricultores. ¿Por qué tanta importancia para usted y para Fedefruta?
—Porque básicamente en número de agricultores los pequeños son los más grandes, pero están retrasados, rezagados. Y nosotros vimos una diferencia, que muchos de ellos crecieron, pasaron de ser agricultores de cuatro, cinco o seis hectáreas, y voy a seguir haciendo referencia con Aconcagua, y vimos que esos agricultores empezaron a crecer, hicieron cosas muy interesantes junto a toda su familia, algunos llegaron a 20 o 30 hectáreas con fruta de mucha calidad, pero el sistema se los empezó a comer, el sistema los empezó a matar. Y hoy día esos agricultores, muchos de ellos están en una situación tan compleja que, en vez de querer seguir invirtiendo en el campo, están vendiendo parcelas de agrado. Entonces, creemos que hay que subirlos al carro, no pueden quedarse atrás. En segundo lugar, los suelos agrícolas que tienen una riqueza importante, no los podemos seguir transformando en parcelas de agrado. Yo sé lo agobiante que es para un agricultor tener que llegar con la plata a fin de mes, pagar los sueldos, sus obligaciones, impuestos y mantener a su familia, pero tenemos que trabajar para darle las condiciones y que sigan haciendo lo que saben hacer.
—Y en ese sentido ¿cómo hacemos también para que la labor del campo sea más atractiva para las nuevas generaciones?
—Creo que la primera labor que tenemos es romper cierto estigma. El campo ofrece condiciones muy favorables, yo no quiero decir nada en contra de otra actividad económica, pero por ejemplo la minería no es una actividad sustentable, el campo es una actividad sustentable, el campo no produce pernos, produce alimentos, alimentos de calidad, alimentos sanos. En el campo no existe hoy día el desconocimiento de quiénes son los trabajadores. Nosotros conocemos nuestra gente, en muchos casos hay dos, tres, cuatro generaciones que nos conocemos, pero además tenemos un problema que no se suscita solamente a nivel de los trabajadores, se suscita a nivel de las sucesiones de los dueños de esas parcelas. El otro día hablaba con un productor muy pequeño que tiene ya cerca de 80 años, me decía que tenía un hijo que es profesor y una hija contadora, ninguno de ellos se quiere hacer cargo del campo por el sacrificio que eso conlleva, porque no hay vacaciones, porque probablemente no hay domingo, los sábados si hay una eventualidad tienen que salir a trabajar. Entonces tenemos que encantar a la gente y una manera de encantarle es bajando a la academia, a los colegios y enseñándole a los niños desde chicos las bondades que tiene el mundo agrícola. Ahora, hay otra cosa que tampoco se valora a nivel urbano, es que en el campo existe el sentido de comunidad y como sociedad tenemos que intentar o trabajar, y hacer todos los esfuerzos para que no se pierda.
—Llevándolo a otro tema social, ¿cómo ven la presencia de las mujeres en el sector?
—Yo creo que a nivel profesional su presencia hoy día es muy relevante, en nuestro consejo de Fedefruta tenemos la presencia de Carolina Dosal, una gran agricultora, empresaria de la zona de Curicó, tenemos también a la señora María Inés Figari de la zona de Coquimbo, La Serena, con una expertise tremenda. A nivel de campo hoy día hay muchas labores que son hechas por las mujeres, que son muy valiosas, por lo tanto, nosotros no tenemos esa problemática que tiene el resto de la sociedad, que estamos haciendo distinción si son hombres o mujeres. Por el contrario, en algunas labores específicas nosotros hacemos la distinción y preferimos a las mujeres antes que a los hombres porque tienen una delicadeza mucho mayor. En términos de remuneraciones tampoco existen esa distinción. En términos laborales, muchas de las temporeras son madres que sostienen sus hogares, son jefas de hogar, y lo que ellas requieren y quieren es que, en un periodo determinado, que es principalmente el tiempo de primavera y cosecha, poder generar los recursos suficientes para pasar el resto del año y el campo les da esa oportunidad.
—¿Qué tema importante destacaría desde la labora gremial que ha tenido Fedefruta?
—Estamos en vísperas de que un esfuerzo mancomunado resulte entre todas las organizaciones que tienen relación con el agro, pero donde Fedefruta ha hecho un empuje en los últimos 20 años, el System Approach, protocolo que se hace en los predios para evitar la fumigación de la fruta con destino a EE.UU., principalmente. Ya que la fumigación daña mucho la fruta porque hace perder la cadena de frío, se fumiga, luego hay que enfriarla y eso nos hace perder competitividad frente a la peruana o alguna del hemisferio norte. En ese sentido, se había entorpecido estas tratativas por un reparo que había puesto la Comunidad Europea respecto a la denominación de origen de los quesos, donde EE.UU. manifestó su preocupación por su posible pérdida de acceso al mercado nacional para ciertos términos de queso. Así, utilizaron la solicitud del gobierno -sobre la facilitación del ingreso de las uvas al mercado de su país- como condicionante para que Chile entregue una solución para las restricciones que enfrentan. Esto se llevó a la mesa, se ha hecho un comité, EE.UU. ha cumplido con su parte de querer conversar, negociar, la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales también ha aportado, y el senador Juan Castro Prieto, presidente de la Comisión de Agricultura, también ha empujado esto. Así que creemos que estamos muy pronto a que esto se ratifique y que sea un aliciente para la fruticultura y especialmente para la uva mesa. ¿Cuál fue la clave? Trabajar en conjunto, explicarles a los parlamentarios, explicarles a las autoridades y también quiero destacar la buena relación que tiene Fedefruta con la Embajada de EEUU, con su embajadora Bernadette M. Meehan, con su agregado agrícola, que han permitido visibilizar esto. Para EE.UU. es muy valioso el tema social que hay detrás de la uva y es uno de los componentes que domó como para buscar una solución y salir adelante.
—El próximo año Fedefruta cumple 40 años de labor gremial. ¿Cuál sería desde su visión el aporte de la federación en el sector y la huella que quieren dejar?
—Primero agradecer la gestión del primer presidente, don Florencio Lazo, que fue muy visionario y nuestro rol seguirá siendo estar al lado de los productores, pero con la meta de que nuestro esfuerzo también llegue a los trabajadores, hacer presente muchas de las problemáticas que tienen ellos, que las conozcan las autoridades, que las conozca el mundo urbano y que como lo dije anteriormente, se rompan esos estigmas como el huaso bruto. Probablemente tiene una educación escolar muy básica, pero es gente que tiene un conocimiento, una filosofía muy bonita y que enseña mucho y nosotros queremos transmitir eso.