Óscar Carrasco, Asesor y profesor de la Universidad de Chile: “Hay que plantar con perspectiva de futuro”
Nadie quiere dificultades pero lo cierto es que a veces pueden convertirse en una forma de estar atentos a los detalles. Después de una temporada 23/24 donde el clima tuvo nerviosos a todos los agricultores, con una primavera irregular, con baja acumulación de frío, cuajas erráticas y abortos de frutos, seguido de lluvias entre octubre y noviembre, esta temporada parece traer calma. Hubo un verano mucho menos estresante que en temporadas anteriores, lo que implica un mayor nivel de reservas en las yemas y un follaje mucho más activo hasta bien entrado el otoño.
La entrada en receso, según cuenta el asesor y profesor de la Universidad de Chile, Óscar Carrasco, fue sin mayor estrés. “Tuvimos algunas bajas temperaturas en el mes de mayo, pero para ese momento las plantas ya estaban prácticamente entrando en receso, que además fue muy profundo, con gran acumulación de frío. Todo esto implica entonces una alta fertilidad de yemas. Tenemos dardos muy bien formados, con una gran cantidad de yemas florales y, cada yema, con muchos primordios”.


Sin embargo, lo que puede ser un excelente panorama, tiene sus riesgos. Carrasco ofrece un caso hipotético: si en la mayoría de las variedades tenemos entre cinco y ocho yemas por dardo, y cada yema tiene entre tres y cuatro primordios, eso nos da sobre 10, 20 y hasta 30 primordios por dardo. “Por un lado, tenemos un muy buen nivel de reservas, pero por otro lado tenemos muchas flores. Las reservas se van a diluir entre tantas flores. Entonces, sino hacemos nada, esta temporada el potencial de calibre ya viene un poco a la baja”.
Por supuesto, hay formas de contrarrestar este riesgo, y la principal es a través de las podas. Al eliminar el material más débil, que es donde hay menos reservas, indica Carrasco, lo que estamos haciendo es botar gran parte de la madera débil para dejar la de mejor calidad, “porque sabemos que el potencial de cuaja es muy alto por las condiciones que tuvimos de frío”.
Para esto hay tiempo hasta floración, pero ya desde plena flor o caída de pétalos, el efecto del raleo de yemas es bastante menos efectivo sobre el calibre. En caso de no haber hecho esta regulación de carga, el profesor Carrasco señala que un camino posible es apoyarse más en la parte nutricional, es decir hacer fertilizaciones adicionales, tanto al suelo como foliares, de nitrógeno, magnesio, zinc, boro y calcio. “Tendríamos que apoyar con bioestimulantes a esos árboles que quedaron con una carga un poco excesiva”.
Sin embargo, la incertidumbre del clima siempre está. Y ante la preocupación de que pueda haber heladas, algunos productores son reticentes a la regulación de carga.“Piensan que van a perder una parte de la producción por efecto de las heladas y por eso buscan compensar. Pero en lo que yo insisto es que si dejan esas flores de mala calidad, vamos a tener frutas chicas de todas maneras. Debemos tener menos centros frutales, pero en madera de mejor calidad. Eso inmediatamente nos va a dar un potencial de calibre mayor”, afirma el asesor.
Industria inmadura
Aquellos que eligen no hacer la regulación de carga, aun cuando es ampliamente recomendada, no son casos tan excepcionales como deberían ser. Por eso, consultado sobre si en la industria cerecera hay una verdadera conciencia sobre la necesidad de apuntar a la calidad de fruta o si sigue priorizando volumen, Carrasco es crítico. “Los productores todavía privilegian un poquito más el volumen porque sacan la cuenta con el famoso P x Q. Pero resulta que el P, el precio, está muy relacionado con el calibre. Entonces, si pasamos de un cierto nivel de producción, el calibre va a caer y los precios también: el P x Q se va a ir abajo. Pero en las exportadoras yo creo que hay un poco más de conciencia, porque ellos son los que después tienen que enfrentar a los clientes chinos. Y ellos son los que embalan la fruta y después tienen que responder con los precios de retorno a los productores”.
Pese a que no se trata de un boom reciente o abrupto, sino de un crecimiento orgánico, lo cierto es que hay elementos que son más propios de una industria algo inmadura. “Hay muchos productores nuevos, que están recién entrando en el negocio y necesitan recuperar la inversión, por eso están con mucha ilusión de los kilos que pueden producir. Pero ya pasamos por ese aprendizaje. Cuando llegan liquidaciones malas, el productor aprende de inmediato. También hay muchas empresas exportadoras nuevas que, sin tener tanta experiencia y con necesidad de recuperar la inversión que han hecho en máquinas de selección, tienen problemas porque no son capaces de pagar los retornos a los productores de acuerdo a sus expectativas. Porque esos productores normalmente esperan mucho más de lo que al final les llega. Es una industria con mucho por aprender”.
Si bien cada sector tiene sus propias virtudes y problemas, la experiencia no es en vano y los productores de cereza bien pueden aprender de lo que ha ocurrido, por ejemplo, en uva de mesa o arándanos, donde la irrupción de Perú dejó al descubierto los riesgos de apostar por volumen y descuidar la calidad, con retornos que pueden llegar a ser negativos y las pérdidas, mucho mayores.
Una de las enseñanzas de estos sectores tiene que ver con la necesidad de recambio varietal, un camino que la cereza ya empezó pero debe profundizar. La variedad más apuntada es la Bing, sobre todo por la dificultad que tiene para obtener buenos calibres.
Además, señala Carrasco, su producción es irregular como consecuencia de su alto requerimiento de frío, lo cual de hecho fue un problema en la temporada anterior. “Otras variedades que han tenido problemas son Skeena, Sweetheart, Staccato y Sentennial, todas variedades canadienses, que son muy sensibles a la lluvia, a la partidura y a las pudriciones. Esas variedades se han desvalorizado en el mercado chino y son las cuatro variedades que hoy día están más cuestionadas”. Así las cosas, la base productiva sigue focalizada en Lapins, Santina y Regina, donde de acuerdo a Carrasco se encuentra el 80% de la cereza que produce Chile.
Mirada al futuro
A modo de ejercicio teórico, pero también como una forma de pensar un camino para la industria, le preguntamos al asesor y profesor de la U. de Chile, cómo armaría su huerto ideal de cara a los próximos treinta años.
Lo primero es elegir su ubicación. “Yo diría que la zona ideal es la VI y VII región, la zona precordillerana, donde tenemos más seguridad de frío para los próximos treinta años. De acuerdo a todos los modelos de cambio climático, la zona central va a perder muchas horas de frío, probablemente un 30 o 40%. En cambio, si nos pegamos un poquito hacia la Cordillera, tenemos un poco más de seguridad. Salvo que hagamos inversiones, por ejemplo, en sistemas de acumulación de frío, como las cortinas negras. Pero si queremos tener la seguridad, la base climática, yo diría de ir de la carretera hacia el oriente”.
Luego, claro, hay que poblar este huerto teórico, para lo cual Carrasco tiene una certeza: huertos peatonales. “Buscaría huertos bajos, ya sea como V-Trellis o como ejes centrales, tipo Spindle, que es el tipo de árbol europeo que no mide más allá de 2 o 2,5 metros de altura, de tal manera que el 80% de las frutas se puede cosechar desde el piso”.



Sobre la conducción, Carrasco se inclina por sistemas de eje, más fáciles de formar y de mantener huertos más parejos. “Todos los otros sistemas han sido bastante más erráticos, como los KGB o los UFO. La verdad es que el V-Trellis también tiene su complicación, pero se puede llegar a formar un huerto uniforme, de madera uniforme dentro del árbol. Pero para mí con el eje es mucho más factible llegar a producciones estables. Y las distancias de plantación estamos hablando de 4×2 como máximo, y de ahí achicándonos a 3,5×1,5, incluso en los sistemas Spindle, para tener árboles más bajos también”.
Son ideas y propuestas teóricas pero bien arraigadas en la práctica; de hecho, entre los asesorados por Carrasco ya hay varios huertos plantados a esas distancias y en producción. “Se llega a tener árboles parejos, de baja altura para cosecha peatonal”.
El otro gran punto a decidir en este huerto hipotético son las variedades. La base que propone este asesor es Santina, Lapins y algo de Regina, aunque luego agrega una cuarta opción: Rainier. “Es una variedad bicolor pero que es de bastante especialidad. No todos los productores logran tener buenas producciones y calidad de fruta pero le daría una pequeña superficie, de 5 hectáreas máximo. Hay que probar variedades nuevas, dejar un sector para eso, ya sean variedades tempranas si estamos en la VI región o un poco más tardías si estamos en la VII. Hay que plantar con perspectiva de futuro”.
La vasta experiencia de Óscar Carrasco como asesor, que le ha permitido ver tanto el esplendor de cultivos como la manzana y luego su actual ocaso, es lo que le otorga sin dudas autoridad para señalar los riesgos que no deben pasarse por alto en esta pujante industria de las cerezas. Por eso es que insiste una y otra vez con sostener la calidad de la fruta como principal bandera, ya sea para esta temporada 24/25 como para esos huertos que pensó de cara a los próximos treinta años.


“El mercado va a pagar la calidad. No sacamos nada con enviar frutas chicas que van a dar retornos negativos y van a causar incluso problemas de prestigio de la industria. Sí, estamos creciendo a unas tasas gigantes. Para este año se pronostican 115 millones de cajas, lo que es una locura total, pero una locura linda, claro. Y dicen que si la locura es bien conducida se convierte en algo positivo”. De eso se trata todo: de saber conducir esta tremenda energía que impulsa a las cerezas para que exista un lineamiento claro, sin detalles librados al azar, ni en la estrategia comercial ni en los manejos del huerto.