Por un kiwi sostenible en Chile
El kiwi en nuestro país ingresó a fines de la década de los 80 experimentando un ritmo de plantación muy acelerado, lo que llevó a un avance muy rápido, una estabilización de los precios y una posterior crisis debido a los altos volúmenes. Esto, en un contexto de mono mercado (sólo Europa) y problemas productivos que afectaron negativamente a muchos productores en los años 90, los que debieron desistir de su apuesta y salir del cultivo para reinventarse.
Esto fue una crisis importante dado que el kiwi ya se ubicaba como la tercera o cuarta especie más producida por los fruticultores chilenos. Es así que durante más de una década los retornos del kiwi chileno fueron bajos. Sin embargo, las últimas temporadas del kiwi nacional han evidenciado un resurgimiento, abriéndose a nuevos mercados, como la India, ya que a partir de la formación del comité del kiwi en 2008 se pudo uniformar parámetros básicos de calidad quemejoraron considerablemente la calidad de la fruta de esta especie.
Cambio climático y cambios en el mercado
El año 2014 el valor del kiwi fue de US$1.05/Kg, pero fue una coyuntura que se dio por la baja productividad de Nueva Zelanda y la helada en Chile, condición que rápidamente desapareció. Sin embargo, a partir del 2019 vemos que consistentemente los precios se estabilizaron en torno a US$1,0 promedio.
Existen distintos factores determinantes en el renacer del kiwi, partiendo por la incidencia del cambio climático, por el que países como Italia pasa en una década de 500.000 toneladas de kiwis verdes a las 130.000 toneladas de la actualidad, debido a problemas fitosanitarios (PSA y Moria). Esto ha provocado que actualmente Italia esté más interesado en el kiwi amarillo y rojo, dado los altos retornos de estas dos últimas variedades y la posibilidad que tienen de superar la Moria con el patrón Bounty, que no ha tenido muy buenos resultados con el kiwi verde.

Esto también viene ocurriendo con nuestro principal competidor, Nueva Zelanda, en función de su apuesta de crecer en kiwi amarillo, injertando parte de su producción de verde, la cual cae un 40% y que no se ve cómo podría aumentar dadas las limitaciones de suelos y valles aptos. De esta forma, Nueva Zelanda apuesta por el mercado asiático, que busca un kiwi más dulce, para posicionarse en un mercado que está dispuesto a pagar valores altos por una fruta premium. De modo que Chile está apostando a llenar el espacio de que deja Zespri desocupado en otras partes del mundo.
A lo anterior se suma que durante la pandemia el kiwi se posicionó como un superalimento, lo que aumentó la demanda global de la fruta. Se mantiene la demanda en los países que tradicionalmente lo consumen y se consolida un nuevo mercado con importantes proyecciones, como es India. El comercio del kiwi se caracteriza por una notable diversificación de mercados, lo que lo convierte en un producto con menor riesgo comercial si se compara con la cereza, la que depende en gran medida del mercado chino.
Las exportaciones de kiwi hacia China han sido prácticamente inexistentes en los últimos años, lo que ha permitido que este producto se enfoque en otros destinos, complementando estratégicamente a la cereza. Esta diversidad de alternativas comerciales otorga mayor estabilidad y seguridad a los exportadores, reduciendo su vulnerabilidad frente a las fluctuaciones de un único mercado.
Chile, a su vez, no aumenta en forma importante su producción debido a la marea roja (cerezas), malas experiencias pasadas de productores (PSA y bajos retornos), bajas producciones por la edad de los huertos y mayores costos de inversión (principalmente por la estructura) v/s otras especies.
En un comienzo, las nuevas plantaciones estaban lideradas principalmente por exportadoras y grandes productores, incorporándose en la actualidad pequeños y medianos agricultores.
Otro factor limitante es que el kiwi es muy demandante en cuanto a la calidad y disponibilidad de agua, suelo y clima, por lo que hay zonas bien específicas donde se puede desarrollar el cultivo con un alto poten-cial, lo que puede ser visto como una oportunidad para el desarrollo de proyecto en esas zonas, sin una competencia fuerte de otros valles.

Aprendizajes post crisis
La crisis del kiwi dejó grandes aprendizajes para nuestra industria local, sobre todo en el análisis de factores que son clave para que el huerto sea sostenible en el tiempo, como plantar en sitios adecuados para el buen crecimiento del fruto, lo que implica que es conveniente realizar un estudio climatológico, hídrico y de suelo, los cuales deben ser considerados para su establecimiento. La experiencia indica que el kiwi es más estable -productivamente- que las cerezas, pero es más exigente en los parámetros antes mencionados. Las nuevas plantaciones deben ir en ecozonas en lo posible libre de heladas importantes, climas más costeros, suelos bien drenados, de preferencia francos y profundos y con abundante disponibilidad de aguas con bajas conductividades.
Dado lo anterior, en las nuevas y plantaciones, modernas, con genética renovada (Hayward Clon 8) y con un formato de plantas en vivero a partir de la propagación por estacas, estamos obteniendo sin mayores problemas 50 toneladas de una muy buena fruta (volumen, calibre y calidad).
Todo indica que Chile tiene una enorme oportunidad en desarrollar una cultura sostenible en kiwi verde y un desafío en volver a introducir las variedades amarillas y rojas, pero debemos aprender de los errores del pasado, por lo que la introducción de nuevas variedades en nuestro país necesariamente debe pasar por una validación a través de estudios en terreno de al menos 5 años.
Moria, una amenaza mayor
En la actualidad, una de las enfermedades que más afectan al kiwi en Chile es la causada por la bacteria Pseudomonas syringae pv. Actinidiae, conocida como PSA. A nivel nacional detectó en 2010 y afecta a variedades como Hayward, Summer Kiwi, Kiwi Kiss, Sorelli y Jintao. Los síntomas se presentan entre agosto y septiembre, con exudación de savia roja, pero también se puede observar posteriormente con manchas café en el botón floral y en las hojas, por lo que requiere de un monitoreo constante y estar muy alertas.
Otra amenaza importante para el cultivo de kiwis en nuestro país es el Verticillium, un hongo del suelo que provoca la marchitez de las plantas y afecta especialmente a las variedades amarillas, es por eso que estas variedades, si bien son muy atractivas comercialmente, están muy restringidas, ya que son muy sensibles a esta enfermedad.
Tras una Gira Tecnológica realizada por Abud & Cía. y financiada por el Gobierno Regional del Maule y la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), un grupo de productores pudo constatar que en Italia existe otro tipo de amenazas, las que han afectado fuertemente a la variedad Hayward.
En el país europeo, la PSA surgió en 2006, propagándose rápidamente por distintas regiones del país, pero luego -en 2012- surgió una amenaza mayor, la denominada Moria, que ha impactado significativamente a numerosos huertos comerciales de kiwi. Actualmente esta plaga se ha detectado en varios países de Europa, incluyendo España, Francia, Grecia y Portugal, marcando un avance preocupante en el continente. La situación italiana nos tiene que llamar como industria a seguir trabajando y tener una cultura preventiva, basada en manejos sostenibles y regenerativos con el suelo y el uso del agua, donde está la clave para combatir este desorden fisiológico.
El remedio para la enfermedad
Si bien, este tipo de plagas no se pueden erradicar, los productores han encontrado estrategias para combatirlas. En el caso de Italia, descubrieron que el portainjerto Bounty tiene una alta tolerancia a suelos de textura arcillosa, mayor compatibilidad con Actinidia chinensis que con A. deliciosa, es más resistente a suelos con historial de Moria de 5 años a la fecha y, aunque inicialmente cuesta alcanzar el diámetro ideal para injertación, una vez implantado no presenta reducción de vigor ni problemas de producción.

Por su parte, la variedad Hayward es muy sensible a la Moria, por lo cual, las plantaciones de esta variedad han disminuido considerablemente. En esta variedad el patrón Bounty ha sido más errático en la compatibilidad y en la resistencia a Moria que las variedades amarillas.
En Chile también estamos buscando soluciones para enfrentar la PSA, es por eso que Abud & Cía., realizó el proyecto apoyado por FIA y ejecutado con fondos provenientes del Gobierno Regional de O’Higgins, “Innovador sistema productivo de kiwi basado en el uso de plantas injertadas con mayor tolerancia a PSA y un mayor potencial productivo”.
Un proyecto que fue ejecutado durante tres años, en los que se constató que las plantas de Hayward Clon 8 presentaron una menor severidad al ataque de PSA que las plantas de kiwi Hayward, por lo que Clon 8 es una alternativa real al cv. Hayward para las condiciones productivas chilenas, obteniendo además una fruta más cilíndrica y uniforme.
Oferta varietal y futuro próspero

Italia presenta una alta diversidad varietal en kiwi. Sin embargo, su producción se concentra en Hayward- Clon 8 y Sungold (G3), pero debidoa la Moria los productores de kiwi prefieren el negocio del kiwi amarillo- rojo por sobre el verde, debido a lo cual la producción del kiwi verde lleva 10 años a la baja, a diferencia del kiwi amarillo.
Si bien está claro que como país debemos diversificar nuestra oferta varietal y buscar una variedad de kiwi de pulpa amarilla que se adapte productivamente a nuestra realidad, debemos buscar ecotipos o desarrollar nuevas variedades de kiwi en Chile que permitan diversificar nuestra producción. El kiwi rojo se ve muy atractivo comercialmente, pero mientras no se solucionen los problemas fitosanitarios es poco probable su establecimiento con éxito en Chile.
Por otra parte, el uso de portainjertos especialmente Bounty es algo que debemos validar para nuestras condiciones, ya que nos podría entregar una herramienta que nos permita plantar en suelos más limitantes y tener más tolerancia a las actuales enfermedades. Todo esto indica que Chile tiene una enorme oportunidad en desarrollar una cultura sostenible en kiwi verde y un desafío en las variedades amarillas y rojas.