Nutrición estratégica del avellano europeo

El manejo de la fertilidad física, biológica y química del suelo es el pilar fundamental para la productividad del cultivo a largo plazo.
Septiembre 29, 2025
Por: Por: Ing. Agr. María Jesús Catalán, Asesora de Agroreyes

El agua constituye entre el 80 y el 95% de la masa de los tejidos de una planta en crecimiento. Por cada gramo de materia orgánica producida por la planta, las raíces absorben aproximadamente 500 gramos de agua, que son transportados a través del cuerpo de la planta y liberados a la atmósfera (Taiz y Zeiger, 2006). Por esta razón, la productividad de los sistemas alimentarios depende estrechamente de la disponibilidad de los recursos hídricos, siendo ésta su mayor limitante.

El avellano europeo es una especie frutal que posee elevados requerimientos hídricos al llegar a la plena producción, consumiendo alrededor de 8.000 m³/ha/temporada, si se considera una producción de entre 3.500 a 4.000 kg/ha (Figura 1). Esta demanda se concentra fuertemente durante los meses de diciembre a febrero, período en el que ocurren diferentes procesos fisiológicos (Figura 2): 

  • Llenado de pepa. 
  • Inducción y diferenciación floral.
  • Crecimiento radicular y vegetativo.
  • Desarrollo de amentos para la polinización de la temporada siguiente.


Figura 1. Requerimientos hídricos del avellano europeo desde su establecimiento hasta la plena producción


Fuente: Agroreyes SpA, 2024.

De los procesos mencionados, el llenado de pepa concentra la mayor demanda hídrica y nutricional (especialmente de potasio) durante los 35 a 40 días en que se desarrolla (Figura 3), siendo un proceso determinante para el resultado productivo de la temporada en lo que refiere al rendimiento industrial del fruto exigido por el poder comprador. 

De todos modos, la disponibilidad hídrica y de nutrientes es igualmente importante para el resto de los procesos fisiológicos de la planta, y debe ser complementada con estrategias bioestimulantes y anti estrés que permitan mantener una actividad transpiratoria y fotosintética constante. La capacidad de la planta para absorber estos recursos está directamente ligada al desarrollo de sus raíces, el cual depende a su vez de la calidad del suelo.

Fertilidad de suelos y desarrollo radicular

Entre las propiedades físicas del suelo, la estructura es crucial, pues determina cómo se organizan las partículas del suelo en agregados, que afectarán la porosidad, la densidad, la resistencia a la penetración y la conductividad hidráulica. A diferencia de la textura, que es fija, la estructura del suelo es modificable mediante prácticas agronómicas. Una estructura saludable, con agregados bien formados, facilita el movimiento de agua y aire, el crecimiento de raíces y es esencial para la vida del suelo.


Figura 2. Fenología del avellano europeo durante los meses de octubre a febrero en la región del Maule



Figura 3. Días de grado de crecimiento y curva de ETc en avellano europeo para la zona de Pelarco, región del Maule. 


En Chile, el establecimiento de huertos de avellano europeo comenzó a inicios de los años 2000. La percepción inicial era que se trataba de un frutal rústico, de gran adaptabilidad a suelos marginales con alto contenido de arcillas y mal drenaje. Actualmente esa mirada se encuentra obsoleta, principalmente por las bajas productividades acumuladas, asociadas al bajo desarrollo radicular y foliar de los huertos, de consecuencias directas sobre su vida productiva (longevidad) (Imagen 1). La Región del Maule es la zona con más plantaciones de avellano europeo en estas condiciones desfavorables.


Imagen 1. Huerto de Avellano Europeo establecido en suelo con alto grado de compactación y bajo desarrollo de raíces finas absorbentes, con bajo desarrollo de lámina foliar. Longaví, región del Maule


La absorción de agua y nutrientes ocurre principalmente en la zona apical de la raíz, particularmente en la región donde se desarrollan los pelos radiculares, que también es el sitio donde se sintetizan las citoquininas. Las raíces suberizadas no absorben nutrientes, sólo agua, mientras que las raíces lignificadas actúan sólo como sostén. Por lo anterior, es de suma importancia el manejo de la estructura del suelo, que debe enfocarse en favorecer el desarrollo de raicillas finas, promoviendo la menor resistencia física a la exploración, con una proporción apropiada de macro y micro poros que permitan la retención de humedad y la respiración celular (Imagen 2).


Imagen 2. Un suelo bien estructurado facilita el desarrollo de raicillas finas, asegurando retención de humedad y adecuada aireación para la respiración celular.

Las estrategias agronómicas que permiten mejorar la estructura en suelos de textura fina o compactados son determinantes y deben ser consideradas antes del establecimiento del huerto, con preparaciones de suelo que consideren, a modo general, el 100% de la superficie con subsolador (1 m x 1 m de forma cruzada, en sentido y en contra de la línea de plantación), cincelado, rastraje y confección de camellón en caso de ser necesario. 

Una vez establecido el huerto —por lo general a partir del tercer año— las estrategias se basan en el uso de mejoradores de fertilidad física, como los ácidos carboxílicos, ácidos húmicos y óxidos de calcio, para luego incorporar microorganismos, promotores de exudados radiculares y ectomicorrizas. En huertos que presenten compactación de suelo las estrategias serán las mismas, con la diferencia de que la dosis de productos mejoradores de la fertilidad física estará condicionada por el grado de compactación.

En la actualidad, la mayor tasa de plantación de avellano europeo del país se encuentra concentrada en las regiones de Ñuble y Bíobío, con un promedio de 3.000 hectáreas anuales. Aunque ambas zonas presentan una amplia diversidad de suelos, predominan los arenosos, caracterizados por su baja fertilidad química y limitada capacidad de retención de agua (Imagen 3). En estos ambientes, las prácticas de manejo hídrico y edáfico incluyen riegos por pulsos con aplicación de nutrientes minerales en la zona radicular durante todo el ciclo de desarrollo, así como el uso de microorganismos, ectomicorrizas y promotores de exudados radiculares, que contribuyen a mejorar la agregación de partículas y, con ello, la retención de humedad.

Monitoreo hídrico y nutricional

Superadas las limitantes del suelo que afectan el desarrollo radicular, resulta fundamental implementar un manejo hídrico y nutricional preciso, orientado a optimizar el uso de los recursos y garantizar la sostenibilidad productiva.

En los primeros años de desarrollo, los huertos de avellano europeo presentan pérdidas hídricas principalmente por evaporación del suelo, debido a la escasa superficie foliar y el reducido sombreamiento. Conforme el huerto crece, aumentan el follaje, el porcentaje de sombra y la tasa transpiratoria; en consecuencia, la pérdida de agua deja de deberse mayoritariamente a la evaporación del suelo y se suma la transpiración de la planta, proceso que en conjunto se conoce como evapotranspiración. Un comportamiento similar ocurre en huertos en producción: en primavera, el área foliar es menor y la transpiración es baja, pero se incrementa con el aumento de las temperaturas, la disminución de la humedad relativa, el mayor desarrollo de masa foliar y la formación de frutos (Figura 4). Toda esta pérdida de agua debe ser repuesta mediante el riego, cuyo tiempo y frecuencia dependen de la textura y estructura del suelo (constantes hídricas), de la edad del huerto y del estado fenológico del cultivo.

El inicio del período de riego y fertirrigación se encuentra condicionado por el desarrollo radicular, especialmente el de las raicillas finas, que en el avellano europeo se presenta con temperaturas de suelo superiores a los 10-12ºC, que corresponden a la semana 42-43 aproximadamente en la región del Maule, en condiciones meteorológicas normales. Hacia la zona sur, este periodo se desplaza alrededor de 10 a 20 días más tarde (Bíobío, La Araucanía, Los Lagos). 

Como ya se mencionó, el período de mayor demanda hídrica, nutricional y energética en un huerto productivo de avellanas europeas corresponde al llenado de pepa, que transcurre durante los meses de diciembre y enero, con disminución del consumo hídrico a partir de mediados de febrero (post cosecha fisiológica, diferenciación floral y continuidad de desarrollo de amentos). En general, la temporada de riego finaliza a mediados de abril, según el régimen de precipitaciones del otoño, una vez iniciada la caída de las hojas. Según el momento fenológico del huerto, se ha de adoptar el régimen de riego que mantenga el suelo en un constante estado de capacidad de campo, evitando déficits y excesos de agua, especialmente en el periodo de mayor demanda.

Según sea la realidad del huerto, adoptar distintas estrategias de monitoreo hídrico y nutricional es clave, ya que permitirán realizar los ajustes en función del criterio de riego y del nivel de fertilización (vía riego o foliar). A nivel nutricional, se ha de prestar especial atención al potasio, que a nivel foliar no debiera ser inferior al 1%. Este elemento está asociado al movimiento del agua en la planta, favoreciendo su absorción por su rol como regulador osmótico. La realización de un análisis foliar durante el mes de diciembre permitirá decidir el ajuste del programa de fertilización.

En relación al monitoreo hídrico, se recomienda realizarlo semanalmente mediante uso de sensores fijos y/o portátiles, complementado con la inspección de calicatas. Éstas, además de permitir la evaluación visual y al tacto de la humedad del suelo, conceden una apreciación del desarrollo radicular del huerto.