Peste negra en nogales: 13.600 hectáreas en riesgo en el centro-sur y el desafío de frenar mermas millonarias
La peste negra o tizón bacteriano del nogal (Xanthomonas arboricola pv. juglandis) se ha reubicado en el centro de las preocupaciones de la fruticultura chilena de cara a la temporada 2026-2027. La persistencia de precipitaciones, las neblinas matinales y la alta acumulación de humedad en la zona comprendida entre la Región de O’Higgins y la Región del Biobío han generado un ambiente propicio para la proliferación y dispersión del patógeno.
Según antecedentes recopilados por la Asociación de Productores y Exportadores de Nueces de Chile (ChileNut), alrededor de 13.604 hectáreas de nogales enfrentan una alta presión de la enfermedad, lo que representa cerca de un tercio del catastro frutícola nacional dedicado a este cultivo (41.721 hectáreas).
En un modelo de riesgo proyectado por el gremio, una afectación promedio del 20% sobre 9.520 hectáreas de alta susceptibilidad significaría dejar de cosechar aproximadamente 11,4 millones de kilos de nueces (11.400 toneladas). No obstante, en huertos adultos del centro-sur donde la enfermedad se ha manifestado con mayor severidad en temporadas previas, los productores reportan pérdidas que oscilan entre 2 y 3 toneladas por hectárea, alcanzando en las situaciones más complejas reducciones de hasta un 60% del volumen esperado.
Epidemiología de Xanthomonas arboricola: Dinámica de infección y supervivencia
La peste negra es considerada una de las enfermedades bacterianas más destructivas para el nogal europeo (Juglans regia), pudiendo ocasionar pérdidas superiores al 50% del huerto cuando coinciden primaveras templadas y lluviosas.
La bacteria penetra en la planta a través de aberturas naturales como estomas en las hojas y lenticelas en los frutos, así como por heridas causadas por labores mecánicas o eventos climáticos. Los periodos críticos de mayor susceptibilidad corresponden a la elongación de amentos (flores masculinas), la exposición y receptividad de flores pistiladas (femeninas), y la cuaja junto al desarrollo del fruto hasta el endurecimiento de la cáscara.
La presencia de agua libre sobre los tejidos —ya sea por lluvias, rocío prolongado, neblina o riego por aspersión sobre el follaje— combinada con temperaturas moderadas entre 15 °C y 25 °C constituye el detonante ambiental para que la bacteria se multiplique e infecte de forma agresiva. Su diseminación en el huerto ocurre mediante el salpicado de gotas de agua, corrientes de aire, insectos e incluso a través del polen.
Durante el receso invernal, el patógeno no desaparece; sobrevive en forma de poblaciones epífitas en yemas durmientes, amentos, escamas, cancros de la madera y en algunas malezas presentes en el interhilado. Con el inicio de la brotación primaveral, las primeras lluvias arrastran la bacteria hacia los brotes tiernos.
Vulnerabilidad del huerto y diferencias regionales
El impacto de la enfermedad varía sustancialmente según el diseño arquitectónico del huerto y la ubicación geográfica de la explotación:
- Arquitectura del árbol y microclima: Huertos adultos con copas cerradas y alta densidad de plantación reducen drásticamente la circulación interna del aire. Esto prolonga las horas de secado del follaje tras una precipitación y dificulta que las gotas de los pulverizadores fitosanitarios alcancen los dardos internos de la copa.
- Contraste geográfico: En regiones de la zona centro-norte, como la Región de Valparaíso, la peste negra presenta un impacto menor debido a que la humedad relativa en primavera y verano es baja y las altas temperaturas frenan el desarrollo de la bacteria. Por el contrario, desde O’Higgins hacia el sur (comprendiendo Maule, Ñuble y Biobío), la frecuencia de lluvias primaverales incrementa exponencialmente el riesgo sanitario.
La crisis de resistencia al cobre y la transición al manejo integrado
Durante décadas, la estrategia tradicional contra la peste negra se centró casi exclusivamente en aplicaciones calendrizadas de compuestos cúpricos desde yema hinchada hasta el endurecimiento de la nuez. Sin embargo, esta herramienta enfrenta un serio desgaste operacional.
Investigaciones desarrolladas por la Universidad de Concepción en la Región del Biobío y por especialistas del INIA y de la Universidad de Chile han documentado la presencia de poblaciones de Xanthomonas arboricola pv. juglandis con elevados niveles de resistencia genética al ion cobre. El uso continuado y excesivo de estos productos ha ejercido una presión de selección que redujo progresivamente la efectividad de los programas de pulverización convencionales.
Frente a este escenario, la recomendación técnica promueve una estrategia integrada que combine control cultural, diagnóstico temprano y herramientas biológicas:
Control biológico autorizado: Incorporación de antagonistas microbiológicos como Bacillus subtilis (con registros autorizados por el SAG para uso bactericida en nogales) y el desarrollo de terapias basadas en bacteriófagos (virus específicos dirigidos a destruir la bacteria) para rotar los ingredientes activos.
Diagnóstico invernal mediante análisis de yemas: Determinar la carga bacteriana en laboratorio antes de la brotación para definir la agresividad del programa sanitario.
Podas sanitarias y de aireación: Remover madera enferma, ramillas atizonadas y cancros para eliminar las fuentes primarias de inóculo. Abrir ventanas de luz en la copa para acelerar el secado del follaje.
Manejo del suelo y fertilización: Mantener un control riguroso de malezas hospedantes y evitar fertilizaciones nitrogenadas excesivas que generen tejidos demasiado suculentos y propensos a la infección.
Implicancias para el comercio exterior y pequeños productores
El riesgo sanitario adquiere trascendencia económica considerando que Chile es el principal exportador de nueces del hemisferio sur y un actor clave a nivel global. Entre abril de 2025 y marzo de 2026, los envíos chilenos alcanzaron los US$ 644,4 millones, comercializando 91.200 toneladas con cáscara y 38.000 toneladas sin cáscara a más de 38 destinos internacionales, entre los que destacan India, Alemania, Italia, Emiratos Árabes Unidos, España y Turquía.
Una disminución en el volumen cosechado no solo compromete los retornos de los productores —quienes ya han asumido los costos fijos de riego, poda y fertilización—, sino que también degrada la calidad de la mariposa por manchas en el pelón, aumentando el descarte de exportación. Los pequeños y medianos nogaleros resultan ser los más vulnerables, al poseer menor liquidez financiera para financiar análisis de laboratorio, podas intensivas o productos biológicos de última generación.
El desafío de la temporada: Anticipación y cambio de paradigma
Con un volumen de exportaciones que supera los US$ 644 millones y más de 38 mercados pendientes de la calidad del producto chileno, el margen de error para la industria noceguera es mínimo. La pérdida de eficacia de los tratamientos químicos convencionales debido a la resistencia al cobre exige abandonar definitivamente las pautas rígidas de calendario para adoptar un esquema integrado de manejo.
La batalla contra la peste negra en la zona centro-sur no se decidirá con aplicaciones reactivas durante la primavera, sino con las decisiones estratégicas adoptadas durante el receso de invierno. El diagnóstico microbiológico en yemas, la apertura de copas mediante poda sanitaria para acelerar el secado del follaje y la incorporación paulatina de herramientas biológicas —como Bacillus subtilis y bacteriófagos— surgen como la vía obligada para contener el inóculo inicial. En un escenario donde un tercio de la superficie nacional se encuentra bajo alta presión sanitaria, la capacidad de anticipación de los productores determinará no solo el rendimiento del huerto, sino la competitividad global de la nuez chilena.
Fuente: Diario Frutícola